Sebastián de la Obra: «Jamás hemos dependido de ningún poder público porque no le debemos nada»

 

Casa de Sefarad, el centro sobre la memoria de los judíos españoles, cumple dos décadas en que atrae a 25.000 visitantes al año y se ha convertido en agente cultural

David contra Goliath no es un símil fácil si se habla de la Casa de Sefarad. El gran museo de los judíos españoles en Córdoba acaba de cumplir veinte años y no sólo se ha consolidado en el mundo de la cultura sin ayuda pública. Tuvo que luchar contra el Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido entonces por Miguel Ángel Moratinos, que había creado un centro con el mismo nombre. Protestaron sin respuesta, pleitearon y después de siete años ganaron. David contra Goliath: «Nos amenazó por todos sitios y nos arruinamos pagando abogados». Ahora tienen 25.000 visitantes al año. Una historia bíblica que encarna su director, Sebastián de la Obra, que nació en Úbeda en 1958, estudió en Granada trabajó en Sevilla y ahora vive en Córdoba.
-Veinte años después, ¿está la Casa de Sefarad donde esperaba?
-No sólo donde quería y donde esperaba, sino lo que es más difícil, donde yo soñaba. Soñaba que tenía que estar en Córdoba, al lado de la vieja Sinagoga, cerca de la estatua de Maimónides y el mayor sueño casi imposible es que tenía que estar en la calle más antigua de la vieja Judería que mantiene el nombre medieval de calle de los Judíos. Ha sido un sueño y además un sueño cumplido.

-¿Qué les queda a los cordobeses de judíos?

-Mucho, para bien y para mal. Para bien nos queda un sentimiento de la existencia de aprovechar el tiempo, pero el tiempo no en el sentido del consumo, sino el tiempo en el sentido del disfrute, porque esta es una ciudad con una magnífica medida humana. Tú puedes vivir como un humano, andar, pasear, tomarte un café, ver a gente sin necesidad de alterar los principios de tiempo y de espacio. Como negativo, somos herederos de una sociedad de sospechas y eso es muy de la tradición judía o antijudía. Sospechamos de todo, no nos creemos casi nada. Todavía hay gente que se pregunta, después de 20 años, qué habrá detrás de este proyecto No es el comentario de qué bien el esfuerzo que se ha hecho. Ese sentimiento de sospecha también es una herencia.

-En sus primeros años en Córdoba habló de la ciudad en términos que no eran del todo elogiosos.

-Si me pregunta por la ciudad, es absolutamente apasionada. Si me pregunta por los cordobeses, sigo pensando lo mismo. Es que no es lo mismo el continente que el contenido. Yo soy un enamorado de esta ciudad y la elegí yo para vivir. Otra cosa es quienes habitan la ciudad, que no saben a veces disfrutarla, que no son conscientes de la memoria que esta ciudad tiene, para bien y para mal. La vida es una memoria de horror y de belleza. Sigo pensando que Córdoba es una ciudad mágica y sigo pensando que a los cordobeses les queda un buen trecho para descubrir el potencial que tiene esta ciudad.

-Pero a Córdoba la habrán hecho los cordobeses.

-Esta ciudad la han hecho los cordobeses, pero también la hemos hecho los forasteros. El término forastero es muy curioso. La etimología es del latín ‘foras’, que es el que se queda en la puerta. Y comparte raíz etimológica con forajido, podemos ser peligrosos, y con foresta, podemos ser salvajes. Los forasteros han hecho esta ciudad tanto o más que los cordobeses. Y que yo siga siendo un forastero después de 20 años tiene un trecho.

-¿Ha cambiado la caricatura del judío avariento y de nariz larga por la del plutócrata?

-De hecho existe una ideología, un sentimiento ideológico declarado por los organismos internacionales y por la propia filosofía política, que es el antisemitismo. El antisemitismo es muy antiguo. Procede del antijudaísmo y se ha ido transformando. El antijudaísmo tenía un carácter religioso y el antisemitismo tiene un carácter económico, social, racial. A la tradición, al pueblo judío, se le han atribuido dos cosas curiosas. Una, ser el origen del capitalismo, son los ricos los que tienen los lobbies, los que influyen, y al mismo tiempo ser el origen de los revolucionarios. Son los que han estado detrás del comunismo, del socialismo, del anarquismo. No se ponen de acuerdo para convertirlo en el chivo expiatorio de tirios y troyanos.

«Los forasteros han hecho esta ciudad tanto o más que los cordobeses. Que yo siga siendo forastero tras 20 años tiene un trecho»

-¿Es posible la cultura privada?

