Cuento: LA ESPERANZA de Mario Czemerinski

LA ESPERANZA

de Mario Czemerinski

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Los personajes y lugares de este cuento, aun los que parecieran tomados de la realidad, corresponden al orden de la ficción.

José Segura miraba sin ver cómo las gruesas gotas de lluvia se pulverizaban contra los vidrios de las ventanas de su casa. El chubasco aliviaba la pesadez irrespirable en esta época incierta del año, cuando los calores se resisten a irse y el frío invernal pugna por hacerse presente.  Alivio fugaz el de esta chapuza, puesto que al cesar el aguacero nuevamente volvería a reinar la humedad y, otra vez, todo sería pegajoso y molesto.

Una pátina de melancolía flotaba en el hogar, como cada vez que la lluvia castigaba y lo constreñía a estar bajo techo.

María Vidal, su esposa, estaba atareada en la cocina como de costumbre. Ya era casi diestra en darse maña para cocinar platos sin cerdo ni mariscos, que siempre habían sido los alimentos básicos de su cocina. Así había sido siempre en lo de su madre y en lo de su abuela. Pero tenía que tenía que ser condescendiente con su esposo. Le había pedido estos cambios en la dieta, sin mayores explicaciones. Mientras adobada la carne en la fuente que luego pondría a cocer a fuego lento, pensaba en su madre, María Angélica Bonet de Vidal. Siempre tenía presente que ella no perdía oportunidad de recordarle que el abuelo había muerto de tristeza cuando se anotició de que ella se casaría con José. Ya en su agonía, en uno de sus últimos momentos de lucidez, la miró y le dijo “malmezclada”. Cuando discutían, su madre así la apodaba, con rencor y en voz baja, en cuanta oportunidad se presentaba. Su inflexión tenía un dejo de pase de cuentas o, mejor dicho, de transferencia de culpas, que ella nunca comprendió.

José tornó su mirada hacia el interior de la sala de la casa que ocupaban en el carrer del Segell. Observó la réplica de la imagen de la Moreneta (Morena) en el nicho existente sobre el hogar y en cuyo tocado podía leerse la borrosa inscripción “Nigra sed formosa sum”. A su lado colocó la enorme llave antigua que podría encajar en el ojo de alguna cerradura de algún viejo portón del Medioevo.

María entró al salón y lo miró interrogativa, levantando sus párpados. José explicó:

– Ya me molestaba mudarla de cajón en cajón. Me pareció apropiado dejarla en el nicho. La trajeron mis ancestros a esta casa cuando, en el año 1487, tuvieron que huir de Sevilla para escapar a los inquisidores de los tribunales instituidos por los Reyes Católicos. Ellos fueron unos de los pocos que se salvaron de la matanza. Fue lo único que trajeron consigo con el anhelo de que, algún día, ellos o sus hijos, o los hijos de sus hijos, pudieran volver a utilizarla y habitar la casa que ocuparon durante alrededor de cinco siglos. Esta dimensional llave pasó de manos en mano, de generación en generación desde entonces, siempre con la misma esperanza de que algún día pudiera ser utilizada para reabrir la puerta de la casa familiar. Así llegó a mí y, en su momento, pasará a manos de Vicente. Es una especie de amuleto, un culto de respeto a los antepasados, una señal de identificación con la heredad. En resumen: representa la esperanza del retorno.

– Vendría a ser como mi colgante, la mano que tiene una vaquita y que llevo colgado de mi cuello y que compramos en el mercado de Túnez para que me traiga buena fortuna, contestó María sonriendo mientras exhibía su fina cadena de plata. Y, por tantos siglos de dominio morisco en Mallorca, deberíamos llamarlo talismán y no amuleto, palabra que me suena mal.

– Mujer, no es una vaquita. Son dos letras hebreas que dicen “jai” que significa vida, y así aparece en la tradición judía. ¡Donde hay vida, hay esperanza!, como bien dice el refrán. Tu comparación es adecuada. La llave es muy grande para que la lleve colgada del cuello, y por ello que me pareció preferible colocar el talismán junto a la imagen de la Morenita, agregó con complacencia. Para los moros el amuleto en forma de mano con cinco dedos y sin vaquita, se llama “Hamsa” y representa los cinco pilares de la religión musulmana. En la cultura sefaradí es un símbolo muy común. Se dice que podría haberse utilizado para invocar la mano de Dios o para contrarrestar el mal de ojo y que está dibujado en la palma de la mano.

– ¿Y cómo sabes tú todas estas cosas?

– Pues, uno aprende en el carrer del Segell.

– No conocía esta arista tuya. Cuéntame más, le pidió María con ansiedad.

– Es todo lo que sé, así que nada puedo agregar. Cambiando de tema, la semana pasada me topé con un grupo de turistas israelíes de origen griego y macedónico que me hablaban como lo harían Don Quijote o Sancho Panza. Nada de nuestro mallorquín, ni de catalán, ni provenzal, ni castellano. Ellos le decían: “yudeoespañolo antiko”. Los varones llevaban pequeños solideos como los que lucen nuestros obispos, pero de colores variados, ninguno de color púrpura. Buscaban la sinagoga de la calle Monseñor Palmer. Les quise dar a entender que mis antepasados fueron chuetas, descendientes de judíos conversos, que vinieron a parar de la península a estas islas así como los de ellos se refugiaron en los Balcanes. O no me entendieron o no les preocupaba.

