Seguimos rescatando viejos artículos publicados antes de la existencia de eSefarad que bien vale la pena recordar. En este caso, la nota del Diario La Nación de Buenos Aires a la cxantante Dina Rot en ocasión de sus presentaciones junto al guitarrista Esteban Morgado en la sala «El Club del Vino» allá por mayo del año 2000.
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Viernes 12 de mayo de 2000
Dina Rot en camino hacia las fuentes
Ancestro: la cantante desanda el cancionero sefardí junto a Esteban Morgado, en el Club del Vino
Por René Vargas Vera para La Nación
El sefardí, como el ladino, es dialecto judeo español. Se sabe, además, que el sefardí es el judío oriundo de España, o quien acepta las prácticas religiosas de los judíos españoles. Y el ladino es quien, además del castellano antiguo, hablaba con facilidad otras lenguas.
Dina Rot, que repetirá sus recitales de cancionero sefardí el jueves 18 y viernes 19, a las 22, en el Club del Vino, Cabrera 4737, afirma que el ladino se está volviendo a escribir. Un ejemplo, entre nosotros, es el poeta Juan Gelman, y afuera el de la escritora bosnio-francesa Clarisse Nicoidsky. Hace un par de años Dina Rot dio a conocer su libro-CD «Una manu tumó l´otra», editada por el sello español El Europeo.«Yo noto coherencia entre aquella poesía tradicional sefardí y la de estos poetas contemporáneos a través de ese lugar común que es la lengua. A propósito existe un acervo importante de canciones anónimas sefardíes. Tanto las que permanecen en España como las que nos legó tratan de ilusiones, desengaños, amor por la tierra. Lorca y Hernández han vibrado con su encanto.»
-En tus recitales el paso de la poesía tradicional a la nueva, se torna imperceptible.
-Exactamente. No me siento como si transitara por diferentes polos, sino por un mismo camino secular. Por otro lado se unifican en la música que compuse para estos poemas.
Dina Rot cuenta que desde los doce años escuchó en su casa canciones judías, francesas, rusas, rumanas… El abuelo había participado en ritos sinagogales. Y su madre cantaba con bellísima voz en idish.
«Era costumbre cantar, tras la cena, después del postre. En el correr de las noches papá me contó la historia de la época de la Inquisición y de los judíos expulsados que conservaron su lengua, cultura y tradiciones.»
-¿En España también se cultiva este repertorio?
-Los españoles recuerdan con cariño y devoción esta lengua y la están rescatando, como también a la poesía medieval. Incluso existen instituciones que organizan actos reivindicatorios. Hace poco, por ejemplo, se celebraron los 500 años de «La Celestina» y se tributaron varios homenajes a Fernando de Rojas. Por eso me siento feliz y honrada de asumir el cancionero sefardí. Es un vínculo poderoso porque se trata de mis propias raíces las que recorro.
-¿Desde cuándo compones?
-Escribo música desde hace mucho tiempo. (Yo soy pianista.) En aquella gloriosa época del sello Trova (de Radoszinsky) musicalicé a los poetas Neruda, Vallejo, Parra y Nassim Hikmet, y entre los nuestros a Yánover, Orgambide y Tejada Gómez. Y retomé la composición impulsada por los poemas de Gelman y de Clarisse. Pero debo decir que quien me abrió el camino de nuevo fue en Madrid Luis Eduardo Aute, cuando le mostré estos trabajos musicales míos. El me conectó de inmediato con los ejecutivos de la grabadora. Y el pórtico aquí fue el ciclo «Voces», en el Teatro San Martín, donde fui convocada en 1995 para ofrecer canciones con poetas españoles y latinoamericanos; un repertorio similar al de mi admirado Paco Ibáñez, que incluyó a Violeta Parra y anónimos españoles.
Hace 24 años que Dina Rot vive en Madrid. Su voz esta regresando, como en aquel año 97, tras veinte años de silencio.
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Al día siguiente salió este artículo en el mismo diario:
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Sábado 13 de mayo de 2000
Dina Rot en viaje al ancestro
Recitales de la cantante Dina Rot, acompañada en guitarra por Esteban Morgado. Cancionero sefardí. Arreglos del guitarrista español Eduardo Laguillo. En el Club del Vino. Nuestra opinión: excelente
Por René Vargas Vera para La Nación
La lengua sefardí es el testimonio redivivo de aquellos judíos españoles desterrados en 1492.
