“Investigar también es ofrecer un cambio de mirada a las evidencias existentes” entrevista a Jesus Jambrina

Transcripción ampliada de la conversación entre Ana Pellicer, directora de relaciones institucionales del Centro Sefarad-Israel, en Madrid, y Jesús Jambrina, autor de Los judíos en Cuba, 1492-1902, el 9 de enero, 2025 en la sede el CSI.

Empecemos por la génesis del libro, cómo comenzaste a construir esta investigación, cómo la configuraste tal y como está. A mí me parece que el libro está muy bien concebido y muy bien articulado porque se lee de manera amena, es un libro académico, pero a la vez muy pedagógico, muy bien escrito y atractivo porque resulta interesante todo lo que cuenta, pero no de una manera farragosa, entonces ¿cómo surge la idea del libro y cómo la idea de hacer así el libro, con esta estructura?

La idea surge por el trabajo previo con Zamora, del 2016, aquel fue un libro que escribí teniendo en cuenta solamente los eventos históricos, incluye algunas historias, pero el objetivo principal era demostrar que en esta ciudad leonesa había habido presencia judía desde al menos el siglo X porque existían algunos prejuicios acerca de si hubo o no judíos, entonces me dediqué a buscar todas las referencias sobre esa presencia particularmente en la ciudad de Zamora, aunque también en la provincia. Además, le incluí un ensayo biográfico sobre el Isaac Campantón (1360-1463), una de las figuras más importantes, rabino y Gaón, y le agregué una lista de los nombres y apellidos judíos documentados; finalmente, para el estudio, tuve que elaborar una bibliografía sobre los judíos en Zamora y el resultado es un compendio de evidencias de archivo, pero además arqueológicas y recursos referenciales sobre el tema en cuestión.

En este libro sobre Cuba intenté repetir los aspectos que funcionaron en el anterior y al mismo tiempo corregir los que no, es decir, no sólo nombrar eventos sino personas e historias relacionadas con esos eventos que, a su vez, pueden estar conectadas con situaciones similares en otros lugares como La Española (Hoy República Dominicana), México o Cartagena de Indias, en Colombia o incluso en las Islas Canarias, en España, y cómo esas historias van tejiendo, no una historia separada o paralela, sino integrada con el resto de narrativas históricas sobre Cuba. El libro básicamente trabaja desde los siglos XV al XIX, en concreto 410 años desde la llegada de Colón hasta la inauguración de la república en 1902.

Aquí debo aclarar que considero presencia no sólo a los eventos y las personas, sino a las representaciones de los judíos en la literatura cubana de la época. Por ejemplo, hay poemas como el “Romance” (1791) de Antonio Fernández Arsila, “La oración de Matatías” (1857), de Joaquín Lorenzo Luaces, “La muerte de Moisés” (1892), de Julián del Casal, una crónica de José Martí sobre la fiesta de Janucá en Nueva York en 1882…

De Heredia también he visto algo…

Sí hay un fragmento de un poema de José María Heredia en contra de la inquisición. Yo vengo del campo de la literatura y en la literatura siempre se estudia el texto y su contexto, y es interesante que en el siglo XX haya autores que estén escribiendo poemas con asuntos estrictamente hebreos, porque ahí se puede reinterpretar por qué lo hacían. El criterio canónico es que lo hacían porque encajaban dentro del romanticismo o el modernismo y porque la clase criolla viajaba e importaba preocupaciones europeas, sin embargo, cuando estudiamos el contexto cultural de esos años vemos que eran temas que se manejaban también porque desde finales del siglo XVIII y sobre todo principios del XIX los judíos van a adquirir la nacionalidad en los países donde vivían, en Francia, Holanda, Inglaterra y las referencias ya no es sólo histórica sino que son parte de una realidad más compleja en relación a su condición de nuevos ciudadanos…

Y luego de repente en el libro aparecen “frescos” muy bonitos, muy visuales, como el de Sastrería Maimónides en La Habana Vieja…

Sí, porque recuerda que en la época colonial no puede haber comunidad judía declarada, oficialmente o abierta, porque la única religión aceptada era la cristiana católica, no podía haber ningún tipo de templo o iglesia. La libertad de religión se establece en Cuba en 1902 con la República, todo lo que había antes, no sólo los judíos sino los protestantes o las culturas africanas populares estaban fuera de lo permitido. En el caso del judaísmo no podía haber sinagogas, no podía haber centros culturales, no podía haber publicaciones. La tradición de colocar la foto de una persona importante es muy sefardí, se pone en casas y negocios sefardíes y es llamativo que en La Habana al final del siglo XIX cuando todavía no existía libertad religiosa una tienda colocase una foto de Maimónides, lo cual estaba diciendo a cualquier judío que pasara por allí que ese lugar era seguro, que podía entrar y hablar y no habría ningún tipo de problemas.

