Los Judíos Cubanos. Breve reseña Histórica – 1º Parte (13/12/2012)>>
La comunidad judía actual, que convive principalmente en la provincia de Ciudad de La Habana, no representa una línea de continuidad. Sus orígenes parecen estar muy ligados a la primera Guerra de Independencia, que comenzó el 10 de Octubre de 1868, desarrollada por los criollos cubanos contra la represión colonial y liderada por Carlos Manuel de Céspedes. En esta gesta que liberó a los esclavos negros para que se sumaran a la lucha, muchos judíos se destacaron en la misma, entre ellos Carlos Roloff, alias Akiba Roland, oriundo de Polonia, cuya participación ocupa un lugar muy importante en la historia cubana; el capitán Kaminsky del ejercito libertador y antiguo buhonero en Florida; Schwartz, ayudante del general Calixto García y Horacio Rubens, abogado judío de New York y miembro de la Junta Revolucionaria de Cuba. Posteriormente en la “Guerra Necesaria” que estalló en 1895 participaron judíos como los Steinberg y los Steinhart, quienes se quedaron en Cuba después de terminada la contienda. El prócer de la patria cubana, José Martí, un criollo masón e hijo de militar español, cuando se encontraba preparando la nueva gesta libertadora, y encontrándose visitando la ciudad de Cayo Hueso en 1891, perteneciente al actual Estado de la Florida en los Estados Unidos de América, tenía entre sus partidarios más activos a los judíos de ese lugar, que donaron dinero para la compra de armas. En esta ciudad fundó el Partido Revolucionario Cubano. Posteriormente murió en Dos Ríos en 1895 cuando a galope de su caballo, se sumó a la insurrección.
Ya en 1898 estallaba la guerra hispano-cubanonorteamericana. El gobierno provisional durante la insurrección, dirigido por el General Máximo Gómez, legaba al futuro gobierno la libertad de culto, que ya anteriormente Carlos Manuel de Céspedes en 1868 permitía a sus tropas.
Por el Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, España renunció a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. Comienza el período de ocupación militar de Estados Unidos (1899-1902). El 20 de mayo de 1902 se establece la República de Cuba con Tomás Estrada Palma como presidente. Los judíos norteamericanos fueron los primeros emigrantes judíos que comenzaron a establecerse en la Cuba post colonial como veteranos de guerra o comerciantes, a finales del siglo XIX. En 1904 fundaron la United Hebrew Congregation con una sinagoga reformista. En 1906 adquirieron un cementerio en Guanabacoa, pueblo al este de La Habana; también crearon una sociedad de ayuda a los necesitados (inmigrantes) con el nombre de Ezra y que se remplazó posteriormente por el de Menorah Sisterhood.
Durante los años previos a la primera guerra mundial, inmigrantes sefardíes comenzaron a arribar desde Turquía y Siria. En 1914 los judíos sefardíes establecieron una organización comunitaria llamada Chevet Ahim. En enero de 1919 el senado cubano aprobó una resolución a favor de la Casa Nacional Judía en Palestina, la Declaración de Balfour, carta escrita por el líder comunitario David Blis, quien contribuyó con su esfuerzo a que esta resolución fuese adoptada. La carta fue leída en el senado cubano en honor de la Comunidad Judía.La inmigración de los judíos de la Europa del Este comenzó en el año 1920 y para ellos Cuba solo representaba un punto de tránsito hacia los Estados Unidos. Pero con el endurecimiento de las leyes de inmigración impuestas por las autoridades norteamericanas en el año 1924, muchos de ellos se vieron obligados a permanecer en Cuba, incluso hasta después de ese año, continuaron arribando, asentándose fundamentalmente en la capital, La Habana. La desesperada situación económica de los nuevos inmigrantes impulsa el nacimiento del bienestar judío. HIAS en 1921 y en 1922 la American Jewish Joint Distribution Committee (JDC), sumaron su apoyo. La política de la junta en esa época fue brindar suficiente apoyo a los inmigrantes para aliviar la situación. El 1 de septiembre de 1925 se fundó el Centro Israelita de Cuba, una organización local que transformó su estructura central por un grupo variado de actividades, además de la ayuda a los inmigrantes, incluía una biblioteca, una escuela de idiomas nocturna, una escuela primaria y un grupo de teatro. También fue la institución principal de otras sociedades ashkenazíes que se fundaron posteriormente, como el Comité Protector de Tuberculosos y Enfermos Mentales. Los judíos ortodoxos establecieron el Adath Israel en 1925. Al año siguiente, 1926, la Froein Farein, Asociación Hebrea Femenina de Cuba, organización pionera en el mundo, formada por un grupo de mujeres que se dedica a ayudar otras mujeres a buscar un empleo y prestar ayudas económicas, tenían una guardería infantil. Ese mismo año, Kultur Fareyn fundó la Unión Izquierdista Judía y desarrolló un programa cultural hasta el año 1931 que cierran sus puertas. otras.
