Esta semana el centro de la actualidad judía no fue, como casi siempre Israel, sino Argentina y su polémico acuerdo con Irán para esclarecer el atentado de la AMIA en 1994. No es el sitio aquí para explicar o explayarse en las razones que han llevado a tantas comunidades judías del mundo, incluida la española, y a la cancillería israelí a protestar por este acuerdo que, ojalá nos equivoquemos, no sólo no servirá para aclarar nada ni hacer justicia, sino para ganar tiempo, una estrategia que Irán ha jugado siempre con gran éxito en los foros internacionales, por ejemplo, dilatando hasta lo insoportable la inspección de su programa nuclear. Estamos decepcionados y sentimos vergüenza porque los muertos tengan un precio (las exportaciones de Argentina a Irán se han triplicado el último año, y eso posiblemente sea sólo la punta de un iceberg de corrupción a mucho mayor escala). Tampoco entendemos muy bien los cambios repentinos de opinión al respecto de algunas instituciones judías del país. Quisiéramos poder entenderlos, pero el dolor y la indignación nos nublan. Aprovechemos este descanso semanal para recuperar la fuerza de la razón. Shabat shalom
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