Hablando de Sefarad el día de Yom Kipur

Raymond Forado
Raymond Forado

 

Si el Rosh Hashaná inaugura los Yamim Noraim o «Días de Arrepentimiento», un periodo de introspección personal para los judíos, diez días después culmina el ciclo con Yom Kipur, la jornada más sagrada y solemne del judaísmo, dedicado al ayuno, la petición de perdón y el sello del destino espiritual para el año nuevo

Hemos aprovechado esta ocasión para hablar sobre la vigencia sefardí con alguien tan eminente como Raymond Forado, presidente de la Comunitat Jueva de Barcelona y vicepresidente de la Comisión Permanente de la Federación de Comunidades Judías en España.

Para quien nunca haya oído esta palabra, ¿qué es Sefarad y quiénes son los sefardíes?

A pesar de que Sefarad en hebreo significa España, para nosotros el pueblo judío es mucho más que un lugar geográfico: es una parte fundamental de nuestra memoria y de nuestra identidad. Los sefardíes somos los descendientes de aquellos judíos que durante siglos vivieron en estas tierras y que también contribuyeron a construirlas. Muchos tuvieron que marcharse durante o después de 1492, concretamente en Barcelona fue antes. en 1391, pero la distancia nunca consiguió romper el vínculo. Y eso es quizá lo más extraordinario: se llevaron Sefarad con ellos, se llevaron una forma de vivir, de rezar, de cantar, de hablar, de relacionarse y de transmitírselo a sus hijos. Algunos fueron a lugares muy próximos, especialmente al norte de África; otros al Imperio Otomano y los Balcanes; más tarde a América y muchos a Israel. Pasaron los siglos, pero cristalizó una identidad. Por eso, para nosotros, Sefarad no es únicamente historia, es una realidad viva dentro del pueblo judío.

¿Por qué, después de más de 500 años, los descendientes de aquellos judíos siguen llamándose sefardíes?

¿Y por qué no? Fue, es y seguirá siendo nuestra identidad. Somos judíos sefardíes. Ni quinientos años ni miles de kilómetros han conseguido quitárnosla. Le contaré una anécdota. Una vez, estando en Israel, un profesor me preguntó de dónde venía. Le contesté: «De Barcelona». Empezamos a hablar de mi historia, de mi familia, de lo que me había llevado hasta aquel curso en un aula en Jerusalem… y al final me dijo: «Entonces eres sefardí tahor», literalmente en hebreo, «sefardí puro». Me sorprendió. No lo interpreté como algo excluyente, lo sentí como una expresión de afecto y de reconocimiento hacia alguien que seguía sintiendo una enorme cercanía, respeto, con aquella tradición del pueblo judío que fue de generación en generación. Porque los sefardíes abandonaron la península, pero Sefarad no desapareció de sus vidas. Conservaron formas de relacionarse, rezar, costumbres, cultura. Y hay algo casi mágico en ello. Sin internet, sin teléfono, sin aviones, una familia podía estar en Estambul, otra en Tetuán, Tánger, Jerusalem, Salónica o Sarajevo y al encontrarse, reconocerse, hablar, abrazarse y sentirse y ayudarse como familia. Eso explica Sefarad.

Usted nació y creció en Cataluña. ¿De dónde venían sus padres y sus abuelos?

Mi propia vida demuestra que la historia del pueblo judío nunca ha sido una línea recta. Es la historia de la globalidad, acogidas, nuevas comunidades y nuevos comienzos, pero siempre con algo que se transmite de generación en generación. Mi familia viene del norte

de Marruecos, historia de tantas familias sefardíes que durante generaciones vivieron cerca de Sefarad, esperando volver a su casa. Mis padres, como hicieron muchas otras familias judías de aquella zona que había formado parte del Protectorado español, volvieron en los años 70, en nuestro caso, a Cataluña, a Barcelona. Dicen que el corazón tiene una capacidad ilimitada para amar. Cuando tienes un segundo hijo no divides por dos el amor que sentías por el primero. Tu capacidad de amar se multiplica.

¿Cómo estaba presente Sefarad en su casa cuando era niño?

En mi casa no hablábamos de «Sefarad» como un concepto histórico. No hacía falta. Mi casa es Sefarad, nuestra casa es Sefarad, mi identidad es Barcelona, Cataluña, el norte de Africa, Israel, donde están mis amigos, mi familia, esa es nuestra riqueza y la encontramos en nuestras costumbres, en las palabras, en el judeo-español, en nuestras anécdotas, nuestros amigos, nuestros vecinos, en cómo mi padre bendecía el Shabat y las fiestas, en cómo me enseñó a rezar si quiero rezar o en como vivo mi judaísmo sin rezar, en definitiva, en cómo aprendí a vivir mi judaísmo. De niño simplemente piensas: «En mi casa hacemos las cosas así» y después empiezas a entender de dónde viene todo aquello. Y descubres algo fascinante: que siglos después Sefarad continúa influyendo en cómo muchos miembros del pueblo judío vivimos entendiendo la apasionante huella que tiene Sefarad en nuestra identidad.

