Mantener vivo el ladino en Izmir

En Izmir, el ladino ya no se mide por el número de hablantes, sino por lo que conecta: familias dispersas, generaciones y tradiciones transmitidas de generación en generación. El testimonio-manifiesto de Jacob Ceki Hazan relata una transmisión recompuesta por la tecnología digital, entre lecciones grabadas con su padre, archivos orales y proyectos de YouTube como herramientas de continuidad.

Karatas, el antiguo barrio judío (c) Camille Scali

 

 

 

Se suele decir que el ladino, al igual que la comunidad judía de Izmir, está desapareciendo. Las cifras parecen confirmarlo: la comunidad se ha reducido y los hablantes de ladino se pueden contar con los dedos de una mano. Sin embargo, el ladino es más que un idioma. Encarna el vínculo entre generaciones, familias dispersas por todo el mundo, el hilo invisible que conecta el pasado con el futuro. Alimenta mi curiosidad por mis antepasados: ¿cómo vivían? ¿Cuáles eran sus rutinas diarias, sus rituales, su mundo?

Nací en Izmir. Crecí y estudié allí. De joven, viajé entre Izmir y otros lugares, descubriendo otros países y culturas. Pero adondequiera que voy, Izmir me llama de vuelta. Mis padres aún viven allí y regreso constantemente. Hoy tengo 38 años. En el día a día, dentro de la comunidad judía de Izmir, sigo siendo uno de los jóvenes. La edad promedio ronda los 60 años, y la mayoría de los hijos y nietos ya se han independizado.

La historia de mi familia ilustra esta diáspora global. Mi tío se estableció en Brasil, donde aún viven algunos de mis primos. Otros eligieron Israel o Estados Unidos. Como tantas familias judías de Izmir, nuestra historia se extiende desde África hasta Europa, desde América hasta Oriente Medio. Seguimos siendo nómadas, conectados más allá de las fronteras.

Guardo gratos recuerdos de mi abuela. Hablaba ladino y francés, nunca turco. Oía ladino a mi alrededor, pero nunca lo aprendí realmente. En tan solo dos generaciones, todo había cambiado. Para mí, el ladino se ha convertido en la lengua de los recuerdos. Pero también mira hacia el futuro. Es el puente entre la herencia y lo desconocido, y en la era digital, ese puente adquiere nuevas formas.

Mi maestro más inspirador y alegre es mi padre, Alberto Hazan. Gracias a Zoom y las herramientas digitales, estudiamos juntos, sin importar la distancia. Grabamos nuestras conversaciones, compartimos melodías y rescatamos palabras olvidadas. Con un poco de imaginación, el ladino se convierte en un juego, en un placer. La tecnología, incluso la inteligencia artificial, cuando se usa bien, transforma el aprendizaje en una aventura accesible y dinámica.

El ladino es más que un idioma. Encarna el vínculo entre generaciones, familias dispersas por los cuatro rincones del mundo, el hilo invisible que conecta el pasado con el futuro.

Este verano, el Dr. Carlos Yebra López y Alp Etensel pasaron tres días en Izmir para el proyecto Ladino21. Recopilaron testimonios de ancianos y plasmaron sus recuerdos. Estos videos ya están disponibles en el canal de YouTube de Ladino21 y pronto se añadirán al sitio web de la comunidad judía de Izmir. Al mismo tiempo, el Dr. López está preparando un nuevo libro de texto de ladino. Me inspira el trabajo de Rachel Amado Bortnick y Karen Gerson Şarhon, cuyo compromiso es recuperar el esplendor y la visibilidad del ladino.

Algunos ancianos dicen: «El ladino está acabado». Ciertamente, ya no se habla a diario. Pero el ladino de hace cinco siglos ya era diferente del de hace cien años. Las lenguas evolucionan al ritmo de las comunidades. Hoy, la música, la gastronomía y las tecnologías digitales le dan nueva vida al ladino. Una canción como «Adio Kerida», tarareada con emoción, compartida por un boyoz el sábado por la mañana, pertenece a la misma tradición viva que un proverbio grabado o una lección en YouTube.

Lo que más me fascina del ladino es su poder unificador. Trasciende generaciones, fronteras y el tiempo. Me ayuda a crear un espacio donde jóvenes y mayores pueden escucharse, compartir y sentirse parte de algo. Somos puentes: llevamos con orgullo lo que se nos ha transmitido y lo transmitimos con esperanza. El ladino no es solo un idioma. Es la voz de la memoria, la calidez del hogar, el aliento de la continuidad.

Gracias a “Kaminando y Avlando”, una revista publicada por la asociación “Aki Estamos”, cuyo objetivo es mantener viva la cultura judeoespañola en el presente, por permitirnos publicar este texto.

Jacob Ceki Hazan

Fuente k-larevue.com / Ladinokomunita
Traducción libre de eSefarad

Check Also

ENKONTROS DE ALHAD – 21 DJUNIO 2026: KAJI PRIMAS, DE TURKIYA A KUBA – Balabaya ROZ KOHEN – Musafira MYRIAM ELI – A las 13 oras (Arjentina) x Zoom – Mas orarios en el anunsio

Donativo para ayudar a Enkontros de Alhad   ENKONTROS DE ALHAD Avlados en Djudeo-espanyol – …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.