Algo hemos hecho mal, muy mal. Que el Tribunal de los Derechos Humanos de la Unión Europea dictamine que España debe indemnizar al librero neonazi de Barcelona por un defecto de forma, es la gota que colma el vaso del sentido común y la decencia. ¿Qué nos queda por ver? ¿Que los sobrevivientes del Holocausto pidan perdón a sus verdugos por ser víctimas de su odio irracional? Algo hemos hecho muy mal cuando la ley prima sobre la justicia y las puertas de las comisarías son giratorias para quienes pueden costearse abogados sin escrúpulos. Cuando los corruptos campan a sus anchas y los condenados son los jueces; cuando los kapos y mafiosos se convierten en “celebrities” y objeto de culto.
La ley judía, la halajá, determina que por encima de todo su complejo cuerpo de normas y reglas hay un principio universal e inapelable: la vida humana. Se llama “pikuaj nefesh”, literalmente “control del alma”, aunque más bien se refiere a la salvación real y concreta de la vida. Es el que obliga al más ortodoxo entre los ortodoxos a saltarse la obligación del descanso sabático si está en peligro una vida, como sucedió, por ejemplo, con los equipos de rescate israelíes que colaboraron después del terremoto en Haití. Es el que, según explica Maimónides, nos obliga incluso a renegar de nuestra fe y convertirnos, si nuestra propia existencia está amenazada. Desafortunadamente aún no hemos trazado un “pikuaj tzedek” análogo, es decir, un control de la justicia o priorización de ésta por encima de la propia ley. Un principio que permita que la justicia real no se doblegue ante las manipulaciones de las que suelen beneficiarse los poderosos para eludir su acción.
Por supuesto, un postulado así es tremendamente difícil de elaborar sin vulnerar derechos como la presunción de inocencia. Pero no podemos seguir castigando a las víctimas por atenernos a la letra más que al espíritu: lo vemos cada día en los desahucios, en los tribunales y aún en la prensa que aplica (en función de sus propios intereses económicos y/o políticos) distintos raseros, por ejemplo, a las víctimas del actual genocidio en Siria, a los civiles (¿algún periódico del mundo ha hablado de ellos?) en Malí a manos de los “civilizados” vecinos franceses, a los menores crucificados en Arabia Saudita por robar (¡no sea que “perdamos” la adjudicación del tren de alta velocidad!) o a los terroristas muertos a manos del ejército israelí. Que la ley de un país democrático como Argentina permita que el acusado sea juez (que es de hecho lo que estipula el acuerdo firmado con Irán) no es justicia. Hemos perdido el rumbo, hemos dejado el timón de la sociedad en manos de un piloto automático que los poderosos y malignos hace tiempo que han aprendido a manipular. Recuperemos el control, establezcamos un principio universal de “pikuaj tzedek”.
PD: respondiendo a la sugerencia de varios oyentes y seguidores que nos han escrito, estos mensajes (que hasta ahora acompañaban al boletín semanal que Radio Sefarad envía a sus suscriptores cada viernes) dejan de ser anónimos. Shabat shalom
Jorge Rozemblum
Director de Radio Sefarad
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