La festividad judía de Pesaj (que empieza el próximo lunes al anochecer y se extenderá durante 8 días) es conocida como «la fiesta de la libertad», por la salida de los israelitas de la esclavitud del Egipto faraónico, hace unos 3.300 años.
Si preguntásemos a cualquier licenciado en gestión cultural o incluso a las autoridades de una nación moderna y occidental cómo festejar la «libertad», seguramente pensarían en macro-festivales, derroches, comilonas, borracheras y sexo sin restricciones. Sin embargo, los judíos venimos celebrando la liberación desde hace milenios en torno a una mesa familiar en la que la alimentación -aunque abundante- está limitada en su variedad y en la que el vino es elemento esencial pero pautado.
Y es que la libertad no se posee se aprende. Es hora de asomarse fuera de las puertas de nuestros hogares para descubrir que incluso la naturaleza se ha librado del Egipto del invierno aprendiendo a renacer cada primavera.
Cada uno colabora en buen a medida a poner los barrotes de su futura jaula. Cada cual crea su propio Egipto y sólo es cuestión de tiempo que llegue un Faraón para ensañarse con nosotros y denegarnos la libertad. Pero también, dentro de cada cual hay un Moisés, un futuro salvador de su familia, clan o pueblo, capaz de renunciar a los beneficios de la corte de Faraón para asumir los compromisos e inclemencias de la libertad. Con tal que nos planteemos salir al desierto y vagar sin rumbo aparente hasta que nuestras mentes y corazones estén dispuestos a asumir la responsabilidad de nuestros actos, hasta que aprendamos a ser libres.
A veces confundimos este concepto con simplemente abrir las puertas de una jaula, pero la mayoría de las veces nos pasa como con los animales criados en cautividad: no sabemos sobrevivir en la jungla de las sociedades modernas y pronto entramos a servir a un nuevo Faraón. Uno de los mejores ejemplos está en el corazón mismo de esta metáfora, en el actual Egipto, que al derr ibar los barrotes del régimen anterior ha dejado a sus ciudadanos a merced de nuevos y más sanguinarios depredadores.
No hay que ir tan lejos: la economía española atraviesa un duro proceso de reajuste económico y no hay un sólo líder que se atreva a contarnos el largo desierto que aún nos queda por atravesar, los años sin levadura (¿crecimiento económico?) que faltan para que aprendamos a ser libres de verdad. Incluso en el plano más íntimo y personal, es hora de plantearnos realmente si vale la pena seguir esclavizados en nuestros Egiptos interiores por miedo a ejercer a libertad. Porque se trata, sin duda, del principal y más antiguo de los derechos, aquel que según el relato bíblico nos fue otorgado a los seres humanos cuando fuimos expulsados del Edén: llevar las riendas de nuestro propio destino, aunque éstas nos hieran las manos y el polvo del camino nos ciegue por momentos.
Shabat shalom
Jorge Rozemblum
Director de Radio Sefarad
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