RECUPERACIÓN Y PRESERVACIÓN DEL LEGADO SEFARDÍ EN ESPAÑA

En el año 2002 se realizó el autodenominado «Congreso Sefaradí Mundial» en España. De allí rescatamos esta ponencia de Don Luis Campoy Zueco, entonces Presidente de la Red de Juderías de España.

Señoras y señores

Esta llave es de una antigua casa de Tudela, una ciudad de Navarra, en Sefarad, que tiene una vibrante historia y de la que soy Alcalde hace más de siete años.

Esta llave sirve para abrir un antiguo caserón de nuestra judería cuya puerta se cerró en 1498, hace 500 años, cuando la familia judía que lo habitaba hubo de salir de la Península Ibérica a toda prisa y con un destino incierto: quizás hacia Berbería, o a los Países Bajos a través de Francia; quizás embarcarse por el Mediterráneo hasta Constantinopla…

HACIENDO MEMORIA

¿Qué pudo ocurrir en esos momentos críticos de la Historia de España para que se produjera un hecho de tan crucial trascendencia como fue el Decreto de Expulsión de los Judíos después de tantos siglos de convivencia? Aquí las respuestas más objetivas -pero siempre con un margen de incertidumbre- la tienen los historiadores, que a la luz de documentos, hechos probados e interpretaciones de los mismos, obtienen sus conclusiones y dictámenes. Sin embargo, y al margen de la frialdad estudiada de los acontecimientos históricos, yo me atrevería a apuntar algunas razones que inspiraron aquel Decreto de Expulsión: intransigencia, envidia, deseo de poder, persecución al débil, intolerancia religiosa… Para haber transcurrido 500 años de civilización, ¿no les parecen a Vs. razones, conceptos, aterradoramente actuales?

Este hecho, sin duda dramático en el pasado histórico español, produjo importantes desgarros y convulsiones en el seno de aquella sociedad de antaño, entre los hombres y mujeres del pueblo llano, que se debatía entre observar los radicales preceptos de una fe renovada, cada vez más ortodoxa, y mantener las naturales simpatías entre las gentes con las que se convive durante generaciones y con las que se comparte un solar vital relleno de problemas y anhelos similares.

Esta, vamos a decir, ambivalencia social, produjo de una parte que durante los siglos XVI y XVII se promovieron innumerables procesos judiciales contra los denominados conversos o también -más despectivamente- ‘marranos’, a los que invariablemente se les acusaba de criptojudaismo y de prácticas de brujería y hechicería si bien estas últimas variantes de maldad se reservaba casi en exclusiva para las mujeres. O que se produjeran insólitos hechos de ignominia como el de La Manta, enorme lienzo colocado en la Catedral de Tudela, donde estaban escritos los nombres de los cristianos nuevos o conversos, “para que se conserve la limpieza de sangre y se sepa distinguir la calidad de los hombres nobles”, según justificaban las crónicas de la época. Pero por otra parte también nuestros antepasados abrieron su corazón a los perseguidos plantando cara a los guardianes de una ortodoxia mal entendida que se figuraba en la Inquisición. Tudela mismo mandó al rey una advertencia a propósito de haber recibido la ciudad un representante de este enojoso Tribunal diciendo: “que nos quiten de aquí ese fraile que se dice Inquisidor”; amenazando, de no hacerlo, con arrojarlo al mismo río, el tranquilo Ebro, a cuyas aguas se asoma Tudela apaciblemente.

Después el olvido. Decenas de años educando la memoria colectiva precisamente para desmemoriarla en esa parte concerniente a lo judío en España, haciendo un esfuerzo continuo por borrar de la memoria cuanto de hebreo se mezcló en los ámbitos hispánicos y fue quedando como poso permanente del vivir en España, en Sefarad, de manera tenue, sutil, casi inadvertida.