María lo miró complaciente. Le gustaba que su marido le hablara y parecía que ese día estaba en vena.

-¿Puedes decirme los motivos por los cuales mis abuelos me apodaban “malmezclada” y así me insultaba mi madre cuando nos peleábamos?

José la miró con desconcierto dado lo inesperado de la pregunta.

– Fíjate mujer que mis apellidos, tanto paterno como el materno, son chuetas y estigmatizados por la Iglesia Católica a través de muchas generaciones. Así figuran en las actas bautismales de Mallorca. No así los tuyos a pesar de ser también de procedencia claramente judía. ¿Sabes cuál es la diferencia?

María negó con su cabeza atenta a la explicación de su marido.

– Muy sencillo y gestado a fines del siglo XV: aquellos que conservaron la esperanza fueron “chuetas” y por ello reprimidos. Los que, por lo contrario, a la luz de lo que entendían los tribunales eclesiásticos, optaron por la resignación y se convirtieron, por convicción o interés, no fueron hostilizados. Es decir, la procedencia conversa no ha sido condición para ser chueta. Fue también necesario que los mallorquines hayan fijado en su memoria colectiva la identificación del linaje.

– Es decir, resumió María para mostrarle que había entendido, los chuetas son descendientes de conversos, pero sólo una parte de de los descendientes de conversos son chuetas. Mis ancestros fueron aceptados porque se convirtieron genuinamente, mientras que los tuyos lo hicieron sólo en apariencia. Siguieron siendo judíos pero observaban sus ritos y costumbres de manera clandestina.

José dibujo una sonrisa en sus labios, lo que de por sí era un cumplido. Agregó:

– Así fue, pero no es tan sencilla la cosa. Muchos vaivenes motivaron situaciones ríspidas; idas y vueltas, mezclas abiertas o difusas, ambiciones de riquezas materiales, resentimientos, envidias y rivalidades. Los títulos de pureza de sangre, que certificaban la condición de mallorquines, podían ser comprados con mucha facilidad. Pero, además, los apellidos de los cristianos nuevos solían ser prestados por cristianos viejos en el momento de la conversión, cosa que era un honor para el cedente. También entre los chuetas hubo distingos entre los que constituían una especie de aristocracia, los orella alta (oreja alta) y los orella baixa (oreja baja) que eran de menor rango social.

– Aun no me has contestado…, interrumpió María.

– No te impacientes, mujer. Al casarte conmigo optaste por unirte a un chueta y eso era muy mal visto e infrecuente cuando sucedió. No le hemos dado importancia en su momento porque estábamos muy acaramelados y nuestros padres fueron sabiamente permisivos, como algunos otros. Sabían que lo nuestro no tenía marcha atrás y optaron por congeniar con la realidad y no perder a sus hijos. Distinta fue la postura de nuestros abuelos. Al liarte conmigo los tuyos creyeron que hiciste una mala unión. Tampoco los míos fueron complacientes, hubiesen preferido una hermosa parda de ojos almendrados y chueta, por supuesto. Parecería ser cosa de tiempos remotos. Hoy no es posible explicar racionalmente la diferenciación y el estigma, pero entonces se trataba más que un insulto, era una especie de odio oficialmente bien visto y tolerado.

– Es lamentable, dijo María.

– Pero hay más, agregó José. En una encuesta realizada entre los mallorquines por la Universidad de las Islas Baleares en 2001, un 30% afirmó que no se casaría nunca con un/una chueta y un 5% declaró que no desea ni tener amigos chuetas. Lo bueno de esto, es que los que se posicionaron a favor de la discriminación fueron los encuestados de mayor edad. Tengo la esperanza de que en algún día cercano desaparezca para siempre toda discriminación por motivos de raza, religión o condición social. Bastante ha padecido la humanidad por perjuicios de esta índole.

El agobio del prolongado verano seguía castigando a pesar de que el calendario indicaba que ya tendrían que sentir los vientos fríos de diciembre. El cielo tendía a aclararse después del chubasco. Tímidos rayos solares pugnaban por filtrarse entre las nubes en retirada. Esperando a sus amigos, Angélica y Vicente estaban apoltronados en el Grand Café Cappuccino en la esquina de Palau Real que margina por lo alto con La Seu, la Catedral de Mallorca. Bendita y Cruz no se hicieron esperar,  cruzaron la puerta del Café con una expresión de alivio al librarse de la temperatura exterior. Saludaron a la pareja de amigos que los estaban aguardando y se dejaron caer sobre los asientos. Las jarras de cerveza llegaron con presteza y, junto con el aire acondicionado del local, contribuyeron a vencer la canícula tardía, en el sosegado ambiente de blancas paredes a tono con los confortables sillones. No se generó un diálogo inmediato. Cada uno de ellos estaba abocado a introducir en sus teléfonos y tabletas el código de acceso a Internet que les indicó la mesera. Estar conectados es una condición sine qua non para los jóvenes. No tenían premura y cada uno tecleaba para revisar el correo, leer algún periódico, navegar por Internet o entretenerse con alguno de esos juegos autistas.

