
BOLETÍN PERIÓDICO de distribución sin
cargo por correo electrónico
No 5 / Septiembre 2002
Creación y Dirección:
Arq. Luis León
Asesores de Dirección:
Sr. José Mantel , Dr.Nisin Mayo y Dr.Santó Efendi (desde EEUU)
Escriben en este número:
Santó Efendi, Beatriz Masliah,
José Mantel, Nissin Mayo y Luis León
Declarado de “Interés Cultural”
por el Departamento de la AMIA
( Asoc. Mutual Israelita Argentina )
Editorial
SEFARAires, es un boletín dirigido a todos aquellos que se interesan por la cultura sefaradí en sus distintas facetas. Trasciende la geografía de Buenos Aires, y sus lectores no sólo son judíos, aunque por las cartas que nos llegan, los descendientes de inmigrantes judeo-españoles suelen enviarnos sus demostraciones de emoción y alegría al leer aquí, las palabras del djudesmo y las historias que años atrás escuchaban por boca de sus padres o abuelos.
Este número está especialmente dedicado a la festividad de Rosh Ashaná (cabeza del año), por la cual los judíos del mundo entero celebran la llegada de un nuevo año. Podemos encontrar distintos niveles de interpretación de este evento que se ha repetido año tras año en el seno del pueblo de Abraham, Isaac y Jacob, marcando el origen remoto del calendario que reguló no sólo sus destinos, sino que influyó en otras culturas, ya que festividades como la Semana Santa cristiana, se rigen por el calendario hebreo, de origen lunar.
Bajo otro aspecto, Rosh Ashaná, marcó desde siempre, junto con la fiesta de Pésaj, los ciclos de la tierra, de siembra y recolección. También simboliza a otro nivel, como en tantas culturas: el final y comienzo de un ciclo en cada individuo. Por eso dentro de las comunidades sefaradíes, Rosh Ashaná es una de las dos festividades troncales de la cultura, más allá del profundo significado religioso que tiene junto al Iom Kippur. En Izmir, según los testimonios relatados, se pintaban (encalaban) los muros de las casas como signo de renovación. Era la ocasión en que los hombres se hacían el traje que estrenarían en la sinagoga y desde días antes, se comenzaba a preparar las comidas que constituirían la cena principal y los dulces para convidar a las visitas que en esa ocasión vendrían a saludar.
En este número especial, los artículos aportan desde distintos enfoques información y conceptos sobre el Roshaná de los sefaradíes, y como cierre vayan nuestros mejores deseos para todos ustedes y sus familias, no sólo a los judíos sino a los lectores de otros credos, pues en las celebraciones de fin de año de todas las culturas, es donde se aúna el momento del balance individual con el sentimiento de esperanza en el por-venir.
Luis N. León
LENGUA JUDEO ESPAÑOLA (JUDESMO)
Refranes y Expresiones
por Luis León
En este número, con motivo de la celebración de la fiesta de Rosh Ashaná, esta página la dedicaré a las expresiones de augurio y buenos deseos en general. Estas abundan dentro del judeo-español, en parte porque el djidió da mucha importancia a la fuerza de las palabras como hemos visto en otra ocasión, y de la misma manera que se ha articulado en la lengua una verdadera batería de frases dedicadas a ahuyentar los malos pensamientos, se emplea también un grupo significativo de frases destinadas a “reforzar” los deseos de “buena salud y vida”, que se emplean en diferentes ocasiones, ya sea dentro de la vida cotidiana familiar, como en ocasiones de visitas a gente cercana o momentos especiales como fin de año, embarazo, casamiento, etc.
Muncho i bueno ke te de el Dió (deseo de abundancia)
Muncho i bueno (deseos de abundancia, simplificación del anterior)
Kamino de leche i miel ke se te haga (augurio de vida fácil y bienestar)
Kon salú i vida ke…(empleado al estrenar alguna cosa recién adquirida)
Saludoso i bueno ke estés (muy empleado cotidianamente, como bendición)
Salú i vida ke te de el Dió (equivalente al anterior)
Mazaloso (suerte), Sano i recio ke te vea (dos frases de buenos deseos)
Berajá(bendición) i salú (bendición para las comidas)
Kolai liviano(fácil) ke se te haga (empleada para bendecir un nuevo emprendimiento)
Kon bien amaneshkas (buenos augurios para el que se despide a la noche)
Kada anyio ke lo hagamos kon muncho doblet (deseos de progreso y bienestar)
Sin mankura(ausencia) de dinguno (deseos de vida para todos, en un encuentro grupal)
Pushados i no menguados (empleado en ocasiones similares al anterior)
Paridura de isho (deseos para los recién casados)
Eskapamiento(nacimiento) bueno ( buenos deseos para una embarazada)
Buena semana mos de el Dió (buenos augurios para la semana que se desarrolla, frase con que comienza una canción tradicional)
Buenas Tadres
Nochada buena (buenos augurios para ese momento del día)
Kavés alegres (cafés alegres), en ocasiones de una visita, donde se acompaña con una ronda de dulce, para alejar el recuerdo del café amargo que se consume en ocasión de un velorio.
