Odio-amor, amor-odio, esa es la historia.
Por: Jacques Seidner
Existe entre el pueblo español y el mundo judío un sentimiento extraño de odio-amor, amor-odio que aún hoy persiste a pesar del tiempo transcurrido desde aquel infame decreto de expulsión de Isabel La Católica en 1492. El español –bastante antijudío por lo general en su vida cotidiana– no puede evitar admitir ser el heredero de una cultura intensamente marcada por los siglos de presencia judía en España. Los judíos por su parte con su agudo sentido de su historia y tradiciones –algunas de ellas de origen ibérico– no pueden si no referirse con cierta nostalgia pero también desencanto a su pasada presencia en tierra sefardí.
A finales del siglo XIX Max W. joven aún salió de su Santa Rusia natal, alejándose así de los progoms sufridos por las indefensas y desarmadas poblaciones judías de la provincia rusa. Avatares de su vida, lo llevaron, 20 años más tarde, en 1915 a instalarse en Madrid con su profesión de joyero.
Max W. era un excelente jugador de ajedrez, al punto que “regalaba” al contrincante al iniciar el partido una torre o un caballo, a guisa de ventaja, lo que no le impedía ganar generalmente el enfrentamiento. En el curso de uno de estos partidos que se llevaban a cabo en público en algún café madrileño, pasó por ahí un prelado que le llamó la atención la magnífica técnica de nuestro personaje. Viéndolo extranjero le preguntó su origen: “Judío”, contestó Max lo que por su sincera respuesta despertó la simpatía del religioso hacia su interlocutor.
Sucedió que este desconocido era el arzobispo de Toledo, y al haberse establecido entre ambos personajes una amistad singular ello derivó tiempo después en el restablecimiento del culto judío en España. En efecto la relación particular del religioso y Max W. le permitió a este entrevistarse con el rey Alfonso XIII quien considerando la petición justa otorgó su consentimiento para la apertura de una sinagoga en Madrid.
Sin embargo, la Reina Madre nacida Princesa de Hesse se opuso a la autorización y provocó una campaña periodística feroz en contra del proyecto. Nuestro ajedrecista convocó a su vez a una conferencia de prensa para argumentar a favor de la legalidad del mismo. La sesión fue tormentosa pero gracias a la ponderación y a la sangre fría de Max W. la campaña en contra del proyecto cesó y la Princesa de Hesse fue derrotada. Se inauguró entonces el primer templo judío desde 1492 que quedó instalado en la calle Príncipe nro. 4 de Madrid…
A raíz de la victoria falangista de 1939 la autorización fue revocada por Franco y el templo clausurado. Max W. viajó entonces a México donde falleció en 1945. No vivió nuestro ajedrecista para ver el surgimiento de la nueva democracia española y la libertad oficial de cultos –incluido el judío– que se practica hoy por hoy en dicha nación…
Fuente: El Periódico de Guatemala
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