No fue hasta el año 1939 que el Comité Central de la Organización Judía se reorganizó, incluyendo a todos los sectores de la comunidad y fueron reconocidos como órgano representativo por las autoridades cubanas. Por el contrario, fue el año más amargo de la historia de los judíos en Cuba. Porque a comienzos de ese año el gobierno cubano dictó el Decreto Nº55, que ordenaba que se hiciera una distinción entre pasajeros turistas y refugiados. Los turistas, eran bienvenidos y no requerían visas, pero para los refugiados se les ordenaba pagar 500 dólares como garantía de que no serían una carga para el estado cubano. El 13 de mayo partía el transatlántico alemán «Saint Louis» desde Hamburgo, Alemania, hacia La Habana, con 937 pasajeros a bordo, cuya mayoría tenían visado hacia los Estados Unidos. Casi todos eran judíos que huían del Tercer Reich. La mayor parte eran ciudadanos alemanes, algunos provenían de Europa Oriental y unos pocos eran oficialmente «apátridas». Cuando el «Saint Louis» llegó al puerto de La Habana el 27 de mayo, el director de inmigración Manuel Benítez, decidió que para autorizar el desembarco, los pasajeros debían pagar cada uno los 500 dólares, o podrían obtener permiso como turistas por 150 dólares. Algunas personas compraron esos permisos y los revendieron a refugiados desesperados, obteniendo algunas ganancias, mientras que los «refugiados-turistas» pensaban que después verían como arreglárselas para viajar a EEUU. Por lo que sólo se permitió el desembarco de 28 pasajeros. Seis de ellos no eran judíos (4 españoles y 2 cubanos). Los restantes 22 pasajeros disponían de documentos de entrada válidos. Otro pasajero terminó en el hospital de La Habana tras un intento de suicidio. Podemos afirmar que fue un año trágico, y demostraba que existía un brote de antisemitismo por parte de algunas autoridades cubanas de la época.

En 1953 con la fundación del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba y la construcción de un edificio para este gran centro comunitario, culminaron los intentos de centralizar esta organización. Aunque el Patronato no pudo llegar a cumplir sus propósitos, cada institución continuó realizando sus actividades por si solas y el Patronato pasó a ser una institución más dentro de la colectividad judía de Cuba.
En 1956 la Comunidad Religiosa Hebrea Adath Israel de Cuba construyó un moderno edificio en La Habana Vieja, bajo la dirección del arquitecto Oscar Baisman y del ingeniero Jacinto Feh Leonard, aunque se inauguró en el propio año 1956, su construcción total no se concluye hasta el 9 de Octubre de 1959.
En 1957 el Centro Hebreo Sefaradí de Cuba, que mantenía su vieja sinagoga Chevet Ahim en La Habana Vieja, comienza la construcción de un moderno edificio en la zona del Vedado, pero este no es concluido hasta después de la llegada de Fidel Castro al poder. El triunfo de “La Revolución” de 1959 en Cuba provoca varios cambios sociales que influyeron en el futuro de la comunidad judía. Una gran ola migratoria de judíos se produce hacia los Estados Unidos y en menor cuantía hacia Sur América e Israel. Las causas de esta emigración fueron consecuencia de los cambios políticos, sociales, pero sobre todo económicos al ser eliminada la propiedad privada y nacionalizadas las grandes y pequeñas empresas.
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Agradecemos a nuestro lector Beni Salazar por enviarnos este artículo.
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