Se conocían desde siempre. Coincidieron en las mismas aulas desde que eran párvulos y con naturalidad propia de un medio isleño crecieron juntos. Con el tiempo de cuatro niños que eran se convirtieron en dos parejas.

Verónica, Vicente y Cruz trabajaban en el sector turístico. No así Bendita que era docente de la Universitat de les Illes Balears, de la que era egresada.

Vicente trabajaba como contable en un hotel de cinco estrellas. Tenía un puesto estable y un ingreso modesto pero suficiente para sus gastos y, al vivir con sus padres,  podía ahorrar algunos euros todos los meses. Le habían reducido la jornada laboral a cuatro horas diarias, como siempre le sucedía durante las temporadas bajas de turismo.

Cruz vivía solo, no se le conocían parientes y tenía asignado un cuarto en el complejo turístico donde trabajaba como instructor. De espíritu aventurero, tanto el esquí como el ala delta no tenían secretos para él. En los deportes acuáticos era como un pez en el agua, valga la redundancia. Estaba en época de receso y recién en marzo recomenzará su actividad. Mientras, se dedicaba a su hobby: navegar con el GPS como velero.

A Verónica, la llamaban cada vez que venía algún crucero y le asignaban el guiar a los turistas en autobús, para visitar la ciudad o ir a las Cuevas del Drach. Ella podía estimar, por el origen y la composición de los grupos que le tocaba, el monto de las propinas que recibiría, generalmente magras a pesar de sus esfuerzos de ser simpática, accesible y servicial, pronta a responder a cualquier pregunta en la media docena de lenguas que hablaba.

Bendita era profesora de “Gestión del Patrimonio Cultural” e “Itinerarios Culturales y Naturales”, tanto en español como en catalán. Además era una autoridad en cuestiones arqueológicas. A su graduación en Mallorca sumó maestrías en Salamanca y Sevilla. Mucha difusión tuvo su tesis referida a las repercusiones, en los criptojudíos de Mallorca, de las  decisiones del Gran Sanhedrín que el emperador Napoleón convocó en Paris a principios de 1808. En su estudio sostenía que fueron conocidas en la isla por los contactos con comunidades judías mediterráneas, especialmente con la de Livorno que, para los chuetas, era la ciudad de referencia.

Bendita y Cruz siempre se paseaban acaramelados y tomados de la mano. Les decían “becé” como apócope de “bendita cruz”. En cambio, Angélica y Vicente eran más recatados y formales. No gustaban de babosearse delante de las gentes. Entre todos ellos reinaba una cordial camaradería y muchas veces, en la relación que los ligaba, sus silencios expresaban más que sus palabras.

El Grand Café Cappuccino era para ellos, en esos momentos, un ámbito de sosiego. Estaban ocupados con sus artefactos electrónicos. A veces también hablaban y se transmitían sueños y esperanzas. Soñaban que algún día podrían concretar un emprendimiento propio para no depender de terceros. Proyectaban aunar esfuerzos en algo relacionado con  la informática y el archipiélago. La ventaja era sus edades. La brecha generacional que se produce por las nuevas técnicas hacia las cuales las personas mayores tienen un natural bloqueo, es mayor en Mallorca que en el Continente por la característica de la población isleña, más conservadora y reacia a los cambios.

Evaluaron algunas posibilidades relacionadas con la programación de la provisión de agua potable, del servicio de transporte marítimo, del control del espacio aéreo y marítimo, de cultivo en zonas áridas y algunas otras, sin llegar a decidirse por  ninguno en particular. Parecería que estaban abocados a un juego de alimentar la esperanza más que de lograr éxitos. A ello mucho contribuyó la lectura colectiva que hicieron del libro “Start-Up Nation, La historia del milagro económico de Israel”, de Dan Senor y Saúl Singer, que los jóvenes comentaban a medida que avanzaban con la lectura. Pensaban que si un país como Israel, de algo más de siete millones de habitantes y de no más de sesenta años de existencia, rodeados de enemigos y sin recursos naturales, fue capaz de lograr lo que el libro narra, ellos con todas las ventajas de largas tradiciones, sin enemigos ni hostilidades y con el respaldo de España y la Comunidad Europea, tendrían que ser capaces de mucho más. Y si de genes hebreos se tratara, pues es posible que en Mallorca, en proporción a la población,  los haya en cantidades más que suficientes.

Cuando Bendita trajo el libro comentó, en relación al apellido de uno de los autores, que tanto Senor como Nino, son adaptaciones de apellidos españoles de los sefaradíes expulsados que se refugiaron en Portugal. La tilde o virgulilla de la eñe no existe en portugués. La trasformaron en ene y no con la grafía “nh” que hubiese correspondido en el idioma lusitano.

Siempre en sus pláticas introducía explicaciones que ilustraban a sus amigos y que ellos escuchaban con gratitud.

