Semblanza de Larache VI por SARA FERERES DE MORYUSSEF

 Semblanza de Larache VI

Es asombroso comprobar que, a pesar del tiempo transcurrido, los recuerdos de una época feliz no han perdido su encanto. Como destellos deslumbrantes regresan, una y otra vez para, transportarnos a ese pasado inolvidable. ¿Qué larachense olvidó la época veraniega? Creo que ninguno porque “nuestra playa”, la de la otra banda era única. Las vacaciones estivales siempre fueron, fabulosas. Todos los días los pasábamos en la playa menos, el Sábado porque, como judíos, lo respetábamos. Bien temprano cargábamos los aperos playeros y nos dirigíamos al embarcadero. Tan pronto llegar, el Chato (“nuestro botero”), estaba listo para recibirnos. Al llegar al embarcadero nos poníamos a brincar a lo loco para entrar al bote, el cual, dando bandazos de un lado a otro nos ponía, a pique de caer al mar. Afortunadamente eso, nunca pasó. Me gustaba remar y a pesar de que cuando comencé, andaría por los 10 o 12 años, el botero me cedía un remo y él con el otro tratábamos de adelantarnos a los otros botes. La competencia era dura pero yo…, jamás me arredré, puesto que hasta el día hoy sigo siendo tan terca como una mula. No puedo negar que llegaba a la otra banda, reventada por el cansancio. A pesar de todo era sabroso zambullirte en las “escalerillas” o, en los “bloques” del espigón y así, todo el cuerpo recobraba su vigor. Generalmente toda la familia, pasaba, casi todo el verano en la playa. Cuando éramos unos críos mis padres nos acompañaban, pero a medida que fuimos creciendo lo hacíamos solos. Mis hermanos Elisa y Memel (Samuel) adoraban la playa, igual que yo.

"La otra banda" - Larache
«La otra banda» – Larache

Las playas venezolanas son de ensueño: las palmeras de diferentes especies, crecen por doquier. Ofrecen una sombra muy agradable la cual, nos protege de un abrasador sol, tropical. Las arenas son extensas y en algunos lugares recuerdan las de mi pueblo marroquí. El mar en calma es, de color indefinido muchas veces. Hay días que aparece azul, otros, verdoso. Ya se imaginan, playas tropicales durante los 365 días del año. ¡Mas nunca son como “la otra banda” de mi infancia y juventud. ¿Recuerdan las rocas? Ese lugar tan apreciado por los nadadores. No teníamos trampolines, pero no hacían falta. Una buena zambullida desde el roquedal me satisfacía más, que cualquier plancha. Cangrejos paseándose entre los adheridos moluscos y enormes rocas decoradas de verde musgo largo, tan suave al tacto como la cabellera de míticas sirenas. Nadar, juguetear en el agua y a la salida, lanzarte sobre esa arena blanca y esponjosa de la playa de las olas, es hasta hoy un recuerdo imborrable. El promontorio de Punta negra era, muy agreste. Cerca de él se habían formado unas dunas donde crecían unos cuantos arbustos espinosos, bastante desagradables. Decían que por allá había culebras y otras alimañas. Nunca creí en ese cuento, según parece lo decían para evitar que, nos alejásemos demasiado de la playa.

Aún veo la elevada proa del “Pax”, ese barco mercante que encalló, a finales del S. XIX (o principios del XX), cerca de la playa de las escalerillas. Cuando la marea bajaba, se formaba una especie de laguna alrededor de sus restos. Fue ahí mismo donde aprendí a nadar. Afortunadamente el recuerdo, no desaparecerá, porque las fotos que conservo seguirán siendo testimonio de aquella era inolvidable.

Muy a mi pesar, hoy pongo término a esta pequeña reseña playera. Otro día D.M. escribiré otras cositas. Mis mejores deseos a todos y aunque lo repita, ¡Feliz Año Nuevo! Que sea dichoso para todos, con salud, paz y amor entre todos los países. Cariñosos abrazos.

Sara Fereres de Moryoussef – (Zahrita la Queshadora). Caracas 3 Enero 2008.

Fuente:  Raque Fhima

sara_fereres-300x225SARA FERERES DE MORYOUSSEF escribió el delicioso libro «Larache, crónica nostálgica». También es una autora de relatos y cuentos desde los que da una visión muy curiosa de Larache, su forma de describirla, de rememorarla, de recordarla…
Especialmente porque utiliza el jaquetía o haketía como lengua vehicular, y eso le da un valor especial a estos relatos, pues a su memoria privilegiada, que le hace reproducir hechos y escenas de hace tantos años, une el recuperar ese habla tan característica de los hebreos de Larache y de Tánger.
En fin, son una especia de relicario que hemos de preservar como otro de los patrimonios culturales de Larache.

 

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2 comments

  1. Pues de ello no queda nada… lo han destrozado todo, y ano queda ningún café/bar restaurante, ni una casa queda. Y si consigues nadar en aguas limpias tienes suerte. La última vez que fui había tomates y compresas bañando junto a plásticos de todos los colores… una lástima, de la playa de mi infancia no queda nada.

  2. MI QUERER A LARACHE

    Larache ciudad natal querida
    rosa blanca con amor teñida
    luz de la luna recién nacida
    perla en el Atlántico bruñida
    entre río y mar esta tendida
    sus llanuras ofrecen la vida
    a mi madures palidecida
    entre las rocas y ola torcida
    de su calida playa extendida
    reza Lixus la nunca rendida
    su Medina, vieja y muy bellida
    cuna de mi juventud movida
    tálamo de mi vejez vivida.
    De noche, bella estrella encendida
    es su Plaza Mayor florecida
    por la brisa del mar invadida.
    Trovo con el Diuri voz partida
    “Larache en himno convertida”.

    Autor : Mustafa Bouhsina
    Derechos reservados

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