RECUERDOS DE SEFARAD por André Gattegno

Cuando un anciano sefaradí se sienta para observar la puesta del sol desde América sabe que su Tierra está a su espalda. Cierra los ojos y percibe a su madre cantándole el romancero español. Entre caricias y cánticos se entremezclan los aromas, la música y las voces de esas mujeres que aguardaban a sus hombres para servirles y atenderlos con palabras de amor.

Así era mi patria, pensaba. Más de mil años estuvo esa gente en Sefarad – la península ibérica – pisando y cuidando de ese suelo y de quienes le daba cobijo. Se hace difícil expresar y hacer entender el motivo de ese dolor que se fue transmitiendo durante siglos en las familias sefaradíes.

Algunas publicaciones indican que los judíos llegaron a Sefarad luego de la destrucción del primer Templo por Nabucodonosor en el  583 a.c., rey babilónico éste.

Cuando los visigodos llegaron a Hispania los judíos se establecieron en Tarragona, Tortosa, Sagunto, Elche, Córdoba y Mérida.

La comunidad hebrea cobró importancia cuando Toledo se convirtió en la capital del reino visigodo a mediados del siglo IV.

Fue luego de la celebración del III Concilio de Toledo en el año 589 que los judíos sentirían en cierta medida, según su ubicación, las leyes surgidas de este Concilio.

Políticas antijudías, persecuciones y conversiones forzadas al cristianismo llevaron a  éstos a apoyar a los invasores musulmanes en el  711. De ese modo las comunidades hebraicas conocieron cierta prosperidad, muchos conversos volvían a su religión y se sentían más protegidos aunque con algunas limitaciones por no querer abrazar la religión islámica.

Debemos, sin embargo, reconocer que las comunidades judías que se hallaban en diferentes reinos cristianos, como las establecidas en los condados de Barcelona y los Usatges,  gozaban de ciertos privilegios.

Aceptación y desconfianza en ambas regiones y culturas era lo que llevaba al pueblo judío a convivir con inteligencia tratando de conservar su fe. Nada le era permitido sin la contraparte correspondiente. Podría decirse que era tolerado ya sea por la necesidad de población, de médicos y mercaderes, así como de hábiles consejeros para el cuidado de los reinos. Los nobles no debían trabajar ni cobrar impuestos, ergo la presencia de estos seres pensantes llegaba a serles indispensable.

Las guerras civiles que sangrarían al Al Andaluz a  partir de 1031, desmejoraron la situación de los judíos cercanos a los musulmanes.

A pesar de estas vicisitudes algo muy profundo los había marcado desde su llegada a esa tierra. El no desarraigo. Convivían en sus juderías, perfectamente organizadas a través de la Aljama de cada una de ellas. Ésta era una institución política, cultural y religiosa, con sus dirigentes, consejos de sabios y sus representantes para asuntos externos. Contaba con sus propios jueces que configuraban el tribunal rabínico. El Rab Mayor de la corte era elegido por el rey, que podía intervenir en la vida de las juderías. Juicios apelados, multas y otros.

La erudición brotaba de ese pueblo que regalaría grandes sabios a la humanidad.

Todo indica que la fuente de donde abrevaba esa gente era de su inexpugnable valor moral. La familia, el trabajo, aun el más modesto siempre era respetado por judíos y gentiles, la función social para ayudarse mutuamente a enfrentar sinsabores e injusticias todo ennoblecido por esas maravillosas mujeres que educaban, cantaban, consolaban y cuyo mayor poder era el amor.

Los rezos cantados emanaban de las sinagogas por la mañana y al atardecer.

El río Tajo se contorneaba ante Toledo. Los viñedos de Aragón teñían de verde esa tierra.

Entornaba sus ojos el anciano sefaradí despertando de ese sueño prolongado por una diáspora de 500 años.

Su sonrisa evocaba su Salónica natal.

Ese importante puerto mediterráneo fundado hace más de 2000 años cuya riqueza histórica portaba en sus cimientos rastros de emperadores romanos, incontables invasiones y la riqueza que saben transmitir a sus habitantes esas ciudades de infinitos legados.

Recordaba el anciano las clases magistrales de su padre, historiador y maestro que supo hacerle revivir junto a sus compañeros de clase la más específica y paradojal historia de Salónica. Durante cuatro siglos esta ciudad de los Balcanes donde, luego de los Bizantinos y un breve intermedio veneciano, los turcos otomanos se establecieron, fue una orbe en parte judía e hispanoparlante. Puerto cosmopolita dotado de diferentes etnias y de religiones diversas organizadas en comunidades bien definidas: turcos, griegos, eslavos, albaneses, armenios y tziganos, siempre junto a los judíos.

Estos en Salónica no eran una minoría marginada. Eran mayoría; presentes en todos los niveles de la sociedad y en casi todas las funciones. La cultura judía que se había impuesto, con la llegada de los refugiados de España en 1492, era la variante sefaradí  que le daba vida a la ciudad. Esta se convirtió en la Jerusalén de los Balcanes o, según su padre en la Sefarad de los Balcanes. Omitió este, quizás por humildad, destacar que el siglo XVI había sido en el plano intelectual y económico la edad de oro del sefaradismo salónico. La poderosa comunidad fue entonces un faro para toda la diáspora antes de caer durante la Primera Guerra en una profunda decadencia.

Debemos destacar que cuando los griegos y turcos pretendían hacer estudios superiores los debían hacer en español. Asimismo para poder comerciar y desarrollarse en alguna actividad importante era necesario el conocimiento de esta lengua.

España es el único país que sabe cómo se pronunciaba su idioma hace 500 años gracias a ese pueblo que lo conservó como un bien preciado, enriqueciéndolo con modismos de las regiones recorridas durante y luego del exilio  – “pensaba el anciano tratando de imaginar los gestos que haría un británico de hoy al escuchar hablar a Shakespeare”.

Dice el erudito polígrafo Don Manuel de Alvear en SEFARAD:

“Cuando en el año 1492 los sefarditas son arrojados de España se llevan toda una cultura elaborada durante siglos de convivencia: de ella forman parte la paremiología, el romancero, las canciones y naturalmente las ENDECHAS. Es bien sabido que el refranero judío tiene mucho de  INALIENABLEMENTE PENINSULAR: nadie ignora lo que ha sido el Romancero Sefardí para el conocimiento e incluso RECONSTRUCCION DEL ESPANOL; el cancionero de los judíos españoles es no solo de filiación hispánica, sino que entre los sefarditas viven, igual que en el caso del romancero, viejos textos perdidos en la Península”.

Nuestro anciano se recostó sobre el césped y acomodando su memoria cantó:

Durme, durme, hermosa donzeya,
Durme, durme, sin ansia ni dolor
Hec (he aquí) tu esclavo que tanto desea
Ver tu sueño con grande amor.
Yo no durmo ni noche ni día,
Por ti joya mi linda dama.
Siente joya al sol de mi guitarra,
Siente joya, mis males cantar.
Yo no durmo ni noche ni día
Por ti joya mi linda dama…

En recuerdo al son de estos cantares y de los aromas de Sefarad el río Tajo sigue acariciando a la hermosa y añorada Toledo.

André Gattegno.

Check Also

Kantoniko de umor: MAFALDA trezladado por Liliana Benveniste – 23.7.2026

Ver todos los artikolos de este kantoniko >>   —————————– Mafalda es una karikatura arjentina publikada …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.