Palabras que no se quieren ir: Myriam Moscona y el secreto del ladino

La UNESCO lo considera una lengua en vías de extinción. Conversamos con una de sus últimas escritoras sobre este idioma milenario: es mexicana y poeta.

Myriam Moscona, guardiana del ladino / Mildred Ramo / La Prensa

Mildred Ramo

Ansina, mesmo, andejuites, jaletina… Palabras que resuenan con el eco de un tiempo remoto y que guardan el secreto de una lengua: el ladino, que se niega a extinguirse por completo. Estamos frente a Myriam Moscona, destacada escritora, poeta y una de las últimas creadoras literarias que quedan en el mundo capaces de escribir y hablar en ladino, una variante del español que sobrevivió quinientos años sin patria ni academia, tras la diáspora sefardí.

Durante una reunión en el Centro Cultural de la Sinagoga Histórica Justo Sierra, —un hermoso espacio del Centro Histórico que se puede visitar de domingo a viernes, de 10:00 a 17:00, con entrada gratuita mostrando solo una identificación y donde se ofrecen actividades y visitas guiadas— la autora conversó sobre este idioma que heredó como un murmullo familiar y que hoy transforma en literatura viva.

Por qué el ladino está en vías de extinción

El ladino se encuentra catalogado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como una lengua en vías de extinción, debido a una razón fundamental: los niños ya no la hablan. Al no existir nuevas generaciones que la aprendan de forma natural, ha dejado de ser un idioma de comunicación interpersonal. Sin embargo, tal como señala Moscona, mientras más muere en la calle, más crece la memoria y los esfuerzos institucionales o académicos por mantenerla viva.

Hija de inmigrantes búlgaros que llegaron al país tras la posguerra, la autora recuerda que, en su hogar, el búlgaro cumplía la función de lengua secreta; era el código oculto al que recurrían los adultos cuando no querían que los niños entendieran, ya que el ladino —por su cercanía con el español— les habría resultado demasiado comprensible

Hablar con los abuelos del tiempo

Lejos de ser una pieza congelada de museo, el ladino funciona como una caja de sorpresas que conecta directamente con expresiones rurales y con los giros que Cervantes plasmó en el Quijote.

La historia de esta lengua es, en sí misma, una novela de resistencia. “Es una lengua que ha vivido quinientos años sin patria y sin academia”, compartió la autora ante los asistentes, reflexionando sobre cómo logró sobrevivir a través de los siglos en una diáspora tan compleja que abarcó los Balcanes, Turquía, el norte de África y los rincones más inesperados de Europa… hasta llegar a algunas partes del Centro Histórico de la Ciudad de México.

La memoria familiar del ladino convertida en literatura

Para Moscona, acercarse al ladino no implicó un ejercicio puramente académico, sino un reencuentro con su propia familia. “Más que la lengua de mi infancia, es la infancia de mi lengua”, afirma.

Frente a la inminente extinción de un idioma que cruzó océanos a golpe de memoria, su obra se alza como una trinchera contra el olvido. Nos recuerda que, cuando una lengua muere, se apaga una forma única de mirar el universo.

Moscona tiene una destacada trayectoria en la poesía y la narrativa, el trabajo con esta lengua no es un ejercicio de rescate imposible, sino un acto de resistencia poética.

Nacida en la Ciudad de México, Moscona ha volcado esta memoria en su obra literaria. Libros premiados como Tela de cevoya —con el que obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia—, además de los poemarios Ancina y León de Lidia, integran frases y matices de este idioma como un puente vivo para los lectores, demostrando que, mientras más se extingue en la calle, más crece en el territorio de la memoria.

Fuente: oem.com.mx

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