En tanto ciudad puerto La Habana era un lugar muy transitado, desde el siglo XVI las flotas paraban por días, semanas y meses, había mucho trasiego de mercancías, personas de todo tipo, existen documentos de los gobernadores quejándose de la cantidad de “extranjeros” que pululaban por allí. A finales del XIX – el dato de la tienda Maimónides es de 1875- ya era una ciudad que hoy llamaríamos global o internacional, de un gran esplendor criollo, a pensar de las guerras independentistas que se desarrollaban, sobre todo, en la parte oriental del país. En La Habana seguía habiendo actividad cultural y literaria, siendo la calle Obispo, como lo es todavía, una de las arterias más comerciales de la ciudad.

Otra cosa que no sabía era que José Martí estudió hebreo en la Universidad Central de Madrid (la actual Complutense) y eso me demuestra que el libro es dinámico porque combina información histórica con estos cuadros de costumbres que son muy ilustrativos.

También me resulta muy interesante cómo has hecho referencias al antisemitismo en Cecilia Valdés y en general cómo estás leyendo a los clásicos de la literatura cubana desde otra perspectiva

Es Stephen Silverstain quien en su libro The Merchant of Havana (2016) estudia las referencias antisemitas en Cecilia Valdés (1882) a través de las descripciones de Cándido Gamboa y Ruiz, a quien el narrador atribuye todos los estereotipos antijudíos de la época. Silverstein, además, apunta otras instancias en las que este escritor ataca verbalmente a los judíos en cartas y artículos de prensa. Cirilo Villaverde mismo tiene esos prejuicios, no sólo el narrador de la novela.
Otros conocidos escritores de la época como Antonio Bachiller y Morales, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Gaspar Cisneros Betancourt o el dramaturgo puertorriqueño Alejandro Tapia y Rivera, que vivió un tiempo en Cuba, expresaron prejuicios similares, sin embargo, no puede decirse que fuesen hegemónicos en el campo cultural.

En los mismos años, en línea con lo que venía pasando en la metrópoli, no sólo se escriben textos más inclusivos, sino que Cuba, y La Habana en particular, comienzan a recibir a más judíos, tanto visitantes como residentes. Y con el aumento del deseo de independencia en las décadas siguientes, también surgen más conexiones entre los patriotas cubanos y los judíos, sobre todo sefardíes, del área del Caribe y en Nueva York. Por ejemplo, en la primera Constitución de Guáimaro, establecida por los mambises en 1869 para los territorios insurrectos, ya se reconoce la libertad de culto, aunque, como se sabe, ese derecho no fue refrendado a nivel nacional hasta 1902. Es decir, la Cuba democrática que se gestaba entonces ya era inclusiva de los judíos.

Estábamos hablando de Virgilio Piñera antes de comenzar esta conversación y debo decir que en realidad a mí estos temas siempre me han interesado desde que vivía en Cuba. Hay un poema de José Lezama Lima titulado “Virgilio Piñera cumple 60 años” en el que él hace referencia a la Cábala (“sus manos cruzadas golpean los setenta golpes de la cábala…”), es decir Lezama conocía de que se trata el misticismo judío, y en el caso de Piñera, él había vivido en Argentina en el momento en que había mucha inmigración judía e incluso en el año 1945 Piñera escribió un pequeño artículo que no se publicó hasta 1994 en el que habla de los judíos, de los artistas y de los homosexuales como grupos discriminados en la sociedad y hay otras menciones en la literatura de Piñera donde se hace referencia al mundo judío porque vivió 12 años en Argentina, donde había una gran comunidad hebrea y además tenía una cultura universal, como todos los escritores de su época, que sabían de todo, y Piñera tenía conocimiento del mundo griego, del romano y del hebreo también. Tenemos estas líneas dentro de la literatura cubana sin que le hayamos prestado mucha atención.

