A continuación el discurso que dio el señor David Galanate en el Acto de recordación de la Shoá del pasado 25 de agosto de 2011.
David nació en la Isla de Rodas y es de los pocos que sobrevivieron al Campo de exterminio Auswitch.
Buenas Noches

Gracias a las Autoridades Nacionales, Institucionales y Diplomáticas, y a todos los presentes por estar aquí conmigo recordando un aniversario más, de la trágica eliminación de 6 millones de judíos, y más precisamente de los miles de hermanos de Rodas, Salónica y Cos aniquilados bárbaramente por la maquinaria Nazi hace ya 67 años.
Este es otro año que estamos juntos recordando. Y si bien es triste el hecho que recordamos, es bueno que estemos juntos recordando. Eso significa que los asesinos no han logrado su objetivo de eliminar al pueblo judío de la faz de la tierra.
Hace 67 años entré junto a 1800 judíos de Rodas y Cós al infierno de Auschwitz. Aproximadamente 1400 de ellos, fueron exterminados a los pocos días. Padecí allí el más trágico infierno que una persona pueda padecer en su vida. Seis meses después, cuando las tropas del ejército rojo entraban en el campo de Auschwitz para liberarme, apenas tuve un instante de fugaz alegría.
Mi vida era una incógnita. Estaba lleno de preguntas y no tenía ninguna respuesta.
¿Qué sería de mi vida? ¿Habrá sobrevivido alguien más de mi familia? ¿Seguiría existiendo mi comunidad de Rodas? ¿Recuperaría la fortaleza de mi cuerpo y de mi alma? ¿Qué haría el ejército ruso de nosotros? ¿Alguna vez tendría una vida normal? ¿Podría formar una familia? ¿Quedarían secuelas irreparables en mi vida? ¿Podría algún día ser feliz?
Se bien que esas preguntas no afloraron juntas en ese momento. Estaba todavía demasiado aturdido para hacerme preguntas, pero todas ellas fueron aflorando poco a poco a medida que iba recuperando mi dimensión humana. Una dimensión que los Nazis quisieron exterminar, y que dudé muchas veces que volvería a recuperar.
Desde ese día hasta hoy, fui respondiendo a cada una de esas preguntas. Algunas respuestas fueron trágicas. Otras, reconfortantes.
En los últimos 67 años, fui recuperando poco a poco a esa persona que estuvo a punto de ser aniquilada. Recuperé mi cuerpo, pude valerme por mi mismo, reencontré a mi hermano Moshe, descubrí un país que me recibió y en el que felizmente vivo. Pude pagar mi pan y mi techo con mi trabajo. Pude formar una maravillosa familia que felizmente hoy me acompaña. Pude vivir una vida como la de cualquier persona normal.
Sin embargo, Auschwitz siempre siguió estando ahí. Escondido en algún lugar de mi cuerpo. Para recordarme qué existió. Que 6 millones de judíos perecieron en la Shoa. Y que el destino final del pueblo judío estuvo definitivamente en peligro.
Auschwitz inevitablemente vuelve en cada testimonio que doy, en cada charla con chicos de colegio, en cada conferencia a la que me invitan. Y está presente porque es nuestra obligación recordarlo.
Pero ya no me da miedo. Porque sé perfectamente que es necesario recordarlo para que nunca vuelva a suceder. Para eso estamos todos juntos hoy aquí. Para recordar a ese exterminio que de alguna u otra manera estará presente para siempre en la vida de cada judío y en la historia de la humanidad.
Si cada año lo seguimos recordando, nunca volverá a suceder.
Quiero agradecerles especialmente a mis hijos Sandra y Ezequiel por estar hoy aquí conmigo. A mis nietos. A Yamit a quien puedo divisar entre la gente y a Daniel que tuvo que quedarse en Israel con su mamá Susana a quien tambien quiero enviarle mi agradecimiento. Y muy especialmente a mi esposa Raquel que me ha sostenido, acompañado y apoyado en todos estos años. Ellos y ustedes, mis amigos de toda la vida, son la respuesta más importante a todas las preguntas que me hice aquel día que me liberaron de Auschwitz.
Gracias por estar aquí y por recordar todos juntos a nuestros hermanos de Rodas, Salónica y Cos.
Recuerden, siempre recuerden, porque olvidar es volver a matar a los mártires de la Shoah.
Buenas Noches.
David Galante – Agosto de 2011
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eSefarad Noticias del Mundo Sefaradi
El olvido al igual que el negacionismo,constituyen en efecto una ignomínia, no solo para la memória de las victimas y de los supervivientes de la Shoá, sino para la conciencia misma de todos nosotros y de las generaciones venideras, a las cuales somos llamados a transmitir el deber de recordar,aquello que fue y núnca mas debe volver a ser …