Neil Sedaka (1939–2026)
El artista neoyorquino, Neil Sedaka, autor de decenas de éxitos que definieron el sonido del pop en los años sesenta y setenta, y que encandiló a Frank Sinatra y Elvis Presley, fallece en Los Ángeles a los 86 años tras una exitosa carrera como pianista.

Con una carrera que se extendió por más de seis décadas, Sedaka fue una de las figuras más prolíficas y versátiles de la música popular contemporánea, capaz de reinventarse en distintas etapas de la industria y de conquistar tanto el mercado estadounidense como el británico.
De Brooklyn al estrellato mundial
Neil Sedaka nació en una familia judía en Brooklyn el 13 de marzo de 1939, hijo de un padre sefardí de origen libanés (Mordechai “Mac” Sedaka) taxista de profesión y una madre ashquenazí de raíces ruso-polacas (Eleanor Appel). Se crió en un entorno judío en Brighton Beach y se casó con Leba Strassberg, también judía, en 1962.
Creció en una comunidad judía de clase trabajadora en Brooklyn, lo que influyó en su identidad. Proviene de una familia judía sefardí por parte de padre y asquenazí por parte de madre.
Fue de niño un virtuoso de la música, cuando con cuatro años, ya empezó a teclear las notas del piano, hasta ser muy joven un privilegiado concertista. Arturo Rubinstein lo consideró uno de los mejores entre quienes destacaban en los años 50.
En su época estudiantil coincidió con una compañera de colegio, Carol Joan Klein, hija de un bombero, con quien simpatizó pronto: les unía, además de una mutua atracción, la vocación musical. Se hicieron novios, cuando estrenaban su primera juventud, ella con dieciséis años. El mejor regalo que podía regalarle él en un cumpleaños no podía ser otro que una balada que hizo fortuna, en donde él le expresaba lo mucho que sentía por ella. «¡Oh, Carol!» se convirtió en aquel 1959 en una especie de himno para enamorados. Sonaba de continuo en la radio, no sólo en Estados Unidos, pues se divulgó en muchos otros países.
Pasado un tiempo, aquella jovencita, convertida ya en cantante profesional y asimismo autora, Carol King, le devolvió la gentileza cuando le compuso «¡Oh, Neil!». La pasión entre ambos fue apagándose, ella contrajo el primero de luego varios matrimonios, él se casó también, una sola vez. Quedaron como amigos. Y siempre les unió aquellas dos baladas, símbolo romántico de su juventud.
A finales de los años cincuenta comenzó a destacarse como compositor junto al letrista Howard Greenfield, dando forma a un repertorio que combinaba melodías pegadizas, armonías elaboradas y letras románticas que conectaron con millones de oyentes.
Su música formó parte de la transición entre el rock and roll primitivo y el pop sofisticado que dominaría las radios en la década siguiente.
Caídas, reinvenciones y regreso triunfal
Como muchos artistas de su generación, Sedaka vio declinar su popularidad con la llegada de la llamada “invasión británica” liderada por The Beatles. Sin embargo, lejos de desaparecer, logró reinventarse. En los años setenta resurgió con fuerza en el Reino Unido y luego volvió a las listas estadounidenses con nuevos éxitos que demostraron su capacidad de adaptación.
Su regreso no solo fue comercial, sino también artístico: amplió su rango compositivo hacia arreglos más complejos y letras más maduras, manteniendo intacto su sello melódico.
Un legado que trasciende generaciones
Sedaka no solo brilló como intérprete, sino también como compositor para otros artistas. Su capacidad para construir melodías memorables y estructuras armónicas sólidas lo convirtió en un referente para músicos posteriores. A lo largo de su carrera recibió múltiples reconocimientos por su aporte a la música popular y fue incorporado a diversos salones de la fama vinculados a la composición.
Una canción histórica
Una sola canción puede encumbrar a su autor e intérprete durante mucho tiempo, y es lo que le ocurrió al norteamericano Neil Sedaka en 1959 cuando compuso «¡Oh, Carol!», dedicada a su novia de entonces, luego destacada cantante, Carol King. Desde entonces, esa melodía es historia entre las mejores baladas románticas que se recuerden. Y aunque Sedaka creó otras piezas y hasta se ha mantenido como compositor hasta fechas recientes, nunca ninguna de ellas superó a la citada. Ahora que acaba de morir en Los Ángeles, a los ochenta y seis años (hubiera cumplido uno más el próximo 13 de marzo) las notas inolvidables de «¡Oh, Carol!» han vuelto a la memoria de cuantos jóvenes y adolescentes la conocieron hace de esto sesenta y siete años.
Neil Sedaka siguió en los años 60 componiendo canciones inspiradas en amores juveniles. «La chica del calendario» fue también muy escuchada, junto a «Happy birthay, sweet sixteen» y algunas otras. Dentro de su habitual línea se mantuvo en esa década, aunque ya su repertorio fue interesando menos, cuando se imponía otro, el del pop rock, la música de Los Beatles y otros grupos que fueron revolucionando la música que enganchaba a adolescentes y jóvenes.
Neil quedó desde entonces como un buen compositor, pero algo desfasado. Aun así continúo ganándose la vida muy bien como cantautor y pianista. Cediendo como lo hizo siempre creaciones para otros intérpretes. Si ya en 1958 Connie Francis le había grabado «Stupid Cupid», en adelante ídolos como Elvis Presley y Frank Sinatra, entre otros, llevaron a su repertorio piezas creadas por Sedaka.
En los años 70 también colaboró con Elton John y participó en Inglaterra de varios proyectos. Respetado siempre ha llegado al final de su vida con un patrimonio estimado en cien millones de dólares y un historial de composiciones cercanas al millar.
Mantenía un buen aspecto físico, siempre vestido al modo clásico, hasta que en 2021 le diagnosticaron un tumor benigno en la piel de la nariz. No padecía aparentemente ninguna enfermedad, cuando sintiéndose mal hace escasas fechas fue hospitalizado, para fallecer en vísperas de este fin de semana. Estaba casado con Leba Strassberg desde 1962, con quien tuvo dos hijos.
Su muerte marca el cierre de un capítulo central del pop del siglo XX, pero su repertorio continúa sonando en radios, plataformas digitales y escenarios alrededor del mundo.
Neil Sedaka deja una obra que forma parte del ADN musical de varias generaciones, una banda sonora que acompañó historias de amor, despedidas y reencuentros durante más de medio siglo.

Fuente: libertaddigital.com/aurora-israel.co.il
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