Esto que dices explica muy bien ciertos movimientos históricos que se conocen bien y en esa línea te quería preguntar sobre qué has descubierto tú o aprendido escribiendo este libro, cuáles han sido tus hallazgos.

Mis hallazgos están relacionados con la idea de que Cuba fue fundada básicamente por judeoconversos. Diego Velázquez de Cuellar, por ejemplo, que ha sido estudiado por el profesor Enrique Soria Mesa, de Córdoba, es considerado como uno de los judeoconversos de las Américas, pero es que Diego Velázquez no fue solo a Cuba, él vino con toda su familia, trajo a sus hermanos, sus cuñados, incluso a sus vecinos, y por otra investigadora, relacionada con el tema de Zamora, la profesora María Fuencisla García Casar, de la Universidad de Salamanca, se sabe cómo Cuellar, que está muy cerca de Segovia, se convirtió en el centro de las actividades de los judaizantes a finales del siglo XV, incluida la familia Arias Dávila que fue procesada por la inquisición alrededor de 1486, entre otras razones, porque daban dinero a una sinagoga. Y esto es un descubrimiento porque estas figuras de los conquistadores se presentan como individuos aislados en sus empresas y hay que decir, por ejemplo, que el propio Bartolomé de las Casas tiene origen judeoconverso, él va a las Américas como conquistador, Isabel de Bobadilla, la primera y hasta ahora única “presidenta” de Cuba entre 1539 y 1542, venía de familia judeoconversa, precisamente de la línea de los Arias Dávila.

Tal vez estas informaciones ya no tengan tanta relevancia desde el punto de vista histórico porque ya han pasado más de 500 años, pero estos datos nos ayudan a entender quiénes eran estas personas, cuáles era sus historias, sus ancestros, qué eran lo que pensaban, porque eso es lo que explica muchas cosas de la historia de Cuba que a nosotros no nos han contado. Por ejemplo, por qué todas estas personas fundaban villas y querían permanecer, Diego Velázquez está enterrado en Cuba, y todas estas familias tenían vocación de establecerse, los Rojas, los Pérez Borroto, los Recio, no solo buscaban enriquecerse y volver a León, Andalucía o Castilla la Vieja, querían construir una vida en otro lugar, lejos de la vigilancia inquisitorial o al menos donde ellos tuviese más control de los espacios y pudiese erigir su propio patrimonio personal. Yo esto no lo sabía, es decir, el hecho de que eran confederaciones familiares o configuraciones económicas que dan paso a lo que hoy se conoce como Cuba.

Podemos recordar que, según los Estatutos de limpieza de sangre, legalmente, los judeoconversos no podían embarcar a América y por eso, como parte de esa intrahistoria maravillosa, hay que preguntarse por qué tantos judeoconversos pasaron a Cuba. Por ejemplo, hace poco presentamos aquí una novela de Gabriela Cisneros, mexicana, que ha investigado la historia de su familia en Monterrey y ha descubierto que en esa ciudad los primeros que llegaron y comenzaron con la actividad económica eran judeoconversos y hay unas grandes familias hasta hoy que siguen siendo la élite de Monterrey cuyo origen está en aquellos primeros viajes, entonces cómo esta gente se montó en los barcos…

Mi libro incluye datos, precisamente, sobre ese aspecto, porque los reyes eran muy ambiguos con respecto a eso, decían no en público, pero sí en privado.

La pregunta es por qué miraban para otro lado

Miraban para otro lado porque a ellos les interesaba que esos lugares tuviesen población y empezaran a producir y ellos poder recibir las rentas, obviamente, y, además, los judíos son la única población que necesita un lugar donde ir…

Porque estaban huyendo

Exacto y había que sobrevivir y estas personas escapaban a las Américas tratando de sobrevivir económica y socialmente, no tanto religiosamente, porque estas personas no eran religiosas, ellas se reconocían con ancestros judíos o lo que Fernando Ortiz llama linaje judío, pero no eran particularmente religiosas e incluso muchas de ellas se manifestaban católicas públicamente porque había que hacer un pacto de no agresión, pero en realidad ellos sabían de dónde venían y cuáles eran los prejuicios que existían…

Sí, tenían que ocultarse y has mencionado a los Rojas, y recuerdo a Fernando de Rojas, autor de La Celestina, que ocultaba su identidad en los acrósticos, entonces para mí lo interesante es ese doble discurso de lo que no está permitido legalmente, pero sí socialmente y cómo todos estos personajes son supervivientes que utilizan sus estrategias para camuflarse y al mismo tiempo mantienen la identidad, es decir es un discurso identitario muy complejo y muy aventurero porque eran gente que se montaba en esos barcos para huir de la península y llegaban a esos lugares, producían, y mantenían esa unidad entre las familias porque no renuncian a su sentido de pertenencia, a casarse entre ellos, a protegerse entre ellos y todo eso es muy interesante.