Vicente leía la prensa madrileña. Asombrado de lo que mostraba la pantalla de su tableta, comentó:

– Parece que el  abogado cordobés José Castro, que se vino aquí en los años 80, las tiene bien puestas. Da gusto divertirse con sus ironías para alivianar al Iñaki “Txiki” Urdangarin y a la infanta Cristina Federica de Borbón y Grecia, a quienes el rey les regalara lo que sólo él puede dar, ¡el ducado de Palma de Mallorca!

Cruz interrumpió acongojado:

– Creo que ninguno de nosotros fue consultado para saber si queríamos o no ser vasallos de los príncipes…

– ¡Es meramente honorífico y sólo retórico! dijo Vicente siguiendo su broma y prosiguió.

– El juez, hurgando en un expediente por probables sobreprecios en la obra de nuestro velódromo, destapó una caja de Pandora que, como es sabido, una vez abierta esparció todos los males. El testarudo y simplón de Castro sacó a la luz una red de empresas fantasmas y facturaciones ficticias, para desviar hacia los bolsillos principescos los fondos públicos para “beneficencia”… Seguramente durante la primera semana de enero imputará a nuestra duquesa con un escrito picante en la que diseccionará las andanzas financieras de nuestros duques…

Nuevamente Cruz lo interrumpe:

– ¡El día de los Reyes Magos le espera un lindo regalo! Con seguridad va a encontrar la manera de solucionarlo. Según la mitología griega, en la Caja de Pandora vacía siempre quedó lugar para  la esperanza. Por el lado materno, de Grecia se origina la estirpe nobiliaria de la infanta y los dioses del Olimpo seguro acudirán en su ayuda. Zeus seguramente le va a encomendar la faena a Hermes…

Ante la mirada incrédula de sus amigos, añadió:

-¡para negociar!

Verónica interrumpió sus jueguitos.

– El juez Castro debe tener cojones de elefante para afirmar, con sorna y cara de ángel, que son gastos ajenos a la sociedad mercantil tanto la compra de libros de Harry Potter como otras menudencias que registró el Instituto Nóos y la empresa Aizoon como gastos deducibles.

Cruz terció:

-Nunca miré a un elefante por debajo, pero creo que todo esto no es más que una quijotada. La realeza española fue, es y será siempre inimputable. Es una institución anacrónica que subsistió gracias a un capricho de Franco, quien buscó el arbitrio que más le favorecía cuando estaba ya terminado. La esperanza de todo el mundo político, al reimplantarse la monarquía, fue evitar nuevos baños de sangre como los de la cruenta guerra civil. Así supimos conseguir monarcas entre cuyas facultades está la de matar elefantes en África. ¿Los habrá observado el rey durante su caída o entre escopetazo y escopetazo?

Los tertuliantes celebraron la chanza y lo miraron sonriente, menos Bendita que lo contemplaba embobada, lo que no impidió que aportara lo suyo:

-Hablando de paquidermos, José Saramago escribió en nuestra vecina Lanzarote su novela “El viaje del elefante” que narra también caprichos reales. Está basado en un hecho real de la época de Maximiliano de Austria, de cuando los reyes no tenían que dar cuenta de sus actos, y no existían el Nóos y la Aizoon. Lo que sí existía era la solidaridad, la compasión y la esperanza. Y el elefante se llamaba Salomón, como el rey de Israel.

Cruz,  ya en vena, prosiguió:

– Le pedí a mis empleadores  que me pagaran clases de salsa con el objeto de entretener a los turistas. Me lo negaron diciendo que eso era un convite a la Agencia Tributaria. Les contesté que a lo sumo podría ser una falta ética de nula relevancia penal, pero no logré convencerlos. Me parece que lo que le observó el Dr. Castro al consorte de la Infanta tuvo algo que ver con la negativa…

Verónica y Vicente se miraron entre sí. No lograban captar si Cruz estaba hablando en broma o en serio, hasta que Bendita no se contuvo y largo una carcajada.

La conversación se transformaba, como de costumbre, en un replicar de ideas. Pidieron otra vuelta de cerveza.

-La monarquía actual es protocolar y sirve para unificar simbólicamente a España como Nación, dijo Bendita, y continuó: – ya no están los Reyes Católicos que nos mandaron la Inquisición en 1488. Bonito regalo le hizo el papa Alejandro VI a los reyes de Castilla y Aragón cuando se aprobaron los Estatutos de Limpieza de Sangre en 1496. Quien no demostraba que era “cristiano viejo” de al menos tres generaciones quedaba marginado de todo cargo público, universidad, orden religiosa o militar o cualquier cargo civil.

Vicente la interrumpió.

-¡Siempre volvemos en nuestras charlas a este revisionismo histórico! Persistió hasta no hace mucho la discriminación social, la endogamia matrimonial y en la segregación abierta en el ámbito de los honores, la educación y la religión.

