LOS JUDIOS EN ESPAÑA por LEONARDO STREJILEVICH

Los judíos llegaron a España en tiempos de San Pablo. En la época de los emperadores Vespasiano, Tito y Adriano inmigraron a España judíos vencidos en las insurrecciones contra el Imperio de Roma siendo llevados por sus vencedores a la península ibérica.

judios_de_españaDurante siglos vivieron en España, se identificaron con la tierra, padecieron persecuciones, desdichas y matanzas y conquistaron la gloria.

Granada había sido llamada ciudad judía; en Córdoba había una puerta de los judíos y en Zaragoza una fortaleza que en el período árabe se llamó Ruta al Jahud.

Todo apunta a que los judíos se radicaron en tierras ibéricas junto con tirios y fenicios en el siglo III.

Durante la época de los romanos los hebreos habitaban las ciudades y el campo; cultivaban viñedos y olivares; transportaban a las costas del África sus mercancías; vivían en una atmósfera pacífica como los demás habitantes del país sin ningún régimen discriminatorio o vejatorio. No se distinguían muy claramente las religiones; eran frecuentes los matrimonios entre cristianos y judíos.

Los hebreos de España esgrimían el orgullo de su abolengo afirmando descender de hebreos llevados a España por Nabucodonosor y otros proceder de la casa real de David, establecidos desde tiempos inmemoriales en Lucena, Toledo y Sevilla.

El Concilio de Elbira, presidido por el obispo Osius de Córdoba y en el que participaron diez y nueve obispos, veinticuatro presbíteros y considerable número de diáconos y legos pone fin a la convivencia pacífica con el propósito de defender el catolicismo combatido por la gentilidad y la herejía. Las leyes y decretos de este Concilio establecieron los cimientos del divorcio social, fomentó el odio y el antagonismo de religión y raza entre ambos pueblos y promovió en gran medida el devenir y el futuro funesto para la civilización española de aquella época.

Al producirse en España la invasión de los bárbaros ocurrió un cambio en la situación de los hebreos que eran tratados sin predilección pero sin animosidad; no tuvieron restricciones mientras España era provincia del imperio Tolosano-visigótico; vivían en tranquilidad también los judíos de Narbona y de África; los invasores trataron con dureza a los católicos porque los consideraban romanos.

Al abandonar los visigodos el arrianismo la situación volvió a sufrir un cambio brusco y desfavorable para los hebreos cuando el rey Recaredo adoptó la religión católica en el Concilio de Toledo de 589. Veinte años después, las leyes de los Concilios de Elbira y Toledo no se aplicaban hasta que en el 612 el rey Sisebuto puso en vigencia las leyes olvidadas y las tornó más rigurosas aún; los hebreos debieron optar entre el destierro o el bautismo. Diez años más tarde el rey Swintila derogó estas leyes opresoras y entre el 621 – 631 los emigrados regresaron al país y los conversos retornaron a su fe primera.

Nuevamente, en tiempos del rey Sisenando el Concilio de Toledo del 633 sancionó decretos represivos contra los hebreos que se “perfeccionaron” bajo el rey Egica (687-701) quien declaró esclavos a todos los hebreos de España, confiscó sus bienes, prohibió el culto mosaico a los mayores, sustrajo los niños de hogares judíos para entregarlos a casas cristianas; esto fue así hasta el 711 en que el poder visigodo, ya resentido, no pudo detener la invasión de berberiscos y árabes del norte de África. En cuatro años casi todo el país pasó a manos de los moros mejorando notablemente la situación de los hebreos; en Granada, Córdoba y Toledo, en especial, resurgieron las comunidades hebreas. Se constituye el Califato de Córdoba cuya corte protegía a filósofos, sabios y poetas. Con la cooperación de árabes y judíos Córdoba se transforma en el centro cultural de la época; muchos cristianos se convirtieron al islamismo y otros se refugiaron en los reinos católicos de Castilla y Aragón.

En el año 1013 el Califato se hallaba en decadencia y Córdoba es invadida y destruida por árabes del África; España se fracciona en los reinos de Granada, Sevilla y Zaragoza; un hebreo, Rabí Samuel Halevi fue visir de Granada durante veintiocho años, al morir, su hijo José le sucede (1055) y es asesinado junto a su hermano por nobles árabes produciéndose, en 1066, un genocidio de varios centenares de familias hebreas.

La persecución a los judíos estuvo acompañada de destrucción de la cultura en una mezcla de asesinatos, incendios de bibliotecas y rotura con desaparición de escuelas. La situación de los hebreos era insostenible; abandonaron Granada y se dirigieron a otros reinos árabes.

En la segunda mitad del siglo XI arreciaron los conflictos entre los estados árabes del sur de España y los cristianos del norte; los sucesos de Granada no afectaron la situación de los hebreos de otros reinos de España como Zaragoza y Córdoba.

Las discordias entre los príncipes mahometanos incentivó la idea de la reconstitución de los estados cristianos del norte de España; Fernando I y Alfonso VI, con la colaboración de muchos judíos, encabezaron esta empresa.

En 1085 se rinde Toledo y se transforma en la nueva capital de la España católica en la que no se privó a los hebreos de ninguno de sus derechos.

Los príncipes musulmanes solicitaron ayuda a los almoravides y se instalan en Andalucía convirtiendo la España mahometana en provincia del imperio africano; la situación de los judíos mejoró.

La suerte de los judíos de España fue cambiante por las vicisitudes políticas y religiosas; fueron expulsados del país en 1492.

En los siglos en que convivieron sobre la misma tierra judíos, cristianos y musulmanes, España progresó, adelantó en las ciencias, en las letras y en la filosofía. Los judíos fueron los intérpretes del pensamiento árabe nutrido en aquella época en la tradición griega.

“El encuentro de Israel con el Islam, bajo el cielo sonriente de España, constituye la más bella página de la historia de la dispersión judía. Durante cinco siglos una cooperación fértil se estableció entre los judíos y los moros en los dominios de la filosofía, de la poesía y de la ciencia” (M. Ehrenpreis).

Los judíos fueron huéspedes tolerados, a veces más, a veces menos; en cualquier momento esa tolerancia podía terminar en forma abrupta, despiadada y violenta. Esto dificultó su arraigo espiritual en las diversas tierras de radicación aunque ésta se hubiera prolongado durante siglos como en España. El pueblo hebreo tuvo que desarrollar un talento versátil, una estrategia del disimulo y una táctica de duplicidad.

El antisemitismo medieval de los pueblos germánicos tiene los mismos motivos que impulsaron a las turbas de España a precipitarse sobre la judería y aprovechar el accionar tumultuoso y depredador para aprovisionarse bandoléricamente de dinero y objetos (Alberto Gerchunoff; 1935). La contienda, en el fondo, no se planteaba en términos políticos, religiosos ó psicológicos sino como una “razzia” económica.

Maimónides, conocía y sentía que pertenecía a un grupo social paria; sobre esta comunidad se ejercía la fuerza con la violencia, la cárcel, la muerte, el despojo, el desprecio por su pensamiento.

Pese a todo, árabes y judíos coinciden en recrearse en la ideación matemática, en las reflexiones filosóficas y en el libre examen de las leyes religiosas.

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One comment

  1. HOLA!QUISIERA PEDIR INFORMACIÓN SOBRE LA DOBLE CIUDADANIA ESPAÑOLA,YA QUE POSSEO DOS APELLIDOS DE LA LISTA PUBLICADA,GRACIAS!

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