Un centro sefardí trata de recuperar la tradición hebrea de la ciudad andaluza, cinco siglos después de la expulsión de las últimas comunidades que la habitaban.

Pese a que es muy desconocido, en la ciudad de la Alhambra los signos de que la comunidad hebrea tuvo su importante influencia están ocultos en rincones y calles del actual barrio del Realejo. La población judía durante el Reino nazarí vivió y atesoró el testigo de sus antepasados en este lugar desde los tiempos de la dominación romana cuando los hebreos dan el nombre de Garnata al-Yahud -significaba «Granada de los judíos»- a la urbe que es hoy. Ahora, tres personas han decidido rescatar del olvido todo ese tesoro que guarda tanta historia y saber de la tradición judaica.
Beatriz Chevalier es la creadora del Centro de la Memoria Sefardí de la capital granadina. Este espacio, que abrió sus puertas hace un año, ocupa una hermosa vivienda en el barrio del Realejo junto a la que fue una de las principales calles comerciales de la antigua judería. «Aquí residía la comunidad hebrea de Granada antes de ser expulsada en 1492», comenta Beatriz mientras señala el lugar que ocupaba la principal sinagoga de las seis que hubo en esa época, hasta la llegada de los Reyes Católicos a la ciudad. «Es el llamado Mauror, donde estaban las casas judías», indica nuestra guía. Hoy, en ese espacio no hay rastro visible de la sinagoga mayor de Abrahán ni de los hogares que se ocuparon o malvendieron tras la expulsión de los hebreos.
Fue el 31 de marzo de 1492, ante la presión del inquisidor mayor, Fray Tomás de Torquemada, cuando los Reyes Católicos decretaron la expulsión de 300 mil judíos en todo el Reino. «Se calcula que unos 1.300 abandonaron Granada», comenta Beatriz, recordando la entonces consternación de los potentados hebreos que acababan de financiar la costosa conquista de la ciudad a los nazaríes. Uno de estos empresarios al servicio de los monarcas, Isaac Abravanel, criticó duramente esta medida asegurando que «nuestros descendientes pagarán por los errores de ahora».
Épocas oscuras
A partir de ahí, en Granada y en España comenzó «una tenebrosa etapa» calificada como «uno de los holocaustos» -con la Inquisición como principal aguijón- que el pueblo judío ha sufrido en su milenario devenir. Lo explica Juan Francisco Loza, guía de este centro sefardí en una de las salas que enseña diariamente. Sambenitos o instrumentos de tortura se muestran como recuerdo de una época de «ruptura y desgarro» para los hebreos conversos que se quedaron aquí sin llegar a formar parte de las exiliadas comunidades sefardíes. Esa intolerancia y antisemitismo se ha dado en nuestro país hasta fechas recientes, asegura Beatriz, hija de una conversa que vivió clandestinamente la fe judía hasta 1952, momento en el que la «irrespirable situación de aquí» -en pleno franquismo- le hizo exiliarse.
Pero este centro hebreo es más que el doloroso recuerdo de tiempos oscuros. Se pretende sobre todo revalorizar el paso de los judíos por esta tierra. Algo que intenta José Manuel Romero, catedrático jubilado, que tras descubrir sus orígenes hebreos, decidió representar al movimiento «Shavei Israel». Él ha conseguido que cada mes venga un rabino de Jerusalén a Granada para estudiar la Torah, el texto sagrado judío, con la intención futura de «crear aquí una comunidad». Para ello «hacen falta al menos diez hombres», comenta mientras nos muestra un bello ejemplar «de casi 90 años de antigüedad» del Cantar de los Cantares, la pieza más valiosa de las que se conservan en este centro como exponentes de la religión hebrea.
Es uno de los atractivos de este centro sefardí no sólo para turistas si no para cualquiera que quiera conocer la esencia del pueblo judío tan presente y tan olvidado en estas tierras granadinas.
¿Volverán los sefardíes a España?
Este lugar también puede convertirse en una referencia de los sefardíes –judíos con orígenes españoles- que existen en todo el mundo. Como Beatriz, muchos están retornando a «Sefarad» (como llaman los hebreos a nuestro país) y se espera potenciar ese regreso con la prometida ley del Gobierno central para dar la nacionalidad española a los descendientes de estas comunidades expulsadas. «Lo veo bien para la gente joven de Israel que quiera abrirse a Europa», dice Beatriz, aunque lo ve con «escepticismo» hasta que el proyecto no llegue al Congreso de los Diputados.
De momento, Granada vuelve a ser lugar de culto hebreo aunque no constante. El pasado 24 de enero se celebró en la ciudad «por primera vez en 500 años» el «Shabat» -día de la semana sagrado para los judíos- sin el encorsetamiento que impuso la clandestinidad que ha perseguido a la comunidad hebrea durante siglos.
Fuente: sevilla.abc.es/
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