Testimonio de Isaac Revah en el Acto de recuerdo del Holocausto. Asamblea de Madrid, 27 de enero de 2011

English version >>

Los supervivientes de la Shoah, aún en condiciones de dar testimonio y de transmitir su historia, como lo hago hoy, desempeñan un papel primordial en el deber de Memoria.

Mi nombre es Isaac Revah, nacido el 8 de septiembre 1934 en Salónica, Grecia. Hijo de Benico Revah y Susana Aruch de Revah. Tengo una hermana Léla nacida el 3 de agosto 1939 que vive en Israel. La familia de mi padre, los Revah, tenía pasaportes españoles mucho antes del decreto del 20 de diciembre 1924 de Primo de Ribera (¿desde 1885?).

¿Que es lo que justificó la invitación que se me hizo de venir adjuntar mi testimonio al de otros supervivientes de la Shoah? ¿Qué podía añadir a lo que ellos describirían, yo que no fue deportado efectivamente que durante siete meses a Bergen Belsen y que, además, fue liberado antes del final de la guerra? Mi particularidad es de ser de nacionalidad española y de deber mi supervivencia a esta nacionalidad, a España, y no a calidades personales de valor o a mi capacidad de resistencia..

Página 1 del pasaporte

Cuando la Segunda Guerra Mundial estalla, los Alemanes invaden Grecia del Norte (abril 1941) y aplican las leyes raciales a partir de 1942: 45.000 judíos de Salónica son deportados (o sea 95% de la población judía) a Birkenau. El último convoy sale de Salónica en agosto 1943. En esta población un grupo de 367 personas, de nacionalidad española se preservan miraglosamente hasta julio de 1943, y mi familia es parte del grupo.

Sin embargo una persona desempeñó un papel importante en las negociaciones diplomáticas con las autoridades Alemanas, en abril 1943, para:
– evitar la deportación en Polonia de los Judíos nacionales españoles de Salónica y de Atenas
– y obtener de los Alemanes la autorización «de repatriarlos» en España.
Esta persona, que actuaba continuamente para convencer las autoridades españolas de “repatriar” a España a los judíos con nacionalidad española de Grecia, es Sebastian de Romero Radigales, Cónsul general de España en Atenas. Tenía una tarea difícil puesto que su acción fue refrenada por el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid, ambiguo en su posición oficial: vacilación entre una denegación y un acuerdo para la repatriación. Queda claro que España efectivamente no deseaba abrir sus fronteras para acogernos porque decía «que ella era incapaz de integrar un tan numeroso grupo» de judíos nacionales españoles. Esto no desalienta al Cónsul en sus esfuerzos para salvarnos. Él fue muy a menudo más allá de lo que se le admitía como Cónsul. Sus intervenciones para repatriarnos y así salvarnos eran cruciales. Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid vacila, es desfavorable con estos pasos.

En la página 2 se puede leer: Paises para los cuales este pasaporte es valido: EN TRANSITO POR: Bulagaria, Hungaria, Alemania, Francia, Italia, Egipto,Turquia y Grecia. 28 de Mayo 1943 » Esta cita tanto los países por los que deberíamos haber viajado a ir a España.

De otro lado, los alemanes, deseando preservar los nacionales de un Estado amigo, aceptan no deportarnos inmediatamente y fijan a España el fin del mes de junio de 1943, como plazo para que tome la decisión de acogernos. Sin respuesta en dicha fecha se desplazaría al grupo. El Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid no reacciona a esta propuesta, a pesar de las advertencias del Cónsul.

Así es que el 29 de julio de 1943 nuestro grupo es detenido en el barrio “Baron Hirsch”, cerca de la estación, y el 1 de agosto es deportado al campo de concentración de Bergen Belsen.

El viaje duró casi una semana y se desarrollo en condiciones difícilmente soportables. Los alemanes nos pusieron en vagones de ganados (60 a 80 personas por vagón) y dormíamos sobre el suelo. Nos dieron una cantidad de comida, insuficiente para el viaje. No teníamos bastante agua y podíamos renovar esta agua solamente cuando el tren se detenía y que los alemanes nos autorizaban a bajar. Las condiciones de higiene eran deplorables: un barril abierto por un lado, colocado cerca de la puerta corrediza del vagón, servía de aseos.

Pag. 5: BUENO PARA: Espana por una sola vez por la frontera de Irun. 6 Julio 1943.” «Firmado por Sebastián de Romero Radigales. Lo que también parece confirmar nuestro destino español.

Mientras estábamos en el tren que nos levaba a Bergen-Belsen, Madrid informa a Berlín que el gobierno español aceptaba el principio de repatriar a nuestro grupo en España. El cambio de posición de Madrid no resulta de una preocupación humanitaria. En realidad Franco y su Ministro de Asuntos Exteriores Jordana, teniendo en cuenta la evolución de la situación militar que se vuelve más favorable a los Aliados, deciden tratarlos con consideración, y proponen la repatriación: España acepta acogernos en tránsito por tres meses, puesto que el “American Joint Distribution Committee» le garantizó que asumiría todos los gastos de transporte y de vida en España y solucionaría el problema de los visados y de recepción posterior del grupo a Casablanca. Sin embargo esta propuesta llega demasiado tarde porque los alemanes ya nos habían internado a Bergen-Belsen. Y, ironía de la situación, España pide entonces a los Alemanes de «bien tratarnos»…..

A Bergen Belsen, nuestro grupo es instalado en la parte “neutral” del campo y, porque español, sobrevive en condiciones menos crueles que las de los otros deportados. Porque nací español, porque España se ha mantenido al margen de la Segunda Guerra Mundial pero siendo próxima a los Nazis, mi sufrimiento no alcanzó la fase última de la exterminación.