Sin sar i sin mal! (sin miedo y sin daño)
Buenas oras tenga! (bendición en el medio de una conversación destinada a un tercero)
Vengásh en bon´ora (recibimiento cálido)
Iá kumimos, iá bivimos, y al Dió bindizimos. A él mos de: pan para komer, anyios para vivir i panios para vistir, para onrar a Él, el grande, amén ve amén
(esta es una bendición general y colectiva, como agradecimiento y fe a Dios)
Iá kumimos, iá bivimos y al Dió bindizimos (sintetizado del anterior)
Y para la ocasión, les reitero mis buenos deseos para todos los lectores, empleando la frase más corriente y familiar:
Anyiada buena ke tengash
(tengan Uds. un buen año)
CUENTOS Y POEMAS SEFARADÍES
CUENTO
Múshiko y el sueño de Roshaná (*)
por Luis León
Siempre fue hombre sencillo, no simple, sino “sencillo”. Mushiko(1) comenzó a trabajar a los doce años ayudando a su padre y ahora con más de cuarenta, continúa esforzándose sin descanso. No se queja, pues reparar techos es para él, un oficio agradable, le queda tiempo para concurrir al atardecer a la sinagoga de Aydín(2) y colaborar, cuando la oportunidad lo permite, en alguna ceremonia. Es cierto que Aydín es pequeño comparándolo con Izmir, la gran ciudad de Turquía, allí los djidiós pueden elegir a que kehilá(3) concurrir, pero en esta ciudad las posibilidades son pocas.
Mushiko tiene una esposa nekocherá(4) y dos bellas hijas. Como todo buen djidió, procuró darles lo mejor. Las inscribió en el colegio Saint Joseph, de una congregación católica, donde no se hace discriminación, y de esa manera recibieron buena formación, para los modestos ingresos de su familia. Ambas debieron instalarse en la casa de su hermana Masaltó, durante el período de clases, porque era imposible viajar de Aydín a Izmir cada día. Esa etapa, a Dios gracias, concluyó, y la más chica había recibido su diploma con buenas notas y la promesa de una beca para estudiar en París.
Ninguno en la familia se quejó durante los años que vivieron en dos habitaciones pequeñas, pero festejaron con entusiasmo cuando las cosas comenzaron a ir mejor, y pudieron alquilar algo más espacioso. Se mudaron a una nueva casa, tras recorrer y descartar otras. Su esposa Rachel se entusiasmó por la amplitud de las habitaciones, él en cambio, quedó hipnotizado con el enorme horno instalado en un costado del patio. Era una rara especie de caja rústica y oscura como una cocina de carbón, con puertas metálicas, montadas sobre paredes de ladrillo y rodeado de una pila de leña. Mushiko admiraba al anónimo constructor de tan hermoso aparato, aunque no sabía que uso darle. Dedicó tiempo hasta descubrir la identidad del antiguo dueño de tan inteligente objeto. Era, al fin supo, un viejo panadero que había muerto al terminar el siglo, y a partir de ese momento, quedó tan impactado que dedicó una parte de su rezo de shabat a la sagrada memoria de tan venerable sujeto.
Los cuatro se hallaban cómodos en la casa, planificando aplicar cal a las paredes, para recibir el año nuevo, que por ser el primero allí sería especial. Mushiko, se sentía tan feliz como padre y esposo que cerca ya de Roshaná quería compartir las celebraciones con todos sus parientes. Sin embargo, a veces despertaba por la mañana, preocupado por un sueño recurrente, que durante ese año se repitió varias veces, y fue por esa causa que decidió confesar su preocupación a Yaco.
Como todos los viernes, al terminar la oración invitaba a un amigo con un rakí. El rakí no es como cualquier otra bebida, es anís seco y fuerte, e invita a los hombres a sincerarse. Yaco no era el rabino de la comunidad de Aydín, era simplemente un jajám. Un rabino está capacitado para dirigir una comunidad, en cambio el jajám se desenvuelve en grupos pequeños, guiando una ceremonia, celebrando un midrash. Por eso Mushiko se animó a buscarlo a él, y contarle en ese atardecer otoñal, el sueño que se repetía en su mente.
Los hombres iban abandonando por grupos el pequeño edificio, saludándose en voz alta, con la euforia que anima a los djidiós cuando se acerca la Gran Festividad de Rosh Ashaná. Llevaban pequeñas ramitas de ruda que llenaban de fragancia el portal de la sinagoga. Mushiko permaneció a un costado, hasta que detrás del último hombre apareció Yaco, cerrando la puerta.
