Si hubo algo que despertó la curiosidad de los estudiantes que visitaban por primera vez el campus de Queen Mary University de Londres fue, sin duda, ese viejo cementerio que, desde su situación privilegiada, era testigo del ajetreo propio del día de la apertura del curso.

La historia de este lugar, situado en el londinense barrio de Mile End, bien merecería algo más que esta breve reseña: en 1675 -después de más de 350 años, y por iniciativa de Oliver Cromwell- se permitió a los judíos regresar a Inglaterra. Muchos de los que entonces llegaron eran descendientes de sefardíes expulsados de España y Portugal. Una vez asentada, la comunidad sefardí fundó, en 1701, la sinagoga de Bevis Marks, en lo que hoy es La City de Londres. Al mismo tiempo se estableció un primer cementerio al este, en Mile End.
En 1733 se hizo necesario habilitar un segundo lugar de enterramiento, que pasaría a denominarse “Nuevo Cementerio” (Novo Cementery). El solar en el que éste radica fue adquirido por Queen Mary en los años 70 del siglo pasado para la ampliación de sus instalaciones docentes. Ahora alberga, entre otras, las Facultades de Humanidades y Ciencias Sociales, la Facultad de Ciencias y la Escuela de Ingeniería.
Futura conservación

Hoy una placa recuerda que, en el año 2012, representantes de la Universidad de Londres y de la Congregación de Judíos de España y Portugal se reunieron allí para asegurar su futura conservación. Y termina declarando: “[el Nuevo Cementerio] es hoy un lugar de reflexión sobre la historia compartida de este enclave, así como de recuerdo a todos aquellos que hicieron de Londres su casa”.
Este cementerio judío evoca al estudiante español recién llegado el recuerdo del éxodo del pueblo sefardí y nos permite detenernos en dos cuestiones.
De una parte, en su valor como símbolo de una ciudad abierta, de acogida, respetuosa con las distintas culturas de sus habitantes, en la que casi nadie es “de aquí”, y en la que resulta difícil sentirse un extraño. En un momento en que la nueva emigración española elige Londres como destino –sea por motivos estrictamente económicos, sea por las oportunidades de formación y de carrera que ofrece-, ese carácter mestizo y cosmopolita de la que algunos denominan “la capital del mundo” cobra especial vigencia.
De otra parte, en lo simbólico de su enclave -siquiera sobrevenido- en un campus poblado en su mayoría por jóvenes estudiantes de grado, que debería servirles, y debería servirnos a todos, para tener presente, como advirtiera Jaime Gil de Biedma , “que la vida va en serio” ; no vayamos a darnos cuenta demasiado tarde.
“No volveré a ser joven” en “Poemas póstumos” (1968).
(*) Natural de Fernán Caballero, es Abogado del Colegio de Madrid; cursa actualmente un Master en Derecho en Queen Mary University con una beca de la Fundación Caja Madrid.
Fuente: lanzadigital.com
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