(Por María Laura Riba, desde La Habana, para momarandu.com) De regreso a Cuba para volver a hipnotizar con el exótico encanto del folclore sefaradí, Julia León, investigadora y cantante de larga experiencia, conversó con momarandu.com sobre su trabajo y sus experiencias en los escenarios del mundo.

Esta mujer pequeña y dulce que cree en la defensa de la propia cultura sin cerrarse a las demás, desde hace varios años se destaca no solo como cantautora sino como musicalizadora de grandes poetas y recopiladora del folclore tradicional. De los poetas del Siglo de Oro Español, no han escapado a su embrujo musical, Lope de Vega, Garcilaso, Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo, Calderón, Santa Teresa de Jesús, Cervantes, San Juan de la Cruz y muchos más.
Hace más de una década. Julia León (69) se ha dedicado a la música sefardí a la cual se ha aproximado, entre otras, a través de las comunidades hebreas de Madrid y Valencia, y en Israel, mediante la familia de Isaac Levi, uno de los más destacados recopiladores de este tipo de música, como así también, se ha contactado con las Universidades de Ramat – Gan y Jerusalén.
Para ponernos en tema, Julia León cuenta a momarandu.com que “los sefardíes fueron expulsados de España en 1492; les dieron un plazo de tres meses para vender todo y salir, pero como no les dejaban llevar ninguna cosa de valor, entonces malvendieron todo. De los judíos que había en esos momentos en la Península Ibérica (España, Portugal, Andorra y Gibraltar), la mitad se marchó y la otra mitad se convirtió, aunque los conversos fueron igualmente perseguidos”.
Caminos largos recorrieron los sefardíes que debieron abandonar la Península Ibérica. Se fueron instalando en las vertientes norte y sur del Mediterráneo. Por el norte llegaron a Bulgaria, Yugoslavia, Marruecos, Argelia, Túnez, y hacia el sur llegaron a Egipto, Oriente Medio, Grecia, Turquía, “y otros pasaron más allá, a la India incluso”, agrega Julia. Pero debieron pasar dos siglos para que los sefaradíes llegaran a distintos países del continente Americano –como Cuba y Argentina, por ejemplo-.
Momarandu: ¿Qué unió a esos sefaradíes dispersos en distintas partes del mundo?
Julia León: En esos momentos, en España se hablaban muchas lenguas y los sefaradíes también las hablaban dependiendo del lugar que habitaban, pero en la diáspora unificaron el idioma con la lengua romance más pujante en ese momento que era la castellana, aun cuando vinieran de zonas catalanas o de Andalucía, donde se hablaba mucho el árabe y el hebreo, o del país vasco que hablaba el ibero de la época. Durante muchos años hacen comunidades aisladas, de alguna manera se integran donde llegan porque hablan su idioma, pero siguen manteniendo su identidad cultural. Este fenómeno se desconoce durante un montón de siglos hasta que, a principios del siglo XX, se encuentra en Turquía gente que habla en castellano antiguo, un castellano que recuerda a Cervantes, un castellano muy arcaico, pero que tampoco es, exactamente, el de la época porque habían pasado cinco siglos y, de alguna manera, había evolucionado aunque muy poquito, pues no tienen literatura, por lo que es lógico que no hayan evolucionado de la misma manera que en la Península. De todas modos, los que se quedaron en países cercanos como Marruecos, no perdieron del todo el contacto con sus familiares de la Península, y la evolución del castellano ahí es más parecida a lo que son las canciones, se parecen más al romancero castellano. Pero los que se fueron a Grecia o a Turquía se desconectaron completamente.
M: ¿Qué ocurrió, entonces, con las canciones que formaban parte de la tradición familiar?
J.L.: Es sorprendente que, pasados quinientos años, se encuentre gente que se sepa las canciones, hay versiones distintas en distintas partes. Por ejemplo, hay una versión de La doncella guerrera, que es una madre que tiene siete hijas y el padre reniega de ella porque ninguna puede ir a la guerra; hay versiones en romancero castellano, en Marruecos y en Turquía…siempre es la misma historia…la hija menor va a la guerra disfrazada de varón y un hijo del rey se enamora de ella, entonces él piensa que es homosexual porque le ha gustado un hombre, hasta que al final la descubre, pero a ella lo que le importa es que ha cumplido con su padre. Ahí tenemos la misma canción, el mismo tema, pero existen distintas melodías influenciadas, lógicamente, por las culturas, por las cadencias.
M.: Cuando los musulmanes llegaron a España -alrededor del año 700 d.C.-, fueron más tolerantes con los judíos sefardíes…
J.L.: Es que los musulmanes se hicieron socios de los sefardíes. Varios judíos colaboraban con ellos, les ayudaban a escribir, les llevaban las cuentas.
M.: Ese intercambio cultural sin duda dejó sus huellas porque en las canciones se percibe ese aire, para nosotros, exótico, que llega de tierras de Oriente…
J.L.: Las canciones solo tienen connotaciones religiosas hebreas, pero culturalmente, unos y otros se influenciaron mutuamente. Claro que estas canciones, cuanto más orientales están, más cadencias con melismas tienen porque cuanto más a oriente te vas, más notas hay entre medias de un tono. Nosotros, en Occidente, usamos solo un semitono, una nota intermedia entre tono y tono, pero, por ejemplo en Marruecos, utilizan tres o cuatro y en Egipto ya usan diez y si te vas a la India, creo que usan más, cuanto más a Oriente te vayas más melismático y más sonido tienen entre dos notas, por ejemplo, entre do y re hay un por ciento de sonidos que nosotros no usamos.
