SARA FERERES DE MORYOUSSEF escribió el delicioso libro «Larache, crónica nostálgica». También es una autora de relatos y cuentos desde los que da una visión muy curiosa de Larache, su forma de describirla, de rememorarla, de recordarla…
Especialmente porque utiliza el jaquetía o haketía como lengua vehicular, y eso le da un valor especial a estos relatos, pues a su memoria privilegiada, que le hace reproducir hechos y escenas de hace tantos años, une el recuperar ese habla tan característica de los hebreos de Larache y de Tánger.
En fin, son una especia de relicario que hemos de preservar como otro de los patrimonios culturales de Larache.
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Semblanza de Larache III

Cuando llegaron los españoles a Marruecos y se instalaron en Larache, muchos de los antiguos habitantes de la zona portuaria, el Pueblo, se dedicaron a construir viviendas y edificios en la parte sur de la ciudad, convertida a través del tiempo en el núcleo moderno. Los españoles construyeron una larguísima avenida frente al castillo portugués, donde funcionaba la Comandancia Militar hispana, al pie de la cual se extendía el precioso “Jardín de las Hespérides” donde, casi todas los infantes de la ciudad se reunían para disfrutar con sus carreras y juegos, sin peligro alguno. En poco tiempo nuestra amada ciudad fue llenándose con todo tipo de almacenes comerciales y otros negocios. Según parece, el “Teatro España” fue el primer lugar de esparcimiento para todos los larachenses. Con la aparición del cine, ahí se estrenaron las primeras películas que llegaron a la ciudad. En Larache tuvimos restaurantes, bares, pastelerías, cafés, librerías y papelerías además de toda clase de comercios de ropa, tejidos, zapaterías y hasta clubes. En realidad en mi pequeño terruño gozamos, de todo tipo de facilidades para disfrutar de la vida a plenitud. Como es natural tampoco faltaron los hoteles entre los cuales el mejor sin duda alguna fue, el “Hotel España”. Existían otros menos “elegantes” además de alguna que otra modesta posada. Todavía existe el mercado popular llamado “Zoco Chico”, famoso por la variedad de productos que ahí se expenden. En 1985 estuvimos en Larache mi hijo Alberto, mi finado esposo y yo e intentamos visitarle, pero estaban remodelándole, así que fue imposible poder hacerlo. Fueron numerosos los lugares de esparcimiento que existían, en la Larache de mis amores. No podemos olvidar el incomparable “Balcón del Atlántico”, frente al espigón. Tampoco la preciosa Plaza de España, ni, nuestro delicioso paseo bajo Los Arcos, abarrotado de tiendas. La inolvidable Ghaba, ese bosque de encinas y alcornoques que bordea la carretera que conduce a la vecina ciudad de Alcazarquivir fue siempre, nuestro paseo de los fines de semana. Llegábamos caminando o, en bicicleta. Nuestro equipo futbolístico, el “Larache” (ache, ache, ache, los de Larache estamos aquí)…, instalado, cerca de la Ghaba recibía a sus competidores en, su famoso, para nosotros, “Campo de futbol Santa Bárbara”, el cual muchísimas veces fungió, como pista de carreras e igualmente fue utilizado para otros eventos atléticos. El mayor acontecimiento fue, cuando se convirtió nada menos que… ¡En una plaza de toros! Pues sí, así sucedió durante la celebración de una de las “Fiestas del Balón”. Nuestro inolvidable promotor, el Ing. M. Jaquotot, fue la persona que se ocupó de realizar tamaño evento. Tuvimos el inmenso placer de ver a Don Álvaro Domecq, rejonear en nuestra modesta e improvisada plaza. Son recuerdos de una época feliz y, supongo que, fue muy grata para todos los habitantes de la ciudad.
Larache nunca alcanzó demasiada prosperidad, ni siquiera en sus mejores tiempos. Había indigentes en cantidad, como en la mayoría de las ciudades de Marruecos Español. La Zona Francesa fue mucho más próspera. Entre los hebreos de toda la Zona Española existían en cada ciudad, sendas entidades benéficas sostenidas por, sus miembros. Estas se dedicaban a asistir a las familias que carecían de los medios necesarios para subsistir. Las sociedades benéficas judías se ocupaban de proveer a las personas necesitadas de alimentación y vestido durante todo el año. Muchas personas conocerán como actúa la tradicional solidaridad hebrea, para atender a sus hermanos menos afortunados. Los españoles también se ocupaban de una pequeña población necesitada, sobre todo durante la Guerra Civil y en años sucesivos cuando, Europa se hallaba inmersa en su propia conflagración. Aún hoy recuerdo la sociedad bautizada como “Auxilio Social”. Su sede ocupaba un ámplio local situado a poca distancia de la coquetona Iglesia Católica. Se trataba de un salón comedor donde, numerosas damas de la comunidad católica adscritas a la “Falange Española”, se ocupaban, de servir almuerzos a las criaturas que acudían al comedor popular. Fue una labor digna de encomio porque también ellos, los españoles, sufrieron carencias debido a la falta de insumos alimenticios durante aquella época de posguerra española y, de guerra mundial.
Bien, por hoy… ¡Se acabó! Me canso cuando permanezco sentada un largo rato. Como les prometí, ya aparecerá otro articulito acerca de Larache. Me despidoy (en ´haquetía), pa´ que no bos guahsheís de lo muestro. Los cuentezitos los desharé pa´mañana… ¡Si tengoy játar, ma sino, cuando cueda! Prometido. Cariños a todos y a todas sin “excepción” (nossé como se dize en ´haquetía esta palabreja). Grasias por wuestros wuenos desseos… ¡Ya´stoy mejjorsita! Bentozzas fuertes pa´todos bozotros y bozotras, como dishó Raquelilla… ¡Awueno´stá mi rreina!…. ¿No´s mejjor y más de lo muestro Ra´helita que ese Raquelilla qu´inbentateees? Wua como sea, que Baruj Hhashem Te deshe sanita y wuena, amén, y ansina mezmo a todos, mis alegrías. As´slam´alicum.
Zahrita la Queshadora. Caracas Noviembre 2007.
Sara Fereres de Moryoussef
Fuente: Raque Fhima
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