“Sefarad” en la ciudad vieja de Montevideo II

Sefarad en la ciudad vieja de Montevideo I >>

Todos necesitamos, sin duda, recordar y ser recordados. Los recuerdos de nuestras raíces nos sirven para no sentirnos vacíos espiritualmente, sin raíces y sin pasado.

Por eso nos pareció de interés, y seguramente no pocos lectores de Aurora hoy residentes en Israel y de origen sefardí, recordarán con agrado los lugares y nombres que, allá por las décadas de los años cuarenta y cincuenta, particularmente, fueron convirtiéndose en jalones inolvidables de aquel Sefarad en la “Ciudad Vieja” de Montevideo.

Aquellos jóvenes inmigrantes sefardíes llegaban al Río de la Plata provenientes de Esmirna, de Salónica, de Alejandría, de Rodas y de otros puntos del Mediterráneo, con su bagaje pleno de esplendor de la cultura sefardí española y mediterránea.

Uno de entre esos jalones lo fue el inolvidable “Café de Antica” en la esquina de las calles Reconquista y Colón, propiedad de don Asallas. Allí se jugaba a las barajas y de ahí surgieron varios equipos de fútbol conformados por jóvenes hijos de inmigrantes sefardíes, fundamentalmente.

Entre esos equipos se recuerda con cariño al “Yanqui” conformado, repetimos, mayoritariamente por jóvenes de origen sefardí.

Estaba también el “Café Colón” propiedad de don León Batino. Se encontraba en la calle Colón 1330 precisamente, entre las calles Buenos Aires y Sarandí. Era un centro exclusivo de encuentro de inmigrantes sefardíes, donde se jugaba mayoritariamente al backgammon (shesbesh), se fumaba “narguile”, una pipa especial que provenía, precisamente, del Medio Oriente y se podía, allí, consumir café a la turca o “caqui”, que era el nombre con el cual se designaban, en árabe, el anís a la turca y que se confeccionaba con anís al cual se le agregaba agua y daba un líquido lechoso.

En este “Café Colón“ podían adquirirse, para comer, los “yiyes”, brochete de hígado, carne picada y corazón, a la usanza turca y que también, solían asarse y venderse en la misma calle, en frente mismo al local del café.

En el Café de Batino, los sábados por la noche, solían actuar los “tañedores”. Eran músicos que tocaban el laúd, y el tradicional “pandero”, pandereta, y bailes de odaliscas.

Los Cattán eran entonces los intérpretes de melodías especiales que consistían en cánticos de endiablada animación, en general, recuerdos de la lejana Andalucía española. En la esquina de las calles Colón y Buenos Aires, otro comercio gastronómico jalonaba el Sefarad de la Ciudad Vieja. Mantenía las tradiciones de Sefarad y de Turquía.

Propietario del mismo fue don David Escapa. El y su propia familia producían los inimitables e inolvidables “boios”, “travadicos”, “yamalí”, “burrecas” de carne picada que se acompañaba con “huevos jaminados” (cocidos en aceite y cáscaras de cebollas, que le daban un gusto y aroma muy particulares).

Al pasar por esa esquina de Montevideo, parecería aún hoy sentirse los exquisitos aromas de los “dedicos”, el “kadaif” de fideos, y de postre, el delicioso “baklavá” de sésamo, nuez y miel.

En los hogares sefardíes de aquel entonces era frecuente que las amas de casa prepararan también ellas estos deliciosos manjares tradicionales, a los que le agregaban el “pan esponjado”, una especie de bizcochuelo casero que, quienes no siendo sefardíes, como nosotros, saboreábamos por igual.

Otro punto de referencia de destaque de aquel Sefarad montevideano fue sin duda, el siempre recordado e inolvidable “Almacén del Bojorito”, propiedad de don Alejandro Selanikio y su esposa.

En aquel almacén podía uno encontrar os más variados frutos y semillas mediterráneos, almendras, nueces, avellanas, castañas, pepicas, “jiruelos” o porotos blancos, “bamia” que era una chaucha mediterránea, jalvá, aceitunas verdes y negras, arenques y anchoas, fruta seca, higos, piñones. Sus hijos, instalados en la misma calle, frente al local del almacén, calentaban nueces, castañas y piñones para ser vendidos al público.-

Don León Casuto fue uno de esos jóvenes inmigrantes sefardíes provenientes de Turquía. Tenía su heladería sobre la calle Reconquista entre las calles Colón y Alzaibar, cerquita, casi pegado, al “Café de Antica”.

Don Casuto fue el primer heladero que en Montevideo produjo el luego famoso helado tipo “sándwich” allá por la década del cuarenta. Los “Helados León” producidos por Casuto, eran voceados por las calles de los más distantes barrios montevideanos.

