Exposición “Los hispanojudíos de Marruecos”
Museu d’Història del Jueus (Girona)

Perdido y recobrado, el mundo de la diáspora sefardí hacia el norte de África brilla por la singularidad de sus antecedentes históricos, su identidad forjada de múltiples influencias y de tradición, en comunidades de todo el mundo. Durante siglos de lejanía con la Españapeninsular, las comunidades sefardíes de Marruecos enriquecieron su raíz hispana y su devoción judía con el poderoso contexto local. De este crisol emergió una cultura fascinante con expresiones en la liturgia, en la lengua, en el folclore, en la gastronomía.
Con esta exposición, que ofrece el Museo de los Judíos de Girona hasta el mes de noviembre, Casa Sefarad-Israel desea rendir homenaje a todos aquellos que durante siglos conservaron la memoria y el afecto hacia Sefarad. Sanos y buenos, ricos y válidos, justos y cumplidos.
España y Marruecos
La primera vinculación entre ambos lados del estrecho de Gibraltar tuvo lugar en el año 68, cuando Roma unificó la Mauritania Tingitana (Marruecos) y la Bética (sur de Hispania) y llamó al conjunto Hispania Transfretana.
Otro ejemplo de vinculación tuvo lugar el 931, cuando Abderramán III incorporó el norte de Marruecos al Califato de Córdoba.
El año 1069 los almorávides comandados por Yusuf ben Tashfín conquistaron Fez y continuaron el avance hacia el norte hasta cruzar el estrecho en 1086; lo mismo ocurrió un siglo después con la expansión almohade. Una misma autoridad controlaba de nuevo ambos lados del estrecho, pero en esta ocasión el poder provenía del sur.
A partir del siglo XV la historia de Marruecos se convierte en el escenario de las ambiciones de las grandes potencias atlánticas y mediterráneas de la época: Portugal y España en la zona occidental y Turquía en la oriental.
Entre 1859 y 1860 tuvo lugar la guerra hispano-marroquí, en la que los españoles conquistaron temporalmente Tetuán. Este conflicto escenificó el reencuentro entre España y los hispanojudíos de Marruecos.
Los forasteros
En Marruecos había una población judía autóctona, conocida como toshabim, a la que los hispanojudíos llamaron los forasteros. Su implantación en el país era algunos siglos anterior a la llegada de los árabes y, por supuesto, a la de los judíos españoles.
Uno de los posibles orígenes de los toshabim serían las tribus perdidas después de la destrucción del reino de Israel por los asirios en el año 721 a.e.c.
Se tiene noticia de reinos beréberes judaizados como el de la tribu Djerawa, los reyes de la cual, Qoceila y Cahen, detuvieron el avance inicial de los árabes en la zona a finales del siglo VII. A lo largo de este siglo, la intolerancia de los reyes visigodos hizo que muchos hebreos cruzaran el estrecho establecieran en Marruecos.
Idris I, de la dinastía idrísida, aprovechó el apoyo de las tribus beréberes judías para derrotar a los abasíes en 788, luego las traicionó en obligarlas a convertirse al Islam y, al no conseguirlo, las sometió al estatuto de la dhimma que consagraba la inferioridad legal de los judíos.
El avance de los almohades a mediados del siglo XII fue nefasto para los judíos de Marruecos y de la Península. Maimónides es el mejor ejemplo, ya que tuvo que abandonar su Córdoba natal; el periplo de su familia y el de muchas otras les llevó a establecerse temporalmente en Fez.
Después de las matanzas en las juderías españolas iniciadas en 1391, muchos judíos emigraron al norte de África, lo que generó una protopoblación hispanojudía.
Tras la llegada de los hispanojudíos, muchos forasteros fueron asimilados. En cualquier caso, se mantuvo una población judía rural toshabim que habitó en diferentes cabilas hasta bien entrado el siglo XX. Así, en 1940 el protectorado español vivían en torno a mil forasteros.
Historia de los hispanojudíos de Marruecos
Los judíos expulsados ??de España y Portugal -llamados megorashim– desarrollaron en Marruecos una cultura propia a partir de su herencia. Son ejemplos la jaquetía -lengua judeohispánica con préstamos locales- el folclore, el derecho de familia y las costumbres de los judíos de la España medieval.
