Prof. Óscar Monterreal *, Madrid
De una visión superficial del pasado de España se pueden extraer algunas conclusiones que, aún siendo poco meditadas, tienen un buen componente de autenticidad. Una de ellas es la siguiente: históricamente, España ha mostrado una gran facilidad para crearse problemas donde no los tenía. ¿Por ejemplo? Los sefardíes. Sólo así se entiende que un grupo como los judíos hispánicos medievales, a los que podemos calificar sin riesgo de equivocarnos de productivos, cultos y pacíficos, beneficiosos para los territorios en los que se asentaban e incluso básicos en algunos aspectos organizativos y financieros, significaran uno de los grandes problemas desde finales del siglo XIV hasta su expulsión en 1492.
¿Por qué fueron perseguidos y finalmente expulsados? ¿Y por qué, una vez expulsados, no desapareció el problema? Porque erradicada la controversia judía se entró de lleno en otra que significó un gran quebradero de cabeza para la monarquía española en los siglos venideros, el de los conversos, que a ojos de los cristianos viejos más furibundos habían pasado de ser espíritus erráticos a falsos piadosos. Pero olvidémonos de los conversos, al menos por hoy, para centrarnos en los judíos sefardíes anteriores a 1492.
Desde su llegada a la Península la situación de los sefardíes pasó por diversas etapas, de mayor o menor tranquilidad, bajo el dominio de los visigodos, los musulmanes o los reyes reconquistadores.
En el siglo XIV comienza una fase conflictiva en la que ya no hubo retorno, y a partir de 1391 sus condiciones vitales oscilaron entre lo malo y lo peor. Fueron acosados, perseguidos, despojados de sus bienes… incluso asesinados en cada crisis, pues se les culpaba de todos los males. ¿Cómo se forjó ese antijudaísmo en la sociedad hispana? ¿Fue un sentimiento popular o impuesto desde las élites? ¿Surgió en ámbitos cortesanos o desde los púlpitos de las iglesias? ¿De dónde salió esa «pedagogía del desprecio «? Las respuestas requieren un espacio mayor que el que ofrece este artículo y, en todo caso, nunca serían categóricas. Lo más probable es que la extensión de estas ideas fuera a la vez horizontal y vertical, y que el aumento del antijudaísmo en un sector de la población se contagiara al otro, lo que realimentaba al primero. Lo que parece claro y fácil de resumir es que la imposición del cristianismo en su versión más intransigente fue un proceso muy costoso que produjo trágicas consecuencias en el devenir histórico hispano.
Conviene, no obstante, eludir la tentación de simplificar, o dicho de otro modo, hay que evitar acercarse a fenómenos ocurridos hace 500 años manejando una escala de valores actuales. Evidentemente, hoy nos parece terrible que se impida a un grupo humano expresar públicamente sus creencias, que se les castigue por ser distintos, que se vuelque en ellos la crueldad institucional o popular, pero a finales del siglo XV, cuando en Europa germinaban las bases del Estado moderno, la cohesión social se contemplaba imprescindible.
Hablar de cohesión en el XV era hacerlo, ante todo, desde la exclusividad religiosa. Los Reyes Católicos llegaron a la conclusión de que España solo podía emerger desde el cristianismo inquebrantable como religión exclusiva y apostaron por un modelo que, no olvidemos, convirtió a España en primera potencia mundial, aunque sin crear las bases sociales y productivas que sostuvieran a un gigante que acabó por desmoronarse. ¿Qué faltó para que España se mantuviese como una potencia sólida? Entre otras cosas, valentía política, visión de futuro y solvencia financiera y laboral. Faltó comprender que agarrarse al oscurantismo religioso que representaba la Inquisición condenaba a España al subdesarrollo.
¿Y si no se hubiese renunciado al potencial que ofrecían los sefardíes? ¿Podemos tomar su expulsión como paradigma de la inmersión de España en la intransigencia? ¿Y si la monarquía española no se hubiese convertido después en la gran vigilante de la Contrarreforma? ¿Y si hubiesen atendido las innovaciones científicas y culturales? ¿Hubiese entrado España en la senda del progreso? Son asuntos sobre los que nos gusta elucubrar a los historiadores, pero como elucubraciones que son, se mueven en el terreno de la fantasía y, posiblemente, en el error, así que mejor no las hacemos públicas. Que cada uno se haga cargo de las suyas.
* Historiador, profesor de Ciencias Sociales en Escuni (Universidad Complutente de Madrid)
Fuente: aurora-israel.co.il
eSefarad Noticias del Mundo Sefaradi
NO CRO QUE LOS REYES CATOLICOS QUERIAN UNA ESPANA RELIGIOSA- CRISTIANA » ISABEL FIRMABA TODO LO QUE LOS ,»OBISPOS-CONSEJEROS «LE PONIAN POR DELANTE |||| LOS RESPONSABLES DE TODO ERAN LOS CRIMINALES
LOS LADRONES Y LA
MALA GENTE QUE RODEABAN A ESTOS PERDSONAJES ||| DE LA INQUISICION LOS UNICOS RESPONSALES ERAN LOS COMPONENTES DE LA IGLESIA EN AQUELLA EPOCA ||||
UN SALUDO
LUISA