Confesarle el sueño fue fácil, no era un tema incómodo, y Yaco era hombre serio y bien dispuesto para escuchar. El sueño de Mushiko en verdad no era una pesadilla, era el producto de sus preocupaciones, y así se lo hizo saber el jajám: “ Sosh padres de dos ishas, i tenesh que kazarlas. Eso significa perkurar parás para la boda, parás para la dote, y un buén djidió …”. Mushiko soñaba a menudo que un día cualquiera, se levantaría tomando una pala puntiaguda y saludando a su mujer saldría a la calle. Allí encontraría a Sabetay el que compra y vende muebles usados en la arabá(5) tirada por el viejo caballo, y le pediría que lo llevase hasta Izmir. Al llegar a la gran ciudad caminaría unos metros hasta el Ascensor, luego al bajo, y se dirigiría hasta Franco Majalal(6), se detenía frente a la tienda de Levy, y caminaba unos pasos hasta un pequeño terreno donde había dos árboles casi mellizos. Comenzaría a excavar la tierra entre ambos, y al llegar a cierta profundidad, hallaría una lata oxidada, al abrirla, en su interior encontraría treinta ducados de oro envueltos en un paño verde.
Por unos días la charla con el jajám calmó la ansiedad de Mushiko. Después de todo era verdad, su preocupación de padre por casar bien a sus dos hermosas hijas, era comprensible, dándole al menos, una pequeña dote para facilitarles el comienzo.
Pero como era de esperar, el sueño recurrente se presentó nuevamente. Volvió a consultarlo a Yaco el jajám, que volvió a calmarlo con palabras sencillas, diciéndole que sólo el dueño de cada sueño tiene en su alma la revelación del mismo. Mushiko intrigado, se despidió sin terminar su rakí, y regresó con paso lento a casa, tratando de comprender las sabias palabras de Yaco.
Esa noche durmió sin sobresaltos. Despertó muy temprano con alegría, pensando que debía apurar los trabajos pendientes, pues se aproximaban días de mucho frío para su oficio. Tomó un corto desayuno, saludó a Raquel, y salió al patio. La mañana estaba soleada, tomó una pala puntiaguda que guardaba debajo del cobertizo y salió a la calle. Respiró profundo el aire fresco, y a lo lejos divisó la arabá de Sabetay, trotando al ritmo de su viejo caballo sobre la calle de piedra. Cuando estaba cerca lo saludó, preguntándole hacia donde se dirigía. El mueblero iba a entregar dos roperos a una familia de Izmir. Subió junto a él, apoyó su pala puntiaguda y conversó durante todo el camino. Cerca de mediodía, cuando bajó del carro, se despidió del amigo y enfiló hacia el Ascensor. Al llegar abajo, se puso la pala al hombro a manera de fusil y comenzó a caminar mientras silbaba. Minutos después, miraba con admiración el frente de la gran tienda de Levy. Decidió no entrar a saludar pues perdería mucho tiempo y caminó hacia su derecha hasta llegar a un terreno vacío. Dentro del mismo se paró entre dos grandes nogales que había a un costado, dejó el abrigo sobre una piedra y comenzó a excavar. Cuando el pozo estaba bastante profundo, sintió que le golpeaban el hombro. Un askier(7) alto, de grandes bigotes le preguntó que hacía en ese sitio con una pala. ¿ No sabía que podía ser llevado detenido por un askier por hacer sin permiso semejante pozo? ¿Acaso un askier no es suficiente autoridad del ejército como para cuidar el patrimonio de Izmir?. Mushiko, sin pensar en el riesgo que corría, le contó con todo detalle el sueño diciéndole que allí estaba para resolver el dilema, repitiendo las mismas palabras de Yaco el jajam “sólo el dueño de un sueño tiene dentro de su alma la revelación”. El askier, que se consideraba a si mismo un buen soldado, lo miró de arriba abajo y advirtiéndole que lo perdonaría, le contó que él también solía tener un sueño recurrente, sin ir más lejos, anoche había soñado como otras noches, que él un turco que casi nunca salía de Izmir, tomaba una arabá y emprendía el viaje a Aydín hasta llegar a una casa en un barrio de judíos. Allí ingresaba a la misma sin preguntar por sus dueños, y se dirigía al patio donde había un viejo horno de panadería, removía la leña y encontraba un tesoro. Poniéndole su enorme mano en el hombro le recomendó volver a casa, dejándole la vieja máxima: los sueños sólo sueños son.