Otros sefardíes fueron llegando a Marruecos antes de la expulsión: en 1479 con el establecimiento de la Inquisición en Sevilla, en 1487 con la conquista de Málaga y en 1490 tras la conquista de Almería.
Aunque los primeros contingentes llegaron a partir de 1479, las olas principales de la expulsión de España y Portugal, consecuencia del edicto de 31 de marzo de 1492, fueron cuatro:
– 1492: expulsados procedentes de España
– 1493: judíos españoles procedentes de Portugal
– 1496-7: judíos de Portugal
– 1498: judíos de Navarra
En el traslado sufrieron numerosos abusos por parte de cristianos y musulmanes. Muchos murieron en medio de terribles sufrimientos y otros, que no pudieron resistir, optaron por volver a la Península y hacerse cristianos.
En los siglos XVI y XVII los hispanojudíos vivieron principalmente en zonas rurales y en ciudades bajo control musulmán como Tetuán, Chauen y Alcazarquivir. Desde finales del siglo XVII se instalaron también en ciudades como Tánger, Larache y Arcila, que los musulmanes recuperaron de España y Portugal.
En los primeros años del siglo XIX los hispanojudíos intentaron liberarse de la dhimma y, al no conseguirlo, tuvieron dos alternativas: la emigración o el acercamiento a las potencias occidentales.
La guerra hispano-marroquí supuso un redescubrimiento mutuo entre España y los hispanojudíos de Marruecos.
El protectorado español
La Conferencia Internacional de Algeciras, celebrada en 1906 para resolver la llamada «primera crisis marroquí», asignó a España la responsabilidad de ejercer un protectorado en la zona norte de Marruecos. Este protectorado se inició oficialmente en noviembre de 1912 y finalizó en abril de 1956.
En aquel tiempo, la situación de los judíos mejoró de manera ostensible, sobre todo la de la burguesía que constituyó el estamento industrial y comercial de las ciudades del protectorado. A diferencia de la zona francesa, durante la Segunda Guerra Mundial en el protectorado español no se promulgaron leyes antisemitas.
El censo de judíos al principio del protectorado era de 8.515 y a su fin las cifras eran muy similares (7.872). Sin embargo, hubo una punta poblacional máxima de 14.734 en 1940.
Tetuán
La ciudad de Tetuán, recientemente creada, se consolidó gracias a la aportación poblacional de los expulsados ??de España y Portugal. Estuvo bajo control español en dos momentos históricos: entre 1860 y 1862 a raíz de la guerra hispano-marroquí y en el periodo del protectorado.
La población judía fue aumentando a pesar de los impuestos abusivos y episodios dolorosos como el saqueo de la judería de la ciudad por tropas cabileñas en 1790, en que se cometieron crímenes atroces.
A principios del siglo XIX, los judíos tuvieron que abandonar su judería y se construyó una mezquita. Fueron realojados en un lugar peor y más pequeño, lo que provocó hacinamiento y aumento de la emigración.
En 1860 los españoles conquistan Tetuán y permanecen durante dos años. Este hecho cambió radicalmente el mundo de los hispano-marroquíes, ya que entonces se inició la «rehispanización» de la lengua y las costumbres.
Los años siguientes a la presencia española, la escasez de horizontes y las duras condiciones de vida hicieron que la emigración tetuaní continuara incesante hacia Tánger, Orán y América Latina. Alrededor de 1880 una familia tetuaní, los Pinto, dedicada a la pastelería, se instaló en Sevilla gracias a un permiso real.
El censo de judíos en la ciudad de Tetuán al comenzar el protectorado era de 4.250. En 1940 llega a una cifra de 8.000, que a partir de entonces sólo hace que decrecer por la emigración a Tánger, América Latina y el nuevo estado de Israel.
Tánger
Tánger fue portuguesa desde 1471 hasta 1661, cuando pasó a control británico. Estos la abandonaron en 1864 y entonces pasó a control marroquí, excepto en el periodo de estatuto internacional y ocupación española durante la Segunda Guerra Mundial.