Terció Bendita para decir:

-Tenemos una larga historia al respecto. En noviembre de 1782 Carlos III que firmó, en vano, una Real Cédula prohibiendo los insultos y mal trato a los chuetas y su libertad de movimiento… Recién en 1812 se intentó suprimir la Inquisición que no se efectivizó sino en 1820, cuando se quemaron los archivos y los sambenitos. ¡Hace menos de dos siglos! Pero los prejuicios, las discriminaciones de hecho y los casamientos endogámicos siguieron hasta mediados del siglo veinte.

Hizo una pausa, tomó un sorbo de su cerveza, y como no había sido interrumpida por sus amigos agregó:

– Recién a mediados del siglo pasado, con la expansión demográfica que ha ocasionado el turismo, los chuetas no son identificados como diferentes y, curiosamente, ahora muchos jóvenes se sienten orgullosos de su pasado chueta.

-¡Fue el determinismo económico! ¡Fue el materialismo dialéctico! diría Carlitos Marx, exclamó Cruz.

Vicente estaba a punto de contestarle, pero prefirió complementar la explicación de Bendita.

-Con el turismo vinieron las inversiones. Hoy tenemos un centenar hoteles de cinco y cuatro estrellas, un gran número de albergues de menor categoría, facilidades deportivas de todo tipo, infraestructura en transporte aéreo, terrestre y marítimo, luz eléctrica, educación y tantas otras cosas más. Vinieron también turistas de países europeos, muchos de los cuales adquirieron viviendas en nuestra isla. Entre ellos también judíos europeos y americanos. De no haberse desarrollado el turismo con su efecto multiplicador, aún estaríamos inmersos en una sociedad fragmentada, compuesta de pescadores y pequeños artesanos, con prejuicios ancestrales, retroalimentando nuestras vidas sólo con esperanzas. La Unión Europea, el euro, Internet y las comunicaciones cambiaron nuestro mundo. Se rompió nuestro aislamiento y ahí se acabó la discriminación de castas y la prohibición implícita de casamientos entre católicos viejos y chuetas. Con matrimonio civil, sin la potestad de la Iglesia, cada cual obra, piensa y dice lo que le viene en ganas y todos en paz y tolerantes. Lo que era una esperanza emancipadora para los chuetas, se concreto en la realidad de la vida diaria.

Verónica, que mientras tanto ya había dado cuenta de tres vasos de cerveza, comentó que ellos serían desocupados o emigrados si el turismo no hubiese sido el maná que trastocó la economía y la mentalidad de la isla, y agregó:

-Además, deben saber que, según proyecciones económicas, mientras que en toda España el precio del alquiler de viviendas cae durante este 2013 a punto de concluir, la excepción es Palma de Mallorca. Es la única capital de provincia del Reino donde la actividad inmobiliaria se ha recuperado. La renta mensual en nuestra ciudad es estimada en € 7,10 el m2. Aumentó significativamente la cantidad de turistas en general e israelíes en particular. Muchos vienen no únicamente por nuestro clima, sino por querer saber más de la ligazón histórica que permitió que los chuetas, un pueblo obligado a convertirse, pudieran conservar sus esperanzas, sus valores diferenciales. Tuve la oportunidad de participar en un seminario de capacitación en la Oficina de Turismo para poder responder a las preguntas más frecuentes que formulan los turistas.

Hizo una pausa para beber, sus tres amigos también empinaron sus vasos, y continuó:

-Al final del franquismo se estableció legalmente la libertad de culto privado y comenzó alguna pálida distensión. España tenía que aliviar su imagen de pasiva colaboracionista de los derrotados países del Eje, mientras que Israel estaba necesitado de relacionarse con otros países buscando su ubicación en el mundo.

Verónica aportó lo suyo:

– Habrán escuchado del caso de Nicolau Aguiló, que en 1977 concretó su esperanza  de retornar a un judaísmo pleno y se fue a estudiar a Israel. Volvió aquí con el título de rabino. Las autoridades civiles y religiosas israelíes eran renuentes a aceptar a los chuetas como judíos por ser de tradición cristiana que, para los chuetas, esa existencia diferenciada era, de por sí, razón concluyente de su judaísmo. La ambigüedad dio origen a un culto sincrético judeocristiano denominado cristianismo chueta, que si bien es minoritario está teniendo más adeptos, cada vez. Como cristianos están orgullosos de su judaísmo, y como parte de la Nación judía consustanciados con los valores cristianos. Movió ágilmente sus dedos en su tableta y buscó un archivo que mostró a sus amigos:

– He aquí una imagen de la ofrenda a la Virgen de una bandera de Israel. En Mallorca tenemos creencias para todos los gustos. Están los que fueron, los que vuelven, los que hicieron como que se fueron pero se quedaron, los que dudan entre irse o no y los que están siempre conformes en su desorientación. Mis padres pertenecen a esta última categoría. Son siempre consecuentes y están de acuerdo con todos a la vez, comentó Verónica.

– Si no lo veo no lo creo, dijo Cruz con asombro, al observar la fotografía. Siempre hay adecuaciones para alimentar las esperanzas individuales y de los colectivos. Por mi parte no tengo la menor idea ni me importa si en venas corre sangre íbera, mora, hebrea o vikinga. Tampoco me preocupan las cuestiones filosóficas  ni las metafísicas. Mi esperanza es poder llegar a vivir el día en que todos seamos iguales, que aportemos a la comunidad en la medida de nuestras posibilidades y recibamos lo necesario para cubrir nuestras necesidades.

