Homenaje a Juan Gelman, autor de «Dibaxu»

García Schnetzer afirma que Gelman "logró escribir lo que nunca se había escrito"
García Schnetzer afirma que Gelman «logró escribir lo que nunca se había escrito»

 

La minús­cula como un modo de estar en el mundo, sin aca­tar las reglas orto­grá­fi­cas:

eris
mi única avla
no sé tu nom­bri

(eres
mi única pala­bra
no sé tu nom­bre)

Juan Gel­man, que escri­bió dibaxu de 1983 a 1985, una obra en la que explora la memo­ria, la len­gua y el desa­rraigo, era de ori­gen judío, pero no sefardí.

Los poe­mas de ese libro fue­ron “la cul­mi­na­ción o el desem­bo­que” de Citas y comen­ta­rios, dos libros que com­puso en el exi­lio y cuyos tex­tos dia­lo­gan con el cas­te­llano del siglo XVI. El acceso a poe­mas como los de Cla­risse Nikoïdski, nove­lista en fran­cés y poeta en sefardí, des­ve­la­ron en el poeta “esa nece­si­dad que en mí dor­mía, sorda, dis­puesta a des­per­tar”, de medirse con el sefardí o judeoes­pa­ñol, con­fiesa el pro­pio autor en una nota incluida en la pri­mera edi­ción de 1994. “Sé que la sin­ta­xis sefardí me devol­vió un can­dor per­dido y sus dimi­nu­ti­vos, una ter­nura de otros tiem­pos que está viva y, por eso, llena de con­suelo”, reco­no­cía el poeta.

En el marco de los 50 años de la dic­ta­dura, la Untref home­na­jea a Gel­man en una nueva edi­ción de la Serie de Lec­tu­ras Frost, orga­ni­zada por la Maes­tría en Escri­tura Crea­tiva, hoy a las 19 en la sede Rec­to­rado Cen­tro, Jun­cal 1319, con ins­crip­ción pre­via (maes­triae­nes­cri­tu­ra­crea­tiva@un tref.edu.ar).

Par­ti­ci­pa­rán del home­naje Ale­jan­dro Gar­cía Sch­net­zer, Larisa Cumin, Juan Moretti y María Negroni. En el cen­tro de esta cele­bra­ción esta­rán los poe­mas de dibaxu, un libro que el pro­pio poeta defi­nía como “una refle­xión sobre el len­guaje desde su lugar más cal­ci­nado, la poe­sía”. Gar­cía Sch­net­zer, edi­tor y autor de Requena, plan­tea que es “una obra com­puesta en una len­gua mino­ri­ta­ria y adop­tada, apren­dida y recreada, es tam­bién una obra sui gene­ris en la lite­ra­tura de su siglo, y repre­senta un aporte sig­ni­fi­ca­tivo al redu­cido cor­pus de poe­sía en dju­dezmo pos­te­rior a la Shoa” y la define, tam­bién, como “una obra exi­liar, com­puesta en una len­gua de exi­lio”.

“Nunca la sub­ver­sión estuvo más viva”, dice Negroni sobre dibaxu. “Ya desde el comienzo, y al mar­gen de los temas socia­les o polí­ti­cos de su obra, que no renie­gan de lo coti­diano, del amor y la ter­nura, Gel­man pone en mar­cha suce­si­vas ofen­si­vas con­tra los lími­tes de su ins­tru­mento ver­bal. De ahí que toda su tra­yec­to­ria cul­mine en un libro que se con­cen­tra en la arga­masa misma del len­guaje invo­cando las evo­lu­cio­nes e invo­lu­cio­nes de la len­gua, a lo largo de múl­ti­ples y lar­guí­si­mos pro­ce­sos migra­to­rios, tem­po­ra­les y geo­grá­fi­cos. Podría decirse que dibaxu con todo lo que arras­tra de des­ga­rra­dura, dolor y espanto es tam­bién su más extrema apuesta a favor del asom­bro y la gra­cia, incluso si ante la pre­gunta: `¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hom­bre, hasta aquí no?´ la voz res­ponde: `Sólo la espe­ranza tiene las rodi­llas níti­das. San­gran´”.

Negroni, autora de El cora­zón del daño y direc­tora de la Maes­tría en Escri­tura Crea­tiva de la Untref, afirma que Gel­man, autor de Vio­lín y otras cues­tio­nes, Gotán, Cólera buey, Los poe­mas de Sid­ney West, Valer la pena y Mun­dar, entre otros, es “una figura excep­cio­nal” den­tro de la poe­sía argen­tina del siglo XX. “Su tra­bajo está ligado a la mili­tan­cia polí­tica de los años 60 y 70 y más tarde a los días de la gran desa­pa­ri­ción y el exi­lio, cuando que­da­ron, lejos, per­di­dos en la patria, los `hue­si­tos´ de los com­pa­ñe­ros, el hijo secues­trado, la pala­bra aba­ti­dos, y aún más tarde, como si no fuera sufi­ciente, al duro apren­di­zaje de la derrota cuando hubo que `jun­tar los peda­ci­tos´, apren­der a vivir entre ani­ma­les muy enfer­mos. Su poe­sía lo dice incan­sa­ble­mente: es tra­ba­josa la muerte de un sueño, solo que­dan hara­pos, ges­tos, pala­bras secas”, enu­mera la escri­tora. “El poeta debe tra­ba­jar con esas rui­nas -agrega-. Hur­gar entre escom­bros, medir las secue­las de la pér­dida, pasada y veni­dera, indi­vi­dual y colec­tiva, inven­tar una sin­ta­xis que haga tri­zas el dis­curso para que pue­dan aflo­rar de nuevo los pri­me­ros pasos de la len­gua, sus infrac­cio­nes, su albo­rozo”.

La direc­tora de la Maes­tría en Escri­tura Crea­tiva cita a Gel­man:

“Las pala­bras me gra­ve­mente tocan”, y enfa­tiza que esta recon­fi­gu­ra­ción de la sin­ta­xis es cierta. “Las pala­bras lo tocan, cada vez con más saña, los sig­ni­fi­can­tes se suel­tan: los sus­tan­ti­vos devie­nen ver­bos, los super­la­ti­vos adver­bios, los artí­cu­los cam­bian de género, los adje­ti­vos se cali­fi­can entre sí, se altera la fun­ción de los ver­bos, se reem­plaza a las dis­yun­cio­nes por sino­ni­mias lógi­ca­mente impo­si­bles. Y todo para que el cuerpo, el cos­mos, el ani­mal, el signo se paren ‘ante la ciega de la muerte’, y no cesen de argu­men­tar con pre­gun­tas, con pie­zas de un rom­pe­ca­be­zas que, aún cam­bia­das de lugar, vuel­ven a decir `el escán­dalo de la belleza ince­sante´, con su per­cu­sión de mar­cha fúne­bre, su des­con­cierto ante la insen­sa­tez del libro humano”.

Gar­cía Sch­net­zer ana­liza el legado del poeta y subraya un aspecto cen­tral: su arqueo­lo­gía del cas­te­llano de los siglos XV y XVI, pre­sente en Citas, Comen­ta­rios, dibaxu y Com/posi­cio­nes. “Hay otros, pero basta leer esos cua­tro libros para admi­tir que Gel­man logró escri­bir lo que nunca se había escrito, ni se vol­verá a escri­bir”.

Gel­man defi­nía a dibaxu como “una refle­xión sobre el len­guaje desde su lugar más cal­ci­nado, la poe­sía”.

Por Sil­vina Friera
Fuente: Pagina 12 | 12 Agosto 2026

 

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