El judaísmo mantiene una relación milenaria con las ciencias de las estrellas. Desde la antigüedad, la Torá prohibió consultar astrólogos, pero el Talmud reconoció la influencia de los astros (mazalot) en el destino.
Durante la Edad Media, eruditos como Abraham bar Hiya (también conocido como Savasorda) y el sabio Abraham ibn Ezra en España actuaron como traductores e intermediarios entre el mundo islámico y el cristiano. El tratado Tzurat Haaretz de Bar Hiya fue el primer libro completo de astronomía escrito en hebreo
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