Al estar bajo control luso, Tánger no fue un puerto de acogida para los expulsados ??de España y Portugal. Durante el periodo británico llegaron numerosos judíos, por la libertad de culto que se instauró en la ciudad. Con la restauración marroquí le siguió aumentando el número.
Tánger fue el lugar donde, a mediados del siglo XIX, los judíos empezaron a ejercer sus derechos, en especial la libertad de opinión, con la creación de periódicos por primera vez en Marruecos.
En enero de 1906, tras la conferencia de Algeciras, se consagra el control de la ciudad por parte de las autoridades extranjeras que allí residen. En diciembre de 1923 se establece el Estatuto de la Zona Internacional de Tánger, que fue vigente hasta octubre de 1956.
En 1940, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, España ocupó la Zona Internacional de Tánger y la abandonó en 1945. En aquella época la ciudad vio llegar numerosos refugiados de la Europa nazi.
En 1923 vivían en Tánger 10.000 judíos. En 1956, en el momento de la independencia, su número llegaba a 17.000; a partir de entonces se inició una continua disminución, hasta el punto que actualmente apenas superan el centenar.
Larache
Larache estuvo bajo control español en dos momentos históricos: entre 1610 y 1691 y en el periodo del protectorado. Cuando la ciudad fue entregada a los españoles en 1610, el intermediario que recibió la plaza fue el judío Salomón Pariente, que se instaló en ella.
Larache fue un lugar de acogida de sefardíes desde el primer momento, si bien su entrega a España en 1610 forzó la salida hacia otros lugares. Cuando los alauitas la reconquistan en 1691 se instala también una nueva comunidad judía. Al iniciarse el protectorado, el 13,7% de la población de Larache era judía. Durante la mayor parte del protectorado se mantuvo una cifra cercana a los 2.500.
En ese periodo, Larache fue un importante centro militar, ganadero y pesquero, con aeródromo y línea aeropostal con Sevilla.
Entre 1920 y 1930 existió un equipo de fútbol de los judíos de Larache llamado Los Macabeos.

Leyes y liturgia
El sufrimiento de la expulsión y del traslado explica que los hispanojudíos aceptaran como un mal menor las reglas de la dhimma, que reconocían su derecho a la existencia y les otorgaban total autonomía comunitaria, religiosa y judicial. Sin embargo, este estatuto legal los condenaba a una situación de desprecio social e impedía el desarrollo de sus derechos como ciudadanos.
La dhimma, que ya se aplicaba a los toshabim, tiene sus raíces en el llamado pacto de Omar. Consistía en doce reglas. La violación de las seis primeras comportaba pena de muerte y apropiación de bienes:
1. Burlarse del Corán o falsificarlo
2. Hablar con desprecio o insultar Mahoma o el Islam
3. Tener relaciones sexuales con una musulmana
4. Intentar desviar un musulmán de su fe
5. Ayudar a los infieles en la guerra contra los musulmanes
6. Llevar armas
En las seis siguientes había obligaciones y prohibiciones, y infringirlas se penaba con castigos corporales y pecuniarios:
1. Pagar el impuesto de sumisión
2. Llevar una vestimenta distintiva
3. Construir viviendas y lugares de culto de menor altura que los de los musulmanes
4. No practicar sus ritos ni consumir alcohol públicamente
5. No enterrar a sus muertos con lamentaciones u oraciones en voz alta
6. No poseer o montar animales nobles como el caballo
Los exiliados de España llevaron sus leyes y costumbres, que continúan hasta hoy día en todas las comunidades sefardíes que comparten el mismo origen.
En los años 20 se creó el Alto Tribunal rabínico del Protectorado, que consagraba una jurisdicción religiosa propia.
Lengua y folclore
Al igual que otras comunidades sefardíes, como las del antiguo Imperio Otomano, se mantuvo el español traído de España, mientras que el árabe sólo se hablaba en las relaciones comerciales. Con el tiempo, la lengua de los hispanojudíos adquirió características especiales: a la lengua española se añadieron préstamos del árabe y del hebreo y entonces se forjó la jaquetía.
Con la influencia política, cultural y lingüística de España y Francia a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la jaquetía se fue perdiendo y adaptando al español actual; quedó únicamente registrada en la memoria colectiva, los refranes y el cancionero popular. Se siguen utilizando textos en ladino ocasionalmente en la liturgia sinagogal.
