EXPLORANDO LAS COSTUMBRES Y TRADICIONES SEFARADÍES: El rito de “Las fadas”, precedentes históricos de la ceremonia de bienvenida para las niñas judías. Origen, multiculturalidad y pervivencia de la ceremonia. por Liliana Benveniste

Hoy celebramos las «Fadas o 7 Kandelas» de mi nieta y a raíz de esto muchos nos preguntaban: que es? Algunos por ser de otras religiones, otros por ser ashkenazies y no conocer las tradiciones sefaradíes y los últimos, sefaradíes, porque sus familias perdieron muchas de sus costumbres y tradiciones entre ellas esta hermosa manera de dar la bienvenida a la comunidad judía a nuestras niñas.

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EXPLORANDO LAS COSTUMBRES Y TRADICIONES SEFARADÍES:
El rito de “Las Fadas”, precedentes históricos de la ceremonia de bienvenida
para las niñas judías.

Origen, multiculturalidad y pervivencia de la ceremonia.

por Liliana Benveniste

Entre los ritos de protección de los niños tuvo una enorme importancia a lo largo de toda la Edad Media, y aún en los tiempos modernos, la ceremonia de “las fadas” o estrenas[1] (vijola en el área lingüística catalana) que, pese a estar muy extendida entre los judíos, no era una práctica exclusivamente judía.

Se supone que el término «fadas» procede de la palabra «fatum”[2]; del latín «destino», palabra a la que se le confieren además  otros significados: auspiciar, predestinar, pronosticar y vaticinar.

En algunas comunidades sefaradíes, esta ceremonia toma también los nombres de «Siete kandelas», Zeved HaBat.

Hay algunas referencias que pueden darnos una cierta idea de lo que eran las «hadas/fadas» en Sefarad, cuando vivían allí los judíos. Esta celebración era para niños y niñas y estaba basada en la creencia que había seres sobrenaturales que podían dañar a las criaturas i para los cuales “se debía colocar miel y dulces arriba de una mesa para que estén contentos y no causen daño”.

En el período bíblico, los niños y niñas fueron nombrados en su mayoría en el mismo momento del nacimiento, varios pasajes de Génesis, el primer libro de la Torá, así lo declaran.

Entre los siglos I y VIII se trasladó el nombramiento al día del Brit Milá par los varones. Theodor Gaster[3] sugiere que los judíos en ese momento tenían miedo que los demonios ataquen al bebé antes de la circuncisión, entonces, al igual que los cristianos pasaron a darle un nombre al recién nacido en la ceremonia de bautismo y, al igual que otros pueblos, comenzaron a ocultar el nombre los primeros días después del alumbramiento y hasta este momento.

¿Qué sucede entonces con las niñas? No hay ninguna fuente explícita de la época talmúdica que hable sobre este tema. Samuel Krauss[4], escribió en 1911, que supone que las niñas siguieron recibiendo su nombre en el nacimiento como en la época bíblica.

A partir del siglo XVI, se habla de veinte diferentes costumbres en relación con el momento adecuado para nombrar a una niña.

El ritual que responde al uso italiano y sefaradí llamado en hebreo Zeved Habat se remonta al siglo XVII. El nombre de esta ceremonia se deriva de Bereshit 30:20 donde la matriarca Leah, después del nacimiento de Zevulun, dice «Elohim Zevedani oti zeved tov», («Dios me ha concedido un don (o regalo).» Así, el Zeved Habat se traduciría como «el regalo o don de tener una hija»[5]

Posiblemente la transferencia de los nombres de los niños al brit (circuncisión) en el primer siglo fue debilitando el estado de la costumbre original de nombrar a las niñas al nacer. Este debilitamiento llevó a la creación de una gran variedad de costumbres y, la falta de una costumbre unificada para las niñas, seguramente fue disminuyendo la observación de esta práctica.