¿Qué costumbres, palabras, comidas o tradiciones recuerda de sus padres y abuelos?

Mi identidad está construida sobre aquellos valores que recibí de mis padres y que ellos habían recibido de los suyos. Hay una expresión que aparece constantemente en nuestra vida: de generación en generación. Para nosotros significa recibir un código de valores, un legado, cuidarlo, mejorarlo y entregarlo a quienes vienen detrás. No es fácil, trabajamos muy duro para conseguirlo pero gracias a la función de nuestras comunidades, nuestras instituciones lo conseguimos mediante la educación, el respeto y el apoyo de unos en los otros, sin dejar a nadie detrás, eso también es Sefarad.

¿Es cierto que algunas familias conservaron durante siglos el judeoespañol, canciones y recuerdos de España?

Absolutamente. Durante generaciones, muchas familias conservaron canciones, romances, refranes, plegarias, expresiones y formas de hablar que procedían de aquí. Mi padre me contaba que el día que decidieron volver, tras generaciones en el norte de Africa, poco tuvieron que hacer para integrarse. Nunca dejaron Sefarad, nunca dejaron su cultura, su lengua, tras cientos de años volvieron y al día siguiente continuaron como si nada. Pensemos lo que significa eso. A mí me parece fascinante. Tengo una anécdota familiar que lo explica muy bien. Por razones familiares me encontré visitando una sinagoga en el norte de Toronto. Al llegar descubrí que ese centro judío, llevaba el nombre de “templo sefaradí Castilla”. Me quedé sorprendido pensando: «si en Castilla, supieran que a miles de kilómetros, en el norte de Toronto, hay una comunidad judía que lleva el nombre de Castilla, como si fuera una embajada de Sefarad, no se lo creerían».

¿Qué siente un sefardí al vivir nuevamente en la tierra que sus antepasados llamaban Sefarad?

Esta es mi tierra, esta es mi casa. Vivo y construyo mi fitiro y el futuro de mis hijos del mismo modo que todos mis vecinos, conciudadanos y compatriotas. Pero creo que aquí hay algo muy interesante que está ocurriendo. Durante siglos, Sefarad fue para nuestros antepasados memoria. Después, especialmente a lo largo del siglo XX, muchas familias sefardíes regresaron, en mi caso mis padres hicieron ese camino. Pero hoy vivimos una etapa diferente. Nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos no han regresado a Sefarad, han nacido en Sefarad. Y esa diferencia es enorme. Son judíos sefardís, catalanes, madrileños, andaluces. Estamos escribiendo el siguiente capítulo de nuestra historia.

¿Qué huellas quedan hoy de la antigua presencia judía en Cataluña?

Muchísimas. Y todavía nos queda mucho trabajo para conocerlas y ponerlas en valor. No se puede entender completamente la historia de Cataluña sin conocer también su historia judía. Solo hay que acercarse a Girona, Barcelona, Besalú, Tortosa y tantos otros lugares. Está el legado de las antiguas comunidades judías catalanas, los Catalanim, con una tradición propia que después llevaron a diferentes lugares del Mediterráneo. Y tenemos figuras extraordinarias. Najmánides, el Ramban, nacido en Girona; Shlomo ben Adret, el Rashba, una de las grandes autoridades rabínicas de su tiempo que nos ilumino desde Barcelona y tantos otros. Estamos hablando de personas que vivieron aquí hace siglos y cuyos textos todavía se estudian hoy en academias rabínicas a miles de kilómetros de Barcelona. A mí me parece impresionante que hoy en día en la capital eterna del pueblo judío, Jerusalém, se estudien textos que surgieron del talento de Cataluña, de Andalucía, de Sefarad.

¿Quiénes forman hoy las comunidades judías de España? ¿Sigue siendo importante en ellas la identidad sefardí?

Como la propia sociedad española, nuestra comunidad es enormemente plural. Una gran parte mayoría son familias sefardíes procedentes del norte de África, especialmente de las zonas del antiguo protectorado norte de Marruecos. Pero también familias llegadas de América Latina, Israel, otros países europeos y muchos otros lugares. También ashkenazíes y personas con historias familiares muy diferentes. Eso hace que nuestras comunidades tengan muchos acentos, muchos sabores y muchas maneras de vivir su pertenencia también al pueblo judío. .

Desde su experiencia en la Federación de Comunidades Judías de España, ¿cómo se protege y transmite hoy ese legado?