Mushiko, sorprendido por la situación, dejó la pala junto al hombre, pidió disculpas y levantando su abrigo apoyado en la piedra, rehizo el camino andado. Había pasado muy poco tiempo y la búsqueda se terminó. Al salir del Ascensor, divisó a lo lejos parado frente a una casa, la arabá de Sabetay cargada con otra inmensa pila de muebles. Con él regresó a Aidín, esta vez casi sin hablar. Al llegar a media tarde, bajó pesadamente del carro, y tras un corto saludo se dirigió lentamente a su casa. El askier de bigotes había arruinado su última esperanza.
La casa estaba vacía, Rachel y las hijas habían salido a hacer las últimas compras para la cena de Roshaná del día siguiente, y Mushiko no atinaba a decidir que hacer. Salió al patio a respirar aire fresco, miró a su alrededor y divisó su horno admirado. En ese momento recordó al askier y su pala. Se puso de rodillas, y como un gato, con las manos, comenzó a retirar la leña apilada entre las paredes de ladrillo. Iba formando una montaña de troncos a su lado. Trabajó unos minutos más, hasta encontrar en un rincón, una lata negra y oxidada. Le costó sacarle la abollada tapa, para descubrir dentro, envueltas en un paño verde, treinta relucientes monedas de oro.
Añada buena, añada buena, le gritaron desde la entrada sus hijas, que acababan de abrir la puerta de calle.
(*) El cuento fue escrito en base a una historia anónima tradicional.
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(1) diminutivo de Moisés / (2) Ciudad próxima a Izmir / (3) sinagoga / (4) del turco: hacendosa / (5) carro chato, tirado de un caballo / (6) barrio elegante de Izmir, “a la francesa” / (7) soldado en turco
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POEMA BRINDIS DEL DJIDIÓ EN EL CAMINOPor Beatriz Mazliah (*) Brindemos por nuestra kasa Brindemos para ke el Dió Brindemos por los nietos Guadra manceba (*) Beatriz Masliah es poetisa y escultora. Tiene varios libros publicados en castellano, entre los cuales están: Rituales, Del Mar Dulce, Respuesta al Vértigo. Es autora de poemas en judeo-español, y entre sus trabajos se encuentra Solo kon verte ´stó cumplida, editado como “carpeta de poemas”. |
TRADICIÓN SEFARADÍ
ROSH ASHANÁ 5763 BESIMANÁ TABÁ *
por Santó Efendi
(desde Maryland, USA para SEFARAires)
Siempre tuvimos la inquietud de saber el por qué de la fecha de nuestro año nuevo. Dentro del contexto del mundo occidental parece arbitrario celebrar el principio de nuestro ciclo anual en septiembre y además en fecha variable cada año. Ésta situación, que afecta a una celebración tan importante, nos llena de incertidumbre. Nuestro calendario es lunisolar, como el de la mayoría de los pueblos de la antigüedad. Particularmente se basa en el calendario babilónico, creado hace unos 4000 años, cuyos ciclos lunar y solar se hacen coincidir al cabo de un período de 19 años. Hay que tener presente que nuestro patriarca Abraham nació y se formó en Ur, Caldea, región de Babilonia, en donde aprendió astrología, precursora de la observación astronómica. La influencia de Babilonia sobre las primeras costumbres del pueblo judío fue considerable.
Aún en la actualidad, con todo el desarrollo científico y tecnológico moderno, no existe un calendario perfecto. La dificultad surge porque el año terrestre no tiene un número exacto de días. El año terrestre es de 365,2422 días, y además se reduce en 0.53 segundos por siglo. Para los efectos prácticos el año solar se toma como de 365 días y esto causa una discrepancia con el año terrestre. Esta discrepancia se corrige parcialmente introduciendo cada cuatro años, uno bisiesto y al final de cada siglo, ciertas correcciones. En el calendario lunar se introduce un mes adicional siete veces durante el ciclo de normalización luna-sol, que es de 19 años solares. Como consecuencia, las fechas en ambos calendarios sólo coinciden cada 19 años y por lo tanto una determinada fecha lunar varía significativamente de año en año con respecto a la fecha del calendario solar y sólo se repite al cabo de 19 años. Por esto, Rosh Ashaná puede variar de fecha en septiembre, alrededor de unas tres semanas.
Pero, independientemente del calendario que usemos, la pregunta fundamental es por qué celebramos nuestro comienzo del año en septiembre. En primer término debe recordarse que las festividades judías están ligadas al clima y a la agricultura de la Tierra de Israel. Luego del largo y cálido verano, al final de los irritantes días del Jamsín(1), comienza una vez más el ciclo de actividades. El clima se torna más fresco y agradable y se siente de nuevo el estímulo de la vuelta al trabajo y el retorno a las actividades normales. Precisamente, con toda propiedad, el sábado entre Rosh Ashaná y Yom Kippur se denomina “Shabbat Shuvá”, es decir “Sábado del Retorno”. Es un retorno físico y espiritual, que también tiene connotaciones religiosas, en el estudio de la Torah.