Sí, por ejemplo, como comentaba antes, uno empieza a descubrir redes de matrimonios, genealogías, comercios y empresas que se articulan entre estas familias y no solamente en Cuba, sino que se expanden a otros sitios. Hay muchos casos inquisitoriales en los cuales los judíos procesados son capturados en México o en Cartagena, pero residencia en Cuba. En la isla no hubo tribunales propiamente dichos, pero sí hubo comisarios inquisitoriales que eran quienes iban a petición de los obispos – por cierto, si leíste el libro sabes que hubo varios que eran criptojudíos porque sabemos que el criptojudaísmo existió dentro de la iglesia y muchas veces los judíos se escondieron dentro de la iglesia para poder sobrevivir…

Era una forma buenísima de esconderse, la más inteligente, ahí nadie te iba a buscar…

Entonces, uno empieza a descubrir estas redes familiares que eran una única manera de construir capital en esa época, siglos XVI y XVII, muchas veces a través de la palabra, en los territorios coloniales la palabra era muy importante y la confianza entre las personas también, porque la metrópolis estaba muy lejos y en los documentos se comprueban estas redes de familias que van erigiendo sus fortunas, por ejemplo, los Rojas en La Habana, y algo muy interesante es que muchas de estas familias se casan con mujeres nativas en Cuba. La primera ola de españoles, que, como venimos diciendo, muchos eran judeoconversos, se casan con mujeres originarias del lugar y en muchos casos de ahí surgen los primeros capitales de la isla. El primer mayorazgo de Cuba, establecido el 11 de julio de 1570, se creó a nombre de Juan Recio, hijo de Antón Recio y Castaño con Cacanga, hija del cacique de Guanabacoa.

El concepto de raza y etnicidad que tenemos en el presente, no tiene nada que ver con el mismo concepto en el siglo XVI, para aquellas gentes, una manera de integrarse en las poblaciones locales era casándose dentro de ellas. Hay un refrán judío muy antiguo que dice que “los judíos se parecen a las poblaciones donde viven” y esto fue lo que hicieron muchos judeoconversos, casarse con mujeres nativas en Cuba. En ese momento surge un mundo que no es secreto, pero no ha sido contado.

Sí, por eso el libro me ha interesado mucho, por ese mundo no contado. El libro termina en 1902 porque es el año de la independencia y República, no sé si tienes el proyecto de avanzar o si ya te quedas ahí

En realidad, la historia de los judíos en Cuba en siglo XX está muy bien estudiada, por investigadores muy bien preparados y esa parte está muy bien documentada, hay muchísimos libros sobre la comunidad judía cubana a partir de la primera década del siglo XX que es cuando arriba la primera ola de judíos sefardíes de Turquía, abren la primera sinagoga pública en La Habana Vieja en 1914 llamada Chevet Ahim, ahora está en ruinas, pero sigue ahí. La comunidad se organiza muy bien, tiene publicaciones, se desarrolla la radio y televisión, la propia comunidad editó varias revistas y publicó libros. Pero acerca del período colonial no hay nada porque se suponía – erróneamente- que no había judíos en Cuba.

Esta respuesta también enlaza con una de las preguntas anteriores sobre tu aprendizaje con el libro, pues los primeros judíos llegaron mucho antes de lo que la historia oficial ha contado…

Claro, el primer judío que llega a Cuba es Luis de Torres que desembarca con Cristóbal Colón, él es el intérprete de la primera expedición y sabemos que se convirtió apenas dos o tres días antes de montarse en el barco con el almirante, y es, precisamente, Las Casas quien refiere, basado en su lectura del Diario de Colón, que Luis de Torres desembarca en Cuba junto a Rodrigo de Jerez y dos nativos que traía de las Bahamas en los primeros días de noviembre, sabía caldeo (arameo), hebraico, y arábigo porque había sido intérprete para Juan Chacón, adelantado de Murcia.

