Marco Pichón, un sefardí que convirtió a José Martí, en un símbolo universal por Arnaldo Alfredo Delgado Fernández
En la historia cultural de Cuba existen figuras cuya contribución ha permanecido discretamente en segundo plano, a pesar de haber realizado obras de extraordinaria trascendencia. Una de ellas es Marco Pichón, intelectual, dirigente comunitario y descendiente de judíos sefardíes, quien impulsó uno de los homenajes internacionales más notables dedicados a José Martí, el Apóstol de la independencia de Cuba y una de las figuras más influyentes del pensamiento latinoamericano mediante la publicación del libro José Martí y la comprensión humana 1853-1953.
La obra constituye mucho más que una recopilación de textos. Es el testimonio del esfuerzo de un hombre nacido en Turquía, heredero de la tradición sefardí, que encontró en Cuba una patria y en José Martí un ideal humano capaz de unir culturas, religiones y naciones.
Marco Pichón nació en Esmirna, Turquía, el 13 de febrero de 1895, en una familia descendiente de los judíos sefardíes expulsados de España en 1492. Como muchos miembros de esa diáspora, conservó el ladino, el antiguo judeoespañol, además de dominar el francés, lo que le permitió crecer dentro de una tradición profundamente vinculada a la cultura hispánica.
Después de residir en Suiza y Francia, emigró a Cuba en la década de 1920. En la Isla desplegó una intensa labor organizativa dentro de la comunidad judía, promoviendo la unión de las instituciones hebreas y fundando en 1943 la filial Bené Berith Maimónides, entidad desde la cual desarrolló numerosos proyectos culturales y benéficos. También destacó como masón y promovió importantes donaciones bibliográficas a instituciones cubanas, convencido de que la cultura debía ser patrimonio de todos.
Pero una de sus mayores pasiones fue José Martí. En el prólogo del volumen, titulado “La fama póstuma de José Martí” y redactado por el destacado intelectual cubano Fernando Ortiz, se subraya la dimensión universal del pensamiento martiano y su capacidad de diálogo entre culturas.
Un homenaje nacido en La Habana para los cinco continentes
Con motivo del centenario del nacimiento de Martí, celebrado en 1953, la Bené Berith Maimónides decidió preparar inicialmente una selección de pensamientos del Maestro para difundirla entre instituciones similares existentes en diferentes países.
Sin embargo, el proyecto fue creciendo. Marco Pichón tuvo la idea de solicitar mensajes de homenaje a personalidades extranjeras para incorporarlos al volumen. Aquella iniciativa, que comenzó con unas pocas cartas, terminó convirtiéndose en una extraordinaria correspondencia internacional que se prolongó durante tres años.
El resultado fue sorprendente: llegaron 240 mensajes procedentes de 83 países, convirtiendo el libro en una de las mayores expresiones del reconocimiento mundial a José Martí durante la década de 1950.
La convocatoria reunió una extraordinaria diversidad de voces. Respondieron jefes de Estado, ministros, parlamentarios y otras altas autoridades nacionales, ejecutivos municipales, magistrados, rectores y profesores universitarios, autoridades religiosas, instituciones culturales y académicas, personalidades políticas, literatos, científicos y periodistas, lo que evidencia el prestigio internacional alcanzado por la iniciativa concebida y coordinada desde La Habana.
Las páginas de la obra reflejan la amplitud geográfica de esa convocatoria. Respondieron representantes de prácticamente toda América, desde Argentina hasta Canadá, pasando por México, Chile, Perú, Venezuela, Guatemala, Costa Rica, Puerto Rico y Estados Unidos.
Europa también estuvo ampliamente representada con mensajes procedentes de España, Francia, Inglaterra, Irlanda, Italia, Alemania, Austria, Bélgica, Portugal, Grecia, Suiza, Suecia, Polonia, Hungría, Rumanía, Yugoslavia y la entonces Unión Soviética, entre otros países.
Desde África llegaron contribuciones de Egipto, Etiopía, Liberia, Sudán, Túnez, Libia, Argelia y Sudáfrica.
Asia respondió igualmente al llamado con mensajes enviados desde Israel, Turquía, Irán, Irak, Líbano, Jordania, Arabia Saudita, India, Pakistán, China, Japón, Filipinas, Indonesia, Camboya, Vietnam, Nepal y Tailandia.
Incluso Oceanía estuvo presente mediante colaboraciones procedentes de Australia y Nueva Zelanda.
Más allá del número de países, resulta significativo que muchas respuestas provinieran de las más altas esferas del poder político, del mundo académico, de las instituciones culturales y religiosas y de la prensa internacional. Ello demuestra que la convocatoria impulsada por Marco Pichón trascendió los círculos martianos tradicionales y alcanzó una dimensión verdaderamente mundial.
La mirada universal de un sefardí
La trayectoria de Marco Pichón ayuda a comprender la amplitud internacional del proyecto que impulsó. Durante siglos, los sefardíes mantuvieron redes culturales y comerciales distribuidas por Europa, el Mediterráneo, el norte de África y Oriente Medio, conservando al mismo tiempo su lengua y sus tradiciones. Formado en ese ambiente cosmopolita, Pichón trasladó esa apertura al mundo a su labor intelectual en Cuba.
Comprendió que José Martí no debía ser presentado únicamente como el héroe nacional de Cuba, sino como un pensador universal cuyos ideales podían dialogar con hombres y mujeres de cualquier religión, nacionalidad o cultura.
Su propia biografía era prueba de ello: nacido en Turquía, descendiente de españoles sefardíes, formado en Europa, establecido en Cuba y vinculado a instituciones internacionales como Bené Berith, reunía en su experiencia personal varias identidades que encontraron en Martí un punto de convergencia.
Más que un compilador, Marco Pichón desempeñó el papel de un verdadero mediador cultural. Desde una institución de la comunidad judía cubana articuló una iniciativa que convocó a gobernantes, diplomáticos, universidades, academias, intelectuales y organizaciones de los cinco continentes en torno a la figura de José Martí. El proyecto constituye un notable ejemplo de diplomacia cultural impulsada desde la sociedad civil, donde una asociación judía de La Habana se convirtió en punto de encuentro para un homenaje de dimensión mundial.
Un legado poco conocido
José Martí y la comprensión humana 1853-1953 constituye hoy una fuente documental excepcional para estudiar la proyección internacional del pensamiento martiano durante el siglo XX. Pero también representa el legado de Marco Pichón, cuya visión hizo posible que desde Cuba se organizara uno de los homenajes más amplios jamás dedicados al Apóstol cubano.
Su origen sefardí no fue un elemento anecdótico de su biografía. Formó parte de una identidad abierta al diálogo entre culturas, al respeto por la diversidad y a la defensa de la dignidad humana, principios que reconoció en José Martí y que quiso proyectar hacia el mundo.
Gracias a la iniciativa de este inmigrante sefardí convertido en cubano por elección, José Martí recibió el reconocimiento de 240 personalidades e instituciones procedentes de 83 países, confirmando que su pensamiento pertenecía ya no solo a Cuba, sino a toda la humanidad.
Hoy, más de siete décadas después de aquella extraordinaria empresa editorial, la figura de Marco Pichón merece ser rescatada no solo como dirigente de la comunidad judía cubana, sino también como uno de los grandes promotores internacionales del ideario martiano. Su obra demuestra que la comprensión humana, valor que dio título al volumen que concibió, puede convertirse en un puente entre pueblos, culturas y credos diferentes, exactamente el ideal que José Martí soñó para el mundo.