M.: Las canciones sefardíes que tú cantas no son religiosas, más bien hablan de la cotidianeidad, ¿a qué se debe?
J.L.: Hay mucha música religiosa, lo que sucede es que, tradicionalmente, la han cantado los hombres y es música que no sale de la sinagoga, y la música no religiosa es la que cantan las mujeres. Normalmente, las canciones que salen al escenario son temas de amor o de situaciones cotidianas. Estas canciones nos conectan con algo que es nuestro y que no lo tenemos puesto al día. Es como recordarte parte de quién eres…es algo bueno, no sé lo que es, pero la gente sale contenta.
M.: ¿Cuándo llega a tus manos el folclore sefaradí?
J.L.: Cuando viene ya la democracia -entre comillas, porque no ha llegado nunca- pero bueno…cuando llegó lo que llaman democracia -todavía no hemos aprendido a escucharnos los unos a los otros- bueno, total que coincide eso con que llega a mi mano el fenómeno sefardí y me impacta de tal manera que ya hace más de veinte años que trabajo con él.
M.: ¿Qué ocurre con la lengua sefardí actualmente?
J.L.: El ladino es la lengua sefardí…pero…hombre…desde que yo empecé a ahora, yo creo que está desapareciendo y lo hace a toda velocidad con el canal internacional de televisión española al cual los sefarditas se han apuntado, lógicamente.
M.: ¿Cómo es eso?
J.L.: Yo creo que cuando la gente no tiene tierra, su tierra es su cultura y se abraza a la cultura como seña de identidad. Vivimos en una era en que existen los aviones y que el intercambio cultural es grande, pero la pena es que solo sea de un sitio, de los Estados Unidos. A mí no me importaría abrirme y abrazarme a músicas de Afganistán, de Japón, de islas pequeñas, de Bali, eso me encantaría, me parece que es un enriquecimiento, pero solo abrirme a la de Estados Unidos me parece un empobrecimiento grande. Ten en cuenta que estamos en manos de las multinacionales de la música, igual que de las multinacionales de las farmacéuticas, de las multinacionales de…en fin…y como ahora mismo la guerra es de medios, fundamentalmente, y de la manipulación de las historias, pues ocupan tu cabeza con la música a nivel cultural igual que te invaden a otros niveles ideológicos.
SIEMPRE EL FOLCLORE
M.: ¿Cuáles fueron tus inicios?
J.L.: Yo no empecé con la música sefaradí. Toda mi familia es folclorista. A los diecinueve, veinte años, empiezo a cantar con el Movimiento de Canción Protesta; cantábamos sin pretensiones de ser profesionales porque nos movíamos en circuitos paralelos. Tocábamos en medios clandestinos, en reuniones de comisiones obreras, íbamos a cantar a las fábricas, a la Universidad…pero siempre aparecía la policía y tenías que salir corriendo. Durante muchos años, estuve cantando música de cantautor y también reivindicando, un poquito, nuestra música popular, porque nuestro folclore había sido monopolizado por la sección femenina de las juventudes falangistas…hicieron una labor de recopilación que yo les reconozco, pero también cambiaron criterios estéticos importantes, mas luego la gente identificaba lo nuestro con todo un sistema político y, además, lo identificaba con lo antiguo, entonces, todo lo que venía de afuera era lo moderno. Total que yo hice ahí una labor -viniendo de folcloristas no podía hacer otra cosa-, porque yo sabía cómo eran las canciones de verdad, cómo eran recuperables…no se podía cantar todo en coro, no se podían hacer todas voces blancas.
M.: Entonces fue cuando, también, se reivindicaron a muchos poetas…
J.L.: Claro, hubo, también, una reivindicación de los poetas, porque habíamos llegado a un grado de poetas prohibidos, como Lorca, Miguel Hernández, Neruda; no los encontrabas en las librerías de España, tenías que ir a Francia, París y traértelos a escondidas, pasar la frontera…entonces musicalizar a todos estos poetas prohibidos era una labor, aparte de hacer canciones nuestras para situaciones concretas.
M.: En aquellos momentos de cambios, ¿tuviste la oportunidad de conocer a Joan Manuel Serrat?
J.L.: Serrat me encanta, me parece un fuera de serie. Él salió por la misma vía que nosotros. Las pocas veces que he compartido escenario con Serrat, fue porque se trataba de algún macro festival. Por ejemplo, hubo uno en la Universidad de Madrid, fue en los últimos tiempos de Franco. Recuerdo que estábamos en el campus de la Universidad rodeados de policías, de tanques; pero ahí estábamos todos, castellanos, catalanes, vascos, gallegos, andaluces, estábamos de toda España, e hicimos el homenaje a los pueblos ibéricos. También hemos compartido escenario en otras situaciones menos dramáticas, siempre en eventos de solidaridad con algo.
Para finalizar, Julia León, se detiene y piensa unos segundos sobre aquello que persigue en cada concierto. Es así que ella, simplemente, dice: “Yo intento crear un espacio de amor, crear un espacio donde la vida tiene sentido, crear un espacio donde las personas y los sentimientos tienen sentido y tienen sitio. Con eso me doy por satisfecha”.
Fuente: momarandu.com
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Interesante articulo ,estoy descubriendo ,muchas cosas que no sabia …..gracias …