Es un personaje muy interesante y por eso digo que, a pesar de ser un libro de investigación histórica, deja además una cantidad de retales que se pueden aprovechar en clave literaria porque son personajes que permiten una recuperación poética y no solamente del dato frío.

Gracias, la idea es llegar no solamente a historiadores y académicos sino al público más general.

Abrimos el debate al público. ¿Alguien quiere preguntar, comentar?

Hola, me llamo Daniel y me ha encantado lo que he escuchado porque ha sido muy visual la conversación, gracias y enhorabuena por el libro.

Has hablado de Cartagena de Indias y he leído en las noticias que se han abierto varios Centros Jabad en el Caribe y siempre me ha llamado la atención hablar de los judaísmos del Caribe y pensarlos como esa constelación que desde luego tocas en el libro, pero me da muchísima curiosidad para los nuevos en estos temas.

Mi pregunta es ¿qué sabemos sobre los judaísmos del Caribe? Me han hecho cosquillas cuando se habla del judaísmo en Haití, cuando Alexandria Ocasio Cortez llegó a la política en Estados Unidos saltó en las noticias que tenía linaje sefardí, entonces quería preguntar ¿qué reconstrucciones históricas se están haciendo de los judaísmos del Caribe?

Gracias por la pregunta Daniel. Es muy interesante. Primero la historia del Caribe está dividida, como sabes, en el caribe español, el holandés, el francés, el danés y el británico lo que equivale a diferentes velocidades históricas con respecto a la presencia de los judíos en diferentes lugares, por ejemplo, los holandeses permitieron en Curazao un poblamiento judío muy importante a partir de 1636 en adelante. Hoy en día hay familias en esa isla que pueden trazar sus ancestros hasta esa época en el siglo XVII y los mismo sucede, aunque con una cronología diferente, en la República Dominicana, es el caso de una de las familias más importantes de críticos literarios, los Henríquez Ureña, era de familia judía, de Curazao vía Ámsterdam, el abuelo de esa familia llega de Holanda a Curazao y de ahí a República Dominicana, en el libro se incluyen fotos de dos de los hermanos Henríquez Ureña que no son religiosos, son completamente laicos, pero son judíos de ancestros, es un arco biográfico que va desde finales del siglo XVIII hasta el XX.

Después de las independencias latinoamericanas otros judíos de Curazao empiezan a mudarse a Coro, en Venezuela, donde existe una comunidad judía desde la época colonial muy relevante y hay quien dice que uno de los abuelos de Maduro fue rabino de Coro. Otros se van a Costa Rica, otros vienen a Cuba, los Henríquez Ureña están emparentados con una familia cubana por eso es que Camila Henríquez Ureña se va a Cuba, se nacionaliza y enseña en la universidad por muchos años, es considerada una profesora cubana, que formó a varias generaciones de investigadores.

Tenemos también a Camile Pizarro, quien nació en San Tomás, territorio danés, de padre francés con antepasados en Braganza, Portugal, y su madre de República Dominicana, de apellido Manzano. Pizarro es uno de los primeros pintores modernos que contribuye a la visualización artística del Caribe, en Museo Nacional de Caracas tiene obras suyas.

En Puerto Rico se están haciendo estudios sobre los sefardíes en el período español y después, lo mismo en República Dominicana donde hay referencias a un Pedro de León, procesado por la inquisición en Sevilla en 1515.

Por otro lado, los franceses expulsaron a los judíos del caribe en 1685, la mayoría fueron a Cuba, y un siglo más tarde, con las revoluciones en Francia y Haití, muchos hacendados franceses se establecieron en el oriente de Cuba, entre ellos la familia de Pablo Lafarge, quien nació en Santiago de Cuba, de padre judío francés y madre mestiza, fue a París y años más después se casó con la hija de Carlos Marx.