Era común que las amas de casa sefardíes tuvieran en sus hogares, siempre, “pepicas”, semillas de zapallo secadas y saladas, que se ingerían de a una cortándolas con los dientes incisivos, como asimismo, tras las labores diarias que eran muy pesadas, solían extender una alfombra, en los respectivos patios, en los que se servían el café a la turca, que se molía en casa en los recordados molinillos domésticos y la familia se reunía sobre la alfombra, a la usanza oriental, para beber el “caqui” o anís turco, el café a la turca, acompañado con “pan esponjado” o bizcochuelo.

En la calle Colón, entre las calles Washington y 25 de Mayo, funcionaba el “Club de Bailes Sefardí”, adonde solía concurrir la juventud de entonces, y donde además se ofrecía a los inmigrantes asistentes choclo cocido, lo que también se ofrecía en la esquina donde estaba el “Café de Antica”.

Bien arraigados estaban en aquella Sefarad del Rio de la Plata, los principios éticos de solidaridad y era frecuente oír en la calle la máxima “mi vizino tenga bien y yo también” o “quien bien fase, bien topa”, significando en judeo-español, la necesidad de ayudarse los unos a los otros, lo cual era muy frecuente que ocurriera.

La casa de Reconquista 227 donde residía con su familia don Acher Soriano, padre del inolvidable Profesor Dr. Víctor Soriano, eminente médico de reconocimiento internacional, ya fallecido con casi cien años de edad, quien además fue astrónomo tenía en su hogar un observatorio astronómico propio y fundador entre muchas otras instituciones judías de la Bnei Brit del Uruguay- fue uno de los templos permanentes de los inmigrantes sefardíes a Montevideo, como asimismo, la casa donde residían los Mizraji, padres del también internacionalmente reconocido médico uruguayo Prof. Dr. Moisés Mizraji y cuyo nombre fue adjudicado al Instituto de Reumatología del Ministerio de Salud Pública de Uruguay. La residencia estaba ubicada en la calle Colón al 1330 entre las calles Buenos Aires y Sarandí; ostentaba y aún hoy ostenta en su frente, una enorme estrella de David.

Son estos algunos recuerdos, tan sólo algunos, de la Sefarad montevideana que conocimos en nuestra niñez.

Recuerdos imborrables que deberán acrecentarse con los que hemos dejado de lado por falta de espacio y que las nuevas generaciones, y aquellos sefardíes uruguayos que hoy residen en Israel, y son muchos, debieran conocer, si no los conocieron o recordar, si los vivieron, más que nada, porque aquellas generaciones y las actuales fueron y son continuación de una esplendorosa cultura judeo española que tanto aportó a España, como a Europa Occidental y a América.

Isac Gliksberg
Uruguay

Fuente: Aurora-Israel.co.il

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8 comments

  1. Esther Taragán Asallas

    QUÉ LINDO TODO LO ESCRITO PARA TODOS LOS QUE TUVIMOS LA ALEGRÍA DE VIVENCIAR TODO LO ESCRITO.
    SOY NIETA DE ALBERTO ASALLAS EL DUENO DEL ¨BAR ANTICA¨ QUIEN FUNDÓ EL CUADRO DEL BARRIO ¨LA ESQUINA ¨ JUNTO A MI MADRE Y 7 TIOS, MI PADRE, TENÍA ALMACÉN Y LUEGO LENCERÍA EN LA CALLE COLÓN ¨CASA LÁZARO ¨

    • Mónica Selanikio

      Qué interesante Esther
      Mi familia Selanikio vivió en una casa con otros inmigrantes en la calle Reconquista con tus padres y tíos Asallas.

  2. Mi tio, Moises Mizraji, que en su niñez, adolescencia y primera juventud, vivio en la calle Colon y Buenos Aires, mientras estudiaba medicina, y estaba encerrado en la casa con abuelas, padres y hermanos, nos contaba del Cafè de Batino,de otro djidio que decia: «mani, mani» y nos hacia reir porque lo tomaba con mucho humor y sorna, esto, sucedia cuando mis padres fueron jovenes y yo niña y mas. Son cuentos que reflejan una nostalgia por el pasado, de una epoca en la cual Montevideo era aun una pequeña ciudad. Todos los djidios dejaron el viejo barrio, se fueron a Pocitos, Carrasco, y los balnearios de Canelones. Estamos dispersos, «no nos conocemos casi»