Ese largo periodo de olvido alcanza hasta el siglo XX, quizás antes, época en que los historiadores recobran el interés por lo judeo-español y lejos ya de la presión religiosa pero sí afectados por su influencia, se producen interesantes interpretaciones de nuestra historia en la cual dan mayor o menor protagonismo a las culturas no cristianas: lo judío y lo musulmán. Así D. Claudio Sánchez Albornoz, insigne maestro de la Historia Medieval española, defendería con ardor que la esencia hispana es propiamente de carácter cristiano entendiendo que las influencias judía y musulmana son extrañas al tronco cultural español, mientras que su más enérgico oponente, el no menos insigne D. Américo Castro estaba convencido de que en la Historia de España, lo que caracteriza la esencia española es precisamente ese creativo mestizaje producido a consecuencia de la mezcla milenaria de cristianos con musulmanes y judíos; lo que es lo mismo, el rico intercambio de culturas que comparten solar y modos de vida bastante parecidos.

LA HERENCIA SEFARDÍ EN ESPAÑA

Hoy es indudable reconocer cuánto la cultura española debe a la cultura hebrea, o cuánto de peculiar y específico de la cultura judía que se desarrolló en España ha pasado a enriquecer el conjunto de nuestra cultura española y ésta es tal por causa, entre otras, del influjo cultural sefardí, reconociendo las peculiaridades propias de lo hebreo de las cuales deseo resaltar una que se me antoja especialmente singular: las manifestaciones externas de esta cultura son poco expresivas en cuanto a edificios, obras públicas o monumentos artísticos. Por el contrario, es una cultura que se expresa a través de creaciones intelectuales y religiosas. Apenas si quedan restos de sinagogas, de algún baño público… poco más; y de lo que hubo no queda recuerdo de su esplendor. Por el contrario, abundan las obras escritas de autores judíos en ciencias, religión y poesía y estos eruditos han dejado su huella indeleble en la cultura occidental. Un desequilibrio que no deja de ser sorprendente.

Ese carácter poco expansivo en edificaciones propio de la sociedad judía ha dejado -ya lo hemos dicho- pocos restos arquitectónicos de relevancia: La Sinagoga del Tránsito o Santa María La Blanca, ambas en Toledo. Los baños rituales de Besalú, en Girona; la sinagoga de Córdoba o la de Segovia y poco más, que aun siendo escasos restos son evidencias monumentales de su pasado esplendor. Sin embargo en muchas ciudades españolas queda memoria evidente y bien delimitada de lo que fueron los barrios propios de estas comunidades, Las Juderías, calles estrechas, tortuosas, de fuertes recodos y trazados enigmáticos; arquitectura de intenso sabor rural, poco ostentosa, austera más bien y radicalmente enraizada con el paisaje que le da cobijo, casas que hunden sus cimientos en la profunda tierra para demostrar la centenaria raigambre del judío en Hispania.

Mejor suerte ha corrido el patrimonio documental, acaso porque era algo a lo que no se daba importancia. Me refiero a documentos escritos en hebreo de los cuales quedan sugerentes ejemplares en los archivos españoles. Sin ir más lejos, Tudela guarda varios ketubot en pergamino y antiguas ordenanzas de su Judería.

En vivo contraste con esta escasez de manifestaciones tangibles, la aportación intelectual de los judíos a la cultura de occidente es fundamental y se remonta a la época visigoda aunque su eclosión definitiva se produjo durante el amplio periodo de dominación musulmana: en las ciencias (astronomía, matemáticas, álgebra, no digamos en medicina, donde eran archifamosos los ‘físicos’ judíos: los propios reyes los tenían a su servicio. Y Miguel Servet, natural de Tudela y judeo-converso sabemos que fue descubridor de la circulación menor de la sangre). Y en las humanidades, (religión, filosofía, hermeneútica, poesía, etc). No es necesario emitir una larga lista de varones ilustres cuya luz intelectual ilumina el camino de progreso, pero sí nombraré a Maimónides, de Córdoba; a Nahmánides, de Girona. Y por ser de Tudela Abraham ibn Ezra o Yehuda ha-Levy, ambos polígrafos excelentes y éste acaso el mejor poeta de la literatura hebrea.

