
En una ciudad donde calles como Sierpes, Mateos Gago o Tetuán concentran buena parte de las miradas, existen pequeños rincones que conservan intacta la esencia de la Sevilla medieval. Uno de ellos es la calle Verde, una estrecha vía situada entre la calle Céspedes y la plaza de los Curtidores, en pleno barrio de San Bartolomé. Su aspecto tranquilo, las plantas que asoman desde balcones y patios y su reducido ancho la convierten en una de las calles con más encanto del casco histórico.
Sin embargo, detrás de esa imagen pintoresca se esconde una historia que se remonta a más de seis siglos y que está estrechamente ligada a la antigua judería sevillana.
Un nombre documentado desde hace más de 600 años
La calle Verde aparece mencionada en documentos históricos al menos desde 1410, lo que la convierte en una de las vías con una denominación más antigua del callejero sevillano. En algunos textos también figura como «calle de Calverde», una variante que los historiadores consideran una deformación del propio nombre y no una denominación distinta.
Lo más llamativo es que, pese a su antigüedad, nadie conoce con certeza el origen de su nombre. A diferencia de otras calles de Sevilla, cuyo topónimo hace referencia a un oficio, una familia o un edificio desaparecido, en este caso no existe una explicación documental que permita afirmar por qué comenzó a llamarse Verde.
Con el paso del tiempo han surgido distintas hipótesis. La más popular relaciona el nombre con la abundante vegetación que hoy cubre balcones y fachadas, creando un auténtico túnel vegetal durante buena parte del año. Sin embargo, esa explicación parece responder más a una interpretación moderna que al origen histórico del topónimo, ya que la calle ya recibía ese nombre a comienzos del siglo XV.
Una de las calles de la antigua judería
Más allá del misterio de su nombre, la calle Verde forma parte de uno de los espacios con mayor carga histórica de Sevilla.
Durante la Edad Media perteneció a la judería sevillana, el barrio donde residió durante siglos una de las comunidades hebreas más importantes de la Península. Sus calles estrechas y sinuosas respondían al urbanismo heredado de la ciudad islámica, pensado para aprovechar la sombra y proteger a los vecinos del intenso calor sevillano.
Tras el asalto a la judería en 1391, que supuso un antes y un después para la comunidad judía de Sevilla, el barrio cambió profundamente. Años más tarde, en 1437, las autoridades reagruparon a las familias judías que aún permanecían en la ciudad y escogieron la calle Verde como una de las vías donde volverían a establecerse. Aquella reorganización convirtió este pequeño rincón en uno de los últimos espacios donde sobrevivió la vida cotidiana de la aljama sevillana antes de la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492.
Del barrio judío al barrio de San Bartolomé
La expulsión de los judíos transformó por completo el entorno.
Muchas viviendas cambiaron de propietarios y comenzaron a instalarse nuevos vecinos, mientras el antiguo barrio judío fue integrándose progresivamente en la Sevilla cristiana. Aun así, el trazado urbano apenas sufrió modificaciones.
Por ese motivo, caminar hoy por la calle Verde supone recorrer prácticamente el mismo itinerario que existía hace más de quinientos años. La estrechez de la vía, la proximidad entre las fachadas y el trazado irregular continúan recordando el origen medieval de este rincón del barrio de San Bartolomé.
Una calle donde el tiempo parece detenerse
Uno de los rasgos más característicos de la calle Verde es su ambiente.
Las plantas que cuelgan de balcones y patios interiores envuelven la calle durante buena parte del año y crean una sensación de frescor poco habitual en pleno centro histórico. En algunos puntos, la vegetación llega a cubrir parte del cielo, reforzando la impresión de encontrarse en un espacio apartado del bullicio que rodea al barrio de Santa Cruz.
También llaman la atención sus viviendas tradicionales. Muchas conservan la tipología de las antiguas casas sevillanas, con patios interiores y fachadas de escasa altura, lo que contribuye a mantener el carácter histórico del conjunto.
Un rincón lleno de historia… y de vida cotidiana
Aunque hoy es una de las calles más fotografiadas del entorno de San Bartolomé, durante siglos la calle Verde fue un lugar de vida cotidiana. Comerciantes, artesanos, familias y vecinos compartieron este espacio mucho antes de que el turismo descubriera su encanto.
Incluso existen documentos del siglo XVIII que recogen las quejas de los residentes por los problemas de salubridad que sufría la calle, un recordatorio de que estos rincones históricos también conocieron épocas mucho menos idílicas que la imagen que ofrecen en la actualidad.
Un pequeño tesoro escondido en Sevilla
La calle Verde no alberga grandes monumentos ni presume de la fama de otros rincones del casco histórico. Su valor reside precisamente en lo contrario. Conserva la escala humana, el trazado y buena parte del ambiente de la Sevilla medieval, convirtiéndose en uno de esos lugares donde resulta fácil imaginar cómo era la ciudad hace varios siglos.
Quizá por eso siga despertando tanta curiosidad. Su nombre continúa siendo un misterio, pero su historia habla por sí sola. Entre la plaza de los Curtidores y la calle Céspedes, esta discreta vía recuerda que algunos de los capítulos más importantes del pasado de Sevilla no siempre se encuentran tras las fachadas de sus grandes monumentos, sino en calles estrechas que han sabido resistir al paso del tiempo.
Por Carmen González.
Fuente: Sevilla Buenas Noticias | 5.8.2026
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