“Las Fadas” se trata de una celebración en ocasión del nacimiento de un nuevo miembro de la familia, que tenía lugar la séptima noche después del nacimiento de una niña, y la víspera de la circuncisión (que ha de realizarse al octavo día del nacimiento, si las condiciones de salud de la criatura lo permiten, sino  posteriormente cuando el mohel o el médico lo indiquen) en el caso de los varones

Esta es una práctica bastante conocida, aunque sin nombre específico, a través de algunos cuentos mágicos y piezas breves de teatro de los siglos XVI y XVII, que incluyen relatos más o menos detallados de la misma, por ejemplo la escena inicial del famoso cuento “La bella durmiente” nacido de la tradición oral y publicado en las versiones de Charles Perrault de 1697[6] y la de los Hermanos Grimm[7] de 1812, en la cual los reyes organizan un banquete para presentar a la princesita recién nacida e invitan a las hadas, 7 en una versión y 13 en otra[8], a darle sus dones.

Por describir un poco este ritual diré que el recién nacido, vestido de blanco, era lavado con agua en un bacín o recipiente cóncavo en el que se vertían, además del agua, algunos granos de oro, plata, aljófar, trigo o cebada, al tiempo que se recitaban ciertas plegarias.

Su finalidad consistía en ahuyentar el mal de ojo y los malos espíritus, y propiciar la buena suerte, la «buena estrella», para el recién nacido, además de asignarle un nombre, lo que no resulta extraño en un mundo que conocía unas elevadísimas tasas de mortalidad infantil; era, por tanto, uno más de los ritos de protección que acompañaban el nacimiento de niños hasta tiempos relativamente recientes.

También se practicaban otros ritos de uso común para proteger a los niños de la acción maligna, por ejemplo el de colocar en sus cunas y cerca de la habitación en la que dormían, trébedes[9], ruda[10] y ervato[11], o colgarles del cuello o entre las ropas y en contacto con el cuerpo, una bolsita con dientes de ajo, ramas de canela, clavos de olor, granos de sal y polvo de carbón.

Está fuera de toda duda el valor inmenso que en la religión judía se concede a nombres y a palabras sagradas tomadas de la Biblia, lo que no debe resultar extraño teniendo en cuenta el valor que la magia de la palabra y, en particular, la magia del nombre, ha tenido siempre en la magia y en la hechicería, en cualquier tiempo y cultura.

Esta ceremonia fue muy frecuente entre judíos y mudéjares españoles, pese a no estar prescrita ni por la religión judía ni por la musulmana, lo que invita a pensar en un fenómeno de sincretismo a través de influencias mágicas de la época.[12]

La pregunta que me hice en este punto es ¿los judíos creían o creen en la magia?

Hasta hace relativamente poco tiempo era muy escasa la atención que venía dedicándose al estudio de la magia y de las diversas artes ligadas a su práctica en el judaísmo[13].

No existe ninguna duda de que el recurso de la magia fue habitual en el judaísmo, desde la Antigüedad bíblica y hasta tiempos muy recientes, en particular como método alternativo de la medicina.

Los judíos, como los demás pueblos de la Antigüedad contemporáneos suyos recurrieron con frecuencia a prácticas mágicas. Pese a estar prohibida su práctica, en tiempos plenamente medievales la actitud de los rabinos españoles fue, en general, muy permisiva hacia la magia. Incluso, algunas ceremonias pseudorreligiosas, en uso todavía en la actualidad, tienen un indudable origen mágico y supersticioso: son, entre otras, la conocida como Tashlij[14], la Kapará[15] que se realiza la víspera de Yom Kipur, o la que tiene lugar en Hoshaná rabá (= la gran súplica), es decir el séptimo día de la fiesta de Sukkot (fiesta de los Tabernáculos), cuando se golpea el suelo con un manojo formado por cinco ramas, y que parece ligada en sus orígenes a las invocaciones por la lluvia.

