Don Enrique Wulff Martín se había jugado el tipo para traer de la Francia ocupada a más de trescientos españoles, la mayoría sefardíes, recluidos en campos de concentración
JOSÉ VICENTE PASCUAL Aníbal sólo temía «a los griegos cuando traen regalos». Las personas con buenos principios empiezan extendiendo la mano y acaban llevándote de la oreja camino del confesonario, por lo que parece preferible la amistad de un canalla decente a la de un meapilas. Mi amigo Carlos Wenceslao Lozano, por ejemplo, se manifiesta perfecto conocedor del género en su felicitación navideña; incluye la frase más lúcida y demoledora de los últimos tiempos: «Un canalla como Dios manda debe ganar respetabilidad con los años, ese es su signo de autenticidad». Irrefutable. El machadiano don Guido era un auténtico canalla; Mick Jagger, un farsante. Por no hablar de los artistas hispánicos que en los años setenta eran devotos de la iglesia leninista y llegados a los sesenta (de su edad), iconos sobre andas en la fervorosa romería de las «miembras». Rebeldes, malditos de VISA platino, con plan de jubilación y alerta en google-mobile sobre las cotizaciones del Santander, no resultan nada auténticos.
Hablando de alertas, hace semanas creé una en mi correo electrónico sobre la nueva versión del navegador para Internet de Microsoft, Explorer 8. La bandeja de entrada se ha inundado de noticias sobre asesinatos, tiroteos, secuestros y cadáveres sin identificar. Resulta que el vehículo aproximadamente oficial de los «narcos» colombianos y mexicanos es un todoterreno llamado Explorer. Se pone de cero a cien en tres segundos, y en las circunstancias descritas lleva de la vida a la muerte en mucho menos tiempo. El problema de este modelo no es la estabilidad sino la durabilidad de sus ocupantes, sobre todo si viven en Colombia o México y se dedican al trapicheo. De lo que se entera uno por Internet…
Otro viaje interesante fue el de quien podíamos llamar «el Schindler granadino». Leen bien. No me refiero a Sanz Briz, el diplomático español que arriesgó su vida para salvar a cientos de judíos de la barbarie nazi, sobre cuya vida y obras informó recientemente Antena 3. Hablo de don Enrique Wulff Martín, quien durante muchos años fue director de la Delegación Provincial de Turismo. Lo recuerdo en las dependencias de la Casa de los Tiros, atendiendo amablemente a jóvenes e incordiosos estudiantes que acudíamos en busca de folletos y publicaciones varias. Lo que no sabíamos entonces era que aquel hombre grandote y afable se había jugado el tipo para traer de la Francia ocupada a más de trescientos españoles, la mayoría sefardíes, recluidos en campos de concentración. Llegaron en viejos trenes, sobre el traqueteo de la última esperanza, surcando los fríos de Iberia entre alientos de hollín y replicar de estómagos vacíos hasta la comarca de Loja, donde se asentaron casi todos ellos. Don Enrique nunca hablaba de aquellos asuntos, era su natural reservado. Los medios de comunicación tampoco han hecho grandes esfuerzos por rescatar una historia apasionante en la que intervienen Serrano Súñer, el Fhürer, los servicios secretos alemán y británico, un traductor de la revista ´Signal´ y, como figuración dramática, un montón de familias sefardíes que pasaron del horror nazi a la lucha por la vida en España, Tánger, Argelia e Israel. Gracias a Enrique Wulff aquella lucha se libró bajo idóneas condiciones: en libertad. Fueron de la muerte a la vida casi tan rápido como el Explorer 8. Bill Gates promete que navegar con él será el no va más en velocidad. Aunque, total, para enterarse de los cotilleos de la red, qué quieren que les diga… uno casi prefiere la lentitud de los trenes donde viajaban los sefardíes de Wulff, sin módem ni ADSL ni móvil que les ladrase. Aunque los principios no fueran muy buenos, aquella parece una experiencia más interesante que dedicarse al doble click.
Fuente: http://www.laopiniondegranada.es
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