De estos antiguos judíos me llama poderosamente la atención su amplitud de conocimientos y profundo dominio de las más variadas ramas del saber tanto científico como humanístico, a lo que frecuentemente añadían una sutil interpretación del esoterismo religioso. Además, su inveterada afición a viajar, entendida como una suerte de peregrinación cultural, los ponía en contacto con sociedades alejadas y modos de pensar diferentes lo cual aún enriquecía más su compleja visión del mundo y añadía nuevas facetas a sus vastos conocimientos. Pienso que pocas cosas abren tanto la mentalidad humana como los viajes pues al ponernos en relación con otras gentes aprendemos a relativizar nuestra posición ante el mundo. (En este sentido haríamos bien en utilizar el viaje como terapia contra los furibundos nacionalistas de toda especie).

Y ya que hablamos de viajes permítanme Vs. la pequeña licencia de evocar la figura de aquel intrépido viajero del siglo XII, Benjamín de Tudela, ilustre hebreo que llevó el nombre de mi ciudad hasta los confines del mundo conocido y personaje enormemente popular y muy amado por todo el pueblo judío.

Descendiendo a un terreno más práctico y cotidiano, deseo referirme a la gastronomía para hacerles notar cuánto de esos importantes saberes, se trasmitieron con celo de madres a hijas durante generaciones, como si se trataran de altos secretos de alquimia doméstica. Efectivamente, como en otros aspectos de la vida cotidiana sefardí, la gastronomía no es una ciencia trivial, algo que pueda tomarse a la ligera. Su práctica exige productos variadísimos, exóticos algunos y de primera calidad, cuidada elaboración, tiempos medidos y el oportuno reposo para que las comidas adquieran una particular sazón, guisando recetas según la época del año o la festividad religiosa. En este sabroso ámbito de la gastronomía, la mujer ha jugado un papel fundamental en un doble sentido: tratando un asunto vulgar como es la comida diaria de una manera religiosa, casi mística, llena de rituales y parsimonia y preservando y perfeccionando para la posteridad los excelentes secretos que conciernen a la cocina.

Sería interesante rastrear las evidencias culinarias sefardíes en la cocina doméstica española, como la singular manera de tratar el despiece de algunos animales, lavar la carne antes de guisarla o preparar aparte algunos condimentos sin mezclarlos hasta su cocción. Huellas de un pasado que pervive en nuestros días y en nuestras propias cocinas. Entiendo que esta complejidad culinaria es propia de sociedades altamente cultivadas que demuestran gran aprecio ante la generosidad de la tierra.

UN INTERÉS CRECIENTE POR EL ESTUDIO DE LA CULTURA SEFARDÍ

El gran legado cultural que la sociedad hebrea de España elaboró hasta finales del siglo XV ha sido desigualmente tratado y considerado. Ya hemos visto que hubo una época caracterizada por la persecución religiosa de lo judío, y una subsiguiente de olvido. Desde el siglo XIX diferentes aportaciones de intelectuales españoles y extranjeros empezaron a tratar “científicamente” la cultura hebrea en España, ya abiertamente considerada sefardí, surgiendo, a mitad del siglo XX, la Revista SEFARAD, editada desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, como aglutinadora de los estudios históricos sobre esta materia y a cuya sombra fructificaron los conocimientos sefardíes de la mano de los eminentísimos Doctores Cantera Burgos o José Luis Lacave los cuales aspiraron no poco polvo de archivos y hollaron las callejuelas de barrios destartalados que, para asombro nuestro, eran las viejas juderías de Sefarad. Estando los dos desaparecidos, a ambos dirijo mis recuerdos con emoción.

Las tímidas reuniones iniciales dieron paso a concurridos Congresos y proliferaron las “Jornadas” o “Semanas” sefardíes, ocasión que las poblaciones que ostentábamos pasado judío dábamos para divulgar esta peculiaridad cultural. Se obraron rehabilitaciones de edificios y se dieron a conocer las juderías de nuestras poblaciones aunque se discutía su alcance y definición. En definitiva, se produjo un manifiesto interés por el estudio del pasado judío y fue normalizándose el tratamiento de aquella época superando el desdoro con el que había sido tratada durante centurias.