Pero hay además otra razón sorprendente y natural para celebrar Rosh Ashaná en septiembre: el equinoccio vernal. La órbita terrestre alrededor del sol (eclíptica) es una elipse de muy pequeña excentricidad. El eje terrestre ejecuta un movimiento precesional que genera un cono completo a medida que la Tierra recorre su órbita anual. En cada ciclo anual este movimiento produce las cuatro estaciones. Hay dos posiciones del eje terrestre que son perpendiculares al plano de la eclíptica. Estas posiciones corresponden a los equinoccios: el vernal, que en el hemisferio norte ocurre entre el 22 y el 23 de septiembre y el otoñal, que ocurre entre el 20 y 21 de marzo. Durante los equinoccios la longitud del día y de la noche es igual y la atmósfera está en equilibrio térmico en ambos hemisferios. El clima es por lo general muy agradable en toda la Tierra. En el hemisferio sur los equinoccios ocurren en las mismas fechas, pero corresponden a las estaciones opuestas. Es importante recordar que en nuestro calendario el ciclo anual comienza en otoño y no en primavera, como era celebrado entre los antiguos griegos y luego los romanos. Vale decir, que nuestro Rosh Ashaná no glorifica el despertar de la naturaleza luego de las nieves del invierno, sino la vuelta al trabajo y al estudio luego de los largos días de calor.
Pero, desde un punto de vista esotérico, Rosh Ashaná marca para nosotros, como un símbolo, el nacimiento del mundo. Este día es considerado como el supremo Shabat (Shabaton) y el sonido del Shofar (2) nos despierta y recuerda que necesitamos revisar en nuestra conciencia el sentido de nuestra vida, nuestro pasado, presente y futuro inmediato. El pueblo judío no celebra la creación del mundo con petardos o fiestas ruidosas. Es solamente con contrición, pero al mismo tiempo con alegría de vivir y con el auto examen, que nos resuelve a continuar y mejorar nuestra existencia, por difíciles que sean los tiempos en que nos toque vivir. Una poesía tradicional sefaradí, recitada en la kehilá (3) a coro por toda la congregación, en la víspera de Rosh Ashaná, describe magistralmente este sentimiento. Fue escrita en hebreo por Abraham Hazan, en la Turquía de los años del Imperio Otomano. El texto original hebreo fue vertido, en 1910, al ladino en escritura Rashi (4), por Reuben Elihau Israel, Gran Rabino de la Isla de Rodes, parte del entonces Imperio. Se titula “La Hermana Menor”, haciendo referencia al pueblo de Israel, numéricamente minúsculo entre las naciones. He vertido la versión Rashi al ladino en caracteres latinos con ortografía turca. El resultado es de una frescura exquisita que nos reúne en este Rosh Ashaná 5763 con nuestros ancestros de todos los tiempos. ANYADA BUENA Y TIZKÚ LESHANIM RABOT (5) para todos nuestros lectores.
AHOT KETANA**
Poezia de Erev Rosh Hashana (6)
Por Abraham Hazan
Imperio Otomano.
Traduksion libre, de Reuben Elihau Israel (1856 – 1932)
Gran Rabino de Rodes, 5670 (1910).
- La nasión djudia recita orasiones,
Elia entona sus alabasiones,
Oh Dio!, milizina todas sus pasiones,
Termine la aniada i sus maldisiones!.
- Elia Te invoka kon palavras dulses,
Kon kantes i loores ke Tu las mereses,
Es lia tiempo ke de elia Te entereses,
Ajenos se empatronaron de sus posesiones,
Termine la aniada i sus maldisiones!.
- Rekoje Tus ovejas ke leones las esparzieron,
Vierte Tu ravia sovre los ke mal izieron,
No desharon ni membrasiones,
Termine la aniada i sus maldisiones!.
- Kuando rezgataras Tu ija del kativerio?
Kuando reprimiras Tu duro kastigerio?
Kuando aras maravias kon Tu djuzgo serio,
Por meter fin a sus afrisiones?
Termine la aniada i sus maldisiones!. - Sus inimigos sus bienes le rovaron,
De su bien se artaron i la ispozaron,
I kon krueldades su korason razgaron,
I elia no abandona sus tradisiones,
Termine la aniada i sus maldisiones!.
- Su kante melodioso no mas se siente,
Aserkarse a su Dio es su amor ardiente,
Elia olvida su vida sufriente,
Por renovar kon El sus viejas relasiones,
Termine la aniada i sus maldisiones!.
- Kondusela kon kalmo al lugar de su repozo,
No sea mas abandonada de su Espozo,
Elia asemeja a un arvol ermoso,
Kele manka algunas perfeksiones,
Termine la aniada i sus maldisiones!.
