El honor del judío Moysen

En 1486 logró el amparo de los Reyes Católicos frente a los que le acusaban de acostarse con cristianas.

Historias con historia

Calumnia: «Acusación falsa y maliciosa que se hace de alguno, por enojo o venganza, para causarle daño, infamarle o desacreditarle». La maledicencia se extendía por la ciudad. Era imparable. Algunos vecinos insinuaban que Moysen, judío, maestre artesano, prestamista y morador en A Coruña, había cometido un gravísimo delito. Lo decían en público: «Se avia echado e dormido con algunas christianas». Así se recoge en la documentación conservada en el Archivo General de Simancas y publicada por la investigadora María Gloria de Antonio Rubio en su libro Los judíos en Galicia.

En un ambiente de creciente hostilidad y rencor contra los judíos -en 1442 se había producido el asalto a la sinagoga de Ourense y en 1480 las Cortes de Toledo habían ordenado su segregación en barrios apartados-, dicha insinuación ponía en mortal peligro al maestre Moysen.

En la séptima de las Partidas, el código de leyes elaborado en la corona de Castilla a mediados del siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X el Sabio, en el Título XXIV de los judíos, la Ley IX precisaba que «atreuencia e osadia muy grande fazen los judíos que yazen con las Christianas. E porende mandamos que todos los judios contra quien fuere prouado de aqui adelante que tal cosa ayan fecho, que mueran por ello».

Temeroso de lo que le pudiese ocurrir, Moysen acudió a la Justicia. Se presentó ante el corregidor de A Coruña, Pedro de Baeza, en la cárcel del concejo, que estaba situada en el Parrote. Allí pidió que se le diese término o plazo para que se presentase o formulase acusación contra él y poder defenderse, ya que quería probar que era «onbre de buena fama».

El corregidor atendió su petición y pregonó por la ciudad que se abría procedimiento para acudiese quien quisiese acusarle. Nadie lo hizo y así probó su inocencia. El corregidor «le dio por libre e quito, e puso perpetuo sylençio para que ninguno sobreello le acusase». Sin embargo la insidia continuó.

Lejos de amilanarse, Moysen apeló en su ayuda a las nuevas autoridades judiciales superiores establecidas en Galicia por los Reyes Católicos, embrión de la Real Audiencia. Se presentó ante el doctor Sancho García del Espinar, alcalde mayor del Reino desde 1484, y le pidió que pregonase en toda Galicia su causa. Como nadie lo acusó, de nuevo la sentencia «le dio por quito y libre e puso sylençio perpetuo» sobre dicha difamación.

Aun así no debió quedar muy tranquilo y quiso tener la seguridad de que esas sentencias se cumpliesen. El destino le favoreció. En 1486 los Reyes Católicos visitaron Galicia. En Santiago, Moysen les presentó su caso y les suplicó amparo. Los reyes, tras analizar las sentencias, se lo concedieron.

El 3 de octubre de ese año signaron una sobrecarta por la que mandaban a todos los oidores, corregidores, alcaldes y alguaciles de todas las ciudades, villas y lugares de sus reinos que hiciesen guardar y cumplir lo sentenciado y que nadie hiciese nada en contra, so pena de multa de 10.000 maravedíes. El caso Moysen revela el acoso que padecían los judíos sefardíes. Seis años después, en 1492, serían expulsados de España.

XOSÉ ALFEIRÁN 

Fuente: lavozdegalicia.es

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