
Con sólo mirar la portada de la novela de Noemí Cohen “Mientras la luz se va” nos sumergimos en la atmósfera de gracia y melancolía, de separaciones y esperanzas que nos propone su autora.
Una mujer nos mira con una carta entre sus manos, la bella imagen del holandés Vermeer , el pintor de la luz , sugiere lo que luego hallamos al leer el relato: historias de desarraigos y reencuentros. Las protagonistas son dos jóvenes sefaradíes que por motivos muy diversos vienen a vivir a Argentina a principios del siglo XX : dejan todo lo suyo, una madre y hermanas en un caso, una hija arrebatada en el otro. La larga travesía en el barco las acerca pero también las enfrenta a la bajeza humana: el antisemitismo del que sus compañeros de viaje estaban huyendo
Es una novela donde la autora engarza observaciones familiares, historias contadas por abuelas y tías, pero también sus reflexiones políticas y culturales, propias de quien como ella se ha especializado en cuestiones sociales en las que sigue trabajando en paralelo a su dedicación literaria. En sus páginas hay un rescate de las mejores tradiciones sefaradíes, que se desenvuelven entre aromas de los azahares y de las cocinas, de sabores de lágrimas y de las delicias de los platillos con los que se da a la bienvenida al que nace o al que llega de lejos.
Nos habla del desarraigo que voluntario o forzado , siempre es un desgarramiento. Las personas se van de sus lugares y sufren una pérdida, luego llega la riqueza del aprendizaje de conocer otros mundos, otra forma de vivir. Un saber que nos transforma en seres más tolerantes y mejores con nosotros y con los demás aunque haya otros que prefieran vivir en la ignorancia, cerrados en dogmas que los llevan a excluir a quienes no piensan como ellos.
La novela termina con una conmovedora carta de la nieta de la protagonista, en Argentina gobierna la dictadura militar y la joven debió partir al exilio en México. Mira ese mundo nuevo con la mirada de la abuela, recordando las historias de Alepo de donde partió. La vida transcurre y ya no somos los mismos, aunque se vuelva al lugar de origen ya se es otro, tal vez el camino nos permitió adquirir sabiduría, una condición más universal, pero también de extrañeza, de no ser de ningún lugar: los judíos conocen esta sensación. Aunque también saben, como tantos otros, que siempre habrá algún fuego prendido en un brasero al que mirar mientras la luz se va.
Sobre la autora:
Noemí Cohen nació en Buenos Aires y con esta novela se da a conocer al mundo literario. Abogada, ensayista, especializada en temas sociales internacionales, le dejó siempre un lugar a la literatura aún en sus trabajos más técnicos.
Exiliada en México durante la dictadura militar, comenzó a reflexionar sobre la problemática del destierro y a comprender la epopeya de los inmigrantes que llegaron al país a principios del siglo XX y sobre los cuales construye esta novela. Tras el retorno a la Argentina, sus actividades profesionales la llevaron a vivir varios años en Washington y también en Madrid. Fue en el exterior, donde decidió dar forma literaria a sus antiguas reflexiones y a las nuevas, producto de observar y adaptar su vida a un ámbito donde se cruzan razas y culturas diversas.
Ha sido consultora de diversos organismos internacionales, publicado ensayos y tres novelas, incluida la que aquí presentamos.
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