- Estadvos trankuilos, tened esperansa,
No ulvido el eterno Su vieja aliansa,
A leon suviresh con su ordenansa,
El realizara vuestras aspirasiones,
Empese la aniada i sus bindisiones!.
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(*) del hebreo, Año Nuevo, y del arameo, dicho al completar un ciclo importante y comenzar otro.
(**) Literalmente “ermana chika”.
- del árabe, viento muy cálido que sopla del este hacia Israel, durante unos 50 días por año.
- del hebreo, cuerno de carnero usado como trompeta, para anunciar importantes eventos.
- del hebreo, sinagoga.
- Rabi Shelomó Yitzhaki, 1040 – 1105, Troyes, Francia. Eminente exegeta y filósofo.
- del hebreo, saludo tradicional sefaradí de Año Nuevo.
- del hebreo, víspera de Año Nuevo.
El ShofarEs el único instrumento musical admitido dentro del ritual de la religión judía. Se fabrica con un cuerno de carnero o antílope, estando prohibido emplear el de vacuno, por la historia bíblica del becerro de oro. En su extremo más angosto se corta y pule para permitir apoyar el labio que le producirá sonido, es decir que no lleva un boquilla que arma la embocadura como en la trompeta o trombón, tampoco se pinta o agrega adornos de ningún tipo. Luis León |
INVESTIGACIÓN Y ENSAYOS
De cómo una celebración de Rosh Ashaná
continuó con la compra de una sinagoga.
por Luis León
Nota: Agradezco al Dr. Enrique Emanuel que facilitó el valioso material informativo (grabado por su padre, sobre la historia de la Comunidad Judía de Villa Crespo), incorporo parte de el en este artículo
Hacía tiempo que el barrio de Villa Crespo había dejado de ser un suburbio de la bella ciudad de Buenos Aires. Aunque el arroyo Maldonado (que corría con un caudal de agua muy variable) marcaba un límite preciso y contundente, sus calles estaban pobladas de viviendas, muchas de ellas, casas de inquilinato que albergaban en sus piezas a familias de inmigrantes. Entre esa gente, ocupando muchos de esos conjuntos de habitaciones que daban a un patio, estaban los sefaradíes provenientes de Izmir. No hay una explicación firme del por qué la elección de ese barrio, fuera de que al ser originalmente la periferia de la ciudad, el valor locativo era menor que en otras zonas. Los primeros inmigrantes sefaradíes de Turquía, eligieron en realidad tres lugares precisos para alojarse al llegar a esta ciudad. El centro, en las inmediaciones de la calle 25 de Mayo y Viamonte, por donde a su vez pasaban los primeros días, los recién llegados antes de ser trasladados a Villa Crespo. En este barrio el epicentro estaba en torno de la esquina de Gurruchaga y Av. Triunvirato (hoy Corrientes), con un área que abarcaba un radio de cinco o seis cuadras a la redonda. El otro sitio elegido fue el barrio de Flores. En cada uno de estos tres lugares, funcionaba con autonomía una Comunidad de sefaradíes izmirlíes y de ciudades aledañas como Aydín y en menor medida los de Estambul. Cada grupo tenía su propia organización interna, y estaban comunicados debido a los lazos de amistad o parentesco. Poco a poco, fueron fundando centros comunitarios para uso religioso, educativo, de asistencia médica y recreación.
Así, en Villa Crespo, en la calle Gurruchaga 421, la comunidad sefaradí, alquilaba una sala en el frente de una casa de inquilinato, destinada a sinagoga, a pesar que las habitaciones traseras seguían alquiladas como vivienda. Allí se instalaron los sefertorás, algunas sillas y bancos para que funcione a su vez como talmutorá (escuela de hebreo) los días libres, y permitir que los más jóvenes recibieran en dos o tres años, la enseñanza necesaria para meldar (leer) la Torá.
En esa habitación se juntaban para rezar los viernes por la tarde y los sábados. Cuando se acercaban las celebraciones del año nuevo, alquilaban la sala del cine Villa Crespo, ubicado al 5500 de la actual Av. Corrientes, y hasta allí trasladaban los rollos de la Torá, desde Gurruchaga 421. Al finalizar el día, los retornaban a su sitio, para que no quedaran solos en ese lugar tan ajeno. En Iom Kippur, era engorroso llevar y traer por unas pocas horas tan sagrados objetos, a pesar que sobraban manos voluntarias que se prestaban para los traslados, pues esa tarea representaba un honor para los miembros de la Comunidad.
