Acaba de inaugurarse sobre una colina de la Universidad Aristóteles. Se trata de un conjunto conmemorativo muy evocador y exitoso diseñado por un equipo israelí. Incluye cinco estelas que en griego, inglés, judeo-español, hebreo y francés llevan un idéntico texto que recuerda la acción destructora de los “nazis y sus colaboradores”.
Recordemos que el antiguo cementerio databa del imperio romano, que aún conservaba tumbas anteriores a 1492 al igual que, evidentemente, aquéllas de los primeros judíos fallecidos en el exilio después de la expulsión de España y que abarcaba más de 350.000 metros cuadrados e incluía más de 300.000 tumbas. Hoy en día, la Universidad Aristóteles ocupa una gran parte del antiguo cementerio.
El 6 de diciembre de 1942, 500 obreros pagados por el ayuntamiento procedieron a la destrucción sistemática de las tumbas y subsiguiente recuperación de las lápidas sepulcrales como materiales de construcción todavía hoy visibles en la ciudad.
Poco tiempo después la propia comunidad judía seria exterminada en su casi totalidad, en Auschwitz.
La ceremonia tuvo lugar el 9 de noviembre y contó con la presencia de las autoridades políticas nacionales y regionales, religiosas griegas ortodoxas, comunitarias y diplomáticas entre las cuales eran de notar la nueva Embajadora de Israel, Irit Ben Abba, el Cónsul General de Francia Christophe Le Rigoleur así como los Cónsules de Alemania, Bulgaria, Estados Unidos, Finlandia y Rumania. Michel Azaria, vicepresidente de JEAA (Judéo-Espagnol A Auschwitz) representaba al CRIF de Francia.
La ceremonia duró hora y media con diversos discursos. Se les rindió un particular homenaje a los dos rectores de la Universidad Aristóteles, el actual y su predecesor, por la iniciativa que tomaron en favor de este reconocimiento histórico así como al tenaz y dinámico presidente de la comunidad judía de Tesalónica, David Saltiel.
El discurso más apreciado, el único que fue interrumpido por los aplausos, fue el de Yannis Boutaris, alcalde de Tesalónica, que llevaba kipá y que como de costumbre no se anduvo con rodeos. Declaró en nombre de la ciudad, setenta años después de los hechos “sentir vergüenza del silencio injusto y culpable, vergüenza por los colaboradores de Tesalónica que cooperaron con los invasores, por los vecinos que se apropiaron fortunas, vergüenza por las autoridades de la ciudad, el alcalde y el gobernador general que aceptaron sin protestar la destrucción de una memoria de 500 años y la transformación del mayor cementerio judío de Europa en un mero recuerdo”. Seguidamente, asumiendo la historia del municipio, expresó su “vergüenza por los rectores que después de la guerra construyeron un campus al lado y sobre las tumbas deterioradas sin erigir una placa conmemorativa”. Concluyó recordando, como lo hace cada vez que tiene la oportunidad, que la pérdida de casi la totalidad de la comunidad judía es una pérdida para todos los tesalónicos ya sean cristianos, judíos, musulmanes, ateos o agnósticos, de aquella época o de hoy.
Michel Azaria
Traducción Ruth Yolanda Arciniega
eSefarad Noticias del Mundo Sefaradi


