En honor a mi tío, Jajam Yosef Faur HaLevi z”l por el Rab Yosef Bitton

Mi abuelo materno, Abraham Faur, z”l, llegó a Buenos Aires de Damasco, Siria, en 1915 o algo así. Su casa era un hogar judío tradicional. Tefilín, Kashrut, Kiddush y Kinis en Shabbat, Seder de Pésaj, etc. Pero mi abuelo no se dedicaba al estudio de la Torá, ya que pasaba todo su tiempo trabajando duramente en un negocio de telas de la calle Lima 979, para mantener a toda su familia: sus padres, sus suegros, su esposa y sus hijos. Pero su padre, mi bisabuelo Yosef Faur, z”l fue un estudioso de la Torá. Y había traído de Damasco algunos importantes libros de Torá. Él fue el primer maestro de mi querido «tío José» (así lo llamaba yo cariñosamente), z”l, que falleció ayer a los 85 años, y fue enterrado hoy en Netanya, Israel.
El gran maestro del Rab Faur fue el Rab Eliyahu Freue, z”l, que había emigrado de Damasco a Argentina,. Mi tío decía que el Jajam Freue lo transformó a él en un eslabón de la cadena de rabinos de Damasco, como el Rab Isaac Abulafia (Pené Ytzhaq) y otras luminarias. Su otro maestro fue el Rab Eliyahu Suli, z”l, que en ese entonces era más joven que el Rab Freue, pero de la misma escuela. Con su abuelo y con estos dos gigantes de la Torá del barrio de la Boca y Barracas, el Rab Faur aprendió todo lo que necesitaba para construir durante el resto de su vida su propia riqueza intelectual: el hebreo y el arameo bíblico y rabínico, que aprendió a la perfección; la metodología y el razonamiento talmúdico y la apreciación de la tradición sefaradí expuesta por Maimónides.
Sobre sus maestros el Rab Faur dijo: «Nunca asumieron una actitud arrogante hacia sus estudiantes o cualquier otra persona. Eran accesibles y alentaban los puntos de vista contrarios y la libre discusión. La “verdad” era el resultado de un esfuerzo colectivo en el que todos tenían el mismo acceso y la misma participación, en lugar de ser impuesta por un individuo con una mente superior. Siguiendo la tradición sefaradí, la enseñanza era metódica e integral. Antes de que uno comenzara a estudiar el Talmud, se esperaba que tuviera un conocimiento sólido del Tanaj (La Biblia hebrea), la Mishná, la famosa antología ‘En Yaaqob, el Shulján Aruj y otros textos judíos básicos «.
Además, como más de una vez me contó, todo este aprendizaje se realizaba en árabe, y el conocimiento de esa lengua resultó clave para que él pudiera estudiar y escribir sobre los escritos de Maimónides, particularmente sobre su More Nebujim, que él podía leer en su lengua original (judeo-árabe) sin traducciones de por medio.
Lo más increíble es que todo este bagaje intelectual y formativo lo adquirió en su niñez y adolescencia, calculo que entre los 8 y los 16 años, y a espaldas de su padre, ya que en aquellos tiempos de gran pobreza no era bien visto que un joven se dedicara al estudio de Torá, ya que había que trabajar muy duro para poder sobrevivir.
A los 17 años de edad (1952) el rab Faur dejó la Argentina, contratado como director de un Talmud Torá en México (creo que era Keter Torá).
Al año y medio dejó México y llegó a los Estados Unidos. Antes de cumplir los 20 años ingresó a la Academia Rabínica, que aún hoy es la más grande del mundo: la Yeshiva de Lakewood, N.J. Allí estudió entre otros con uno de los rabinos más famosos e influyentes del siglo XX, el rab haGaón, Rab Aharón Kotler, z”l.
«La primera lección que escuché del rabino Kotler fue como una revelación. Hablaba rápidamente, y en yiddish, un idioma que yo no conocía pero que podía entender porque sabía algo de alemán. Citó una gran cantidad de fuentes de todo el Talmud, asociando una fuente con otra, desde diferentes ángulos y mostrando las diversas interconexiones y las interpretaciones de las autoridades rabínicas posteriores. Yo estaba deslumbrado. Nunca antes había estado expuesto a tal variedad de fuentes e interconexiones. Sin embargo, había algunos puntos que no cerraban. Me acerqué al Rab Kotler para discutir su lección. Se sorprendió de que lo hubiera podido seguir. Y cuando le presenté mis objeciones, reflexionó por un momento y luego dijo que al otro día iba a dar una clase donde examinarían las dificultades que presenté…”
La historia de su vida es fascinante. Y espero continuar escribiendo sobre él y sus ideas en días posteriores.
Quiero terminar diciendo que el Jajam Faur dejó una incalculable herencia de Torá. No sólo escribió 9 libros (el primero en español “Espiritualidad judía”, 1960) y cerca de 100 artículos, sino que también tuvo la visión de grabar casi todas las clases que dio desde que se inventó la grabadora de casetes, a principios de los años 70. Calculo que habrá en existencia más de 2.500 clases grabadas de él, casi todas en inglés y en hebreo.
צדיקים אין בונים להם נפש על קברותיהם שדבריהם הם זיכרונם
No es necesario erigir un monumento en las tumbas de los hombres justos y sabios. Las palabras y las ideas que nos dejan, son el verdadero testimonio a su memoria (Maimónides).

Rab Yosef Bitton

 

Fuente: halaja.org

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