Cierto día, al finalizar el día de Rosh Ashaná, un grupo de hombres, cruzó la Av. Triunvirato (hoy Corrientes) llevando los sefertorás al hombro para depositarlos en su sitio habitual, dentro de la sala que hacía a las veces de sinagoga en Gurruchaga 421. Desde el café de la esquina, un muchacho le gritó a otro: “Ahí van los turcos, con esos paquetes en los que guardan una cabeza de chancho”. En dicha esquina, funcionaba un viejo bar llamado La Puñalada, donde hoy ocupa el predio el edificio de una entidad financiera. No estaban allí los guapos del 900 que alguna vez lo frecuentaron, pero la acción de esos muchachones, no tanto agresiva como ofensiva, fue suficiente para que los principales miembros de la comunidad de Villa Crespo, reunidos al finalizar la celebración, decidieran hacer lo imposible para adquirir un predio donde emplazar definitivamente su sinagoga.
Al cabo de un tiempo, apareció un lote con una casa, ubicado en la calle Camargo al 800, que parecía adecuada para la función, y después de tratar y discutir con el propietario, el precio finalmente se cerró en $10.500. La Comunidad no tenía dinero propio, y se abocó a reunir fondos. Se solicitaron donaciones a los comerciantes, se pidieron cuotas especiales a todas las familias, y hasta las mujeres de los dirigentes salieron por los conventillos a juntar uno o dos pesos por habitación con el fin de reunir el máximo posible para la adquisición de la futura sinagoga. Se pudieron reunir $3.500. Si bien era una cifra significativa, no llegaba siquiera a la mitad de lo necesario. Entonces, se decidió consultar a la Comunidad del centro. Ellos tenían un sitio destinado a sinagoga, en el segundo piso de la casa de altos ubicada en la esquina de 25 de Mayo y Viamonte. Fueron bien recibidos, y al finalizar la reunión se quedó en que tratarían el tema de prestarles todo el capital reunido por ellos, que ascendía a otros $3.500. Una semana después confirmaban el ofrecimiento de esa suma siempre y cuando se efectivizara la compra, de lo contrario, de no hacerse la operación el préstamo debía ser restituido a la Comunidad pues era todo cuanto tenían.
La operación inmobiliaria se realizó, y de inmediato la comisión de Villa Crespo volvió a mostrar el boleto de la propiedad a la de 25 de Mayo. La noticia ya era conocida por ellos, y aparte de las felicitaciones del caso, les hicieron saber a sus hermanos de Villa Crespo, que el dinero que les habían prestado, no deberían devolverlo, sería un regalo para la futura sinagoga. Y junto al consalú y otras bendiciones, los invitaron a un bar para brindar. El resto de la suma, la consiguieron por medio de un préstamo del Banco Hipotecario Nacional a largo plazo, que se gestionó a través de un agente de bolsa amigo. Sobre ese mismo predio se alza hoy, el importante templo llamado por todos: “la Kehilá de Camargo”.
VISPERAS DE ROSHANA EN MI CASA PATERNApor Nissin Mayo Días antes de Roshaná (el nuevo año), papá compraba algunas gallinas, que traía a casa. Yo era chico y no tenía demasiado coraje para convivir con ellas. Me asustaban sus ruidosos cacareos, su tironeo para liberarse y la posibilidad de algún picotazo. Finalmente las llevábamos a la terraza para que mi hermana Perla y yo, en especial, nos hiciéramos cargo de su cuidado y alimentación. Esto era normalmente en el mes de setiembre donde el tiempo ya era agradable. Para que no se escaparan, atábamos a las gallinas a la baranda de la azotea con suficiente piolín, para que pudieran corretear. Cuando llegaba el día de la capará ( rito tradicional para evitar las desgracias familiares) llegaba el shojet, quien las sacrificaba, recitando las oraciones alusivas. Era un triste momento para mi -y creo que para mis hermanos también- porque me había encariñado con las gallinas. Eran días de excitación y preparativos. Hacíamos selijot en casa, a la madrugada, cansados y con sueño, para exaltar a Dios y solicitarle perdón (selijot) por los pecados cometidos en el año que terminaba. Nos reuníamos mis padres (Marcos y Cadén) y nuestros hermanos, tíos, primos y amigos (los valientes de la madrugada). En los cantos que entonábamos se destacaban algunas voces sonoras y afinadas. Llegaba luego el ansiado desayuno con boios, borrecas, roscas y otras exquisiteces preparadas por mamá, que había aprendido el delicioso arte culinario sefaradí con su madre en Urlá, su pueblo natal de pescadores, en Turquía a orillas del mar Egeo, pegado a Esmirna. Después del selijot, ya estábamos espiritualmente preparados para recibir el nuevo año. Entonces nos deseábamos todos: una añada nueva que tengamos, con salud, alegría y hechos buenos, escritos en libros de vida……..Amén “ |
Días de Mué
Por José Mantel
La llegada de la primavera con la tibieza del aire y los árboles floridos, coincidían año a año, con las semanas más alborotadas y regocijantes en el ámbito de mi familia. Eran los días de Mué, Roshaná y Kippur.
