Las versiones sefardíes de 'Tamar'

Parece lógico que los judíos expulsados de la Península hayan conservado una mayor fidelidad al argumento que desarrolla el Libro Segundo de Samuel (XIII, I-34)

ELFIDIO ALONSO

Tratándose de un romance de asunto bíblico (amores incestuosos entre dos hijos del rey David), parece lógico que los judíos expulsados de la Península hayan conservado una mayor fidelidad al argumento que desarrolla el Libro Segundo de Samuel (XIII, I-34), como así se desprende de las variantes recogidas en aquellas comarcas del norte de África y de Europa Oriental, en las que se asentaron los sefardíes. Así vemos cómo se ha conservado el título de Amnón y Tamar, mientras que en la tradición más moderna el rey David pasa a ser un rey moro anónimo, como ocurre en la casi totalidad de las variantes que hoy se pueden manejar por toda la geografía peninsular, Canarias y América. Más adelante lo podremos comprobar con mayor detenimiento.

Veamos algunas de las versiones que aún siguen cantando las comunidades judías del norte de África, recogidas por Manuel Alvar en su Romancero sefardí de Marruecos (Universidad de Alcalá, ediciones «La Goleta», 2003), y en el tantas veces citado libro de Susana Weich-Shahak que lleva el mismo título (Editorial Alpuerto, Madrid, 1997). Alvar ha recopilado dos versiones que se mantienen fieles al modelo bíblico, como ya indican los títulos: Amnón y Tamar («Un hijo tiene el rey David»), amén del comienzo que no deja lugar a dudas: «Un hijo tiene el rey David, / que por nombre Habló se llama, / namorose de Tamaraun / que era su propia hermana». Además de esta variante conservada en Tetuán, el profesor Alvar alude a otra recogida en Larache, que lleva un desenlace más completo que la anterior: «No tengas penas, Tamar, / serás una de las bien casadas. / Antes que saliera el sol / su sangre será regada». Alude a la amenaza lanzada por el otro hermano, Absalón, que acaba por matar al violador.

Este mismo modelo de fidelidad bíblica lo siguen las cuatro variantes que aporta la doctora Weich-Shahak, con utilización indistinta de ambos títulos: Amnón y Tamar, y Un hijo tiene el rey David (Números 14 a, b, c y d). Fueron recogidas en Tetuán (2), Larache y Tánger. Todas llevan partitura musical, siendo la 14 b) la más completa y extensa, si bien la hallada por Henriette Benchimol, en Tánger (1987), cuenta con un superior interés musical. En cuanto a los versos, digamos que todos aluden al rey David y algunos confunden Absalón con Ablón. El de Tamar no sufre la menor alteración y se mantiene en los cuatro arranques: «Un hijo tiene el rey David, / que por nombre y Abón se llama, / namoróse de Tamar, / aunque era su propia hermana».

A pesar de la riqueza tradicional y mayor antigüedad de estas versiones sefardíes, sorprende ver hoy cómo en algunas comunidades de judíos del norte de África se ha producido un ulterior contagio por parte de versiones andaluzas, muy deformadas y de menor interés que las primigenias. Así sucede en el CD titulado Todas las voces de Sefarad (SAGA, KPD-881, Madrid 1988), donde el grupo «Raíces» interpreta una versión de Amnón y Tamar que podemos considerar entre las adulteradas. Como señala Antonio Lorenzo Vélez en el folleto que acompaña la grabación, «nota curiosa de esta variante respecto a sus congéneres sefardíes, es la omisión del encuentro de Tamar con su hermano Absalón, que actúa como vengador de la afrenta. Este episodio es sustituido por el encuentro con el padre, quedando en suspenso el desenlace».

Esta versión fue recogida por Florete M. Rechnitz en Israel (1972) a una mujer originaria de Tánger. Fue publicada en Estudios sefardíes (Núm. 1, Madrid, 1978). Esto explica que tanto música como versos del romance aparezcan contaminados y carentes de la fidelidad al pasaje bíblico que caracteriza a las versiones de Alvar y Weich-Shahak que hemos citado.

Como ha escrito Paloma Díaz-Mas, «de las versiones modernas sólo las sefardíes conservan la memoria de que se trata de un tema bíblico, y mantienen la mención del rey David, de Amnón y de Tamar; en las demás tradiciones lo normal es que el trasfondo bíblico se desdibuje, convirtiéndose el rey David en un mítico e innominado rey moro».

Lo veremos con más claridad cuando tratemos las versiones peninsulares –muy especialmente las que se han recogido en Andalucía–, y también las que se conservan en las distintas recopilaciones realizadas en Canarias, muy apegadas a los arquetipos más recientes y contaminados.

 
Fuente: LaOpinion.es

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