
Los chuetas, descendientes de judíos en Mallorca que pese a convertirse al cristianismo sufrieron antisemitismo hasta el siglo XX, reivindican su legado e identidad contra su principal enemigo: el olvido.
El periodista chueta Miquel Segura, que ha dedicado gran parte de su vida a investigar el pasado de su comunidad, señala la necesidad de preservar y divulgar este legado, único en España y una rareza en el mundo.
Aunque superficialmente se dice que los chuetas son los descendientes de judíos mallorquines con algún apellido de una lista de quince -Aguiló, Bonnín, Cortés, Forteza, Fuster, Martí, Miró, Picó, Piña/Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valleriola y Valls-, la cuestión es más compleja.
«Un chueta es un descendiente de judíos conversos pero no todos los judíos conversos de Mallorca son chuetas», explica Segura, que, simplificando, precisa que son los que proceden de aquellos que, pese a los intentos para asimilarlos a la fuerza desde 1435, siguieron judaizando de forma «reincidente».
La historiadora Laura Miró, doctora por la Universitat de les Illes Balears (UIB) con una tesis sobre los chuetas, detalla que no todos los portadores de estos apellidos lo son, puesto que los judíos conversos los adquirieron de cristianos viejos, que se los cedieron cuando se bautizaron, por lo que hay que tener en cuenta también otras variables.
Discriminación social y legal
Aunque con el paso de los siglos el criptojudaísmo fue desapareciendo, especialmente tras los autos de fe de 1691, los chuetas sufrieron discriminación social y legal: «A finales del siglo XVIII hubo propuestas para que adquieran ciertos derechos, y eso nos da a entender que antes no los tenían», expone Miró.
La historiadora pone como ejemplo las cédulas de Carlos III, que les permitieron ejercer cualquier oficio y vivir fuera de la antigua judería y prohibían insultarlos.
Segura remarca que en la isla se desarrolló el «antichuetismo», un «antisemitismo de raíz mallorquina, mucho más vasto, ignorante y superficial».
Sobre episodios personales, Segura relata que cuando se casó, vecinos y familiares de su suegra intentaron convencerla de que el enlace «era un disparate»: «Los chuetas teníamos cola, olíamos mal», ironiza.
Hipótesis de la lista de los nazis
Tras el triunfo del golpe de estado de 1936 en Mallorca y la alianza de Franco con la Italia fascista y la Alemania nazi, militares de estos dos países presentes en la isla se dedicaron a intimidar a los chuetas de Palma, afirma Segura.
En esa época, según algunos historiadores, se habría planteado la elaboración de una lista para deportar chuetas, una hipótesis de la que, según Miró, no hay pruebas directas.
Sin embargo, existen indicios que la hacen plausible, como la presencia de un libro de corta tirada sobre chuetas en una biblioteca de Bochum (Alemania) con el sello nazi, testimonios de personas que afirmaron que habían recibido anónimos y relataron «que se habían elaborado unas encuestas».
También, que una veintena de mujeres pidieran al ayuntamiento de Palma certificados de pureza de sangre para acreditar que no tenían ascendencia judía y casarse con italianos y alemanes.
Segura apunta que lo que sí consta es que un representante de la Gestapo se reunió con el entonces obispo de Mallorca, Josep Miralles, y que este le dijo que «si se planteaba deportar a los judíos mallorquines, la isla se quedaría vacía».
La lucha contra el olvido
La situación en 2026 es muy distinta, con una población asimilada y donde los enemigos del colectivo han pasado a ser el olvido y la falta de reivindicación: «Los chuetas somos 20.000, de los que puede decirse que al 90 y muchos por ciento les importa un pepino«, indica Segura.
El periodista, que ha reeditado su obra ‘Memòria Xueta’ de 1994 dentro de la Colección Sifrut de Edicions Xandri, que él mismo dirige, destaca que se están llevando a cabo acciones contra el olvido, como una proposición no de ley aprobada por unanimidad en el Parlament balear a favor de difundir el legado.
Por Sergi Ill
Fuente: Diario de Mayorca / Efe | 16 ENE 2026
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