Nacida en 1932 en el seno de una familia judía sefaradí que sobrevivió a los campos de internamiento fascistas y al campo de concentración de Bergen-Belsen, dedicó cuarenta años a la pediatría en los hospitales de Milán.
Compañera de toda la vida de Umberto Veronesi.

Sultana (Susy) Razon Veronesi, pediatra, testigo del Holocausto y viuda del profesor Umberto Veronesi, falleció en Milán a los 94 años. La noticia fue anunciada por la Fundación Veronesi, que conmemoró su dilatada trayectoria dedicada a la medicina, la memoria y el compromiso cívico. En 2019, recibió el Ambrogino d’Oro, la máxima distinción otorgada por la ciudad de Milán.
Orígenes y educación: una vida marcada por las leyes raciales.
Sultana Razon nació en Milán en 1932, hija de padres turcos judíos sefaradíes que llegaron a Italia en 1930. De niña, sufrió las leyes raciales y la deportación a campos fascistas y nazis. Internada en Ferramonti, Taglio di Po, Fossoli y, finalmente, en Bergen-Belsen, el campo de concentración donde también murió Ana Frank, logró sobrevivir y regresar a Italia.
Con gran determinación, retomó sus estudios, con el apoyo de sus padres y con becas universitarias por mérito. Se graduó en medicina y comenzó su carrera en pediatría.
Su carrera médica y su encuentro con Umberto Verones
Durante la enfermedad de su madre, Sultana conoció a un joven voluntario: Umberto Veronesi. De ese encuentro surgió una unión que duraría toda la vida y de la que nacerían seis hijos. Durante cuarenta años, ejerció como pediatra en los hospitales Fatebenefratelli y San Carlo de Milán, convirtiéndose en un referente para generaciones de familias.
Al frente de su carrera profesional y junto a su esposo, compartió un compromiso con la medicina, la investigación y la divulgación científica, incluso durante las dos enfermedades oncológicas que padeció a lo largo de su vida.
En 2013 publicó la autobiografía El corazón, si pudiera pensar, una historia de amor, investigación y resiliencia.
La decisión de dar testimonio del Holocausto
Durante muchos años, Sultana Razon optó por el silencio, temiendo no ser creída o disgustar a sus hijos. Luego decidió convertirse en testigo activo del Holocausto, hablando en escuelas y reuniones públicas sobre sus experiencias en los campos de internamiento y deportación. «Dar testimonio es la respuesta a la locura de la negación», repetía.
Participación cívica: vacunas, salud pública y memoria
En 2018, intervino en el debate sobre la vacunación obligatoria con un editorial para la Fundación Veronesi, en el que relataba el caso de una de sus jóvenes pacientes que contrajo difteria: un llamamiento a no bajar la guardia ante las enfermedades infecciosas.
En 2019 recibió el Ambrogino d’Oro , reconocimiento a su doble compromiso como pediatra y testigo de la memoria.
La conexión con la Fundación Veronesi
Durante años, Sultana Razon formó parte del Consejo de Administración de la Fundación Umberto Veronesi, supervisando proyectos de investigación y recaudación de fondos, especialmente para la investigación del cáncer infantil. Un compromiso que mantuvo hasta sus últimos años con claridad y pasión.
Un legado moral y civil
La historia de Sultana Razon Veronesi abarca el siglo XX: la persecución racial, la reconstrucción, la medicina, la investigación, la memoria del Holocausto y su compromiso con la salud pública. Una vida que combinó rigor profesional, deber cívico y una profunda fe en el conocimiento y el cuidado.
Fuente: agi.it
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