  3. Qué gran alegría leer esta nota, mi bisabuelo Shemtov Amón Benveniste trabajaba en el café Batino en la calle Colón y Buenos Aires. Junto a León Miles Bueno, primo hermano de mi bisabuela (y a la vez cuñado), eran los encargados de preparar y asar los shishes que cocinaban en un medio tanque sobre la calle Colón.
    Tuve la suerte de conocer cómo los djidiós vivimos en el barrio hasta que fallecieron mis abuelos, ver irse a las familias, como dice Myriam hacia otros lugares de Montevideo. Guardo muchos recuerdos que ya no se si son de mi niñez o prestados de mis tíos y padres. Pensando en lo que escribe Isaac no dejo de ver la cara de cada uno de mis tíos abuelos, de los que están y los que ya no, el conventillo de la calle Buenos Aires 174 y Maciel, el abuelo Bojor, la abuela Sol y sus siete hijos: Moisés, Simón, Rosa, Myriam, Belina, Isaac y Sara Amón Miles, mi entrañable abuela! Los «vizinos», los Franco, los Diano, los Laigualda con quienes se compartía todo, desde pan dulce y turrones en Navidad hasta boios, burrekas de handrasho, mostachudos y kurabyes en Roshaná.
    Saludos, sanos, pushados i rekodrosos ke mos topemos!
    Un abrazo a todos
    Alvaro Gargiulo

  4. Sara Emilia Selanikio Levy

    Este artículo me recuerda muchas cosas de mi infancia, pero como nací en 1952 muchos de los lugares que recuerda Isac no tuve la suerte de conocerlos. Me voy a tomar el atrevimiento de nombrar 2 lugares más, uno era el bar del Sr. Córdoba, donde iba mi padre a jugar a las cartas y siempre me tocaba entrar a buscarlo al fondo, donde estaban las mesas de juego y veía como jugaban, hasta que mi padre Elías Selanikio (hijo de Bojorito) terminaba y nos reuníamos junto a mi madre y nos íbamos al centro a dar una vuelta. Luego muchos años después, en la calle Sarandí casi Colón abrió un local enorme para comer comida sefardí y turca, venían músicos tañedores, otros con el tumbelek y las mujeres bailaban y los hombres a los que les gustaba, le pegaban en su frente billetes de dinero con saliva. Era muy lindo de ver. No puedo negar que me emocioné mucho al leer este artículo, porque se habla de mi familia paterna y de la almacén «Bojorito». En dicho almacén tuve la suerte de criarme, a veces haciendo travesuras, otras yendo repetidamente a cada uno de los negocios instalados por las calles Colón y Sarandí, como la casa «Cantarito», la sastrería de Sr. Jacobo Rosa padre del psiquiatra Rosa fallecido hace relativamente poco tiempo. Mis padres eran muy amigos de otro hermano de Jacobo, que no recuerdo su nombre, que vivía con su esposa y dos hijas a pocas cuadras del almacén. Así mismo mi padre Elías, mi hermana Mónica y yo concurrimos los tres a la escuela Portugal de 2º grado situada en la calle Sarandí. Recuerdo que de pequeña iba a comprar pepiticas a lo del Sr. Escapa que siempre me decía……querés que te de la yapa??? y me llenaba una de mis manos con más semillas de zapallo, qué hermosos años. Subían por la calle Sarandi dirección al centro, marineros que habían llegado recientemente al puerto de Montevideo de otras tierras lejanas, algunos de ellos entraban al almacén Bojorito y mi padre con su inglés elemental lograba venderles diferentes productos. Allí lo pasaba muy bien, muchas veces hacía mis deberes en un cajón de frutas o verduras con una hoja de papel, para evitar lastimarme con alguna esquirla de madera.
    Hermosos recuerdos de épocas que no volverán.

  5. vivi los mejores años de mi vida en la querida calle reconquista y colon, del 55 al 76, recuerdo tambien el caafe Kismet en la calle Colon de los Cordoba, llos turistas argentinos todos loss dias en la calle colon, aquello era una romeria de gente.Incluso mi abuelo que yo no lo llegue a conocer, tenia en su casa en la calle B Aires un lugar donde iban vecinos a realizar los rezos, ya que Jacobo Cohenar, era muy religioso. Que epoca linda.Habia seguridad, tolerancia, respeto, etc, los valores y la economia del pais era otra.

  6. Ketty Duenyas de Grünhut

    Isac, disfruté mucho leyendo tus dos artículo del Sefarad Montevideano. Conocí todos esos lugares de la mano de mi abuelos, que ya no vivián en la Ciudad Vieja, pero iban a lo de Bojorito hacer sus compras, visitar conocidos y nunca faltaba la parada en lo de Escapa, para comer un boyo.
    Emotivo homenaje a la familia Pilas, (conocí a Sabeto) y también es para todos los sefaradíes, muchos de ellos del barrio de Karatash, de Izmir, que le dieron a la Ciudad Vieja un toque muy singular.
    Abrazos
    Ketty Duenyas de Grünhut

  7. Excelente! me hiciste viajar ..

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