Como otras diásporas a lo largo de la historia y del mundo, sus sentimientos, su paisaje humano, sus historias, perviven obstinadamente en la memoria de la raza y asumen sonoridades a través de las canciones que se fueron transmitiendo durante estos cinco siglos.
Ya en el siglo XIII había ocurrido el florecimiento de la juglaría gallego-portuguesa que comparte roles con los poetas provenzales. El artificio poético de éstos se daba la mano, quizá soterradamente, con la sencillez de aquellos en los temas populares: las canciones de amor, las cantigas de amigo, los cantos de humor.
Esta es la España antes del forzoso exilio judío: la de los romances que recogen en su larguísima historia literaria los hechos históricos, narrativos y líricos en la confluencia de realidad y mito; la del Marqués de Santillana que rinde tributo a sus serranas; la de Garcilaso de la Vega que convierte en refinadas pastoras a sus mujeres; la de Fray Luis de León que busca en la naturaleza el amor a Dios; la del impulso místico de San Juan de la Cruz.
Un arte recoleto
En ese mundo típicamente español donde se dan la mano la poesía culta y la tradicional, o popular, viven los judíos que cantan sus amores y reseñan sus vidas.
Este es, precisamente, el precioso bagaje que nos acerca la cálida voz de contralto de Dina Rot, acompañada en guitarra por el proteico y exquisito Esteban Morgado.
Una banqueta y un atril le bastan a Dina para desgranar estas sempiternas canciones, mientras Morgado asume su rol de sólido soporte, sentado a un costado.
Sutiles cambios de luz crearán el clima propicio para esta reunión.
Un binario ritmo inquieto -el de «Galanita», abre el encuentro.
Más que un recital, más que un show, este es un encuentro. Encuentro amoroso con la poesía sencilla y a su vez refinada; poesía que habla de amores tiernos, de sugerente y delicado erotismo.
Estamos inmersos, ciertamente, en un añejo mundo poético de siglos, lejos del mundanal ruido, entre esta suerte de églogas que cantan la inocencia de sentimientos.
Perlas
«Morena me llaman», exclaman los segundos versos engarzados en sutiles melopeas que nos recuerdan el ancestro español en aplacado ritmo. Le siguen otros versos sobre pajarillos y flores que rodean a los enamorados, sostenidos en música por nuevos y esbozados melismas.
Llegan historias de amor perdido, cautivantes declaraciones de amor, enamorados que se buscan en rincones bucólicos.
Luego llegará el espacio en que Dina accederá a la nueva poesía que busca ser reflejo de esta otra que viene cargada de siglos. La de los poetas Juan Gelman y Clarisse Nicoidsky. Serán diez canciones de inusual exquisitez que vuelan en alas de la metáfora. La cantante pide silencio para desgranarlas una por una. El verbo de Gelman y Nicoidsky trepa similares alturas, gana en refinamientos y se enriquece en alegorías. Las melodías y los ritmos elegidos por Dina cobran inusitada empatía con estos nuevos giros poéticos inspirados en la tersura de lo sefaradí.
La guitarra teje mil acentos. Refinadas pero sin manierismos, las cuerdas que tañe Esteban Morgado son tributarias de arpegios, giros, trepidaciones y acordes entretejidos por otros inspirados instrumentistas.
Fueron las guitarras de Eduardo Laguillo (que intervino en el disco «Una manu tumó l´otra»), de Mario Romero, de Raúl Pico… que encontró en el camino el arte de Dina Rot, las que aquí se suman a la del propio Morgado para elaborar todo un universo sonoro hecho de finuras y de hallazgos musicales.
Camino de refinamientos
Un escenario despojado, una amplificación apenas insinuada, lejos de todo artificio y de toda demagogia es el que rodea estos cuatro encuentros con el arte sutil y profundo de Dina Rot en el Club del Vino.
Dina Rot hace gala de excelente voz y de fraseos minuciosos que transmiten toda la emoción. Ningún gesto extraño, ningún capricho interpretativo menoscaba su canto.
Ella es quien ha pergeñado las melodías y la armonía en la que han de engarzarse estos versos que le cantaron al amor. El trabajo minucioso con acompañantes, y sobre todo con los guitarristas que la fueron secundando, permite esta fascinante conjunción de poesía y música con acentos de España.
Es esta España de nuestros ancestros, unida al ancestro judío, la que respira en estas canciones. La que nos trae los divinos ecos de Grecia y Roma a través de aquella edad de oro de nuestro idioma.
Fuente: La Nación
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