Presenta hoy, con Amando de Miguel, su libro -Memorias de un judío sefardí-
Fue «de una manera inespera y mágica» como el leonés Santiago Trancón conoció a Dan Kofler, sorprendente judío sefardí nacido en Bucarest en 1946 cuya vida articula Memorias de un judío sefardí , libro difícil de clasificar en género alguno que hoy su autor presenta junto al propio Kofler -quien ofrecerá durante el acto un breve recital de cimbal con música sefardí y flamenca-«, el sociólogo Amando de Miguel y el columnista de este periódico Pedro G. Trapiello en la sala Región del ILC.
«Yo no lo conocía, fue hace catorce meses cuando él se me presentó en unos encuentros que organizo en Montánchez, Extremadura -explica Santiago Trancón-. Poco después, en una librería de Toledo, escuché música de fondo: era él, así que fui a verlo y, sin más, llevado por esas extrañas intuiciones suyas, me dijo: -Dicen que tengo una vida muy curiosa, así que quiero que escribas mis memorias. Además, tienes cara de judío-». Para Trancón, aquel personaje, músico y pintor que recorrió medio mundo para acabar viviendo en la sierra de Madrid tras participar en la movida madrileña, era «un misterio total». Kofler, que solicitaba un -testigo- que relatara su vida, acabó fascinando a Santiago Trancón y abriéndole las puertas de una cultura de insospechado alcance. «Fue una especie de viaje iniciático que además tiene mucho que ver con la gran presencia judía que hubo en León, sobre todo a partir del siglo XII, y después, de una manera oculta», declara el autor.
Gran estímulo cultural. «Investigamos la vida de otros porque nos intriga nuestra propia vida», sostiene Trancón, y por eso, durante este «estimulante viaje» en el que acaba reviviendo «toda una tradición cultural» descubre claves como que Jorge de Montemayor, creador de la novela pastoril (y quien la sitúa a orillas del Esla), «era de origen judío», así como que el poso hebraico de la cultura española es «fascinante». «Los datos que aparecen en el libro son históricos, toda la historia es verdadera, aunque el estilo suscite lo que la literatura produce, esto es, la intesinficación de la vida a traves de la ficción. Mantego que nos hacemos más reales a través de la ficción literaria, y así, Don Quijote tiene más entidad que Cervantes».
En cuanto a comportamientos concretos que han quedado fosilizados, relacionados con esta cultura, Trancón habla del legado de la Inquisición, «herencia psicológica marcada por la delación, el miedo a la persecución, la falta de libertad interior». Y es que, quitando las prácticas más estrictas, «el judaísmo es una escuela de libertad, aspira a vivir en paz y a dejar vivir en paz», dice el autor, recordando que de aquellos tiempos viene «la obsesión por el otro, por juzgarle, por encasillarse. No olvidemos que los peores inquisidores eran de origen judío, como Torquemada. Los españoles tenemos un conflicto -con el otro- muy arraigado», continúa.
Huellas del día a día, sobre todo en León, son la cecina «como sustituto del cerdo, o los chorizos de vaca que se hacían en Maragatería». Incluso la morcilla como utilización alimentaria de la sangre, algo que se hace en muy pocos lugares, «es una inversión de la férrea prohibición judía de ingerir sangre, para alejarse de la sospecha de judaizante», ejemplifica, rememorando también cómo en los pueblos «se sangraba las gallinas hasta la última gota», o las orejas de carnaval, cuyo origen está «en un pastelito judío que se consume en esas mismas fechas». Como buen valderense, recuerda también que hasta 1927 permaneció en pie en aquella población una antigua sinagoga, o fiestas como la del cordero, rememoración del Pésaj o huída de Egipto en la que se consume, como en aquélla, pan ázimo (mazapán) y lechuga. «Todo este legado es parte de nuestra tradición, y debemos asumirlo con cierto orgullo», recalca.
Lugar: sala Región (santa Nonia, 3).
Hora : 20.00
Fuente: Diario de Leon.es.
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