Tenemos el caso de Jamaica, isla que generalmente pensamos desde sus actualidad, pero Jamaica fue española hasta 1655, más de un siglo, desde 1493, y allí tampoco hubo tribunales de la inquisición porque la familia Colón, de la cual la isla era un feudo, no permitió su asentamiento mientras que sí atrajo “nuevos cristianos” portugueses y es por eso que cuando llegan los ingleses en 1655 se encuentran a muchos criptojudíos que a partir de ese momento pueden reclamar abiertamente su identidad hebraica y comienzan a llegar judíos de Burdeos y de Londres y ahí se abre otro espacio para los judaísmos caribeños en el siglo XVII.

Tenemos un punto que no hemos mencionado y es el del contrabando. El caribe desde el siglo XV fue un área de comercio clandestino y sabemos que había muchos judíos que participaban del él, no eran los únicos, pero estamos hablando de este colectivo. Luego, desde el siglo XV todos estos espacios o fronteras preliminares, ambiguas, coexisten y atraen a todo tipo de personas y a partir del siglo XVII comienzan a abrirse y, en el caso de los judíos, sobre todo después de la revolución francesa, van a adquirir ciudadanías nacionales, es decir ya no sólo van a ser solamente judíos, religiosos o de linaje,  sino que ahora son también franceses, ingleses, holandeses, lo cual permite una mayor movilidad en todos los sentidos. Vamos a verlos en todas las islas del Caribe.

No hemos mencionado a Surinam o Barbados donde los hijos fuera de los matrimonios, los llamados judíos mulatos, formaron sus propias sinagogas y muchos pasaron después a Nueva York y el sur de Estados Unidos. Es decir, hay toda una historia del judaísmo sefardí y sus conexiones en lo que se conoce como el gran caribe que abarca no sólo a las islas, sino a las ciudades puertos de la región norte, centro y sur América, sitios como Veracruz, Cartagena, Portobelo, Nuevo Orleans. Hoy dos sinagogas llamadas Luis de Torres en Las Bahamas en homenaje al primer judío conocido que desembarcó en el Caribe.

Ya en el siglo XX, llegan otros, incluidos refugiados del holocausto, a República Dominicana y a Cuba y otros sitios, pero este período es más conocido en comparación con el previo.

¿Alguna otra pregunta o comentario?

Linda Jiménez Glassman: Yo tengo un comentario. Lo que a mí me gustó del libro es que se puede leer en varios niveles. Primero, si sólo te interesa la cronología pues ahí están las fechas y luego se desarrollan con historias y algunos casos hasta un poco de novela histórica y además con información relativamente desconocida, por ejemplo, como te comenté antes, la importancia de las Islas Canarias en toda esta historia. Pero para los más estudiosos tiene una bibliografía muy amplia y realmente me ha impresionado la investigación que hiciste y cómo pudiste encontrar tanta información.

Había comentado que yo tenía interés por estos temas desde hace mucho tiempo y conocía las menciones que hizo Fernando Ortiz que es un historiador y antropólogo cubano muy relevante en Cuba y él tiene muchos artículos donde hace referencia a esta historia, de hecho en la introducción incluí una cita de él donde prácticamente invita a los historiadores a buscar información, él habla de la historia clandestina de los judíos cubanos que debe ser estudiada y él mismo hace referencias desde los primeros años coloniales con la llegada del azúcar y el desarrollo del tabaco, en ambas industrias los judíos estuvieron muy involucrados, como en la industria del chocolate en México. En otros casos, usé documentos publicados, por ejemplo, el que menciona al primer quemado por la inquisición está incluido en una antología de documentos publicada por dos historiadores cubanos, César García del Pino y Alicia Melis Cappa, en 1988. Se le considera el primer documento de la historia de Cuba, estaba ahí, pero nadie lo había “leído” con la perspectiva o la importancia que puede tener para la historia judía.

Esta el tema de los portugueses, por ejemplo, que cuando te sumerges en él te das cuenta de que “portugués” era un eufemismo en esa época para decir judío y hay muchos, muchísimos. En 1492, en el desembarco en Cuba hay un Juan Arias, portugués, ¿un portugués en la primera expedición de Colón? Pues sí y al parecer hubo otros dos. ¿Por qué Las Casas le llama portugués? Ese dato lo menciona Las Casas en su Historia de las Indias, pero nadie lo había notado hasta ahora.