La relación de los judíos y judeoconversos españoles con la magia, queda constatada por la presencia de buen número de judeoconversos en los procesos inquisitoriales de fines del siglo XV y XVI.

Dentro de las pautas de la Inquisición para descubrir falsos conversos judíos, mahometanos, luteranos y otros, se encuentra el siguiente texto “…si alguna mujer guardase cuarenta días después de parida sin entrar en el templo, por ceremonia de la ley de nombre de judíos, llamándolos así, o si los hiciesen raer la crisma o lavarlos después de bautizados, donde les ponen el óleo y crisma, o a la septena noche del nacimiento de la criatura, poniendo un bacín con agua echando en él oro, plata, trigo, cebada y otras cosas, lavando la dicha criatura en la dicha agua, diciendo ciertas palabras; o hubiese hecho hadas a sus hijos…”[16]

El Dr. David Gitlitz escribe en su libro[17] que las fadas eran comunes en España en la época de la expulsión de los judíos, pero poco a poco fueron despareciendo de los usos practicados en secreto por los cripto-judíos, y después del año 1537 ya no se encontraron más referencias a esta costumbre.

Por lo que se refiere en concreto a las prácticas mágicas más habituales entre los judíos españoles en época medieval, todo parece indicar que no conservaban tradiciones mágicas propiamente hebreas que puedan considerarse reminiscencia de ancestrales creencias transmitidas de generación en generación. Por el contrario, se trata siempre de supersticiones y de fórmulas mágicas idénticas, básicamente, a las de cristianos y musulmanes contemporáneos suyos, si bien, en ocasiones, con algunos matices diferenciadores.

Las fadas, tiene como propósito también el presentar a un nuevo individuo a su comunidad y asegurarse de que la niña continúe formando parte de la misma. El nombre de una persona es aquello que le da identidad ante el mundo. Esto sucede en todas las culturas. A través del nombre, la criatura entonces, es puesta bajo la protección de aquellas personas que se encuentran presentes en la ceremonia.

Luego de revisar ceremonias de nombramiento y bienvenida en diferentes culturas alrededor del mundo he encontrado muchas similitudes y por supuesto, también particularidades.

En todos los casos, por ejemplo, se invoca mediante oraciones por la salud y felicidad de la criatura y de los padres, y por la protección contra la enfermedad y el “mal de ojo”.

En Marruecos se solía celebrar un banquete y se invitaba a un rabino que daba el nombre a la niña y decía las bendiciones. Luego, se leía un trozo de la Biblia y  las personas presentes se iban pasando a la niñita de mano en mano, deseándole buena salud y larga vida.

En Turquía, era costumbre utilizar un velo de seda bordada que se coloca sobre la cabeza de la madre y el bebé, este velo era levantado después de la designación de la criatura el cual sigue siendo utilizado por la madre a lo largo de su vida y luego por la hija desde su boda. En Esmirna, ponían a la niñita sobre una bandeja con dulces y tenía lugar como un juego en broma la venta de la niña: «Yo la merko, ¿kómo la vo merkar?» y en este punto se ofertaba una cierta cantidad de dinero que se regalaba a la niña. En el momento de dar el nombre, solían encender siete velas (kandelas) y asignarle el encendido de cada una a personas relevantes de la familia y de la comunidad.

Los judíos iraquíes celebran un festival “Shisha” en la sexta noche después del nacimiento de niños y niñas. En ese festival, las niñas reciben sus nombres. Es decir, el festival es idéntico para los niños y niñas, excepto que las niñas se nombran en el Shisha, mientras que los niños se nombran en el Brit.