La jaquetía expresa los sentimientos humanos con especial ternura:
«mí güeno, mi bien, mi rey …»
«Me vaya capará por ti»
«escapado de mal»
«no vea mal en tus ojos»
«tú boca en los cielos»
«dulce lo vivas»
«mi rey, mi alzofar»
En cuanto a la vestimenta, las peculiaridades eran muy acentuadas: «Vestía Salomón su traje berberisco, compuesto de holgados zaragueles, (pantalones muy anchos, cerrados por debajo de las rodillas) un ceñido chaleco de color oscuro, abrochado hasta el cuello…» ( Isaac Benarroch Pinto).
Pronto los judíos se adaptaron a las costumbres de la modernidad; manteniendo sus tradiciones, su ocio era muy similar al de los demás españoles.
Sociedad, deporte y ocio
Las comunidades hispanojudías de Marruecos eran ricas en expresiones culturales y de ocio. Organizaciones recreativas, deportivas, caritativas, así como casinos y estadios deportivos, vertebraban el esparcimiento de sus habitantes.
El deporte era también un motivo de encuentro, el fútbol y las corridas de toros congregaban el mayor número de asistentes.
En Tánger, Tetuán y otras ciudades se desarrollaron costumbres europeas: además de las festividades religiosas se organizaban numerosas fiestas y bailes en lugares indicados para estos eventos, como los casinos. Era habitual la presencia de numerosos artistas de Hollywood, lo que provocaba un revuelo normal en las ciudades.
Gastronomía
«…Se preparan también algunos flanes demasiado azucarados, con leche de coco. Pero es una rara fantasía. Al Tetuán judío no le gusta demasiado la crema y la mantequilla, la crema y la mantequilla que no se puede saborear sin pecar después de un plato de carne «(Blanche Bendahan, Mazaltov).
En estas comunidades se mantienen las normas casher, leyes que regulan los alimentos permitidos por las leyes judías y su elaboración, y se encontraban muchas facilidades para su consumo. Proliferaban las tiendas especializadas y la población conocía bien las reglas.
Se produce lo que se puede llamar una cocina de fusión, entre los platos españoles tradicionales y los sabores y aromas marroquíes.
Uno de los platos más tradicionales de los hispano-marroquíes es la adafina, guiso que se calentaba en un horno común o en los hogares en un hornillo encendido todo el día, compuesto principalmente por patatas, huevos y garbanzos. Este plato, similar a la escudilla catalana o al cocido madrileño, se consumía el sábado.
Matrimonio
Las bodas judías conllevan, además de su aspecto festivo, elementos contractuales de efecto civil: los contrayentes acuerdan un contrato, la quetubá, que en muchos casos se ornamentan y en el que se estipulan los derechos y obligaciones de la pareja, incluidas las indemnizaciones que el esposo debe a la esposa. Los matrimonios judíos del norte de Marruecos se estipulan según las leyes (taqqanot) de Castilla. Las taqqanot son legislaciones rabínicas según usos y costumbres que se aplican en ámbitos diversos.
En las comunidades sefardíes del norte de Marruecos, las bodas se celebraban durante varias jornadas. Destaca lo que se llamaba la «noche de paños» o «noche de berberisca», tres días antes de la ceremonia: la novia llevaba un vestido tradicional confeccionado en terciopelo con bordados de oro y participaba en una ceremonia donde se la paseaba cantando romanzas sefardíes y canciones apropiadas en hebreo.
Canción para la novia:
Dice la nuestra novia como se llama la cabeza
no se llama cabeza sino campo espacioso
Ay mi campo espacioso
Dice la nuestra novia como se llama el cabello
No se llama cabello sino seda de labrar
Ay mi campo espacioso
Ay mí seda de labrar…
(Canto de boda sefardí citado en el libro de Sarah Leiboci,
Nuestras bodas en Tetuán)
Educación
El desarrollo educativo se caracterizó por una preocupación constante hacia la educación religiosa de los jóvenes, a los que se preparaba para celebrar su bar mitzvá a los trece años. Los estudios rabínicos se mantenían simultáneamente a la incorporación del joven al mundo del trabajo. Los que deseaban acceder a estudios superiores debían dejar sus ciudades, por lo que muchos decidían continuar de manera autodidacta.