LA RED DE JUDERÍAS DE ESPAÑA – “CAMINOS DE SEFARAD”

En este contexto de marcado interés social por el pasado cultural judío de España nació, en 1995, la Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad por iniciativa de ocho ciudades españolas caracterizadas por su historia sefardí brillante y porque veníamos trabajando en su recuperación. Toledo, Cáceres, Córdoba, Girona, Hervás, Ribadavia, Segovia, y Tudela, (a las que se añadieron después Oviedo y Tortosa), son ciudades de indiscutible tradición judía, añadida a su normal discurrir histórico, cuya cultura mosaica ha engrandecido el nombre de cada una de esas ciudades y dado prestigio a sus juderías. En todas resta un rico patrimonio documental, memoria de su población y restos desigualmente conservados donde esa sociedad ejerció su vida cotidiana conviviendo con sociedades de las otras religiones monoteístas.

Pero ¿qué es la Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad? Ante todo, una Federación de diez ciudades españolas, más otras seis concertadas, que poseen un rico patrimonio cultural heredado de las pujantes sociedades judías que habitaron nuestras ciudades desde pretéritos tiempos, desde donde se planifican y ejecutan de manera coordinada políticas públicas con objeto de recuperar, mantener y divulgar ese patrimonio específicamente sefardí.

Para la consecución de sus objetivos, la Red de Juderías de España cuenta con una organización bien comunicada entre sus ciudades que da cumplimiento a las disposiciones que anualmente se expiden por mandado de su Asamblea General. Precisamente dentro de un mes se reunirán, nos reuniremos en Tudela, los alcaldes de cada una de las ciudades socias para evaluar las disposiciones de la anterior Asamblea y para establecer las bases de actuación de los próximos meses. Esta reunión se celebrará en Tudela porque durante este año 2002 le corresponde la presidencia, que es anualmente rotativa. Un año bien significativo para la Ciudad de Tudela este 2002, en que estamos celebrando el 1200 Aniversario de su fundación como Ciudad pues según consta documentalmente, en el año 802 Tudela se fortificó, convirtiéndose en una hermosa ciudad que se añadió a las ciudades importantes de aquel al-Andalus medieval y lejano pero esplendoroso de hombres y culturas.

La Red no cuenta con una disposición económica suficiente para acometer obras de rehabilitación del patrimonio monumental, que tan necesarias se muestran en determinados casos. Pero anima y sugiere a sus asociadas a que intervengan en su patrimonio a través de las instituciones públicas que les dan apoyo y orienta la posible captación de fondos públicos y privados para este fin. La conservación del escaso patrimonio monumental judío es indiscutible pero de difícil arreglo precisamente por esa escasez de medios económicos cuando existe tanto monumento por restaurar. Aún así, nuestras ciudades exhiben algunos resultados florecientes, como la recuperación de las sinagogas de Toledo, Córdoba o Segovia o el espléndido centro de cultura judía de Girona, situado en pleno call o barrio judío antiguo, ejerciéndose políticas de recuperación patrimonial en todos los conjuntos históricos, incluidas las ciudades de Cáceres, Tortosa, Hervás, Oviedo, Ribadavia y Tudela.

Los esfuerzos de la Red de Juderías se centran en acciones de carácter turístico y cultural, más adecuados a su capacidad económica. Disponemos de materiales turísticos del más variado carácter: guías, folletos, carteles, mapas, pins, vídeos, calendarios, etc. que se completa en la página web con un sugestivo e innovador recorrido virtual por cada una de nuestras ciudades cuya visita recomendamos. En su día se produjo una edición especial de sellos de correos con una imagen de nuestras ciudades; cada población asimismo impartió un curso de conocimientos sobre las juderías asociadas que cuajó en una publicación. Se ha confeccionado un inventario del patrimonio judío de la Red; se realizan diferentes exposiciones itinerantes. Especial atención merece la gastronomía: una experta en cocina sefardí impartió un curso a destacados profesionales hosteleros de España, los cuales están a su vez impartiendo cursos de cocina sefardí en diferentes ciudades españolas de manera que se puedan ir introduciendo en los menús de ciertos restaurantes platos de raigambre sefardí, lo cual contribuye a la difusión de esta cultura a este ámbito de singular relevancia que es la hostelería.