-Es posible. La cultura necesita el apoyo de lo público desde un punto de vista jurídico-político. La legislación obliga a los poderes públicos a mantener el patrimonio, a cuidarlo, a difundirlo. Hay dos tipos de iniciativa privada: aquella que vive y subsiste y sobrevive gracias al apoyo público y aquella que realiza el esfuerzo para no vivir dependiendo del apoyo público. Esta es una isla. Mi museo de Casa de Sefarad es un proyecto privado e independiente. Jamás hemos dependido de ningún poder público, porque no le debemos nada. ¿Y por qué no le debemos nada? Porque nunca se lo hemos pedido. ¿Y por qué nunca se lo hemos pedido? Porque si se lo hubiéramos pedido y nos lo hubieran dado, dependeríamos de ellos.

-En agosto pintaron una esvástica en el monumento a Maimónides. ¿Hay antisemitismo en Córdoba?

-Sí, sí, lo hay. Camuflado de todo tipo de ideologías. Hay un antisemitismo de la extrema izquierda, camuflado de antisionismo, y hay un antisemitismo histórico de la extrema derecha. Coinciden ambos en que detrás de todos los males está la tradición judía. A nosotros nos han hecho pintadas tanto la extrema izquierda como la extrema derecha. Nos sitúa donde Maimónides decía, en pleno equilibrio.

-¿Tiene esperanzas en el Centro de Visitantes de la Sinagoga y en la integración del mikvé?

-Yo espero que ayude, pero soy muy prosaico. Va a ayudar a no crear esas colas de entrada gratis en la calle Judíos, que tapona totalmente la calle. Y eso va a ser bueno para nuestros visitantes y para la población autóctona. Depende de quién diseñe el programa de ese centro de interpretación de la Sinagoga. Porque han pasado más de cien años y la Sinagoga no es explicada por nadie, salvo por los guías. No hay nada que te lo explique. A los poderes públicos lo único que les pido es que ayuden a la gente que lo necesite. Y a los que no lo necesitamos, que nos dejen en paz. Es una concepción muy liberal, pero yo la entiendo así.

Sebastián de la Obra, en un momento de la entrevista. (Nico Trenas)
Sebastián de la Obra, en un momento de la entrevista. (Nico Trenas)

-¿Cómo se explica que un pequeño país en un rincón del Mediterráneo, en una tierra árida y poco fértil, y después de que Roma lo expulsara sea capaz de sobrevivir 20 siglos más, extenderse por Europa y florecer en todas partes?

-Porque se está esperando todavía. Y no hay nada más poderoso que la espera y la esperanza. Digo la espera no en el sentido religioso, sino en el sentido vital. Quien espera, sobrevive. Y el pueblo judío sigue esperando.

-¿Sigue encontrando en sus viajes por el Mediterráneo a sefardíes que dicen que proceden de Córdoba?

-Los hay, y no sólo en el Mediterráneo, hay gente que sueña con que procede de Córdoba. En México, en Buenos Aires, en una pequeñita ciudad de Venezuela, que ellos piensan que son los creadores de esa ciudad, Coro, y lo hay con el apellido Córdoba, en Estambul, y lo hay en Jerusalén. ¿Qué pasa? Que cuando te dicen, yo que me llamo Joseph Córdoba o que me llamo Abraham Córdoba o Joel Córdoba, me dicen, pues yo es que vengo de Córdoba. Se intenta explicarles como si fuera un pedante que eso no significa que automáticamente procedan de Córdoba, y yo me callo, no les explico nada, les digo que es posible. Tienen una nostalgia en el sentido más hermoso de la palabra nostalgia, porque es para ellos un orgullo llevar el apellido Córdoba, Carmona, Sevilla, Granada.

-¿Por qué ahora se piensa que Toledo tuvo más importancia para el mundo sefardí?

-El mito de Toledo ha funcionado como un reclamo turístico y con un buen diseño de mercadotecnia. Toledo es la ciudad de las tres culturas, Córdoba aspiró a eso en la época que tenía una alcaldesa que siempre hablaba de las tres culturas, pero Toledo ganó la batalla, y no es verdad. Si hay una ciudad en la historia de España que haya reunido un enorme protagonismo por sus judíos, por la presencia que tuvieron, por la extensión de su propia Judería desde el punto de vista urbano, es Córdoba. Aquí nace la escuela talmúdica de Europa, la primera escuela gramática del hebreo de toda Europa, para convertir el hebreo de una lengua religiosa, que sólo se canta y tiene plegaria en la Sinagoga, en una lengua literaria. Córdoba reúne todas las características para ser nombrada capital de Sefarad. Pero, como siempre ocurre, no tenemos esa habilidad para convertir nuestro sueño en realidad, salvo en mi caso, que sí lo he conseguido.

