
Cuadro pintado por Bella Clara Ventura, Netanya, Israel.
D.A.R: Cuénteme sobre sus orígenes y sobre la llegada al mundo del arte, en específico el de la literatura.
B.C.V: Nací en Bogotá, Colombia y confieso no tener edad, porque la energía no tiene edad. ¡¡¡¡Sólo mantengo energía!!!! dice con risas. Tengo tres nacionalidades: la colombiana, la mexicana y la israelí. Y me siento muy de las tres naciones. Soy mexicana por mi madre quien era mexicana, por la ley que permitía acceder a dicha nacionalidad siendo hijo de mexicano o mexicana tuve el derecho a serlo. Además, adoro la cultura mexicana y me siento muy partícipe de ella. He ido muchas veces a México. Mis primeros “pininos” (en México se refiere a primeros pasos) los di con una organización llamada “El País de las Nubes” que me llevó a varios lugares, gracias a la poesía. Pude visitar varios pueblos mixtecos para hacer talleres de poesía con los niños. Entrañable experiencia.
Además, mi abuela vivió en México y luego regresó a Colombia con una niña de un año, es decir, mi mamá. Mi abuela nos ponía música mexicana, nos llevaba a ver cine azteca y nos acercaba la cultura de Puebla etc. Así que yo me embebí de toda esa presencia. Me encantan los mariachis, la comida mexicana, sus olores y esencias. Entonces, ¿por qué ser excluyente si puedo ser incluyente en mi vida más bien?
Me siento feliz de tener estas nacionalidades y si me otorgaran más las aceptaría con gusto, porque me siento una ciudadana universal.
D.A.R: ¿Y su familia era sefardí?
B.C.V: Mi mamá nació en México, pero como yo, que nací en Colombia, fuimos hijos de padres extranjeros. Y no diría que fueron judíos errantes, porque me parece una palabra peyorativa, pero más bien el judío trashumante que busca en donde establecerse para tener unas raíces sólidas y poder lograr un bienestar. Imagino que muchos judíos vienen a Israel buscando lo mismo.
Israel le da seguridad al judío, es el retorno, es estar en casa. Mi papá nació en Sudáfrica y se nacionalizó colombiano también, llegando a bendecir su nueva nacionalidad, pues amaba a Colombia y estuvo siempre apegado a este hermoso país. Desarrolló su vida allí. Se casó y tuvo a mis hermanas y a mí en Colombia. Además, le dieron a escoger en algún momento de su vida entre la nacionalidad inglesa o sudafricana y decidió optar por la del continente africano, aduciendo que había nacido allí y por lo tanto a ese lugar pertenecía. Sin embargo, hubiese obtenido otras ventajas al haber guardado la inglesa. Para la anécdota mi hijo, cantante de ópera, hizo la observación: mamá, mucho que me hubiese servido ser nieto de inglés al haber estudiado en The Guildhall School of Music and Drama en Londres y haber podido gozar de privilegios.
Mis abuelos nacieron en Turquía, en Esmirna y otros en Salónica. Eran turco- griegos, judíos del Mediterráneo.
Cuando mi papá conoce a mi madre se da cuenta que provienen de la misma raíz, hecho que lo seduce. Se enamora perdidamente de su forma de ser, su belleza y de su juventud. Se conocieron en Armenia, en pleno Eje Cafetero colombiano, y allí se casaron.
Mis apellidos son Ventura y Corkidi, este último, hace parte del listado de las 66 familias judías que fundaron Tel Aviv “la Gran Manzana de Medio Oriente” en 1909. Por el lado Ventura, fueron personas muy observantes y estudiosas del judaísmo, incluso rabinos desde la salida de España. Sin embargo, yo como buena intelectual, corto con todo ello y me caso con un no judío. No soy religiosa, pero muy espiritual, y al final volví a mis raíces, a esa alma judía que se halla en nosotros. Hice Aliyah y acá estoy.
D.A.R: ¿Qué significa Israel y haber hecho Aliyah para usted?
B.C.V: En Israel vivo feliz. Con la nacionalidad israelí me siento súper satisfecha. Apenas llegué a Israel, cuando pisé tierra hebrea, me dieron mi documento de identidad israelí. Creo que es muy diciente sobre lo que simboliza Israel para los judíos. Un país que acoge a sus inmigrantes con todas las de la ley, concediendo las prioridades y los beneficios que se precisan. Maravillas para el inmigrante, necesitado de apoyos y de bienvenidas.
Hice “Aliyah” (ascenso a la tierra de Israel y “Ley del Retorno”) hace ocho años. Me veo aquella noche del 31 de diciembre del 2013 subiendo las escaleras para escalar el 2014 con ignoto rumbo, dirección a Israel, tierra de mis ancestros.
Empecé en Israel el “año nuevo con vida nueva” y de verdad que así fue. Todo se me fue dando de una forma especial. Me encanta la vibración del país, disfruto de la seguridad que ofrece, pues calidad de vida no sólo es tener los recursos necesarios para vivir bien, sino ver la seguridad de poder salir sin preocupación a la calle y saber que no habrá exposición al peligro. Y este detalle más vívido para quienes venimos de Colombia o Latinoamérica en general, en donde la seguridad no es, lastimosamente, el fuerte. Así mismo, esto es uno de los prodigios de los muchos que ofrece Israel. Estoy feliz de poder salir a cualquier hora y regresar tarde a casa sin temor de ser agredida.
Amo Israel, me siento en vibración y en sintonía con esta hermosa nación. Representa para mí una oportunidad para descubrir un nuevo mundo, otro universo, cuando en realidad ya cuento con tantos. Así que sumarle uno más a todos los que acaricio en mi ser, me hace sentir que adquiero mayor dimensión como ser humano.
David A. Rosenthal
eSefarad Noticias del Mundo Sefaradi