Vicente le palmeó la espalda y le dijo sonriente:

– ¡Estás un siglo y medio atrasado!

Bendita observó su vaso de cerveza vacío, con unas pocas burbujas adheridas a su superficie interior. Cruz le leyó su pensamiento y, sin darse por enterado a lo dicho por Vicente, pidió otra ronda para los cuatro. Luego de beber un sorbo Bendita agregó:

– En julio del 2009, el rabino Nissim Karelitz, uno de los más importantes del mundo y jefe de la gran Corte Rabínica de la ciudad israelí de Bnei Barak, dictaminó que “los chuetas mallorquines son judíos, nuestros hermanos los hijos de Israel, la nación del Hacedor”. Además, dos meses antes, en el mes de mayo, el Govern de les Illes Balears, bajo la presidencia de Francesc Antich, efectuó un acto de reparación y desagravio. Por primera vez en 320 años los infaustos Autos de Fe de 1691-93 fueron claramente condenados por una autoridad.

Cruz no perdió la oportunidad. Interrumpió para decir:

– Parece que Pepe Castro también lo tiene en la mira a Grancesc Antich.

Sus tres amigos lo observaron sin mayores observaciones y Vicente continuó diciendo:

– Bendita se ha despachado con una completa disertación académica. Estos rabinos a otros se la hicieron mucho más difícil, como a los judíos etíopes, que son un caso parecido al nuestro aunque más antiguo. Ellos no tienen el reconocimiento automático de su condición de judíos, sino que deben pasar un proceso de conversión. Creo que estos tópicos aburren a Cruz quien, sin duda, es el más pragmático de nosotros.

Comenzó a sonar el timbre del teléfono de Vicente. Sus amigos escucharon sus respuestas lacónicas: “sí, madre”, “ya salgo para casa, no tardaré”.

Apuraron sus vasos, pagaron a la simpática y paciente mesera y salieron a la soporífera temperatura que se hacía más fastidiosa por causa de la humedad.

Vicente estaba a un paso del Nº 2 de Carrer Palau Reial donde había dejado enchufado su coche eléctrico. Se despidió de sus amigos, desconectó la carga y se dirigió a su casa.

– ¿Por dónde has estado, hijo?, preguntó María luego de saludar a Vicente, a quien estaba esperando en la puerta de la casa.

– Tomando una cerveza con mis amigos mientras platicábamos de bueyes perdidos.

– Hablando de bueyes, tu padre dice que este garabato de mi colgante no es una vaquita, sino dos letras hebraicas que forman una palabra que significa vida. ¿Tú lo sabías?

– Pues claro, es obvio. ¿Por qué preguntas?

– Porque yo no tenía la menor idea.

– Entonces tampoco sabes el significado del ojo que está por encima de las letras…

María lo miró y le respondió con suficiencia:

– Es para neutralizar el mal de ojo. Siempre hay envidia de lo que una tiene y que otras quisieran poseer.

– Es la naturaleza humana. Anhelar es una aspiración propia de cualquier persona, así como la esperanza. “La Esperanza” es como se llama  el himno de los judíos, que en hebreo se dice “Hatikvah“. Ahí se canta el anhelo milenario de los que anhelan ser un pueblo libre, que miran a Sión con el ojo de tu colgante y hasta el momento en que el corazón les deje de latir. ¡Espera!, dijo revisando las fotografías del archivo de su teléfono celular.

-¡Aquí está! Es una fotografía del armario donde se guardan los rollos de la Biblia en la sinagoga de Mallorca. El frontispicio tiene el mismo ojo en el centro de la Estrella de David que tiene dos leones en sus laterales. Pero ese ojo, sobre el armario sagrado de los rollos, no mira hacia Sión sino hacia África. Hay  algo que no termino de comprender, a menos que hayan puesto el ojo en las aventuras de Salomón con la reina de Saba. Tendré que preguntarle a Bendita, que de elefantes y del rey Salomón sabe mucho…

– ¿Tú también estás con esas cuitas, como tu padre? preguntó María con asombro y algo de desconfianza.

– Es que tengo amigos chuetas, y medio chuetas como yo. Hace algo más de un año se me dio por acompañarlos a una fiesta. ¿Qué tiene de malo? Aunque nunca lo hemos conversado, creo desde siempre que tú eres mallorquina y papá chueta. ¿Es así?

José, que estaba escuchando la conversación desde el interior de la casa, se hizo presente y se inmiscuyó en la charla.

– No es tan sencillo, hijo. Todos venimos del mismo árbol, con ramas podadas en forma despareja durante muchas centurias. En verdad, los conquistadores de turno han  fijado los orígenes y leyes para cada colectivo, como le convino a sus intereses. Se dice que navegantes y comerciantes judíos han poblado estas islas desde antes de nuestra era, conviviendo con los habitantes originarios. Otros fueron traídos por los romanos como esclavos en el siglo V. En el archipiélago balear hubo califatos árabes durante más de tres siglos. En aquellas épocas los musulmanes convivieron en armonía con los cristianos y los judíos. Luego, con la conquista cristiana en 1229, hermosas mezquitas y sinagogas fueron demolidas o convertidas en iglesias. Lo mismo sucedió en la Europa conquistada por el Islam y reconquistada por los cristianos. Los judíos se entendieron con unos o con otros, pero siempre padecieron por estar en el medio.

