La vida del libro ecuatoriano es paradójica: a ratos parecen brotar de lugares y autorías completamente desfavorecidos para que sobrevivan; son producto de las intenciones emotivas más que de claros propósitos de comunicación; emergen de una mano evidentemente desacostumbrada a escribir y resultan torpes, ingenuos, aburridos, como si aquello de sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro fuese un mandamiento irrenunciable.
Hay otros títulos que sorprenden para bien, que revelan años de dedicación, que están redactados con corrección y firmeza, y ostentan ese lado difícil de calificar –el imponderable de un estilo–; lo mejor, nos regalan el gusto y el interés de algunas horas de lectura. Nutren temas que ya habíamos encontrado en el camino. Hacen más tupida la red de los conocimientos.
De estos últimos es el trabajo que da nombre a esta columna y circula por iniciativa del abogado Nécker Franco, cuyas publicaciones anteriores responden a su profesión. Yo le preguntaría en primerísima instancia cuánto tiempo utilizó en su investigación y cómo se proveyó de la amplísima bibliografía en la que apoya el seguimiento a los judíos sefardíes desde que salieron del reino español por expulsión de los monarcas católicos y se desplazaron por el mundo, fundando sus comunidades. En el Ecuador, también.
No se trata de literatura. Es uno de esos libros que informan, que llenan las lagunas de la mal llamada “cultura general” –ese champú en que naufragan los datos de la secundaria con los obtenidos en las películas, falseados por supuesto–, por eso su prologuista, el respetable estudioso Mario Eduardo Cohen, lo llama “apretada enciclopedia que recopila, ordena, estudia, profundiza” lo que hay que saber en torno de la cultura sefardita.
Los fenómenos históricos que se tocan en ese largo camino tienen que ver con toda la cultura que se vive y escribe en lengua española. Los marcos de los hechos están allí, desde el punto de vista de su autor. ¿Cuánto le debe Castilla al contingente judío que se multiplicó detrás de sus muros? ¿Acaso la literatura escrita en español no recibe un importante envión de poetas sefarditas? Vale conocer el refranero y el romancero de ese origen.
Los capítulos que podrían provocar polémica están dedicados a dos temas de tradicional discusión. Un largo estudio sobre la Inquisición española que repasa –siempre a base de fuentes anotadas– los estragos de esa “pedagogía del miedo” que tuvo mucho que ver con la expulsión de los judíos y las falsas conversiones religiosas que algunas familias protagonizaron, para permanecer en tierra española. Lleno de datos curiosos, el libro me detiene sobre una figura de Shakespeare –nada menos que en Hamlet–, que puede ser visto como un inquisidor, y sobre la novela de Dostoiesvky, Los hermanos Karamazov. Y si un nuevo libro nos ayuda a reconsiderar un punto que creíamos bien firme, es que ha valido la pena leerlo.
El segundo tema de general discusión versa sobre los orígenes judíos de Cristóbal Colón. Mucha tinta ha corrido sobre el asunto, que quede pues en manos de los especialistas. Yo me complazco en el bello ejemplar de fino material, en sus apoyos gráficos, y saludo a su autor y a los compatriotas de origen sefardita, que tienen en este trabajo un aporte fundamental.
Fuente: eluniverso.com
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