A estas y otras actividades que se planifican y se llevan a cabo por el conjunto de las ciudades de la Red, se añaden otras que específica y particularmente organiza cada población y que las viene a distinguir y personalizar del resto, actividades caracterizadas por su polifacética variedad: lúdicas, como la Festa da Istoria de Ribadavia; teatrales, como La Conversa de Hervás; musicales, como el Festival de Música sefardí de Córdoba; gastronómicas, como las Jornadas Gastronómicas celebradas en Cáceres o Segovia; de investigación histórica, como las Jornadas Judaicas de Tudela; o una surtida combinación de lo lúdico con lo cultural y lo científico, como hace a lo largo del año el Centro Bonastruc ça Porta, de Girona.

He aquí un esbozo parcial, necesariamente incompleto, de las actividades de la Red de Juderías de España. Vs. saben que llevar a efecto estas intervenciones significa coordinar el trabajo de muchas personas, contar con fondos asignados suficientes y estar “motivado” por algo más que por cumplir fríamente con la tarea diaria. ¡Esa es la diferencia fundamental! Y aquí deseo poner de relieve que cuantos estamos implicados en esta empresa de recuperación cultural que se llama Red de Juderías, trabajamos con el CORAZÓN: hay algo nuestro en cada conversación, en cada nueva idea que enriquece los proyectos. Porque quienes nos hemos implicado en este plan lo hemos hecho voluntariamente, aportando en este proceso de rescate del pasado la nota de calidad, el valor añadido del amor por lo que se hace.

Claro que todos no lo ven de la misma forma y se comprueba con tristeza cuántas puertas se cierran ante la desconfianza y la incomprensión.

Sin embargo, no somos adictos al desánimo sino a la perseverancia y con la astucia que otorga la experiencia, la Red de Juderías prosigue en su proyecto de iluminar los Caminos de Sefarad, algo que vamos consiguiendo paulatinamente; de forma directa mediante la puesta en práctica de nuestras propias actividades. Pero resulta curioso observar cómo de forma indirecta y no prevista, pero desde todo punto lógica, nuestro trabajo y, en cierta medida, el prestigio alcanzado por la Red de Juderías ha hecho proliferar el interés de lo sefardí en Sefarad. De esta manera han surgido algunas redes paralelas a la nuestra, como en Extremadura y Portugal o en Aragón. Las peticiones de ingreso en la Red se han multiplicado, debatiéndose en estos momentos el posible ingreso de ciudades como León, Sevilla, Mallorca o Barcelona. Cada día se ven aparecer nuevas publicaciones. En las Universidades surgen Departamentos de Estudios especializados en cultura sefardí, proliferan los encuentros, los congresos y los contactos internacionales especializados. Las ciudades revisan sus inventarios patrimoniales, promueven excavaciones arqueológicas, recuperan documentos y publicaciones; encargan monografías y sacan a la luz una historia que dormía en el olvido. Se reconsideran las genealogías y se advierten nuevos y viejos apellidos de origen converso, que ya no avergüenzan a nadie y se ven surgir Museos cuidados, pequeños, o exposiciones monográficas, como ésta de MEMORIAS DE SEFARAD que actualmente puede visitarse en Toledo.

Es decir, se normaliza entre la sociedad española el tratamiento de lo que fue la cultura sefardí y se advierte, paralelamente, el compromiso de nuestras entidades públicas en el mantenimiento y difusión de la peculiaridad judía de Hispania. En definitiva: puede contemplarse que algo ha cambiado para bien. Y la Red de Juderías de España no es ajena a toda esta eclosión.