Una ceremonia similar se encuentra en el sur de Alemania y en comunidades judías de Suiza, conocida con el nombre de Hollekreisch, esta costumbre existe desde hace unos 900 años en Alemania. Descripta por Simja de Vitry, la ceremonia parece estar muy influenciada por las costumbres folklóricas del pueblo alemán. Cito: “Cuando el bebé tenía alrededor de un mes la madre lo llevaba a la sinagoga en Shabbat. El bebé era recibido con canciones y el padre era llamado a la Torah. Después del servicio, familiares y amigos iban a la casa para celebrar la ocasión. Los niños rodeaban la cuna del bebé y con fuerte voz gritaban tres veces ¡holle, holle, holle! ¿Cuál es el nombre de esta niña? Los niños entonces llamaban a la niña por su nombre y recibían dulces de los padres.”

Esta costumbre fue conservada en pequeñas zonas rurales de Alemania aún cuando fue abandonada por comunidades más grandes y las ciudades. Al parecer el Hollekreisch todavía se practicaba en Estrasburgo en la década del 1950, pero hoy se ha desvanecido en la memoria.

Los moriscos por su parte, conocían su carácter de antigua costumbre. En un manuscrito aljamiado del siglo XVI[18] encontramos el siguiente texto bajo el título Las Fadas De La Criatura: “El término fadas se refiere al rito morisco de imposición del nombre y agregación del recién nacido en la comunidad religiosa islámica. A través de esta práctica, se consagraba la criatura a Dios y se pedía su protección. La ceremonia se realizaba generalmente a los siete días de nacida la criatura y consistía en un baño y ungimiento con perfumes o aceites, la recitación de oraciones y fórmulas rituales al oído del recién nacido así como la imposición del nombre con el que, en adelante, iba a ser conocido dentro de la comunidad. Otros componentes del ritual eran cortar algunos cabellos del neonato, pesarlos y entregar esa cantidad en limosna; así como adornar al recién nacido con joyas y ámbar y sacrificar una res.”

En Grecia, al quinto y sexto día del nacimiento se celebraba una fiesta, llamada Anfidromias, en la que se acogía en el grupo familiar al recién nacido, se corría con el niño alrededor del fuego domestico, y se purificaba la casa y a la madre. Al decimo día, se celebraba un banquete familiar, acompañado de sacrificios. En esta ceremonia se le ponía nombre al nacido, y se le daban regalos y amuletos.

En Roma para anunciar el nacimiento se adornaba la puerta con flores. Al octavo día, si era niño, y al noveno, si era niña, se celebraba una fiesta, llamaba “Lustratio”, al nacido se le imponía el nombre, se le purificaba y se le entregaba un amuleto llamado bulla. También se realizaban sacrificios a los dioses.

Según el rito tibetano cuando se produce un nacimiento se lleva a cabo la “Pangsai” o purificación en la que se le ofrece a la madre como regalo las hadas (cintas de seda blanca), además de vino y té. Los visitantes le desean buenos augurios y felicitaciones al recién nacido y elogian su buena suerte y sus órganos de los cinco sentidos. Todo esto lo hacen por la creencia de que el recién nacido sale del vientre de la madre desprotegido, con muchas impurezas y desgracias.

En Nigeria, antes de la ceremonia de nombramiento, se lleva a cabo el Ìkosèdáyè (bautizo). Esta es una ceremonia de carácter espiritual y privada que se realiza al tercer día del nacimiento y donde participa la familia más cercana. En ella un Bàbáláwo entona una plegaria por la suerte del bebé en la vida. En la cultura Yorùbá el día de realización del Ísomolórúko (nombramiento) de un recién nacido está determinado por el sexo del bebé. Así, en caso de ser una niña, la ceremonia se llevará a cabo siete días después del nacimiento (éste incluido), mientras que para los varones se realiza a los nueve días. Durante este tiempo, los infantes llevarán nombres temporales como: Àbíyè (“Nació para vivir”) e Ìkókó (“El hijo más reciente”).

Esto es solo una pequeña muestra de ceremonias de nacimiento, que se suceden en muchas culturas alrededor del mundo con idénticos motivos y algunas diferencias, básicamente procedimentales.