– Lo que cuentas no es nuevo para mí, contestó Vicente. Y ya que estamos, quisiera que me aclares, padre, algunas dudas: ustedes se casaron según el rito católico, ¿por qué?

– Los católicos no aceptaban a los conversos como iguales y los discriminaron. Los chuetas siempre nos exteriorizamos como católicos pues nos forzaron a convertirnos, por lo que debimos ocultar nuestras íntimas convicciones. Esta hipocresía tiene su explicación en un valor judaico: la intangibilidad y primacía de la vida, por sobre toda otra cosa. Nuestra conducta externa estuvo, en todas las generaciones, divorciada de nuestras creencias y ritos, que ocultábamos en nuestras demostraciones pero no en nuestro sentir íntimo. Nos mimetizamos con el medio. No nos lavábamos las manos antes de comer, no nos vestíamos distinto las vísperas de sábado, hicimos del cerdo uno de los platos principales de nuestra dieta, construimos nichos a los santos católicos en nuestros hogares, íbamos todos los domingos a escuchar misa a las iglesias, no guardábamos ayuno en las fechas de constricción, no teníamos biblias que no contuviesen el Nuevo Testamento, nos expresábamos en mallorquín sin utilizar palabras hebreas y así, sólo con las esperanzas de nuestras creencias. Sobrevivimos durante varios siglos hasta que las leyes dejaron de ser un bien canónico y pasaron a ser leyes civiles, con los vientos que diseminó al mundo la Revolución Francesa de 1789. El primer sacerdote de origen chueta Josep Aguiló, alias capellá Mosca, predicó en la iglesia  de San Felipe Neri en 1810 y días después el púlpito fue purificado en una hoguera. En 1812 la Constitución de Cádiz, que duró apenas dos años, suprimió la Inquisición y estableció la igualdad civil. No obstante las fricciones poblacionales continuaron, algunas en forma muy cruenta como el asalto a la sede de la Inquisición y el Convento de Santo Domingo con la quema de archivos y sambenitos en 1820. Las restricciones legales recién fueron abolidas en 1931 cuando fue incorporada la República Española. Cuando yo era niño mis compañeros se burlaban de mí. Formaban una ronda en torno y cantaban: “¡Xueta xueta! Cames tortes i cul rodó” (¡Chueta, chueta! Piernas torcidas y culo redondo). Para ir a la escuela, debíamos ir acompañados por un hombre no chueta, muchas veces un cura, por temor a los insultos y escupitajos de los demás muchachos.

– Creo que por hoy es más que suficiente, interrumpió María, incómoda por el énfasis que Juan ponía en sus palabras. Me voy a preparar la comida y ustedes sigan platicando sin mí, si es que quieren seguir arreglando el mundo.

– ¿Por qué fui bautizado?,  preguntó el hijo.

– Por lo que te expliqué antes. A mí no me afectaba, era la costumbre aunque ya existían registros civiles. Para tus abuelos maternos hubiese sido una afrenta el no hacerlo. Todos tus ancestros son de origen judío. Fue un atributo de los Tribunales Inquisitoriales, documentados por primera vez en 1688, marcar a algunos como conversos sinceros y a otros como conversos fingidos, o chuetas. Sabes que en la viña del Señor hay de todo, y así, quiso el azar que de de mi parte seas chueta y católico pleno de parte de tu madre. Pero hoy en día la prosapia no cuenta y tú serás lo que quieras. En esta casa no has escuchado acerca de creencias religiosas, no se va a misa, no se reza a ningún Dios, somos agnósticos y respetuosos de las ideas que cada uno se construye.

– Sí, eso lo sé, padre. Pero, ¿puedes explicarme acaso, en forma convincente, por qué conservas esa enorme llave herrumbrada y piensas que yo la heredaré y a mi vez se la legaré a mi hijo, si llegase a tenerlo? Aunque a mí o a alguno de los Segura de generaciones futuras se nos ocurriese radicarnos en Sevilla, ¿crees que se podría encontrar algún cerrajero capaz de  encontrar alguna puerta donde encaje semejante llave? ¿Piensas que hay una identidad, una correspondencia generacional, una línea sucesoria que está presente, aunque no se la mencione? Sin duda, somos muy humanos y, por ende, contradictorios. Pero no vivimos en un tubo de ensayo. Si somos liberales y agnósticos, ¿por qué le has pedido a mamá que trate de no cocinar con cerdo ni mariscos? Esos amigos a quienes acompañé a la sinagoga tienen algo de lo que yo carezco: fe en algo superior, esperanza de otra vida después de la vida. No los frecuento y los veo esporádicamente, porque estoy convencido de que sus valores son irracionales y persiguen una quimera. Ello no quita que a veces los envidie, porque tienen en qué creer y no son incrédulos como yo.

