Este fin de semana el escritor Antonio Muñoz Molina (a quien Radio Sefarad entrevistó apenas hace pocas semanas [http://www.radiosefarad.com/joomla/index.php?option=com_content&view=article&id=20168:la-entrevista&catid=89:la-entrevista&Itemid=92]), recogerá en la Feria Internacional de Libro de Jerusalén el premio que le han concedido, pese a las presiones de grupos e intelectuales varios que han pedido que boicotee el acto. La mayoría de estos personajes son británicos que ya habían emitido un comunicado similar hace dos años cuando dicho premio fue para su compatriota Ian McEwan. Conviene recordar que la palabra “boicot” es una de esas (junto a “linchar” o “chauvinismo”) que entraron a formar parte de nuestro vocabulario como derivación del apellido de una persona real, y como ejemplo de actitudes negativas y extremas. Por ejemplo, Boycott fue el apellido de un capitán al que los irlandeses sometieron al ostracismo social en 1880. O sea, en este caso, Boycott fue la víctima del boicot. La misma paradoja se deriva de que sean intelectuales británicos quienes mayoritariamente respaldan el ostracismo de Israel entre las naciones. ¿Boicotearían a una película iraní premiada en los Oscar porque su presidente fomenta el terrorismo y la escalada nuclear? Siempre es bueno recordar la historia, incluso la reciente. Hace poco menos de un siglo un lord inglés apellidado Balfour consiguió obtener de su país el compromiso de hacer de la recientemente conquistada provincia otomana de Palestina un hogar nacional para los judíos del mundo. Sin embargo, en 1922, dedicaron la mayor parte de ese territorio a la creación de un estado árabe-palestino llamado entonces Transjordania. 15 años más tarde otro lord inglés apellidado Peel encabezó una comisión que intentó una nueva partición, que no llegó a buen puerto por la
oposición de los dirigentes árabes. Un decenio más tarde, otra comisión, esta vez de las recién nacidas Naciones Unidas, recomendó la partición en dos estados: uno israelí y otro árabe, que nuevamente fue rechazado por esta última parte. El pasado mes de noviembre, la desautorizada (al menos por la parte del pueblo que habita en Gaza) Autoridad Palestina pidió su inclusión como estado en dicho organismo, aunque queda la duda si de lo que se trata es de crear un segundo estado árabe palestino (después de Tranjordania, ahora Jordania), o un segundo y un tercero (en la Franja de Gaza). En esta última votación, el Reino Unido se abstuvo, como si la cosa no fuera con ellos. La actitud de los intelectuales británicos contra la recogida del Premio Jerusalén sólo puede calificarse de hipócrita, tal como la de sus políticos en las Naciones Unidas, aunque en su propio idioma nos recuerda una conocida canción a la que sin duda podríamos parafrasear así “There’s no business like ANTI-ISRAELI business”. Shabat Shalom
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