Técnicamente en ese momento en Portugal se podía ser judío porque la expulsión en ese reino no se llevó a cabo hasta 1497. Es casi seguro que Juan Arias, por otro lado un nombre y apellido muy hispanos, fuese judío y esa fue la forma que encontró el cronista para nombrarlo sin poner en riesgo la empresa colombina frente a los reyes católicos; cuando Las Casas habla de la identidad judaica de Luis de Torres lo hace en pasado – “había sido judío”, escribe-, porque no podía decir que hubo judíos públicos en la primera expedición luego “portugués” era más aceptable para el estatus quo religioso de la monarquía.

Volviendo a tu pregunta de cómo encontré tanta información, favoreció que escribí este libro durante la pandemia, es decir, tuve tiempo para trabajar con la bibliografía donde yo sabía que existían datos e información, pero también es cierto que la internet ayudó mucho porque ahora hay libros y archivos abiertos, igual con los préstamos interbibliotecarios, es un servicio que da acceso a libros impresos o en línea. Es decir, la información está ahí, si se puede hablar de un aporte es haber contribuido con una perspectiva diferente y una lectura distinta de lo que ya existe. Los poemas que se incluyen en el libro han sido publicados muchas veces en antologías de literatura cubana, pero no habían sido leídos en relación con el significado judío, no quiere decir que los autores hayan sido hebreos, sino que es muy posible que hubiese un público para ellos y los escritores lo supieran.

A veces las cosas están ahí, pero hay que releerlas desde otro lugar, eso es lo interesante.

Sí, en muchas ocasiones tendemos a pensar que investigar es sólo descubrir algo, sea un documento o un artefacto, pero la investigación es también ofrecer miradas nuevas a evidencias ya existentes, reinterpretar. Eso no excluye el valor de la novedad física, por ejemplo, ahora estoy colaborando con un paleógrafo en Cuba que ha encontrado documentos que enriquecen lo que ya se sabe y se publicarán más adelante, pero hay que buscar en los archivos a partir de nuevos ángulos y el descubrimiento entonces emerge con nitidez.

Es lo mismo que he tratado de hacer con Zamora. Desde el siglo XIX todos los historiadores zamoranos importantes han notado la presencia judía en la ciudad, pero nadie le ha dado mayor relevancia más allá del dato. Y esa es básicamente mi propuesta, cambiar de ángulo y variar la mirada para que el dato nos abra un camino al estudio de otras cosas.

Alfredo Alonso Estenoz: Tu decías que los judeoconversos no eran religiosos en el sentido en que lo podemos entender ahora. Entonces ¿cuál era el elemento más importante de su identidad en tanto que algunos sí se consideraban judíos? ¿En qué basaban esa identidad, entendiendo que el ser judío era diferente en esos momentos históricos?

Creo que el asunto hay que verlo mitad y mitad, es decir, por una parte, ellos sabían quienes eran, en el siglo XVI y en la edad media en general, el linaje lo era todo, de alguna forma las personas conocían de dónde venían, conocían a sus padres, sus abuelos, no en todos los casos, pero era la norma…

¿Pero era una cuestión de familia o religiosa?

No era creo que fuese una cuestión estrictamente religiosa, pero ahí viene la otra parte, no lo hemos hablado aquí, pero ¿cómo se define un judío en el siglo XVI? Hoy esa definición es complicada, pero en el siglo XVI las cosas estaban más claras…

Ana Pellicer: ¿Por las costumbres?

No sólo eso, en España existía una convivencia o coexistencia hasta 1492, se sabía quién era judío, nadie lo podía negar y se sabía quién era judeoconverso, y las personas que van a las Américas traen eso con ellos. Por eso es por lo que cuando la inquisición procesaba a alguien enviaban a investigar a los pueblos de los cuales los acusados eran oriundos para que allí le contaran sobre su familia.

Y no sólo en casos inquisitoriales, cuando a Francisco Díaz Pimienta, hijo, el rey lo propone para entrar en la orden de Santiago, la investigación la hacen unos monjes en La Habana, donde Díaz Pimienta, hijo, había nacido, para que le informen sobre la familia de este allí y cuál es el resultado: fulano de tal no es limpio de sangre porque su padre (Francisco Díaz Pimienta y Franco) es portugués, hebreo, y descendiente de tales, nacido en Islas Canarias, y su madre es una mulata esclava llamada Catalina. Es decir, se conocía su linaje completo.