El alboroto era producido por la preparación de la casa, la ropa y por supuesto los manjares a consumir. El regocijo para mi también, tenía varias razones: la primera era que podía comer tanta baklavá (2) como quisiera, las demás no me las acuerdo.
Era notoria la satisfacción de mis padres por cumplir con la tradición y además poner una mesa como “disho el Dió”.
La primera noche, al regresar de la Keilá (3), mi padre saludaba a mi madre
- Moadim simjá
- Moadim vesasón, le contestaba ella y se besaban, algo muy raro de ver ya que mi padre era muy poco afecto a efusividades en público.
Al otro día, íbamos a la tefilá, y mientras se sucedían las oraciones aumentaba mi ansiedad por llegar a la mesa del mediodía, donde me esperaban los boios, burmás, frodjaldres, burrekas, mezcladas con la baklavá, el shanmalí, el cadaif, los mogadós de susam y otras -exquisiteces. Eso si, los mostachudos y mogadós de almendra, eran para la vishita, es decir: mis primos mayores que venían con sus hijos a saludar a mis padres, mientras tanto, nosotros íbamos a saludar a mis tíos y tías que nos convidaban mostachudos y mogadós de almendra.
A la mañana siguientes nos quedamos más tiempo en la keilá, para poder escuchar la Kedá de Itzjac, esa hermosa oración en la que se cuenta cuando Abraham va a sacrificar su hijo a Dios y que se cantaba en ladino.
Al finalizar entre saludos y deseos de felicidad a parientes y amigos, surgía algo que ya nos pesaba en el ánimo: Colai liviano (fácil) se haga Kippur.
Había que tomar Taní (4) muy temprano para empezar el ayuno antes de que anochezca e ir a la Keilá a escuchar el Kal Nidrei que con su imponente solemnidad daba el clima justo a la magnitud de la fecha.
Ya avanzada la mañana del otro día, se instalaba junto a nosotros un compañero para toda la jornada: el hambre. Y a cada rato mirábamos el reloj que parecía que tenía horas de 120 minutos.
Por la tarde el templo quedaba semivacío. De pronto se llenaba y a un murmullo insistente seguía un expectante silencio:
- el norá alilá,
eeeel norá alilá
amsilá numejilá
beshatá neilá
Comenzaba la neilá (5), entrábamos en la recta final del taní. Mi padre, José Altaleff y yo junto a ellos, nos acercábamos a la Tevá (6), para besar los Sefarim (7).
En cuanto sonaba el shofar (8) cumplíamos con los besos, salíamos en tropel a saciar el hambre y pensábamos: ahora falta todo un largo año para el próximo taní.
Al llegar a casa nos esperaban la limonada y el pan con aceite y queso rallado, la costumbre decía que era el primer bocado que había que ingerir y también estaban mi tía Djamila y mi tío Abraham, que vivían en La Lucila y pasaban todos los Kippur con nosotros.
En la Keilá, y antes de la Neilá (5) , se desplegaba un inmenso Talé (12) que iba de la Tevá hasta casi la puerta de entrada y debajo del mismo se ponían todos los niños, algunos en brazos de sus padres y el rabino Ángel bendecía las nuevas generaciones de Djidiós.
Para Sucot (9), una fiesta amable sin grandes preparativos ni sacrificios, existía la costumbre de los Jatanim., es decir: los novios de la Torá, una comilona que se hacía en Simjá Torá y que era pagada por estos. Un año mi primo Gabriel Levi fue Jatán y la fiesta se hizo en la Acción Sionista. Recuerdo a mi tío Elías Levi, a su consuegro David Guini y a mi padre dirigiendo el coro para nada religioso
Unta Chilibí, unta levadura
Echalé más agua, que la tiene dura…
Y con esto cierro el baúl de los recuerdos y y lo guardo en el musandará (10)
Tiscur Roshanim Rabot para todos y …Colai liviano que se les haga Kippur (11).
(1) Día festivo – (2) postre oriental tradicional – (3) sinagoga – (4) ayuno de 24v hs. – (5) El rezo final del Kippur, de más de una hora de duración – (6) Sitio de la keilá donde se ubican los oficiantes – (7) Rollos de la Ley – (8) Instrumento ritual en forma de cuerno , ver recuadro en página 8 – (9)Fiesta de las cabañas, que llega según el calendario una semana después d Kippur – (10) Altillo – (11) Saludo tradicional donde se combina el ladino con el hebreo – (12) Manto ritual.
El canto juguetónpor José Mantel El espíritu juguetón del djidió, creó algunas paráfrasis graciosas inspirdas en cantos rituales de Iom Kippur. Transcribo el siguiente ejemplo: VERSIÓN MODIFICADA EN LADINO Aj shemá el almado VERSIÓN ORIGINAL EN HEBREO (fonética) Aj shemá ebioneja |
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