Por supuesto que debemos preservar archivos, patrimonio, música, liturgia, lenguas e historia. Pero un legado sobrevive realmente cuando continúa vivo. A veces hablamos de mestizaje, diversidad o multiculturalidad como conceptos muy modernos. Los sefardíes llevamos siglos viviendo entre culturas diferentes y aprendiendo de ellas sin renunciar a nuestra identidad. Por eso digo a veces que nuestro «software» es multicultural. Las comunidades judías somos mucho más diversas de lo que muchas veces se piensa desde fuera.. Y ahora tenemos además un reto precioso: nuestros hijos están naciendo en Sefarad. Ya no basta con explicarles de dónde venían sus abuelos. Tenemos que conseguir que entiendan que ellos mismos son la continuación de esa historia. Ahí la educación, las familias, las comunidades y la Federación como paraguas de todas las comunidades judías de España, son fundamentales. No queremos formar guardianes de un museo. Estamos construyendo la siguiente versión del sefaradismo.

¿Cómo se viven actualmente fiestas como Yom Kippur dentro de su comunidad?

Como buenos sefardís, vivimos todo con enorme intensidad. Yom Kippur es el día más solemne del calendario judío. Nos reunimos con nuestras plegarias, melodías y costumbres. Hay un momento en el que estás sentado en la sinagoga de Barcelona y piensas que, en ese mismo instante, tus hermanos y hermanas de Madrid, Ceuta, Tánger, Casablanca, Nueva York, Tel Aviv, Jerusalem, Buenos Aires están escuchando las

mismas melodías de Sefarad. Melodías que han pasado de padres a hijos durante generaciones. Pero hay algo que a mí me emociona todavía más: mirar alrededor y ver a nuestros hijos aquí, en Barcelona. Porque entonces entiendes todo lo que nos une y por más que lo intenten cuestionar, seguimos de generación en generación.

¿Hay costumbres de Yom Kippur que usted recuerde especialmente de sus padres o abuelos?

Es difícil escoger una sola costumbre, porque precisamente la suma de todas ellas es lo que acaba construyendo mi memoria familiar. En mi vida conviven las tradiciones de mis padres, las de la familia de mi pareja y las que durante años he vivido en la Comunidad Judía de Barcelona, una comunidad que se constituyó hace más de cien años y que de modo dinámico sigue construyéndose. Cada familia trae sus costumbres, sus melodías y sus recuerdos. Unas se incorporan, otras conviven con las anteriores y, con el tiempo, los jóvenes las hacen suyas con absoluta naturalidad. Eso es realmente la transmisión de generación en generación. Y para mí eso también define qué es una comunidad judía. Las comunidades cristalizan con los años. Son instituciones de sus miembros, gestionadas democrática y transparentemente, con un liderazgo que cambia cada cuatro años, abiertas a la sociedad y con voluntad de que nuestros vecinos entren y nos conozcan. En este punto quiero agradecer la labor incansable que hace la Federacion de Comunidades Judías de España como representante oficial de las Comunidades Judías. Una comunidad judía no es una sinagoga: es un centro de cultura, de educación, de ayuda a quien lo necesita, de apoyo para necesitados. Es, en definitiva, lo que nos permite que podamos vivir plenamente nuestra vida judía en nuestras ciudades.

¿Cree que los españoles conocen cuánto de la historia de Sefarad forma parte también de la historia de España?

Creo sinceramente que queda mucho por hacer. Se conoce cada vez más, pero aún tenemos que poner en valor la enorme importancia que Sefarad tiene en la historia y la identidad del pueblo judío y el conocimiento que de ello existe. Es una historia apasionante. Y creo que las comunidades de Federación de Comunidades Judías de España estamos haciendo una gran labor. A veces hablamos de la historia judía de España como si fuera exclusivamente «historia de los judíos». Pero es nuestra historia compartida. Es muy difícil comprender plenamente nuestra historia medieval, medicina, comercio, literatura o relación con el Mediterráneo sin conocer también el papel de las comunidades judías. No es la Edad Media y el 1492, es el presente, consiste en conocer con naturalidad el presente judío de Sefarad.

¿Qué le sorprendería a un español actual descubrir sobre los sefardíes?

El enorme vínculo que tiene la palabra Sefarad para el pueblo judío. En pleno siglo XXI, decir que alguien pertenece a la tradición sefardí sigue diciendo mucho de nuestra identidad compartida. Compartimos una realidad cotidiana, viva, familias, niños, jóvenes, mayores, sinagogas, celebraciones, alegrías, preocupaciones, amenazas, dificultades y proyectos. Nunca me gustó oir a alguien decirme “yo te veo como también de aquí” o “yo estoy de tu lado” o “ahhhh tengo un amigo judío”, porque siento que hablan de “nosotros y vosotros”. Nosotros solo vemos el “NOSOTROS”, Sefarad es nuestra casa, como la de cualquier otro conciudadano.

Si tuviera que definir Sefarad en una sola frase, ¿qué diría?

Mi identidad, nuestra identidad, Nosotros.

Por Juan de Oleza

Check Also

Javier Bona presenta en Tui ‘Las llaves de Sefarad: el misterio del legado’ – 24 SEPT 2026

El Espazo Sociocultural de Tui acogerá este jueves, 24 de septiembre a las 20:00 horas, …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.