En la mayoría de las comunidades judías esta celebración fue cayendo en el olvido, seguramente por no tener un sustento halájico.

La ceremonia moderna, con un formato más actual, curiosamente fue impulsada alrededor del año 1970 por los movimientos feministas. El sustento argumental para el retorno de la práctica es, cito: «La noción misma de dar la bienvenida a las hijas de una manera religiosamente significativa está enraizada en un concepto igualitario de lo que el judaísmo debe ser: diferente para las mujeres y los hombres, pero sin embargo igual», escribe Debra Nussbaum Cohen[19], periodista y escritora especializada.

El delicado proceso de la creación e integración de rituales judíos nuevos en la actualidad, es explorado en el nuevo libro “Inventing Jewish Ritual” (“Inventando el ritual judío”) de Vanessa Ochs, profesora de estudios religiosos de la Universidad de Virginia.

Como la ceremonia de bienvenida a las niñas, “Las Fadas”, no es requerida por la Halajá, como ya remarqué anteriormente, no hay tampoco una designación de fecha específica en que esta celebración debe ocurrir. Así es que la familia puede decidir cuándo llevarla a cabo.

Hay algunas fechas significativas que las familias suelen elegir para esta práctica: cuando la niña tiene ocho días, estableciendo un paralelo con el Brit Milá, en el trigésimo día, equivalente a la fecha de Pidyon Haben, y que marca la edad en la que se contaba un niño como parte del censo, o en Rosh Jodesh, un día de fiesta tradicionalmente relacionado con las mujeres.

“Un nombre, un presagio”, decían los antiguos, que sentían vivamente la subyugadora fuerza del nombre. Aún hoy continúa siendo significativo. Con la conciencia de que su imposición es el primer acto personalizador que recibirá en su vida el recién nacido, por lo tanto un acto trascendente. En el último siglo, los judíos ortodoxos y no ortodoxos, tanto como sefaradíes y askenazíes, han reavivado el interés en esta poco promovida ceremonia tradicional para recibir a las niñas, y por tanto se han desarrollado ceremonias innovadoras que deberemos documentar también, para próximos  estudios.

Entonces, reformulada y a veces transformada, la ceremonia de “Las Fadas”, Zeved haBat para los sefaradíes o Simjat Bat para los askenazíes, ha cobrado un nuevo impulso dentro del ciclo de vida judío, ¿tal vez como una analogía con el Brit Milá en estos tiempos de tendencia igualitaria? Un interrogante para pensar. En definitiva una cálida bienvenida a la vida, a la comunidad y a las tradiciones judías.

Prof. Liliana Tchukran de Benveniste

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NOTAS

[1] Regalo de buena suerte

[2] Fatum es, en la mitología romana, la personificación del destino.

[3] Theodor Herzl Gaster (1906-1992) Nacido en Inglaterra, erudito bíblico conocido por su trabajo en la religión comparada, la mitología y la historia de las religiones.

[4] Samuel Krauss (1866-1948) fue profesor del Jewish Teachers’ Seminary, Budapest, y del Jewish Theological Seminary, Vienna. Contribuyó con la Jewish Encyclopedia.

[5] Historical Precedents of Welcoming Ceremonies for Girls by Jennifer Breger.

[6] Como parte de su colección de cuentos titulada Histoires ou contes du passé MET, avec de moralitz: Contes de ma mere l’Oye , o Historias o Cuentos morales de antaño: Cuentos de Mamá Ganso.

[7] Jacob Grimm y Wilhelm Grimm, de origen alemán.

[8] Números importantes en la Guematria, la numerológía hebrea.

[9] Aro o triángulo de hierro con tres pies, sobre el que se colocan al fuego sartenes o asadores.

[10] Planta perenne, de olor fuerte y desagradable.

[11] Planta herbácea, cuyo fruto se usaba frecuentemente en medicina.

