Entre los numerosos episodios que evidencian la participación de la comunidad judía en la lucha por la independencia de Cuba, uno de los más singulares es la creación, en 1892, de un club hebreo del Partido Revolucionario Cubano (PRC) que llevó el nombre del gran judío sefardí Isaac Abarbanel. El hecho resulta particularmente significativo por el simbolismo de la figura elegida, pues revela cómo la memoria de uno de los personajes más ilustres del judaísmo sefardí fue asociada a los ideales de libertad y justicia defendidos por José Martí y el Partido Revolucionario Cubano.
La primera noticia conocida sobre la existencia del club Abarbanel procede de las memorias del patriota Manuel Deulofeu, quien recogió este episodio en su obra: Martí, Cayo Hueso y Tampa; la emigración; notas históricas, publicada en 1905 por la Imprenta de Antio Cuevas y Hermano, en Cienfuegos. Su testimonio constituye una de las fuentes más tempranas para conocer la labor desarrollada por José Martí entre la emigración revolucionaria y la solidaridad que despertó en la comunidad hebrea de Cayo Hueso. Décadas más tarde, el historiador Ibrahim Hidalgo Paz corroboró este episodio mediante el estudio de la documentación del Partido Revolucionario Cubano y de la correspondencia martiana.
En noviembre de 1892, José Martí llegó a Cayo Hueso en su condición de Delegado del Partido Revolucionario Cubano para fortalecer la organización revolucionaria, recaudar fondos y consolidar el apoyo de la emigración cubana. Durante su estancia pronunció varios discursos que despertaron un extraordinario entusiasmo entre los tabaqueros, los emigrados y numerosos simpatizantes de la causa independentista.
Entre quienes acudieron a escucharlo se encontraba Eduardo Steinberg, distinguido miembro de la comunidad hebrea de Cayo Hueso. Según refiere Manuel Deulofeu, Steinberg fue uno de los primeros israelitas en acercarse a Martí y colaborar activamente con la organización de sus actividades. Costeó la cerveza y los dulces ofrecidos al Delegado y a los asistentes reunidos en el taller de Eduardo Hidalgo Gato, además de sufragar la ornamentación de la escalera que conducía a la tribuna desde la cual Martí pronunció uno de sus memorables discursos.
La admiración de los hermanos Eduardo y José Steinberg por Martí los llevó a organizar un encuentro entre el Apóstol y la colonia israelita de Cayo Hueso. De acuerdo con Deulofeu, las palabras de Martí conmovieron profundamente a los asistentes. Su comprensión del sufrimiento histórico de los pueblos perseguidos evocó entre aquella comunidad las persecuciones, las expulsiones y el largo peregrinar del pueblo judío. La emoción fue tal que muchos de los presentes derramaron lágrimas al reconocer en el líder cubano una sincera solidaridad hacia la historia de Israel.
Como resultado de aquel encuentro, la sociedad hebrea decidió realizar una importante donación económica al recién fundado Partido Revolucionario Cubano. Aunque las fuentes no precisan el monto, Ibrahim Hidalgo Paz señala que se trató de una suma respetable. Sin embargo, el respaldo de la comunidad hebrea no se limitó al aspecto financiero. Poco después quedó constituido el club patriótico Abarbanel, integrado por cincuenta miembros de la colonia israelita, quienes expresaron oficialmente su adhesión a la causa independentista cubana.
La elección del nombre Abarbanel posee un profundo significado histórico. Isaac Abarbanel (1437-1508) fue una de las figuras más eminentes del judaísmo sefardí. Estadista, filósofo, comentarista bíblico y hombre de Estado al servicio de las coronas de Portugal y Castilla, quedó para siempre asociado a la expulsión de los judíos de España en 1492. Frente al decreto promulgado por los Reyes Católicos, prefirió compartir el exilio con su pueblo antes que renunciar a su fe o conservar sus privilegios personales. Desde entonces, Abarbanel se convirtió en un símbolo de fidelidad a la identidad judía, de dignidad frente a la persecución y de resistencia moral.
Al adoptar el nombre de Isaac Abarbanel, el club hebreo estableció un vínculo entre la memoria histórica del pueblo judío y la causa emancipadora cubana. La figura del ilustre sefardí representaba la defensa de la libertad de conciencia, la fidelidad a las convicciones y la dignidad frente a la opresión, valores que armonizaban plenamente con los ideales proclamados por José Martí. De ese modo, el nombre del club trascendía el simple homenaje a un personaje histórico para convertirse en una auténtica declaración de principios.
Ibrahim Hidalgo Paz sitúa este encuentro, con carácter probable, el 29 de noviembre de 1892. En su obra: José Martí. Cronología (1853-1895), señala que Martí visitó el club Abarbanel, cuyos cincuenta integrantes le manifestaron su amistad hacia Cuba y su apoyo a la lucha contra el colonialismo español.
La actitud patriótica de la comunidad hebrea fue reconocida por el periódico Patria, órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano. En su edición del 10 de diciembre de 1892 envió “al club Abarbanel el más cordial de los saludos”, destacando el carácter desinteresado de su solidaridad con la independencia de Cuba.
Ese reconocimiento sería confirmado años más tarde por el coronel del Ejército Libertador Fernando Figueredo Socarrás, quien recordó la actuación de los hebreos de Tampa y Cayo Hueso con palabras que conservan un extraordinario valor testimonial:
“Ellos, cuando llegó el momento de servir a Cuba, fueron cubanos… Fueron los amigos más eficaces, más adictos y más desinteresados que jamás en corazón extranjero tuvo la libertad de Cuba.”
La historia del club Abarbanel constituye uno de los capítulos menos conocidos de las relaciones entre el pueblo judío y la independencia de Cuba. Al elegir el nombre del gran judío sefardí Isaac Abarbanel, la comunidad hebrea de Cayo Hueso rindió homenaje a una de las figuras más ilustres de la historia de Sefarad. Su nombre, asociado a la dignidad, la fidelidad a las convicciones y la resistencia frente a la persecución, se convirtió en un símbolo de libertad y solidaridad con la causa emancipadora cubana. Más de un siglo después, aquel gesto continúa recordando que la historia de Cuba también fue enriquecida por el compromiso de la comunidad judía con los ideales de independencia y justicia.
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