Entre la identidad y el pasaporte

El anteproyecto de ley para facilitar la nacionalidad española a los judíos sefardíes desata una avalancha de peticiones en Israel – «Los descendientes de moriscos merecen el mismo trato»

Detalle de la actual sinagoga de Málaga. ARCINIEGA
Detalle de la actual sinagoga de Málaga. ARCINIEGA

Un edificio administrativo, con un cartel de aspiración solemne en la puerta, y una cola salpicada con bufandas y banderas del Barcelona. Con esta tira cómica, publicada la semana pasada, un periódico local resumía la expectación suscitada en Israel con el anuncio del Gobierno español, que ha iniciado los trámites para ampliar la concesión de la nacionalidad a todos los judíos que acrediten su origen sefardí. Una posibilidad recibida con regocijo en Jerusalén. Y no únicamente por lo que comporta en términos de derechos, sino, como señala Elías Cohen, portavoz de la comunidad hebrea en Málaga, por el símbolo y el reconocimiento histórico.

Desde 1924, los sefardíes, al igual que algunos latinoamericanos y portugueses, podían solicitar la nacionalidad española por carta de naturaleza; un procedimiento que generalmente implicaba la renuncia automática del resto de pasaportes. La intención del nuevo texto es simplificar los trámites y abrir el cupo a procedimientos más sencillos de confirmación cultural.

Las comunidades judías son prudentes. Aseguran que hay que esperar a que se defina el proyecto. De momento, se ha publicado una lista con más de 3.500 apellidos que podrían ser la primera pista para el refrendo de las identidades. En la actualidad se calcula que existen 3,5 millones de sefardíes, pero esa cifra quizá refleje a mucha más población que a la descendiente en sentido estricto de los que huyeron de España. El concepto de sefardí, por oposición a asquenazí, se ha ampliado y engloba en la práctica a la mayoría de los judíos que no provienen de Oriente.

El gesto del Gobierno de Rajoy podría convertir a España de nuevo en un país preferente de acogida para las familias hebreas. Sin embargo, y más en este contexto económico, no parece muy probable que la medida cristalice en grandes movimientos migratorios hacia la tierra de los antepasados. Muchos sefardíes, precisa Cohen, se han interesado en los trámites. Incluso han hecho guardia frente a las embajadas. Pero más por una razón sentimental que con una perspectiva seria de mudanza. Donde sí puede traducirse en una oportunidad para cambiar de rumbo es en las comunidades judías de América Latina y de Turquía. «Supongo que en los países más inestables políticamente es una posibilidad añadida para obtener el pasaporte europeo, aunque habrá que esperar», indica.

Ángel Galán, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Málaga, aplaude el trasfondo moral de la iniciativa de Gobierno, aunque percibe un agravio comparativo hacia otros pueblos que también fueron determinantes en la elaboración de la identidad cultural española. Sobre todo, en lo que concierne a los descendientes de los moriscos españoles, que sufrieron en paralelo la intransigencia de los conquistadores. «En muchos casos sería casi imposible rastrear la genealogía, pero hay familias, principalmente en Túnez, que sí podrían hacerlo», precisa.

Al académico le preocupa que el paso hacia adelante del Gobierno suponga la ruptura de la equidistancia hacia dos pueblos enfrentados en un conflicto que parece inacabable. Y las consecuencias sociopolíticas que podrían derivarse de una oleada de emigración en masa. «Hay que medir muy bien los efectos. Ojalá me equivoque, pero en una Europa tan inestable quién sabe si la entrada de tantas comunidades no despertaría en grupos radicales sentimientos de hostilidad. El pueblo judío ha estado perseguido durante cientos de años», puntualiza.

La población judía en la provincia de Málaga asciende actualmente a alrededor de 2.000 personas. El salto demográfico se produjo entre los sesenta y setenta, cuando llegaron incluso a alquilar el antiguo teatro Ara, situado en el Paseo de Reding, para sus celebraciones. La comunidad cuenta desde 1975 con una sinagoga, la de la calle Duquesa de Parcent, con aforo para más de doscientas personas.

Fuente: La Opinion de Malaga – Lucas Martín 16.02.2014 | 16:00

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