
La comunidad judía de Ciudad Real se asentó en la ciudad desde su fundación por Alfonso X y llegó a ocupar un papel destacado en la vida económica, comercial e institucional de la entonces Villa Real medieval
La historia de la comunidad judía de Ciudad Real se inició al mismo tiempo que el rey Alfonso el Sabio fundó la ciudad. Los judíos no tardaron en fijar su residencia en esta ciudad recién fundada, atraídos por las ventajas y beneficios que les ofrecía una población naciente y llena de necesidades. Dentro del plano urbano de Ciudad Real, el barrio de la Judería estuvo situado en el lado opuesto al de la Morería; tenía por límites las calles de Calatrava, Paloma, Lanza y Mata, quedando cerrado al saliente por los lienzos de murallas que unían las puertas de Calatrava y de la Mata.
En Ciudad Real, de la misma forma que ocurrió en Toledo y en otras muchas ciudades españolas, los judíos ocuparon puestos de gran importancia en el entramado financiero, institucional y comercial de la ciudad. La comunidad judía alcanzó una posición preeminente en el comercio, la economía e incluso en el gobierno municipal. Destacados miembros de la comunidad judía sobresalieron como importantes financieros y comerciantes. La aljama, el barrio donde residían los judíos, gozaba de un alto grado de esplendor económico y cultural.
Al mismo tiempo que aumentaba la preponderancia que ejercían las élites judías, especialmente en el sector financiero y de prestamistas, donde se producían abusos excesivos y usureros en los préstamos, fue creciendo entre la población cristiana un sentimiento antisemita. La preponderancia de los judíos y el creciente sentimiento antisemita fueron, poco a poco, provocando que las relaciones entre ambos colectivos se presentasen cada vez más tensas y tirantes.
La animadversión y el progresivo aumento del antisemitismo estallaron en unas revueltas ocurridas en 1391. Se iniciaron en Sevilla, el 6 de junio, y se extendieron con rapidez por gran parte de la Corona de Castilla, afectando de manera severa a las principales juderías, incluida la de Ciudad Real, entonces Villa Real. Estas revueltas provocaron un punto de inflexión en la convivencia religiosa y social entre judíos y cristianos, toda vez que hubo saqueos, incendios, muchas pérdidas de vidas humanas y grandes destrozos en aljamas y juderías, lo que provocó la huida y el abandono de muchos judíos, o bien su conversión, evidentemente impuesta y forzada. A estos judíos que aceptaron la conversión se les llamaba conversos.
En Villa Real, en el barrio judío se derramó abundante sangre israelita durante la revuelta de 1391. Su aljama fue saqueada y la alcaicería que se encontraba en el interior del barrio fue destruida, con lo que se extinguió la próspera y rica aljama de Villa Real. Los disturbios de 1391 supusieron un durísimo golpe para la floreciente comunidad judía en Ciudad Real.
Una prueba evidente de la crudeza de los enfrentamientos fue que la actual calle Conde de la Cañada, que fue una importante vía del barrio judío, como consecuencia y recuerdo de los estragos y matanzas producidas, empezó a denominarse calle de la Sangre, y estuvo rotulada con este título hasta 1903.
Las revueltas forzaron a muchos judíos a convertirse al cristianismo, los llamados conversos, lo que alteró profundamente la estructura social de la ciudad. Aunque la comunidad se recuperaría parcialmente, las revueltas de 1391 marcaron un hito decisivo en la historia de las relaciones entre judíos y cristianos. Estos enfrentamientos trajeron como consecuencia una importante disminución demográfica de la población judía, la destrucción de gran parte de la artesanía y el comercio hebreo y una significativa reducción de las fuentes de ingresos en la hacienda local y real.
Una vez sofocadas las revueltas y los enfrentamientos, el rey Enrique III procedió a donar a su maestresala, González de Soto, el 6 de agosto de 1393, amplias propiedades judías que existieron en la aljama de Villa Real. Entre estas propiedades se encontraba la sinagoga mayor, que posteriormente, el 30 de enero de 1398, fue vendida a Juan Rodríguez, tesorero del rey, quien la cedió para que sobre ella se construyera el convento de Santo Domingo de la orden de los dominicos, que estuvo ejerciendo sus funciones monacales hasta el año 1820, cuando fue desamortizado.
Los tumultuosos enfrentamientos de 1391, como ya ha quedado dicho, provocaron la desaparición de la aljama de Villa Real y la conversión de muchos judíos al cristianismo, aunque siguieron manteniendo y practicando su religión y costumbres en privado. Una vez pasada la tempestad, muchos de los conversos volvieron a dedicarse a sus negocios y a prosperar, aunque la situación nunca llegó a estabilizarse del todo, pues las revueltas antijudías se fueron sucediendo en el tiempo, como las que tuvieron lugar en el año 1474, cuando la violencia antijudía tuvo otro episodio crítico en Ciudad Real.
Por Rafael Cantero
Fuente: La Tribuna de Ciudad Real –
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