Fue un hombre fiel a sus tradiciones y a la vez profundamente respetuoso de la diversidad.

Mauricio Toledano dedicó toda su vida a trabajar y hacer el bien. Era miembro de la distinguida saga hispanomarroquí de los Toledano e hijo del inolvidable Samuel (ZL) que fundó la Federación de Comunidades Judías de España. Mauricio dedicó una parte muy importante de su vida a la filantropía y al liderazgo comunitario.
Sirvió como presidente de la Comunidad Judía de Madrid y lideró el día a día de la federación de Comunidades Judías de España como secretario general. Fue el mayor donante de la Comunidad Judía de Madrid durante varias décadas y enseñó a muchos entre los que me incluyo a amar la diversidad de una comunidad pequeña, pero comprometida.
Mauricio era un hombre fiel a sus tradiciones y a la vez profundamente respetuoso de la diversidad.
Fue una figura clave en la elaboración de la exitosísima Ley de Nacionalidades para los descendientes de los sefardíes. Tuvo la visión de creer en el establecimiento del Centro de Estudios JudeoCristianos que es una pieza esencial en las relaciones ecuménicas en nuestro país.
Era un gran patriota español y un judío sionista convencido. Entendía perfectamente los valores e intereses que España e Israel comparten. Las borrascas temporales del legado chusco y mafioso de Zapatero y del sanchismo, son solo una parte de una historia con muchas mas luces que sombras.
Hombre brillante, valiente, culto, discreto, abnegado, innovador y siempre prudente. Tenía un carácter aparentemente tímido y reservado en primera instancia, pero los que le conocimos encontramos en él siempre a un gentleman y a un líder indiscutible. Sus ideas eran pura canela fina. Hablar con él de estrategia siempre era un momento de aprendizaje y de ideas frescas. Madridista de pro, fue tesorero del club de sus amores durante varios años.
Mauricio era conocedor de la realidad nacional como pocos y fue el único empresario patrono de la Fundación FAES. Esa circunstancia le valió las represalias de gobiernos resentidos que siguen sin perdonar a los librepensadores.
Conocía Iberoamerica, África, Estados Unidos, Europa y Asia como nadie. Supo codearse con los príncipes de este mundo sin perder su humildad y lealtad a sus seres queridos. Tuvo una vida apasionante, siempre bien vivida desde la coherencia de su principios éticos. Dedicó su vida profesional a usar sus conocimientos financieros en el sector de la infraestructura para crear prosperidad en lugares recónditos.
Su genial talento empresarial le llevó a ser un gran exportador de bienes y servicios españoles de alto valor añadido. Sus proyectos de carreteras, alcantarillado, potabilización de agua, puentes, hospitales y hasta de telemedicina en la selva transformaron ciudades y regiones de todo el mundo. Una de sus costumbres con sus colaboradores era exigir de manera habitual datos del impacto de dichas infraestructuras en la mejora de salud, calidad de vida y reducción de accidentes en la población local.
A titulo personal, aprendí mucho de él y recordaré siempre que tanto él como su suegro Maurice Querub (ZL) me alentaron hace varias décadas a dedicar tiempo y energía a la Comunidad Judía de Madrid. Ese mensaje de personas experimentadas y muy queridas por mi familia me hizo soñar y creer en mí mismo.
El pueblo judío es y ha sido una concatenación constante de compromisos individuales por el bien colectivo. Mauricio fue un gigante de su generación y ayudó a dejar camino a la siguiente. Hasta el último momento se dedicó a su querida familia. Amado marido, padre y abuelo cariñoso. Su esposa Esther y sus hijos Edith, Daniel y Ariel pueden estar seguros de que su alma y visión nos acompañarán para siempre.
Baruj Dayan Ha Emet. Su luz seguirá brillando sobre el pueblo judío y su amada España.
Fuente: eldebate.com
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