A esto hay que sumar la propia definición que usaba la inquisición para procesar a los denunciados y para ser judío no tenías que ser religioso, tu eras judío porque tu linaje era judío, de padre o de madre, te tocaban a la puerta igual, es lo que se tiene en cuenta en los estatus de limpieza de sangre, los judeoconversos no podían acceder a los puestos reales hasta tres generaciones después de la conversión, tres generaciones es mucho y si se sabía quien tenía ancestros judíos por tres generaciones, lo más seguro fuera que se conociera por cinco o por seis generaciones.

Tienes que tener en cuenta que doscientos años después de la expulsión de 1492 tenemos familias judeoconversas regresando al judaísmo en Ámsterdam, en Livorno, en el Norte de África, doscientos años después, que se dice fácil.  Entonces, la definición de quién era judío estaba muy clara, no importan si eras o no religioso, si te venía por la madre o por el padre, o por los dos, si celebras Sabbat, o comes cerdo o no, tú eres judío porque tu desciendes de familia judía. Punto. Y eso es lo que valía como tal. Era la mentalidad del momento.

El judaísmo de estas personas estaba definido por su historia personal, pero también lo estaba por la institucionalidad religiosa de la época.  Y uno de los datos que se incluyen en este libro es que muchas de las personas que fueron a las Américas querían borrar su pasado. Cuando en 1655 los ingleses llegan a Jamaica y muchos hispanos portugueses que vivían allí se mudan a Bayamo, hay un historiador que documenta las genealogías de las familias de esa ciudad -por otro lado, tan importante en la historia de Cuba desde su fundación- en la que no pocos nombran Jamaica en sus orígenes, ninguno decía España o Portugal porque si lo decían se descubría su linaje.

Como comenté antes, los primeros gobernadores de Jamaica era familiares de Colón y no permitieron la instauración de los tribunales de la inquisición y desde antes de 1536, fecha en que se instaura la inquisición en Portugal, acogieron a nuevos cristianos que, sobre todo a partir de esta última fecha, salían a donde tenían posibilidades de supervivencia. Al final, el judaísmo de los judeoconversos, judaizantes o no, criptojudíos o no, era simultáneamente impuesto por el origen, pero también desde la mentalidad inquisitorial de la época.

Antes de concluir, porque el tema de lo religioso o no es importante, no olvidemos que desde el siglo XV, después de 1391, en la península hubo una corriente de pensamiento bastante prevaleciente entre los judeoconversos y los criptojudíos que hablaba de “nasçer e morir como bestias”, la cual, como lo estudió el profesor Francisco Márquez Villanueva (1931-2013), fue la semilla del racionalismo de los herejes judíos de Ámsterdam (Prado, Espinosa) y con el tiempo del ateísmo moderno. Los judeoconversos y los criptojudíos que escaparon al Nuevo Mundo viene también de esa mentalidad y de cierto modo fue lo que los hizo exitosos, como dice César García del Pino (1921-2020), no eran vulgares aventureros, eran descreídos y muy prácticos en sus labores de fundación.

Luisa Morely Bendahan:  Si los judeoconversos querían entrar a la iglesia y hacerse sacerdotes ¿podían?

A ver, no soy especialista en las órdenes religiosas, pero es sabido que los jesuitas aceptaban a jóvenes de familias judeoconversas. De hecho, el zamorano Luis de Carvajal, el Mozo, quemado en la hoguera en México en 1596, estudió en una escuela jesuita en Medina del Campo, su familia era judeoconversa de La Raya portuguesa y cuando él llega a la edad correspondiente, lo envían a estudiar con los jesuitas. Bartolomé de las Casas se hizo dominico y lo mismo el portugés Francisco de Victoria, Bernardo de Sahagún era franciscano en México. Judeoconversos siempre ha habido en la iglesia.

Ana Pellicer: Una vez más, en muchos casos se miraba para otro lado, que creo que eso es lo interesante de la historia, que no es cerrada y rígida, sino que hay siempre excepciones.

Sí y también conveniencias, intereses…

A lo mejor dinero, falsificaciones, cambios de nombres

Había de todo. En el caso de los cambios de nombre, por ejemplo, muchos tenían uno en portugués, otro en español, uno en Ámsterdam, otro en las Américas, además del hebreo que se usaba en la sinagoga. Además de las transliteraciones que los nombres sufrían cuando cambiaban de país o idioma. Las identidades se intercambiaban según la necesidad.

 

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