José estaba a punto de contestar cuando apareció María para invitarlos a sentarse a comer. Se contuvo por no saber qué contestar más que por la irrupción de su esposa.

– ¡Se terminó la clase de filosofía! Preparé una receta de nuestro chef Toni Piña, pollo marinado en una salsa de frambuesas y vino rojo, que es un bocado de cardenales, aunque el dicho no sea muy feliz en nuestra mesa, bromeó bonachonamente.

– ¿Es el famoso profesor de artes culinarias que obtuvo un premio por un libro sobre la cocina mallorquina y que, luego de visitar Israel, volvió a Mallorca como judío pleno y observante?, preguntó Vicente.

– El mismo, contestó José. – Hace unos días lo encontré, por casualidad, y me comentó algunas de sus andanzas y de unas clases que un rabino da aquí en Palma, en una organización que se llama Arajim.

– ¡Ahora me explico porque me pediste cambiar algunas de nuestras comidas! dijo María. Agregó que mucho le gustaría tener el libro de cocina de Piña.

Gustaron de una cena estupenda y hablaron sólo de cuestiones triviales.

– Se me ha ocurrido algo, dijo Cruz, cuando a la media tarde siguiente se encontraron en la confitería del Melia Palace Atenea. Los cuatro estaban cómodamente sentados en sus butacas contemplando el movimiento de las olas que al chocar contra los acantilados hacían estallar el agua en una lluvia de gotas. Cada uno dotado de copones de cerveza, más imponentes que los de la víspera.

Victoria y Vicente giraron sus cabezas hacia él. Si Cruz tenía una idea era una de tres: una broma de esas que le gustar gastar; una mención al Che, a Fidel Castro o a Marx;  o una idea propiamente dicha, lo que resultaba siempre genial.

– He leído del lanzamiento al mercado civil de una patente israelí diseñada originariamente para fines bélicos. Al desplazarse por tierras desérticas en las extensiones del Oriente Próximo, los tanques de guerra necesitan agua potable en significativas cantidades. Para ello idearon un aparato que chupa el aire húmedo del medio ambiente, expele el aire seco y la humedad la convierte en agua que se procesa, se filtra y se le agregan minerales. Muchos ejércitos del mundo están comprando la patente de este sistema. Ahora se amplía su utilización a objetivos civiles. En Mallorca, todas las planicies costeras son áridas y húmedas, lo que produce desertificación. Si se podría introducir equipos de este tipo para chupar el agua que contiene el aire y destinarlo al riego, lograríamos una transformación cualitativa en el medio ambiente de las planicies de la isla.

– Vendría a ser como si fueran las gotas que se condensan de los equipos de aire acondicionado pero a una escala industrial, reflexionó Vicente con entusiasmo.

Se enfrascaron en disquisiciones al respecto. Tendrían que averiguar, Internet mediante, todo el material publicado; contactar con los poseedores de las patentes; formar una Compañía; interesar a las autoridades de su conveniencia con los estudios económicos respectivos. A los cuatro les pareció que valía la pena esforzarse en estudiar este asunto a fondo y, si haría falta, viajar a Israel para conseguir las representaciones. Nuevamente la esperanza, el anhelo de romper el esquema rutinario en el que se encontraban y vislumbrar un futuro más próspero. Convinieron, con entusiasmo, que podría ser exitoso a mediano plazo.

Como al pasar, Vicente le preguntó a Bendita qué sabía del encuentro en la cumbre que tuvieron la Reina de Saba y el rey Salomón y si es que juntos habían paseado a lomo de elefante. Todos se quedaron intrigados ante semejante y disparatada demanda, por lo que Vicente debió explicarse contando la conversación de la víspera en su casa.

El sol se apagaba en el Mediterráneo hacia el Atlántico, trasegaron y dieron cuenta del dorado líquido que gustaban paladear juntos.

Se despidieron para retornar a sus hogares. Seguirían soñando y viviendo, viviendo y soñando, en el pequeño lugar del mundo que es hogar de ellos y sólo una minúscula muestra del mundo de los albores del siglo veintiuno.

Mientras Vicente retornaba a su casa conduciendo su flamante automóvil individual eléctrico reflexionaba que, durante todas las épocas desde que llegaron a Mallorca como esclavos de los romanos, los judíos nunca perdieron la esperanza de la redención en su singularidad. En forma silenciosa, durante todos los siglos trascurridos desde entonces, existieron intentos silenciosos individuales o grupales para volver a la Tierra Prometida. Es posible que los proyectos e inquietudes que analizaba con sus amigos posean componentes místicos que no podía precisar, como los interrogantes acerca de su identidad que le planteara a su padre en la víspera. Su pensamiento  viró hacia la infanta de Borbón y Grecia y duquesa de Mallorca, y recordó una reflexión del escritor argentino José Luis Borges: “… más allá de las vicisitudes de la sangre, todos pertenecemos a la mal llamada cultura occidental (medio oriental porque es medio hebrea) y todos, de alguna manera, somos griegos y judíos”.

Todo alimentado por esperanzas.

Mario Czemerinski

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