PROYECTO EUROPEO: ITINERARIO DE LA CULTURA JUDÍA

Uno de los grandes proyectos en los que se halla inserta la Red y que antes he silenciado premeditadamente es el que llamamos Itinerario Cultural Europeo de la Cultura Judía, consecuencia de un proyecto de cooperación Internacional que se viene realizando desde hace tres años. Tiene su origen en la Jornada de Puertas Abiertas, en que se realizaban diferentes manifestaciones culturales, coordinadamente en una decena de ciudades y que en tres años ha sido capaz de implicar a 23 países diferentes y ha celebrado más de quinientos eventos en numerosas ciudades europeas. Lo que significa que hemos sido capaces de concertar un día para que prácticamente TODA Europa recuerde y celebre festivamente la cultura judía. Que no es poco.

Advirtiendo la rica complementariedad que se produce entre las viejas juderías de España, sus herederas del Norte de Europa, de los Países mediterráneos incluso de la exótica Estambul, con las modernas de Centroeuropa y los países eslavos y balcánicos, puede organizarse un Itinerario Cultural en Europa en que pueda visitarse la peculiaridad de la cultura judía que las ciudades quieran poner de relevancia.

Es un proyecto apasionante, realmente ambicioso en su organización y que requiere importantes desembolsos económicos. Un proyecto que actualmente se encuentra en trámite ante instancias de la Unión Europea para que examinando su procedencia puedan otorgarle esa consideración institucional que nos enlazaría en Europa siendo en este caso la tradición un motivo más de unión entre los pueblos europeos y para el cual reclamo su apoyo no económico sino personal.

VUELTA A SEFARAD: HOTELES BENJAMÍN (POSADAS)

En el transcurso de mis palabras creo que he puesto en evidencia los grandes pasos que en España se están dando en la recuperación y preservación del legado sefardí, movimiento general en este país donde la Red de Juderías está ejerciendo un papel dinamizador indiscutible.

Si en el aspecto cultural hemos avanzado notablemente, en el social casi todo está por hacer. En nuestras ciudades hay barrios antiguos, juderías maltrechas, despobladas, que languidecen en su decrepitud amenazadas por la voraz piqueta que todo lo unifica y globaliza. Los esfuerzos de nuestras Corporaciones Locales por mantener esos reductos históricos en los Planes de Urbanismo muchas veces sucumben ante la falta de argumentos o se muestran débiles frente a las brillantes y economicistas disertaciones de arquitectos y urbanistas y promotores de la construcción desinformados, desinteresados cuando no abiertamente desaprensivos. Estoy seguro que todos mis compañeros Alcaldes de la Red les podrían contar a Vs. como yo mismo, dolorosos casos de desaparición en nuestros cascos históricos. Los resultados de estos procesos de cirugía operados en los barrios judíos cuya antigüedad supera los mil años, resultan patéticos y, en el peor de los casos, son irrecuperables.

En este mismo Congreso, desde mañana, van a oír Vs. propuestas de futuro para Sefarad, entre ellas la invitación para volver a la tierra que un día, lejano, les hizo derramar las lágrimas de la partida sin la esperanza del retorno. Pues bien, aunque sea poco ortodoxo y pidiendo excusas de antemano, deseo anticiparme ofreciéndoles la vuelta a Sefarad, cuyas ciudades tienen las puertas abiertas esperando su llegada.

En muchas ciudades de España y en cada ciudad de la Red, existe un abundante patrimonio urbanístico vinculado a la cultura sefardí que espera pacientemente su rehabilitación, la recuperación de su dignidad histórica, ejemplo de lo que un día fue habitación de sus antepasados. Pero yo no les propongo que rehabiliten una casa de nuestras juderías para que la habiten de manera convencional. Escuchen.

Los Alcaldes de la Red de Juderías nos comprometemos con Vs. a elegir, dentro de nuestras juderías un edificio con posibilidades de convertirlo en una Posada Sefardí, un pequeño hotel con encanto, que esté situado dentro del conjunto histórico, cuya ambientación general recuerde y evoque el modo de vida de la España medieval sefardí. Que sirva de atractivo turístico para judíos principalmente, como punto de referencia en sus viajes por España; algo parecido, salvando todas las distancias, a como cuando viajaba Benjamín de Tudela, en el siglo XII y era acogido en las juderías de las ciudades por donde pasaba.