[12] Miguel Ángel Motis Dolader, «Religión y cultura total judía», en  Los Judíos, Vitoria, Fundación «Sancho el Sabio», 1992, pp. 15-96 (en concreto, pp. 46-48).

[13]  La única obra extensa acerca de la magia judía sigue siendo la de Joshua Trachtenberg, Jewish Magic and Superstition. A Study in Folk Religion. New York, 1939 (nueva edición en New York, Atheneum, 1977), obra que se ha quedado algo anticuada y que, además, se centra fundamentalmente en la cultura askenazí, dejando algo relegado al mundo sefardí. Aunque menos ambicioso en sus objetivos, es también de interés el estudio de J. Zimmels, Magicians, Theologians and Doctors. London, 1952, en el que se aborda el estudio de la magia judía entre los siglos XII y XIX; utilizando como fuente de información principal la literatura de Responsa, el autor se centra en particular en los aspectos médicos de las prácticas mágicas.

[14] El Tashlij consiste en sacudir las ropas sobre las aguas de un río o arrojar migajas al mismo el primer día de la fiesta de Rosh ha-Shaná (Año Nuevo judío), simbolizando que los pecados cometidos a lo largo del año que finalizaba eran arrojados al agua para que se los llevara la corriente (en sus orígenes se trata, con toda probabilidad, de un rito propiciatorio de los espíritus de las aguas);

[15] La Kappará es el rito de inmolación sustitutivo de la vida de la persona en cuyo nombre se ejecuta, como rescate simbólico por sus pecados, y que consiste en el sacrificio de un gallo por cada fiel judío la víspera de Yom Kippur (Día del Gran Perdón), gallo que era luego distribuido entre los indigentes de la comunidad.

[16] Morín, Alfredo – historia de la iglesia de Panamá Período Colonial Tomo 1b.

[17] «Secrecy and Deceit. The religion of the Cripto-Jews» (Secretos y Engaños. La religión de los cripto-judíos) del Dr. David M. Gitlitz.

[18] Biblioteca Tomás Navarro Tomás (CCHS-CSIC). Referencia: Junta XXXII.

[19] Debra Nussbaum Cohen es una periodista y escritora. Es una de las primeras en escribir sobre las nuevas tendencias y nuevas ideas en los ámbitos de religión, filantropía y cuestiones de particular interés para las mujeres.

Bibliografía

  • Los judíos y las ciencias ocultas en la España medieval – Enrique Cantera Montenegro
  • Celebrating Your New Jewish Daughter: Creating Jewish Ways to Welcome Baby Girls into the Covenant – New and Traditional Ceremonies – Debra Nussbaum Cohen
  • CEREMONIAS DE MOROS QUE HACEN LOS MORISCOS Revista de archivos, bibliotecas y museos. Tomo IV, 1874, pp. 165-169 – C. Pérez Gredilla
  • Historia de la iglesia de Panamá Período Colonial Tomo 1b – Alfredo Morín
  •  «Secrecy and Deceit. The religion of the Cripto-Jews» (Secretos y Engaños. La religión de los cripto-judíos) del Dr. David M. Gitlitz.
  • Historical Precedents of Welcoming Ceremonies for Girls – Jennifer Breger
  • «Religión y cultura total judía», en Los Judíos, Vitoria, Fundación «Sancho el Sabio», 1992, pp. 15-96 (en concreto, pp. 46-48). – Miguel Ángel Motis Dolader
  • Jewish Magic and Superstition. A Study in Folk Religion. New York, 1939 (nueva edición en New York, Atheneum – Joshua Trachtenberg
  • Zeved HaBat – Aaron Koen
  • Literatura infantil, cuentos judíos y arte – Artículo de Santiago Raigorodsky
  • The Orthodox Jewish Woman and Ritual: Options and Opportunities. Chapter: Crafting a Welcoming Ceremony for Girls Today – Jennifer Breger. Ed. Jewish Orthodox Feminist Alliance, New York,

 

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