La creación en 1860 de la Alianza Israelita Universal en Tetuán supuso un hito histórico. Fue la primera escuela de este tipo que se creó el mundo, y se hizo en Tetuán en 1863 gracias a la visión futurista y aperturista de sus dirigentes rabínicos. Supuso la incorporación de la mujer en la escuela, la ampliación de estudios más allá de los puramente talmúdicos, la unión entre diferentes comunidades, pero también el avance de la cultura francesa frente a la tradición española. Algunos alumnos de esta escuela recibieron ayudas de la Alianza para formarse en la Escuela Normal de París y ejercer exitosamente como profesores o directores en diferentes capitales.
En cada localidad existían profesores que daban clases particulares a niños, además de escuelas primarias de Talmud Torá (Iagdil Torá).
Sinagogas y otros lugares de culto
Las comunidades judías hispano-marroquíes mantenían estructuras religiosas tradicionales. Si bien se conmemoraban las fechas y festividades judías, las comunidades eran permisivas y abiertas. Su religiosidad se podía definir como un vínculo social y cultural con la tradición judía, desde el conocimiento y la sabiduría sin extremismos. En definitiva, convivían sin ningún problema posturas de compromiso religioso diverso y su encuentro se producía en las festividades también de manera cultural y social.
En todas las ciudades se fueron construyendo numerosas sinagogas con una arquitectura muy similar. El eikhal de las sinagogas judías, lugar donde se sitúa quien dirige la oración y los que leen la Torá, se orienta hacia Jerusalén. Los rollos de la ley se guardan en un arca y se adornan, como los novios, con terciopelos y oro. Las sinagogas eran de tamaños diferentes y todas ellas tenían espacios separados para hombres y mujeres.
“La semana, para el judío Tetuán, se dividía en unos días después del ‘shabat’ y otros antes del ‘shabat’. Es así como, desde el jueves por la mañana, ya se observaba en las callejuelas de su judería un verdadero movimiento de personas haciendo los preparativos para el gran día de la semana” (Abraham Botbol Hachuel, El desván de los recuerdos)
Economía
La economía de las comunidades judías del norte de Marruecos estaba principalmente basada en el comercio. Abundaban las tiendas de telas, zapatos y artículos diversos, incluyendo representaciones de productos internacionales como coches o refrescos. El comercio era la actividad principal y se basaba en la confianza, en una competencia no agresiva en que se intentaba coordinar los productos para que no hubiera monopolio. Las empresas eran pequeñas y familiares.
A mediados del siglo pasado, las familias con menos recursos enviaban a los jóvenes a lugares alejados buscando más oportunidades: muchos se fueron hacia Argentina, Venezuela, Canadá, donde pudieron salir adelante, lo que supuso un aliciente para la emigración y, al mismo tiempo, la llegada de capital.
Organizaciones comunitarias
Religiosas
Tribunal rabínico de primera instancia, presidido por un rabino en cada ciudad, que funcionaba como Juzgado y Registro Civil.
Alto Tribunal de Apelación constituido por tres grandes rabinos con sede en las capitales y jurisdicción en cada una de las zonas (francesa, española, y en Tánger con un miembro de las otras zonas).
No se ocupaban sólo de temas religiosos (matrimonio, herencia, divorcios) según los cánones haláquicos, sino también de temas civiles, ya que durante el protectorado español tenían amplia autoridad para intervenir judicialmente, dictar sentencias y hasta para imponer sanciones.
Administración y asuntos sociales
La junta directiva de la comunidad israelita de cada ciudad se ocupa de la imposición de gravámenes, los nombramientos de rabinos o la supervisión de las asociaciones benéficas.
Las juntas directivas eran escogidas democráticamente por los miembros de cada colectividad, siguiendo los estatutos vigentes para su funcionamiento.
Los rabinos que ejercían como jueces (dayán; dayanim en plural) tenían facultad para actuar como jueces en temas religiosos, familiares y sociales, incluso con litigantes no judíos, que previamente aceptaban esta intervención. También otorgaban licencias de shokhetim (mataderos), de especialistas en circuncisiones, carnicerías y expendedurías de alimentos casher.
