SARA FERERES DE MORYOUSSEF escribió el delicioso libro «Larache, crónica nostálgica». También es una autora de relatos y cuentos desde los que da una visión muy curiosa de Larache, su forma de describirla, de rememorarla, de recordarla…
Especialmente porque utiliza el jaquetía o haketía como lengua vehicular, y eso le da un valor especial a estos relatos, pues a su memoria privilegiada, que le hace reproducir hechos y escenas de hace tantos años, une el recuperar ese habla tan característica de los hebreos de Larache y de Tánger.
En fin, son una especia de relicario que hemos de preservar como otro de los patrimonios culturales de Larache.
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Semblanza de Larache II
No sé si algunos de los emigrados que vivieron en Larache antes de la independencia de Marruecos aun recuerdan cuán aseada era nuestra ciudad. Recorrer toda la “Avenida Generalísimo Franco” y llegar hasta la Plaza de España, era, un verdadero placer. Aceras impolutas, salvo alguna que otra hoja de árbol seca era lo único que pisábamos. Esta avenida se hallaba flanqueada de árboles verdes y frondosos, en primavera. En otoño se veían cargados de hojas secas rojizas que el viento esparcía por doquier, dejándolos peladitos. Desde la zona que llamábamos “Los cuatro caminos”, hasta el final de la avenida que desembocaba en el “Balcón del Atlántico”, aquel paseo era una verdadera delicia. En cualquier estación del año, lo disfrutábamos. Lo que recuerdo con más admiración era la puesta de sol es decir, el ocaso. Parecía un ensueño, algo irreal: una belleza que te dejaba sin aliento. ¡Ayyy… mi Larache! Como te añoro.
La mayoría de los edificios y chalets deslumbraban, debido a su blancura y la vegetación de sus cuidados jardines: flores, arbustos y césped. Toda la avenida comprendida entre el comienzo de los chalets, hasta llegar al edificio blanco de “Correos” decorado con su atractiva techumbre de color verde brillante, atrapaban la mirada de propios y extraños. Las aceras contaban con bancos de madera, hasta el final de los muros a ambos lados de la carretera jalonada de amplias aceras, que aislaban el cementerio marroquí “Lal-la Mennana”, de la propia avenida. De inmediato aparecía el precioso e inolvidable jardín de “Las Hespérides”. Éste se hallaba protegido por las murallas del “Castillo de Las cigüeñas”. Un fuerte portugués (en mi época era La Comandancia) coronado por una antigua Mezquita conocida como, “el reloj de la torre”. Aun perdura, enhiesta y orgullosa, a pesar de “los cambios de dueño” que ha sufrido nuestra inolvidable ciudad. Ese hermoso y amado lugar fue el jardín de nuestros juegos durante la infancia. Las parejas, lo disfrutaban como el paseo romántico de su época juvenil. Comprobé que seguía casi igual a como lo dejé, cuando tuve el placer de visitarlo en el año1985. El jardín era lo primero que veía, cuando, nada más despertar, me asomaba a la ventana. El edificio donde habitábamos los Fereres estaba situado justo enfrente del jardín, un lugar inolvidable y añorado hasta el día de hoy.
Creo que por hoy termino el relato, la nostalgia es demoledora y no puedo seguir. Los recuerdos llegan a borbotones, por eso creo que es mejor, dejarlo para otro día. No pienso defraudarlos ya que seguiré contando más sobre Larache, en otra oportunidad.
Espero no haberlos defraudado. Abrazos y que D-s los bendiga a todos, amén.
Deseo agradeceros vuestros votos de mejoría respecto a la fractura de mi muñeca. Creo que vuestras bendiciones aceleraron el proceso de cura. Ahora me encuentro mucho mejor, gracias mil a todos y a todas.
Mi agradecimiento y saludos a Olga D. Y a Anna, el Dio bos hhadee, sanas y wuenas; a Mercedes B. D.: tus cuentos y poemas me embelesan, los leo de cabo a rabo. Otro día te enviaré la traducción de tu poema “Ha mamma l´hbiba”, en el “haquetía que yo hablo”. ¡Lo wueno mío, lo wueno claro de Selomito el de Clara …Me baya yo cappará por tu grasia…! S´ cribeme alguna hhajjita que m´alegre el corassón, aquíii… mos estamos tostando de jjennía con ese quitado. Tany, eres un amor. Sigue leyéndome, me encanta. Si te comunicas con los Muyal, les mandas mis saludos, “please”. “Don Felix Castro”, te agradezco que te haya gustado lo que relaté sobre la Guerra Civil. Lamento que tu papá (RIP) sufriera tanto durante esa era de terror. Tan triste recuerdo jamás se borra de la mente de un hijo. “Pasado sea el mal”, decimos nosotros. Myriam, gracias por tu abrazo, te lo devuelvo con mucho cariño. Stella, seguiré contando cuentos, lo prometo (si´l Dio me desha sana y wuena). Domingo, me contenta saber que disfrutaste el cuento de la Alianza. Es verdad lo que dices, las reglas tenían las aristas de hierro o aluminio. Lo que recuerdo es que dolían máaas… las condenadas. Mi tío Elías Fereres (Z´L), fue mi profesor. Su especialidad era lanzar una goma de borrar (muy dura, como una piedra), desde su asiento con un tino tal … que nunca dejaba de pegar en un lugar de la cabeza. ¡Eso sí que dolía! A ti Carlos, ¡Un millón…! Aquí significa, ¡Gracias mil! Eres muy amable. Y ahora, hatta pronto (D.M). Hoy “no hay haquetía, no tengoy játar”. Perdonaime.
Sara Fereres de Moryoussef (Alias, Zahrita la Queshadora). Caracas Noviembre. 2007.
Fuente: Raque Fhima
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