Pag. 9 está marcado: VISA TRANSITO SIN PARAR No. mar interior de la oficina séptimo 13/4. BUENO PARA SALIDA DE VISA POR FRANCIA CERBERE. 13/02/44 RECIBIÓ EL FRANCS.CERBERE 20. Es la fecha de nuestra llegada a Port Bou.

Tenía 9 años y los recuerdos que conservo son los de un niño que no tiene conciencia de su estatuto privilegiado. No llevábamos el traje de deportados y no nos tatuaron un número sobre el brazo. Todo me parecía incomprensible y inexplicable: las llamadas a las 6 de la mañana que se perpetuaban en el frío, los dormitorios superpoblados (dormía con mi padre en el dormitorio de los hombres), la ausencia total de higiene, las enfermedades (tifus). Las únicas comidas que nos daban eran la de la mañana (un líquido negro llamado café, pan y a lo mejor margarina), y tazón de líquido con pedazos de lo que llamaban legumbres, en la tarde. El hambre no nos dejaba; su sensación terminaba por esfumarse durante el tiempo puesto que el organismo no conocía ya la saciedad. También incomprensibles eran para mí las sesiones de «ducha» que nos veían hacer la cola durante horas delante del edificio en un frío difícil a soportar, luego el sentimiento de bienestar que retiraba de la ducha caliente, sin bien entender porqué mi padre deseaba vernos salir de la «ducha» rápidamente. Me acuerdo también de este día cuando, volviendo hacia la barraca corriendo con el precioso tazón de leche azucarado con pastas, distribuido a los niños una vez por semana, me he caído vertiendo al suelo fangoso el precioso líquido. Imposible obtener otra porción.

Me acuerdo también que un miembro del grupo daba a los niños un curso de Biblia y que nos encontrábamos a menudo con niños polacos que no formaban parte del grupo pero se internaban con nosotros, para jugar al tren…

Estos recuerdos, comparados a los acontecimientos trágicos y a las exterminaciones que tenían lugar a Bergen Belsen, pueden parecer suaves para el que analiza con retroceso. Pero los niños como mi no percibían la gravedad de la situación que vivían, y los adultos se esforzaban de ocultarla.

Durante los primeros meses de nuestra deportación a Bergen-Belsen, el Cónsul Romero de Radigales prosigue sus intervenciones hacia las autoridades Alemanas y Españolas para organizar nuestra liberación y salvarnos de la exterminación. Encuentra numerosas dificultades, en particular con el Ministerio de Asuntos Exteriores Español que propone una repatriación irrealista de las 367 personas por pequeños grupos de 25…

Finalmente los Alemanes liberan a nuestro grupo el 7 de febrero de 1944, y lo trasladan por tren en España. Viajamos a bordo de vagones de tercera clase, atravesamos Alemania, en plena guerra, (vimos Mannheim arrasada), y luego Francia. Llegamos temprano por la mañana, el 13 de febrero 1944, a Port Bou, a la frontera con Francia, en territorio español donde nos acoge Dr. SEKERA el Presidente del “American Joint Distribution Committee» en España.

¡Finalmente libres en España que, aunque lo que se haya podido decir, nos acogía como hijos reconocidos! Port Bou subsistió en mi recuerdo de niño como el lugar de un segundo nacimiento que me volvía un estatuto de normalidad. Normalidad que no es más un concepto abstracto sino un hecho. El símbolo de libertad que mi recuerdo reservó a Port Bou mucho tiempo, incluye la banana que se me ofreció sobre el muelle de la estación a nuestra llegada. Era la primera comida sana que probaba desde muchos meses.

Nuestro grupo vivió en Barcelona hasta al 14 de junio de 1944: efectivamente, Franco al igual que Primo de Ribera, negó a los Judíos de nacionalidad española a establecerse en España ya que «era necesario dar el paso para otros deportados españoles que esperaban de liberarse de Bergen-Belsen». El desembarque de los Aliados de junio de 1944 en Normandía y los fracasos del ejército alemán sobre todos los frentes impidió desgraciadamente esta liberación del grupo de judíos de Atenas.

Se traslada a mi familia a Marruecos en un campo americano próximo de Casablanca. Después algunos meses mi familia parte en Palestina bajo mandato británico en diciembre de 1944. En 1948, mi familia deja Israel y se establece en París. Tengo 14 años, empiezo estudios secundarios y me incorporo a un movimiento de juventud sionista en París.

Como ya dicho, la persona instrumental para nuestra liberación fue Sebastian de Romero Radigales. Él era quien intentó durante meses convencer el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid, hostil a sus acciones, de alcanzar un acuerdo con el gobierno alemán para liberarnos. El acto de salvar es multiforme y resulta de una serie de intervenciones, pero el nunca abandonó a pesar de los fracasos o de la reprobación de Madrid. Es probable que sin las acciones de Sebastian de Romero Radigales Franco no nos hubiera proporcionado su protección diplomática y pedido nuestra repatriación en España. Ser liberado por los nazis, durante la guerra, de un campo de concentración, es un acontecimiento increíble. Esto se convirtió en una realidad para nuestro grupo de 367 personas, gracias al Gobierno Español y a Sebastian de Romero Radigales un ser excepcionalmente valeroso y humano.

 

Check Also

EMISION EN SEFARDI: 1492 ¿Ke akontesió kon los ekspulsados en Francia i Portugal? – 19/07/2026

Kompartimos investigasiones istórikas poko konosidas ¿Kómo fue la vida de los djudiós espanyoles dempués de …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.