En 1883 Emma Lazarus, una joven judía sefaradí aterrada ante las masacres perpetradas contra los judíos rusos, en particular, y europeos en general, escribió un soneto llamado El Nuevo Coloso, que expresaba su confianza en que los Estados Unidos, gracias a sus leyes y costumbres, se habían convertido en la tierra prometida de quienes fueran perseguidos, maltratados o masacrados en cualquier lugar del mundo, sobre todo en Europa. Aquí convergían todas las culturas, credos, costumbres y lenguas del orbe, destino ideal y paraíso para los oprimidos. Los Estados Unidos donde todos se fundían en un crisol donde imperaba la tolerancia, la aceptación y el respeto al otro y sus individualidades. Uno de los versos de dicho soneto, aparece desde 1903 en el pedestal de la Estatua de la Libertad, símbolo eterno de bienvenida a estas costas. “Dadme a vuestros fatigados, a vuestros pobres, vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad’’. Emma Lazarus fue siempre una judía orgullosa de su fina estirpe de sefaradíes y una promotora de la creación de un hogar nacional judío en Israel, aún antes de que la palabra sionismo fuera puesta en boga por Hertzel y sus partidarios. Es ironía del destino que, después de su muerte, su hermana, por temor al rechazo antisemita, prohibiría la inclusión de “todo lo que fuera judío’’ en la edición completa de las obras de Emma Lazarus, que apareció en 1889.
¿Por qué traigo a colación a Emma Lazarus y su famoso poema? Además de lo orgulloso que me hace sentir el pertenecer a su tribu, me asaltan la nostalgia y la preocupación por el país que heredarán mis nietos. ¡Cuán diferente al que vislumbraron los padres fundadores hacia un derrotero opuesto al concebido!
Desde tiempos inmemoriales, somos susceptibles de rechazar al otro. No en balde el buen libro nos enseña “…no oprimas al extranjero. Ustedes saben lo que se siente al ser extranjero, puesto que fueron extranjeros en Egipto” refiriéndose a cómo debemos tratar al otro, que vive entre nosotros. Esta es la base moral de los norteamericanos, estos preceptos fueron los que pactaron aquellos descendientes de anglosajones fieles a su formación judeocristiana.. ¿Qué ha pasado con algunos sus descendientes? ¿De dónde salen estos señores que considerándose pertenecientes a una raza superior se abrogan el derecho de hostigar a sus compatriotas, por el color de su piel, o porque su lengua materna provenga de otras regiones, o porque profesen una religión que no es la mayoritaria del país?
Cada vez es más común -que hasta se acostumbra uno- conocer de hechos tales como el del reciente ataque a un templo sikh en Wisconsin perpetrado por un supremacista blanco donde perecieron seis personas y otras tres resultaron heridas incluyendo a un policía que acudió en auxilio de las víctimas.
Es cierto que el 9/11 fue un ataque de odio contra nuestro país por parte de terroristas musulmanes, así como los ataques perpetrados en Madrid y Londres; pero ello no justifica que en la nación supuestamente más civilizada del mundo se realicen ataques indiscriminados contra musulmanes, sihks e incluso contra árabes americanos de otras denominaciones religiosas quienes, en su inmensa mayoría, llegaron a nuestra tierra buscando refugio y huyendo de la barbarie de la que eran víctimas en sus países de origen. Aquí llegaron amparados en que en este país de leyes “todos somos inocentes hasta que seamos hallados culpables, mas allá de una duda razonable”
Según el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, a partir de setiembre del 2011, se han investigado más de 800 incidentes de violencia, amenazas, actos de vandalismo e incendios provocados contra estadounidenses de origen árabe, musulmanes, sihks, sudamericanos, asiáticos y otras personas que se consideren, por su aspecto, originarios de Oriente Medio. Eso es intolerable.
En el sur de la Florida se hablan más de 38 lenguas y dialectos. Disfrutamos de una interrelación esencialmente armoniosa entre judíos, cristianos, musulmanes, budistas, santeros, espiritistas, sihks, agnósticos y ateos, blancos, negros, asiáticos, europeos, indígenas, iberoamericanos, que a fuerza de compartir espacio, hemos ido aprendiendo a aceptarnos como lo que somos, ciudadanos de esta gran nación. Lamentablemente, está demostrado que a menor diversidad, mayor ignorancia y mayor incidencia de los crímenes de odio.
La solución está en la educación. Nadie nace odiando, alguien se lo enseña. El Anti Defamation League (Liga Anti Difamatoria) y otras instituciones tienen programas de educación asequibles para todas las escuelas que quieran participar en los mismos. La Junta Escolar de nuestro condado y muchas escuelas privadas cristianas ya lo están implementando. Ese es el camino.
Fuente: elnuevoherald.com
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