En cada localidad había numerosos shokhetim, particularmente de aves, ya que las familias compraban aves vivas y las presentaban para el sacrificio ritual en el shokhet.
Diásporas
La emigración empezó siendo natural entre los hispanojudíos de Marruecos con la conquista de Gibraltar por parte de los ingleses, a principios del siglo XVIII. La comunidad judía gibraltareña, establecida en 1714, tiene el mérito de haber sido la primera fundada por judíos hispano-marroquíes fuera de Marruecos.
Brasil fue también un destino importante desde finales del siglo XVIII, principalmente ciudades como Río de Janeiro, Belém do Pará y Manaos. Los sefardíes de Marruecos fueron comerciantes de caucho, cacao y especias, y tuvieron un papel relevante en el desarrollo de la Amazonia.
Desde mediados del siglo XIX, Argelia (en especial Orán) es también un destino de la emigración de los hispanojudíos de Marruecos. A finales del XIX se generalizan destinos como Caracas, Buenos Aires o Iquitos en Perú.
La diáspora final se dirigió principalmente hacia Venezuela y España y, en menor cantidad, hacia Río de Janeiro, Buenos Aires, Toronto, Montreal, Israel y Francia. Las comunidades judías españolas son fundamentalmente hijas de esta diáspora final.
Aunque suele verse la diáspora final como resultado de la independencia de Marruecos, en realidad ésta sólo comenzó después del final de la Segunda Guerra Mundial y de la creación del estado de Israel. Entre este hecho histórico acontecido en 1948 y la independencia de Marruecos en 1956, 75.000 judíos ya habían abandonado el país con destino a Israel. Sin embargo, sólo unos 3.000 eran hispanojudíos, por lo que no crearon comunidades propias, sino que se integraron con los toshabim.
Tras la independencia de Marruecos se prohibió que los judíos salieran hacia el nuevo Estado judío. Como reacción a esta medida, se inició un periodo de emigración clandestina a través de barcos que transportaban a los judíos a puertos europeos. Los sefardíes utilizaron entonces una expresión para hablar de sus parientes en Israel: «…se ha ido a Jerez». A partir de 1961, las autoridades marroquíes consintieron salidas organizadas.
La mayor intensidad migratoria se produjo entre 1956 y 1973, con el resultado de una reducción drástica, al pasar de 30.000 hispanojudíos a una cifra que hoy no llega a los dos centenares en el norte de Marruecos.
Ceuta
La plaza de Ceuta es portuguesa desde 1415 y española desde la unión de las Coronas en 1580. Existía una comunidad judía en Ceuta desde el siglo XI, pero desapareció después de la conquista portuguesa.
Dado su carácter de plaza portuguesa, prácticamente no llegaron expulsados ??de España y Portugal en 1492. Sin embargo, sí hay constancia de una judería en el siglo XVII, en la que vivía Salomón Pariente. Esta relativa tolerancia terminó en 1708, cuando los judíos fueron expulsados ??de Ceuta, y no volvieron hasta mediados del siglo XIX. En 1948 había 70.000 habitantes y 1.000 eran judíos.
Melilla
Melilla es española desde 1497. En 1864 la ciudad es declarada puerto franco y poco después se instala un grupo de judíos. En 1871 se concede por primera vez la nacionalidad española a un judío melillense: Abraham Azerad Mengualid.
Hacia 1880 había veinte familias judías, prácticamente todas de origen tetuaní, aunque algunas provenían de las cabilas rifeñas. En las primeras décadas del siglo XX fueron llegando a la ciudad más judíos rifeños toshabim que no tenían ni cultura ni lengua españolas, pero que las fueron adquiriendo. En los años 40 muchos judíos de Melilla emigraron a la Península, a Venezuela y a Israel.
[Fuentes: Los españoles hispano-marroquíes, de Jacobo Israel; Patronat Call de Girona] [Traducción: Enric H. March, Terres d’Edom]eSefarad agradece profundamente a Enrich por su artículo y por la gentileza de la traducción el castellano. (ver original en catalán)
[print_link]
eSefarad Noticias del Mundo Sefaradi