Unos hoteles que pueden tener, de manera inseparable, ámbitos culturales que los personalice de los hoteles convencionales: una biblioteca especializada, un centro de interpretación de la cultura sefardí, un museo, la recreación histórica de un personaje, o un poco de todo ello. De manera que sean puntos de referencia de un itinerario cultural por la España sefardí

Mientras en España no se resuelva la forma de financiación de los Ayuntamientos, cosa que va para largo, las Corporaciones Locales no tenemos recursos suficientes para afrontar la multitud de servicios que demandan los ciudadanos. En consecuencia, ningún dinero para este proyecto que les acabo de esbozar. Sin embargo, creo que a toda la Red le sobra patrimonio, ideas y ganas de colaborar en proyectos de recuperación que conciernen a nuestra historia judía. Eso puede arreglarse mediante convenios de colaboración donde los Ayuntamientos pueden, podemos participar, en aportar materiales, contratar especialistas que colaboren en la puesta en marcha del proyecto, allanar tramitaciones burocráticas, recuperar las cargas impositivas, o de otras mil maneras que en cada caso puedan darse. Si este proyecto de sustanciar su vuelta a Sefarad es viable estoy seguro que sabremos encontrar la mejor fórmula de colaboración.

CONCLUSIÓN

A lo largo de estas palabras que estoy acabando de dirigirles, he querido exponer a Vs. una aproximación panorámica y necesariamente breve de cómo se considera hoy lo sefardí en España que yo resumiría en cuatro ideas fundamentales.

1ª La aportación cultural sefardí a la sociedad hispana fue de tan radical importancia que ha pasado a conformar parte esencial de nuestro ser hispano, si bien la brecha que produjo la Expulsión mitigó su influencia.

2ª Existe hoy en España un manifiesto interés en la recuperación cultural de cuanto concierne a la sociedad judía medieval que vivió durante siglos en la Península Ibérica.

3ª Fruto del interés cultural que acabo de mencionar se viene advirtiendo el evidente compromiso de todo tipo de instituciones en fomentar la preservación y recuperación del patrimonio histórico de origen sefardí: las administraciones públicas, (Ayuntamientos y otras Corporaciones Locales), Universidades, Sociedades de Estudios y otras entidades de similar carácter que con su aportación de recursos humanos y económicos contribuyen al redescubrimiento y puesta en valor de una faceta olvidada de la cultura española.

4ª Todo este fenómeno de eclosión cultural sefardí ha sido en gran parte propiciado por las acciones emprendidas desde las ciudades que componen la Red de Juderías de España que con su efecto multiplicador y su capacidad organizativa ha sido modelo de actuación en este ámbito. En este marco de recuperación cultural, la Red les propone a Vs. el proyecto “Posadas de Benjamín” como forma de iniciar el retorno a Sefarad.

En definitiva, señoras y señores, quiero trasmitir a Vs. una idea general muy simple pero de meridiana claridad: en España se vive un momento cultural muy favorable en lo concerniente a la recuperación y conservación de nuestro patrimonio histórico sefardí. Es necesario aprovechar este momento propicio que nos brinda graciosamente la Historia para que Vs., descendientes de aquellos españoles que un día soportaron el exilio histórico, puedan reencontrarse felizmente con esta Sefarad que les tiende lazos para el afecto.

Devuelvo a Vs. esta llave, símbolo del Congreso Sefarad Mundial y símbolo de aquellas casas que hace quinientos años debieron cerrarse camino del exilio. Con esta llave podrán abrir la casa que les espera en Sefarad.

Fuente: Congreso Sefarad Mundial 2002

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2 comments

  1. Me gustaria que me mandasen mas sobre el legado sefardi en españa

  2. Me gustaría que se recuperase la sinagoga en ruinas que hay en la falda del castillo que está en Vélez-Blanco ( Almería)

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