«Israel es el único estado al que se le exige ser perfecto y no sólo no es perfecto sino comete gravísimos errores, como otros muchos»

-¿Sigue recibiendo a judíos que aquí se sinceran y piensan que pueden mostrarse tal y como son?

-Sí. No se trata de dramatizar, pero hay una enorme prudencia a lo largo de la historia con la presencia judía en la península. Hay judíos en Córdoba que no se identifican como tal porque tampoco tienen por qué hacerlo. Y esto sí es un refugio, no sólo para ellos, sino para todo aquel que tiene curiosidad cultural y afán de conocimiento. Hay una expresión latina y una tertulia que había en Amsterdam, montada por nuestros judíos expulsados, que se llamaba la tertulia de los sedientos de conocimiento. Esta casa es un refugio para los judíos porque aquí a veces celebramos determinadas festividades, porque tenemos encuentros para hablar de política, de cultura. Esto es un refugio cultural, y los refugios culturales son siempre lugares aptos para quien es discreto.

-Desde el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, con la posterior represión, ¿ha cambiado su visión del conflicto entre Israel y Palestina?

-Sí, sí, lo ha cambiado. Ya nadie habla de lo que ocurrió el 7 de octubre, y lo que ocurrió para una parte pequeña de la humanidad, el pueblo judío, es una tragedia de una dimensión enorme que no hemos sabido entender. Parecía que alguien estaba esperando que ocurriera para que la respuesta fuera tan desproporcionada y tan cruel como para hacer olvidar lo que ocurrió, que fue una matanza por parte de un grupo terrorista al que algunos con extrema indignidad denominan milicianos resistentes. Pero también ha cambiado mi perspectiva, no mucha, porque con los gobiernos de Israel nunca he tenido buena relación.

-¿Por qué?

-No han entendido que hay que llegar a una situación de acuerdo con los palestinos, que también tienen derecho a su tierra. Es imposible hablar seriamente porque todos funcionamos con consignas. Las consignas que nacen del establishment israelí, de que es todo es mentira, no existe genocidio. Y las consignas que nacen de la izquierda mundial no pasan de ‘Free Palestine’ y esto es un genocidio. La idea que se extiende por ámbitos académicos de que el pueblo judío no pinta nada ahí va contra la propia realidad. Yo sí quiero que exista el Estado de Palestina y el Estado de Israel. Hemos dado pasos atrás y lo que se pretende es que no exista el Estado de Israel, convirtiéndolo en el chivo expiatorio de todos los males. Es el único estado al que se le exige ser perfecto y no sólo no es perfecto sino que está cometiendo gravísimos errores, como otros muchos.

-¿Por qué el conflicto es tan difícil de entender o siempre parece condicionado por la visión desde una cierta ideología o un lugar concreto?

-El territorio de Palestina histórica ha sido ocupado durante 400 años por el Imperio Otomano, y fue ocupado por los asirios, por los romanos, por los británicos, por los franceses en el norte. El nacimiento del Estado de Israel es justo. El primer país que votó a favor fue la URSS y el que estaba dudando de si apoyar o no fue Estados Unidos, porque consideraba que todos los que estaban impulsando la creación del Estado de Israel eran socialistas. Se constituye en una parte que concedió Naciones Unidas y en la otra parte se debería de haber constituido el Estado palestino, pero no se constituye, y una parte queda en manos de Jordania y otra en manos de Egipto.

Sebastián de la Obra, en Casa de Sefarad. (Nico Trenas)
Sebastián de la Obra, en Casa de Sefarad. (Nico Trenas)

 

-¿Qué pasa entonces?

-En todas las décadas que Egipto y Jordania gobiernan esos territorios, Gaza y Cisjordania, no declaran ningún Estado palestino, no crean ninguna entidad palestina. Al contrario, provocan una guerra en el 48, en el 53, en el 67, en el 73 y todas las pierden. Y en todas, Israel va transformándose de un Estado que tiene derecho a existir en un Estado expansionista. ¿Por qué si en Tel Aviv entras a comprar un paquete de tabaco tienes que pasar por un detector de metales? ¿Y por qué los palestinos que tienen un huerto tienen que verse humillados por estar ocupado su huerto por los colonos que no tienen derecho a estar en la tierra que se les ha concedido a ellos? Pero analizar eso es conocer. Conocer es sufrir y entender la complejidad, y hoy no estamos por esa tarea. Hoy estamos por simplificar y preguntar: ¿tú con quién estás?

-Y usted, ¿con quién está?

-Yo con mi madre, como decía Albert Camus, cuando le preguntaban si estaba con la justicia o con su madre. Yo con mi madre, que por suerte todavía vive.

Por Luis Miranda
Fuente: ABC | 20/09/2026

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